Otros tiempos, otras esperanzas
En octubre de 1980 se publicaba por primera vez en la Universidad Laboral de Cheste un, llamémoslo, boletín de cine. Un primer número, realizado manualmente, echando mano de un sistema llamado ciclostil. Más o menos por aquellas fechas, en Valencia se anunciaba un festival de cine. Poca propaganda, algunos carteles colocados en la actual Plaza del Ayuntamiento, así lo atestiguaban. Lo organizaba el Ayuntamiento de la ciudad.
El primer consistorio democrático salido de las urnas en 1979, estaba comandado por el partido socialista y el partido comunista. El alcalde era Ricardo Pérez Casado. La labor del consistorio en el terreno cultural será enormemente positiva durante los primeros años del gobierno. Del ansia generalizada, la necesidad de reponer el hambre existente en la cultura, nacería la Mostra. El primer director, durante las cuatro primeras ediciones, sería José Pons Grau, diputado parlamentario del grupo socialista.
De aquel grupo de cine chestano, formado en su mayoría por alumnos o ex alumnos del centro, creo que salvo Jesús Arranz nadie más vio alguna película de aquella primera edición. La triunfadora, sus anuncios eran los más extendidos, fue Los fieles sirvientes de Paco Betriu. Ni siquiera recuerdo si en aquel primer año ya se denominaba Mostra de Cinema del Mediterráneo, ni cuáles fueron las fechas exactas de aquella su primera andadura.
En nuestro casero boletín, que aún no había sido bautizado como Encadenados, no apareció ninguna referencia al certamen. En realidad nuestro primer boletín contaba con poca más información que la de las películas que se proyectarían en el centro educativo, en el cineclub de los cursos superiores durante el curso.
Poco a poco, al boletín se fueron añadiendo entrevistas, críticas de estrenos, artículos generales de cine… de tal forma que, en el aún ciclostilado número 6 de enero de 1982 aparecía un amplio espacio dedicado a la Mostra, cuyo desarrollo se ampliaría en el siguiente de marzo del mismo año.
En esos números nos encontramos con una especie de mirada general al certamen, a través de la transcripción de una mesa redonda que coordiné, y en la que intervinieron Carles Alberola —hoy uno de los más importantes actores, directores y autores teatrales de la escena valenciana—, el citado Jesús Arranz —que actualmente trabaja en Televisión Española—, J. Canon, y Vicente Benet —catedrático en la Universidad de Castellón y reconocido teórico-analista cinematográfico—. Junto a ellos personas que hoy siguen en nuestra publicación como Luis Tormo —coordinador del blog de la revista— y Sabín —jefe de redacción de Encadenados—.

Las primeras Mostras
En la segunda edición de la Mostra se llevó a cabo un simposio sobre CIFESA y una mesa redonda sobre el neorrealismo. Esta edición, como otras posteriores, estaban centradas en unos cines ya desaparecidos, los Martí, y en ellas existían varios problemas de infraestructura y coordinación: películas que no llegaban, cambios obligados de salas, versiones sin subtítulos o, como máximo, en caso de tenerlos, en francés o en ingles.
No puedo asegurar que en esta edición se inventase la Mostreta, una sección dedicada a proyecciones matinales para escolares y que pronto atraería a multitud de colegios. Una de las salas empleadas para la actividad, también desaparecida, era la del cine Goya, que se encontraba al lado de los Martí.
La prensa poco a poco empezó a interesarse por el certamen. Será algunas ediciones más tarde cuando la prensa local le dedica un espacio, aunque no siempre sea laudatorio. Más bien se trata de repartir palos y estopa a diestro y siniestro ante el asombro de algún crítico catalán al no poder entender cómo se bombardea, en vez de apoyar, el festival.
Al menos, mal o bien hablaban de ella, de su existencia diaria, algo que no ocurrirá en sus últimas ediciones, donde deja de existir casi totalmente para los medios.
A partir de la tercera Mostra, nuestra revista, aún casera, dedica un amplísimo seguimiento del festival, que desde esa edición y hasta la de despedida, se llevará a cabo en el mes de octubre. Dos alumnos chestanos más se unen al grupo para contar todo lo que por allí pasa. Se trata de Manuel Saldanya y José Prósper, ambos convertidos hoy en sendos catedráticos universitarios.
