martes 22 de mayo de 2012

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BAFICI, 13 Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (3): cinco destacados

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Copacabana, de Marc Fitoussi 
—Francia, 2010— 

copacabanaQuién hubiera imaginado que a la siempre fría e inescrutable Isabelle Huppert le sentaran tan bien los aires de la comedia...

La sublime actriz francesa encarna en Copacabana a Baboo, un espíritu rebelde y eternamente joven capturado en el cuerpo de una cuarentona dueña de una incorregible, y al mismo tiempo insobornable impostura, cuya hija, una amargada veinteañera, además de poseer una vieja alma burguesa, siempre previsible e insoportablemente cuerda, juzga, recrimina y condena tanta irresponsabilidad e indolencia...

Baboo consigue un trabajo como vendedora de tiempo compartido. Pesca clientes tan rápido como problemas. Pese a todo, logra reunir el dinero que le permitirá hacerse más presentable frente a los ambiciosos y frívolos ojos de su hija. Para su suerte, o desgracia, conocerá a una pareja de homeless que le dará la excusa que necesita para sacarse de encima tanta exigencia de corrección, y dar rienda suelta a un espíritu salvaje...

Baboo, en una fiesta de etiqueta, bailando emplumada como una vedette de comparsa, o en un acuario, de pie, frente a una pecera gigante, nos hace pensar en ella, a pesar de toda su desfachatez y bravuconería como en una vulnerable pececita irremediablemente fuera del agua...

Poetry, de Lee Chang-dong
—Corea, 2010—

Mija (Yoon Jeong-hee) cuida a un anciano rico y se hace cargo de la educación de su nieto al tiempo que descubre que sufre de Alzheimer, y que lo primero que olvidará son los sustantivos... Tal vez su deseo de sobreponerse al deterioro la lleva a anotarse en un taller de poesía.

El relato se deslizará lento y despiadado como los primeros signos del Alzheimer que no tardarán en aparecer, pero a pesar, o debido al avance, Mija irá desarrollando una aguda percepción no sólo de la belleza del paisaje que la rodea, sino del lado más oscuro de la naturaleza humana.

Un hecho aberrante —el suicidio de una compañera de colegio de su nieto— la llevará a poner la mirada en el mismo lugar donde todos prefieren quitarla.

Entonces aparece la poesía no como un arte para elegidos sino como un lugar de exploración y de experimentación, cuya esencia elusiva si bien se resiste a ser capturada, logra materializarse en un poema. En algún momento Mija deberá asimilar, entre lecturas de poemas, tareas domésticas y juegos de pelota paleta, un crimen aberrante que quedará vivo en la memoria, una vez que, reconstruido, con un exquisito poder evocativo, sea expresado en un poema...

Como en un cuadro impresionista los puntos vislumbrados en un principio, y luego, percibidos con la distancia adecuada, conformaran una figura entera y plena de sentidos...

Al mejor estilo de un juego de cajas chinas: un poema dentro de otro poema.

poetry

Raja, de Jacques Doillon
—Francia, 2010—

Marrakech es el teatro de operaciones en el que Raja, una joven prostituta árabe, regenteada por su novio proxeneta, y Fred, coleccionista de Matisse, culto y refinado, con un particular sentido del humor colonialista, libran una batalla sin tregua. Desde el primer momento en que se encuentran intuyen que son el uno para el otro en el sentido más bélico del amor.

Raja, experta en el arte de la defensa, se refugiará del amor que siente por Fred en las garras de su novio proxeneta. Fred, experto en el arte del ataque, se valdrá de una serie de ardides y trampas para hacerla caer y rendirse...

Como en la mismísima guerra las condiciones cambian. Raja huye del campo de batalla, deja su trabajo en los jardines de la mansión de Fred, para librarla en otro lado, en las oscuras calles de Marrakech bajo las órdenes de su novio explotador. Fred, obligado a rescatarla, capitula y entrega una fuerte suma de dinero...

Jacques Doillon aporta a esta historia de conquista amorosa un elemento subversivo. El más débil es el más poderoso porque oculta su fuerza en una feroz resistencia que ataca los puntos vulnerables del más fuerte. O bien, porque el verdadero enemigo se vuelve tan inextinguible como un fuego que nunca se apaga...

RAJA-2

Shelter, de Dragoniv Sholev
—Bulgaria, 2010—

Radostin, un niño de doce años, no vuelve a casa. Los padres van a denunciar la desaparición a la comisaría, que resulta más amenazante y siniestra que las calles más oscuras de Sofía. Radostin aparece sin embargo al otro día en el dulce hogar, pero esta vez acompañado...

¿Qué sucede durante un almuerzo entre los representantes de dos generaciones: una, la de los padres de Radostin, malformada dentro del ya anacrónico comunismo, y la otra, la de unos furibundos punks, deformada dentro y fuera del capitalismo?

Con sólo pensarlo se nos ponen los pelos de punta como la tan afilada cresta de Tenx, por la que el padre de Radostin lo llama indio, y por la que el mismísimo Tenx asegura que el viento y la lluvia son los peores enemigos del punk

Entre aceitunas y puré de berenjenas (también vuelan las tortas) se va abriendo entre los comensales y, por consiguiente, entre las dos generaciones que ambas partes representan, una brecha que ninguna de las dos partes puede, o está dispuesta a desandar...

Esta corrosiva comedia negra intenta dejar en claro que ya no se puede estar al amparo de ninguna certeza, ni de ninguna ideología, apenas sólo sea posible encontrar algún refugio bajo una dura cresta, siempre que no llueva ni sople el viento, o bien dentro de un grito desesperado de ¡¡¡viva la anarquía!!!

Shelter

Household X, de Koki Yoshida
—Japón, 2010—

La sociedad japonesa ha desarrollado tal nivel tecnológico que los humanos de tanto competir con máquinas han terminado por parecerse a ellas. Sin embargo esta última generación de robots humanos viene con una garantía que expira a corto plazo…

Evidentemente a Koki le gustan los zombies. En este caso, laboriosos y domésticos, la bulímica ama de casa Kaho, y el siempre ausente marido y empleado Tomorowo, en la casa o en la oficina, se circunscriben a sus rutinas automáticas sin llegar nunca a mirarse ni a dirigirse la palabra...

¿Se puede sacar lustre a los muebles, preparar un desayuno, lavar la ropa y sacar la basura, o revisar mails, escribir frente a una pantalla, todos los días de una vida, y funcionar de manera infalible como un electrodoméstico?

Con espasmódica cámara en mano, el director demuestra que sí se puede aunque en algún momento uno termine tildado como una computadora o descompuesto con un cable pelado...

O bien es posible que el director, también devenido en zombie por la rutina de sus personajes, haya dejado la cámara en REC, entre una escena y otra, para irse un rato por ahí a tomar un café a un solitario bar de Tokio donde no encontrará otra compañía más acogedora que la de una sibilante cafetera italiana para entablar algún tipo de relación con el artefacto eléctrico, claro...

Escribe Gabriela Mársico

Household-X

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