Made in Spain
Cualquier excusa es buena para captar la atención. Y no pasa nada si se hace inspirándose en la movida almodovariana, plan perfecto para incitar a los alemanes a desmelenarse por unos instantes. Ya que los pequeños escenarios (desde las verbenas de pueblos, hasta los bares underground en la “gran ciudad”) han forjado grandes artistas del espectáculo…
Y de ello supo sacar provecho Miguel Albaladejo. Acompañado de su troupe de actrices y del productor Gerardo Herrero, literalmente la liaron en la noche de estreno de Nacidas para sufrir. Por medio de un mini show de cabaret, se metieron en el bolsillo el público congregado en la sala para ver esta historia de ancianas que está a medio camino de la comedia rural y lo surreal. Pero siempre introduciendo una buena dosis de lo typical spanish en la que no puede faltar el vocabulario y frases hechas de
Incluida en la sección paralela Panorama, no hay que descartar Nacidas para sufrir de las quinielas. Ya que, además de que conviene tener presente que “el toque Almodóvar” tiene tirón,
Otros títulos iniciales
Quien no parece tener demasiadas opciones a llevarse ni un premio menor es Florin Şerban, único representante del cine rumano, tan en boga en estos últimos años. Con su primer largometraje, Eu cãnd vreau sã fluier, fluier / Si quiero silbar, silbo, la mayoría de comentarios se encaminaban a cuestionar la presencia de este drama carcelario en la competición oficial.
De entre las películas que se nos escaparon durante las primeras jornadas se encuentra la japonesa Caterpillar. Dirigida por Koji Wakamatsu, apenas podemos comentar algo más que la sinopsis: el retorno al hogar de un héroe de guerra que, con graves secuelas físicas (casi a la altura de Johnny cogió su fusil), pone a la esposa del mutilado entre la espada y la pared de, o bien salir corriendo y abandonarlo a su suerte, o sacrificar el resto de su vida cuidándolo y, por ello, manteniendo la tradición y la respetabilidad entre los suyos.
A pesar de desconocer el tratamiento de Wakamatsu, su planteamiento nos da una idea del contrapunto que ofrece a la idealización de los habituales filmes bélicos, repletos de tiros y efectos especiales, donde las heridas y el sufrimiento son meritos para ganarse una medalla.
Tampoco pudimos ver En Ganske snill mann / A somewhat gentleman, del noruego Hans Petter Moland, ni Der Räuber / El ladron, coproducción austrogermana dirigida por Benjamin Heisenberg.
La primera se inicia con la salida de prisión de un asesino para plantear la dificultad de reconciliarse con la familia y desvincularse de la banda a causa de la cual acabó entre rejas. Mientras que Der Räuber se centra en cómo su protagonista Ulrik (Stellan Skargård), un corredor, reinterpreta su deporte como una forma de ganarse la vida saliendo corriendo tras asaltar un banco.
Festejemos el día de la tolerancia
Con los tiempos que corren de corrección política, y las excusas que se buscan para incentivar el comercio, no estaría de más incluir en el calendario un día para la tolerancia. Así, por ejemplo, en señalada fecha se podría ir al cine a ver películas que aspirasen a romper tópicos, a pesar de que no hacen más que entretener con propuestas bienintencionadas. Y, dado lo visto en
No se puede negar que The kids are allright tenga un guión perfectamente hilvanado. Seguro que la propia directora Lisa Cholodenko, mano a mano con Stuart Blumberg, le habrán dedicado muchas horas para transmutar la estructura convencional de “matrimonio convencional con hijos adolescentes y crisis matrimonial” en “matrimonio de lesbianas con hijos adolescentes y crisis matrimonial”.
