martes 22 de mayo de 2012

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Berlinale, 60 Festival Internacional de Berlín (4): ¡esos cines periféricos!

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¿Qué le pasa al cine germano?

Berlinale, 60 Festival Internacional de Berlín Continuando con la rutina, la jornada de hoy siguió planificación similar a la de ayer: sesión matinal con sermones religiosos, seguida del bonus track de gran producción, para acabar culminando con la pequeña gran joya procedente de las cinematografías periféricas. Si ayer entró en escena Shahada / Fe, hoy ha sido el turno para Na putu / On the Path, de Jasmila Žabanić. ¿Tanto le inquieta a la Alemania contemporánea la proliferación de las prácticas musulmanas? Y, sobre todo, ¿por qué la prensa germana alaba (por no decir venera) estos dos films ―producidos con capital germano― tan complacientes con el punto de vista occidental?

No puede ser casual que en dos días se sucedan dos filmes en los que el tema fundamental sean los presupuestos (¿prejuiciados?) males del islamismo. ¿Tanto miedo dan los musulmanes como para dedicarles dos sesiones? En el caso de Na putu, corproduccion entre Bosnia, Austria, Alemania y Croacia, cuya acción se centra en la influencia del Islam en los jóvenes ―en unos jóvenes― en los Balcanes de hoy en día.

La historia de Na putu versa sobre cómo se altera la convivencia de la pareja protagonista, compuesta por Luna (Zrinka Cvitešic) y Amar (Leon Lučev) a raíz del cambio que de creencias que realiza este último. Y el esquema que presenta Jasmila Žabanić es bastante simplón. En los momentos iniciales, brilla la felicidad en la pareja, los rostros son radiantes y perpetuamente muestran una sonrisa de oreja a oreja. Pero después, el contraste no puede ser más evidente: el colorido desaparece, a la vez que la fogosidad, el ceño fruncido se torna un rasgo habitual y los ojos enrojecidos sustituyen la sonrisa bobalicona.

Entre uno y otro estado de ánimo, Amar ha experimentado el aislamiento conviviendo con una comunidad musulmana. El motivo estaba justificado por cuestiones laborales, ya que recientemente había sido suspendido en su puesto como controlador aéreo por trabajar tomándose algún traguito de alcohol. A lo que hay que añadir que la pareja está en tratamiento de inseminación artificial para tener un hijo. Y que la abuela de Luna ya está muy mayor y empieza a necesitar a alguien que la cuide. Y que visitar la casa de la infancia le trae a Luna los malos recuerdos de la guerra civil y el asesinato de sus padres. Y… Demasiadas cosas para condensarlas en una única película. Más aun si no se tiene demasiado claro cómo contarlas.

Na putu / On the Path, de Jasmila Žabanić

A Žabanić le cuesta muchísimo narrar esta historia semifeminista con trasfondo de crisis de maternidad y rechazo de las doctrinas dogmáticas. Porque narrar a través de palabras y primeros planos de caras puede servir para que los actores y actrices se luzcan. O para que el equipo de maquillaje y peluquería muestre sus dotes para interpretar, mediante la estética, la alegría y la tristeza. Pero cuando en cine (algo menos en la pequeña pantalla) la película se sostiene mediante rostros, llega a ser agotador. Muy agotador. Si bien, siempre nos quedara la actitud “reformista” de la protagonista, que toma la determinación de romper con las normas castrantes del fundamentalismo, en este caso, el islámico.

Jud Sus, Film Ohne Gewissen / Judío Sus, ascenso y caida, de Oskar Roehler, Peor suerte corrió Jud Sus, Film Ohne Gewissen / Judío Sus, ascenso y caida, de Oskar Roehler, abucheada por los que no optaron a escapar de la proyección. Con ella, Roehler se propone analizar el fenómeno que supuso la película de propaganda nazi Jud Süss, rodada en 1940 por el actor Ferdinand Marian. Es decir, que Roheler parte de un acontecimiento real que, sin embargo, no tiene muy claro qué tratamiento darle.

Dado el derroche de presupuesto, y la escasa habilidad para plasmar las ideas a través de la cámara, hubiera sido suficiente con convertir a Jud Sus, Film Ohne Gewissen en una obra teatral ostentosa. Porque no se puede negar que Roehler no se haya preocupado por el vestuario y la escenografía. Sin embargo, es demasiado evidente la escasez de extras, la falta de encuadres con amplitud y la simplicidad de los efectos especiales, que no están a la altura de la gran producción que pretende ser.

