Comienza el fin de semana en el festival y con él se inaugura el Cine-Fira, un espacio que incluye todo un compendio de tiendecitas donde se puede encontrar desde aquel título de cine clásico que tenías olvidado en el fondo de la memoria hasta el último de los lanzamientos en DVD o Blu-Ray de rabiosa actualidad.
Además, también podemos encontrar stands donde se venden camisetas de cine, bandas sonoras, programas de mano y demás cachivaches que hacen las delicias del amante del séptimo arte, quien tiene así una forma pintiparada de ocupar esos ratillos muertos entre sesión y sesión.
A parte de esta ociosa y adictiva actividad, hoy el Fecinema nos tenía deparado dentro de su sección Off festival un curioso encuentro con los Mossos d’esquadra donde nos explicaron con pelos y señales cómo se confecciona un retrato robot.
Ya en la edición anterior pudimos disfrutar de una actividad paralela en la que
Hoy quizás se haya echado en falta un poco más de práctica y menos teoría, aunque el tema no daba para muchas demostraciones sobre el terreno; pero con todo y con eso ha resultado curioso ver como una imagen borrosa dibujada en pequeños trazos sobre un folio blanco va de manera paulatina convirtiéndose en la imagen de un sospechoso.
Centrándonos ya en las películas proyectadas en esta jornada sabatina, el entrante que nos tenía preparado el Festival en su Sección Oficial era el último trabajo de Ken Loach: Route Irish.
Este film, que tuvo su puesta de largo durante la pasada edición del Festival de Cannes nos sitúa en el marco de la guerra de Irak y más concretamente nos habla de los contratistas privados (o mejor dicho mercenarios) de seguridad británicos que operaron en la zona conocida como
El film arranca con el entierro de Frankie, uno de estos contratistas que ha sido asesinado en extrañas circunstancias junto a tres colombianos en uno de los trayectos por esta vía fatídica. Su mejor amigo, Mark, rechaza la versión oficial, en la que se señala que su camarada falleció fruto de una emboscada, lo que le llevará a iniciar entonces una exhaustiva investigación por su cuenta para llegar esclarecer los hechos.
Como suele ocurrir en las películas de Loach, esta circunstancia será tan sólo la punta de lanza que servirá para desmantelar una serie de tapaderas de corrupción que las altas esferas intentarán ocultar cueste lo que cueste.
Después de haber flirteado con la comedia melodramática en Buscando a Eric, esta Route Irish supone el regreso al Loach más crítico y polémico, aunque los años no pasan en balde y lo que antes eran auténticos dardos mortales ahora son simples arañazos inofensivos.
El guión firmado por el habitual Paul Laverty carece de fuerza y la presunta denuncia se diluye en un mero ataque superficial a través de imágenes de archivo y situaciones muy poco novedosas que no invitan precisamente a la reflexión. A pesar de todo ello, el oficio del realizador salva una película con un potencial narrativo incuestionable que no acaba de desarrollarse con todo el ímpetu necesario.

Todo lo contrario de lo que ocurre con Attack the block, el primer lleno hasta la bandera del festival que no ha defraudado en absoluto a un público entregado ya de antemano.
La ópera prima del director británico Joe Cornish, a quien va a haber que seguirle la pista muy de cerca, es un auténtico huracán a ritmo de rap que cautiva por su desfachatez y descaro.
¿Se imaginan al bueno de E.T. recibiendo una paliza de aupa o a los chicos de Super 8 fumando hierba y robando al vecindario a punta de navaja? Pues eso y mucho más es Attack the block, la historia de una pandilla de marginados sociales que una buena noche mientras delinquen sin pudor se topan con un extraterrestre al que reciben con un manteo colectivo. De repente aparecerán aliens provenientes del espacio exterior por todos lados y no tendrán más remedio que guarecerse en el edificio en el que habitan la mayoría (el bloque que da pie al título del film).
Es una pena que no aparezcan más a menudo propuestas como ésta, que sepan aunar de una manera tan acertada géneros en teoría tan dispares como el realismo social y el fantástico (algo así como lo que hizo nuestro añorado y nunca bien ponderado Edgar Neville en La torre de los siete jorobados, de la que se acaba de editar una excelente edición en DVD).
Este torbellino de diversión se beneficia de su ajustado metraje (tan sólo ochenta y cuatro minutos que saben a muy poco) y de una galería de personajes (en su mayoría matones de baja estopa) tan estrafalarios y desparramados que no te queda más remedio que amarlos en su completa imperfección.
Y por si fuera poco la trama garantiza un in crescendo en la acción que culmina en una de las escenas a cámara lenta más divertidas que uno recuerda en mucho tiempo (si Sam Peckinpah levantara la cabeza…). Una película para ir a ver en pandilla y pasártelo en grande.
Por último, y en un improvisado cambio de planes, pues la idea inicial era ir a ver la película belga Bullhead (candidata de este año por su país en los Oscar), finalizamos la jornada viendo Drive, de Nicolas Winding Refn (Bronson, Valhalla Rising), un film avalado por haber conseguido nada más y nada menos que el premio a la mejor dirección en la 64ª edición del Festival de Cannes.
Mucho más tranquilo y sosegado que el chute de adrenalina que supuso Attack de block, Drive es una auténtica joya que tiene todos los números para convertirse en un clásico instantáneo. Ryan Gosling, su protagonista, está soberbio en la piel de un avezado conductor que utiliza su pericia al volante para venderse al mejor postor.
Se trata de un personaje hierático, de diálogos de una sola línea, un auténtico cowboy del asfalto con unos brotes de violencia espeluznantes que no dudará en ayudar al más necesitado aunque ponga en peligro su integridad e independencia.
Secundado por un elenco actoral que también raya a gran altura, destacando entre ellos a la guapísima Carey Mulligan (An education) y al no tan agraciado Ron Perlman (El nombre de la rosa), el film se beneficia de una labor de montaje majestuosa (sobre todo en las escenas de conducción temeraria, que recuerdan al mejor Steve McQueen de Bullit) y una banda sonora exquisita, firmada por Cliff Martínez, compositor habitual de las películas de Steven Soderbergh. Drive llegará a nuestras pantallas el próximo 28 de diciembre.
Y con este buen sabor de boca que suele dejar el buen cine degustado a pequeños sorbos me despido hasta mañana, donde nos espera Zhang Yimou y su Amor bajo el espino blanco.
Escribe Francisco Nieto
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Festival de Cinema Negre de Manresa (3): aliens vs. mossos d’esquadra