No solamente analizamos en nuestro boletín ciclos y actividades, también incluimos entrevistas con los realizadores que empiezan a asomarse a la Mostra. Nada menos que ya en esta tercera edición se programa un completísimo ciclo dedicado al neorrealismo italiano (aunque la sección oficial es otro cantar). Todo un lujazo.
El año siguiente será el último de Pons como director. Su despedida coincide con un curioso hecho que no puede por menos de reseñar.
Cuando se desarrolla esta edición, el boletín del cine club (número 13 de otoño del 83) ha cambiado de formato, de forma que ya no es tan casero. Se puede decir que es una revista, que además tiene un nombre: Encadenados.
Alberola, Tormo y Sabín realizan una serie de entrevista sobre esa 3ª Mostra. Una conjunta (Alberola y Sabín) a Ricardo Arroyabe, Iñaki Núñez y Julio Diamante, y otra (Tormo y Sabín) al director de la Mostra.
El ser una revista nos lleva a realizar pequeños juegos compositivos, destacando titulares y palabras. De la primera entrevista destacamos tres frases: “la sociedad de autores un cachondeo, un mangoneo, una casa de putas mal organizada”; “Garci hace un cine en el que nos toma por idiotas a los que estamos viendo la película” (hace referencia al filme de Garci que acababa de ganar el Oscar a la mejor película extranjera, Volver a empezar); “el cine en Ciencias de la Información es un desastre, el desastre de los desastres”.
De la segunda entrevista destacamos otros tres titulares: el primero alude a que en la última rueda de prensa de la Mostra, Josep Pons, su director, ha anunciado su dimisión; el segundo señala la finalidad de la Mostra según Pons mientras que en el tercero se resalta la despedida que tuvo lugar entre los entrevistadores y el entrevistado: “A propósito ¿de qué medios sois vosotros”. “Somos de la revista Encadenados”. “Pues siempre nos ponéis a parir y eso que os damos invitaciones”.
La publicación de la entrevista íntegra con el ya ex director de la Mostra, lleva a Pons a enviarnos una larga carta en la que se quejaba tanto de que se hubiera recortado la entrevista como de que se utilizaran palabras dichas fuera de ella. Tal carta y la impecable contestación de los entrevistadores, fueron publicadas en el número 14 de Encadenados, correspondiente al invierno de 1983. Una página memorable de nuestra publicación
Años de esplendor
Los años en los que la Mostra fue dirigida por Paco Carrasco y José Luis Forteza, pueden considerarse como los mejores de su historia. Con ellos se consolidó como un proyecto fuerte. Sin duda se debió a trabajar con un equipo de altura, entre los que hay que citar a Honorio Rancaño y Santo Juan.
Son Mostras en las que se suceden uno tras otro ciclos importantes (entre ellos uno amplísimo sobre el cine yugoslavo, otro sobre la nouvelle vague), la presencia de actores, de directores o técnicos, que venían a hablar de sus películas, coloquios con los críticos y con los espectadores.
Por aquí en esos primeros años pasaron, entre otros, Melina Mercouri, Yves Montand, Emir Kusturica, Giulietta Massina, Almodóvar, Patino, Gutiérrez Aragón y otros hombres importantes del cine, pero con una clara razón: venían a presentar y hablar de sus obras.
Durante esos años nuestra relación con la Mostra es enormemente cordial, incluso a veces nos encargamos de coordinar algunas de las presentaciones, como nos vimos en la obligación de realizar Sabín y yo en una de las proyecciones del ciclo de cine yugoslavo en una sesión en el fenecido —otro más— cine Eslava
El festival empieza a encauzarse, los aficionados al cine se enteran que existe un certamen de cine en la ciudad. Los cines Martí se erigen durante unos años en el punto de encuentro del certamen. No sé aún, aunque probablemente fuera para abaratar los costes, por qué se tuvo la ocurrencia de llevarse la sección oficial al recién estrenado Palau de la Música, un sitio totalmente inadecuado para proyecciones cinematográficas.
Así fue y así comenzó otra etapa.