No es que haga falta estrujarse demasiado los sesos, pero sí conviene planificar cada uno de los planos convencionales que deberán ser rodados (es lo que tiene trabajar para el éxito de público), además de hacer algunos pequeños ajustes. Por ejemplo, hay que ser sutil para que no se note demasiado que Nic (Annette Bening), la mitad de la pareja que tiene su trabajo “profesional” fuera de casa, lleva el pelo corto y viste con ropas similares a los hombres, asume la gestualidad y actitud masculina. Es decir, siguen perpetuándose el reparto de roles aunque la apariencia sea innovadora.
De la historia de The kids are allright, pues poco más interesante se puede contar. La pareja compuesta por Nic y Jules (Julianne Moore) deberán pasar por una “ligera” crisis que se inicia cuando su hija Joni, que cumple la mayoría de edad, contacta con su padre biológico. Es entonces cuando Paul (Mark Ruffalo) entra en las vidas de la feliz familia provocando un torbellino de emociones entre los hijos con sus madres e, incluso, entre ellas mismas.

Y a pesar de que todo suena a algo ya muy visto (ama de casa frustrada se lía con extraño hasta darse cuenta de que el amor verdadero lo tiene en casa y se inicia la reconciliación final), la película da mucho juego para analizar la perpetuación de los roles de genero, o el prototipo de hombre (moreno, de pelo en pecho, dado al libertinaje y con moto europea) con el que iniciar un fogoso idilio extramatrimonial, o los “dramáticos” problemas existenciales que viven los adolescentes estadounidenses (que se supone no son ningún peligro al volante, pero a los que se les protege del dañino alcohol), o incluso la nueva formula de ser cool llevando un negocio de mini agricultura ecológica. Normal, pues que, al igual que Please give, de su compatriota estadounidense Holofcener, The kids are allright se presente fuera de concurso. De ahí su punto fuerte: que actrices de la talla de Julianne Moore desfilaran por la alfombra roja.
Por su parte, Burhan Qurbani (germano de ascendencia afgana), se estrena en el largometraje con Shahada / Fe. El titulo no podría ser más explicito, aunque al joven le cuesta encauzar sus ideas.
Shahada esta muy en la línea de las tv-movies, aunque en sus imágenes se intuye un poco de estilo personal. El filme comienza potente, entrecruzando escenas frenéticas de cada uno de los tres protagonistas por las calles de Berlín. Amigos entre sí, son: Maryan (Maryan Zaree), una chica que sale de marcha con una amiga y tienen un aborto en los lavabos de la discoteca; Samir (Jeremias Acheampong), chaval de origen nigeriano que trabaja de madrugada en el mercado de abastos; e Ismail (Carlo Ljubek), policía casado y con un hijo.
Desde el inicio, la tensión desborda cada plano. Maryan, Samir e Ismael viven perpetuamente angustiados sin que Ourbani nos dé demasiadas pistas sobre los motivos. Todo lo contrario, gusta de concatenar planos en que aparecen perpetuamente con el ceño fruncido. Durante casi la primera hora de metraje, los muestra cegados y obsesionados con su tormento personal, sin ser capaces de ver más allá de sus problemas. ¿Y cuáles son estos? Básicamente, el sentimiento de culpabilidad que surge de sus creencias religiosas.
Es probablemente que Shahada no hubiera causado tanto furor entre la prensa si no fuera porque es una de las producciones íntegramente germanas que optan a concurso. O quizás el entusiasmo estuviera causado porque promueve una lectura moderada de la religión. Tanto gustó su discurso que hasta un periodista aprovechó para recomendar que Shahada se incluyese entre las actividades pedagógicas de los escolares germanos. Porque claro, si el discurso de Ourbani apuesta con claridad por una práctica moderada del Islam, y con los tiempos que corren en la política internacional, ¿pues a quien no le va a gustar su propuesta?
Bien distinto es que el joven director se tome la libertad de argumentar que todos los tormentos que padecen sus personajes, desde el trauma post-aborto hasta el sentimiento de culpa por un accidente mortal, pasando por el desconcierto ante el descubrimiento de la propia homosexualidad, se deben a su interpretación fanática del Corán. Es decir, algo se le debió escapar a Ourbani en las clases de deducción lógica.