Pero es que, para colmo, hay que añadir que Roehler no sabe muy bien por dónde tirar. Lo que podría ser una parodia pasa a drama, luego se toma la libertad de pretender ser documental, y finaliza como melodrama. Por la nota final, en donde se informa de la cantidad de espectadores que vieron la película referenciada Jud Süss, deducimos que la intención era hacer una reconstrucción histórica de los orígenes ideológicos de dicho film ―que, para Goebbels, tendría que convertirse en el Acorazado Potemkin del Nacional Socialismo―, su impacto en el fascismo germano e italiano, y las consecuencias biográficas que tuvo en el actor que encarnó el rol principal. Pero insistimos, la fotografía al estilo del cine negro añade tanta confusión al conjunto, que es una lástima el esfuerzo que se ha puesto en llevar “esto” a la gran pantalla.

Así que, visto lo visto, cabe preguntase si lo visto en la Berlinale es lo mejor que puede hacer el cine germano, o es que se reservan para… ¿para qué?

Rompecabezas / Puzzle, de la argentina Natalia Smirnoff

Nuevo destello en el horizonte latinoamericano

Podría ser chocante que el Oso de Oro recayese en la única representante sudamericana en la Sección Oficial. Incluso podría rayar el ridículo que la cantidad de producciones del norte de Europa se fueran con las manos vacías. Y ya seria el colmo si recordásemos que en la pasada edición, y en similares condiciones porcentuales, La teta asustada, de la peruana Claudia Llosa, dio el campanazo. Se podría pensar que se trata de demasiadas especulaciones, pero no es ninguna boludez. Ahí está Rompecabezas / Puzzle, de la argentina Natalia Smirnoff.

Es fantástico ver cómo Smirnoff domina la elipsis, el tiempo suspendido, el raccord, el fuera campo… Tendría que ser obvio, tratándose de gente que se dedica a hacer cine, sin embargo (y por desgracia), es algo que no se da con asiduidad. Pero Smirnoff sabe muy bien lo que quiere contar y cómo hacerlo. No en vano, se ha tomado su tiempo para ponerse tras la cámara. Entretanto, ha ido cogiendo maña ayudando en los rodajes de Valentín (Alejandro Agresti, 2002), Cama adentro (Jorge Gaggero, 2004) o La ciénaga (2001) y La niña santa (2004), ambas de Lucrecia Martel. Y esta experiencia no sólo le ha servido a Smirnoff para ir afianzando su mirada, sino para tomar prestada a la fantástica actriz Maria Onetto, que ahora en Rompecabezas nos ofrece otra de sus interpretaciones de ausente-presente que tan buenos resultados le han dado en los filmes de Martel.

Lo de las “historias mínimas” en el cine argentino no es un tópico, sino que cada vez más se aproxima a una concepción de autoría. En el caso de Rompecabezas, el tema es una pasión. Una pasión despierta en María del Carmen (María Onneto) las ganas de vivir. Esto es, de salir de su microcosmos de ama de casa y salir de su barrio. Acercarse hasta la tienda de puzzles que hay al otro lado de las vías del tren, contactar vía e-mail con un hombre que busca pareja para la competición nacional, hasta llegar a fantasear con la mitología egipcia. Pero poco a poco, no de sopetón. Con la misma calma con que se va dejando caer que los hombres de la casa también son capaces de hacer la compra por ellos mismos, poner la mesa y asumir responsabilidades domésticas. Pero nadie parece darse cuenta de que María, al igual que sus dos hijos y su marido, también puede permitirse el capricho de “perder el tiempo” con algo que le da una vitalidad renovada.

Pensada y montada como si fuera un puzzle, Rompecabezas es un compendio de planos que, al fijarse en múltiples detalles, se toman la libertad de desencuadrarse o desenfocarse por momentos. Sobre ello, Smirnoff apela a una “mirada femenina”, diferenciada de la habitual linealidad, que se asemejaría a ese estar pendiente de múltiples cosas que caracteriza a las mujeres.

No en vano, la directora afirma que comenzó a dar forma a la película coincidiendo con el estreno de Las horas, el filme inspirado en la obra de Virginia Woolf. Por lo que nadie se debe extrañar de la sutileza con que la directora entra a cuestionar el machismo latente en la sociedad argentina (y no sólo argentina) y la actitud aparentemente irreverente que adopta su protagonista cuando decide hacer lo que realmente le place.

Escribe: Daniela T. Montoya 

Rompecabezas / Puzzle, de la argentina Natalia Smirnoff

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