Encadenados tuvo durante aquellos años otro desencuentro con el certamen. Curiosamente cuando se perfiló entre ambas partes una especial colaboración. No recuerdo con exactitud cuál fue el año en que tuvo lugar el hecho que voy a relatar.
La Mostra editaba por entonces cada día una revista de ocho páginas que se repartía gratuitamente a los asistentes al certamen. Gente de nuestro grupo habíamos escrito una serie de artículos, que el gabinete de prensa del certamen nos había encargado. Eso sí, lo hacíamos sin que cobrásemos nada. Uno de los años nos vinieron con una sorprendente petición. Una de las secciones de Encadenados era El abecedario del señor Kaplan, equivaldría actualmente al abecedario que suele acompañar a alguno de los Rashomon. Era una página donde Kaplan arremetía, siguiendo cada uno de las letras del abecedario, de manera jocosamente incorrecta con directores, películas…
Pues bien, el Jefe de Prensa de la Mostra, a quién al parecer le gustaba esa sección, nos pidió que diariamente hiciéramos algo parecido para el periódico de la Mostra. Cumplimos lo que nos propusieron. A lo largo del día nuestro numeroso grupo se reunía para ir rellenando cada letra siguiendo los acontecimientos que tenían lugar en el certamen. Salió nuestro espacio al día siguiente de su inauguración. También el tercero, pero… el cuarto, entregado a su debido tiempo, no apareció. Preguntamos a qué se debía esa ausencia. Sorprendidos, escuchamos que aquello era impublicable porque criticábamos todo lo que iba haciendo en la Mostra.
Desde luego quien nos encargo tal espacio o no había leído nunca aquella sección en nuestra revista o carecía del más elemental sentido del humor. Nunca, en realidad, supimos quién fue el culpable de cerrar aquella sección
Un gran error tuvo lugar durante la sexta edición: durante su celebración murió Orson Welles. Nadie se dio por enterado. A los organizadores les faltó el reflejo preciso para montar una sesión homenaje a tan gran realizador.
Encadenados, al mismo tiempo que la Mostra, iba creciendo, y ensanchándose.
Por diversas circunstancias dejó de editarse en mayo de 1987. Era el número 28. En el anterior, enero de 1988, dedicamos un amplio espacio a la séptima Mostra.
Durante unos años a pesar de quedarnos sin medio donde publicar, contar como se desarrollaba el certamen, seguimos acudiendo a su cita anual.
La decadencia
Forteza será sustituido por Morera, último director de la etapa socialista, con quien la Mostra entra en una especie de impase. A través de algunas personas ligadas al ayuntamiento se nos encarga entonces un proyecto para que la Mostreta sea algo más que un lugar para ver películas, proyecto que retiramos cuando tiene lugar el cambio de mando en el Ayuntamiento de Valencia, con su giro a la derecha. Tiene lugar en 1991, con la llegada del PP al gobierno municipal, gracias al apoyo de Unión Valenciana, partido que como la falacia que es terminará devorada por las depredadoras gaviotas.
La Mostra, ante ese cambio, da una nueva vuelta de tuerca, precipitándose hacia su negro futuro. Poco a poco irá hundiendo y desacreditándose. Mientras eso ocurre Cinema Jove, el otro festival de Valencia, auspiciado por el Instituto de Juventud de la Generalitat Valencia, se va consolidando. Durante varios años el crecimiento y apogeo de uno parece significar el decrecimiento del otro.
La Mostra, desde ese momento, echa y contrata directores a gogó, con el fin, se supone, de enderezar su triste andadura. Nada menos que cinco directores cambia la Mostra entre 1991 y 2011.
El primero en llegar es LLuis Fernández, que ahora ante el funeral de la Mostra afirma que está bien su supresión porque el certamen no era muy relevante ni cultural ni cinematográficamente. Tal individuo es quien más tiempo está de director, diez años. En su etapa trata de imponer modas y esquemas incoherentes. Durante su gestión todo es válido, desde proyectar cine gore hasta películas, llamémoslas, folclóricas. Es el momento también del impostado glamour, al menos en las sesiones de inauguración y clausura con alfombras rojas pisadas por estrellas (ya en horas bajas), sin ninguna película a concurso, llegadas a golpe de talonario, y con fuegos artificiales como remate, para que nadie olvide que estamos en Valencia.