Sin embargo, repetimos, su insistencia en que los musulmanes, sobretodo los que viven en occidente, adopten en sus prácticas religiosas una actitud moderada (incluso pragmática, aunque eso pueda poner en crisis su fe), provoca en los occidentales tal exaltación que se nubla la vista ante la tendenciosidad de semejante propuesta.

Una de cal y otra de arena…
El mayor contraste de
En Shekardi, Rafi Pitts se reserva el papel protagonista. A saber, el de un exconvicto que trata de reiniciar su vida junto su mujer e hija. Pero tampoco tiene demasiadas ocasiones, ya que en la fábrica en que le dan trabajo como vigilante nocturno, se aferran a su paso por prisión para denegarle un horario más flexible con el que compaginar su vida familiar. Y, en un día de esos, su mujer no regresa a casa tras recoger a su hija. La policía le localiza y reclaman su presencia en comisaría. La desconfianza entre el teniente y Rafi es mutua. Ambos saben que éste último pasó doce años en prisión por matar a un policía. Y, ahora, su mujer ha muerto en el fuego cruzado entre unos insurgentes y la policía.
Pitts apuesta por un montaje complejo de Shekardi, tanto visual como sonoro, llegando a congelar el sonido para dirigir la atención hacia las imágenes. Apostando por la confusión espacio-temporal, Pitts une el pasado con el presente, sin llegar a confundirlos, pero reiterando la incidencia que tiene la vida pretérita de Raffi en su devenir presente y futuro. Así, por las calles de la capital iraní, se suceden distintos instantes de la vida separada de Raffi y su mujer e hija, que pasan por los mismos lugares, aunque en momentos separados. Hasta que el infortunio entra, de nuevo, en su vida dando pie a una persecución al hombre en la frondosidad del bosque.

El otro filme tremendo, en el buen sentido de la palabra, fue Kak ya provel etim letom, del ruso Alexej Popogrebski. Ambientada en el ártico, paradójicamente se proyectó unas horas después de que por vez primera brillara el sol en
Ante películas como Kak ya provel etim letom, nos encontramos con el absurdo de tratar de explicarla resumiendo la sinopsis. Esto es, dos personajes, Pavel (Grigori Dobrygin) y Sergei (Sergei Puskepalis), solos, en mitad de la inmensa claridad del ártico, trabajan con tedio anotando los datos de la estación meteorológica. Durante la primera mitad del metraje (que alcanza las dos horas), Popogrebski describe con detalle cómo es la vida en este entorno tan inhóspito como maravilloso, las rutinas del trabajo que realizan, el perfil psicológico que les caracteriza (Sergei, el veterano experimentado; Pavel, el aprendiz que se lo toma como un juego) y la relación que han establecido entre ellos.
Sin dejarse apabullar por el paisaje, en la segunda mitad de la película, Popogrebski inicia una persecución y huida determinada por la percepción que Pavel tiene de Sergei, quien se ha mostrado rudo, intransigente y de fuerte
arácter. Aislados en la isla, y retardado por el mal tiempo el día de su retorno, el desencadenante de la tensión es la obligación que le encomiendan a Pavel de comunicar a Sergei de una noticia fatal sobre su mujer e hijo. El resto, una lección sobre la supervivencia y la convivencia (aunque sólo sea entre dos personas).
Primeros premios: cortometrajes
Oso de Oro:
Händelse Vid Bank, de Ruben Östlund (Suecia), por “su real reflexión sobre el papel de los medias en nuestros tiempos”
Oso de Plata:
Hayerida, de Shai Miedzinski (Israel), por el uso que hace del desierto israelí como “denso e intenso escenario de fondo para una coherente road movie sobre la pérdida”.
Premio escolar DAAD:
Para Adrian Sitaru (Rumanía), por Coliva.
Nominacion Cortometrajes 2010 de
Venus vs Me, de Natalie Teirlinck (Bélgica).
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