Después, con más pena que gloria, llega Jorge Berlanga, hijo de José Luis García Berlanga, fallecido pocos meses después de su padre.
A continuación le toca el turno a otro hijo de un realizador (Vicente Escrivá), José Antonio Escrivá, también director, que sigue la senda por la que el festival se va al total desastre. Tiene que dimitir debido a que la Mostra contrataba los servicios de la empresa del propio director. Esperpéntico.
Después de Escrivá llega un realizador más, Juan Piquer, también fallecido no hace mucho. Su tiempo como director no es más que una sombra. Ni siquiera su especialización en pirotécnicos efectos especiales logra dar un giro al certamen.
Y finalmente, tal como preveíamos en alguno de nuestros artículos, llega la persona que da el descabello, Salomón Castiel.
El poco tiempo que ha estado de director le ha costado al Ayuntamiento de Valencia más de 200.000 euros. Entra como un elefante en una cacharrería: cambio las fechas de celebración del certamen, celebra dos Mostras con escasos meses de diferencia una de otra, decide que no son importantes los premios otorgados por un jurado y sí los que da el público, así que elimina los jurados. Lo más fuerte consiste en cambiar el nombre de la Mostra, pasando de ser de Cinema del Mediterráneo a Mostra de acción y aventuras.
Un dislate tras otro los que procura en su breve parada en la ciudad. Como lo fue ya, en su primer año como director, el nuevo homenaje que la Mostra ofrece a Berlanga, al editar un libro indigno de cualquier festival por muy mediocre que sea. Un libro que como máximo sirve de regalo para adornar bibliotecas, un grave delito cometido contra la figura de un director dado a arremeter contra toda parafernalia.
De forma dictatorial, acorde con su forma de actuar, la alcadesa de Valencia termina con la Mostra. Mientras anunciaba su desaparición, Castell acababa de llegar a Valencia para tratar asuntos de la próxima Mostra con el vicealcalde Alfonso Grau.
Castiel, meses antes, casi al terminar la Mostra anterior, había aceptado hacerse cargo del área de cultura de la Diputación de Málaga. Algo que al parecer no era obstáculo para ser también algo así como el director artístico del certamen valenciano. Su dedicación acá sería darse un paseíto cada cierto tiempo para ver cómo iba tomando forma la Mostra siguiente. Eso sí, a cobrar dos sueldos, aunque el de Valencia fuera menor que el de otros años.
De todas maneras, como también escribimos en su día, referente a la presentación de las últimas Mostras, quedaba claro que el verdadero orquestador del festival, el que llevaba la voz cantante no era sino el citado vicealcalde. Bastaba, para dejarlo claro, ver cómo se desarrollaron en la última edición las variadas y repetidas presencias de ambos frente a la prensa para presentar una a una las diferentes secciones del certamen.
La Mostra se ha ido sin grandeza, tristemente. Los intentos los últimos años de ampararse alternativamente en dos cadenas de televisión como fueron Antena 3 y Telecinco, no sirvieron sino para demostrar que a nadie, ni a la televisión, le interesaba nada el certamen. No dieron ni un solo paso, ni unos minutos de su programación para promocionarla. Ni siquiera se puede decir de ella que haya sido un cadáver exquisito.
Esperemos que no se lleguen a cumplirse los designios de la consellera de cultura, ojo, rescatada de los puestos de mando de la impresentable Canal 9-Televisión Valenciana, al asegurar que se está estudiando unir algunos de los contenidos de la Mostra con los de Cinema Jove. Sería un error. Como sus directores explicaron por activa y pasiva, sus caminos, objetivos, propuestas e identidades son muy diferentes. A no ser, claro, que, como se asegura, la Mostra de 2012 estuviera ya cerrada y comprometida. Entonces ¿cómo se saldrá de este embrollo sin que a nadie le crezcan las narices o le dé un patatús?
Mientras esto escribimos, la página oficial de la Mostra sigue activa. Encima de una fotografía en la que aparece Daryl Hannah, la estrella invitada para dar color y grandeza a la anterior Mostra, se lee un gran titular que proclama “La Mostra prepara su 33ª edición”.
A nadie se le ha ocurrido aún clausurar la página.
Escribe Adolfo Bellido López
