Las verdaderas emociones
Escribe Fernando Ramírez
Los últimos días del BAFF volvieron a vivir las largas colas de sus primeros días con los últimos pases de su programación y la llegada del nuevo fin de semana, que marcaba el final del certamen y, por tanto, el anuncio de su palmarés anual. Quedaba patente que la emoción del cierre del festival iba a manifestarse por parte del público asistente, así como de los medios de comunicación que se encontraban allí presentes.
La Sección Oficial ofreció las dos últimas obras que completaban un total de trece películas presentadas a competición. La primera de las cuales, Ocean flame, contaba con el atractivo nombre de su director chino, Liu Fendou, quien ya se había embolsado el Durián de oro en el año 2004 por su anterior obra, y primera en su filmografia, Green hat.
Se trata de una aceptable cinta que cuenta la historia de un romance huracanado y malsanamente adictivo entre una camarera y un chulo que dirige a un grupo dedicado a la prostitución y el chantaje. Entre ellos surgirá una pasión irrefrenable que hará que la muchacha acepte trabajar para él. La relación afectará a cuantos les rodean y, por descontado, tendrá fatales consecuencias.
Ocean flame es una propuesta con declarados tintes sadomasoquistas, con unos propósitos provocadores tanto a su hilo argumental, de alto voltaje erótico-violento, como a su estética visual, pretendidamente electrizante. La combinación de géneros (melodrama pasional, cine de delincuentes de poca monta, película de acción con escenas sexuales...) funciona con importantes desniveles. Sin embargo, no se le puede negar una cierta originalidad en la narrativa de su historia, que se asimila a una estructura de cajas chinas que el espectador acaba por descubrir en su desenlace.
Finalmente, y no por ello menos importante, más bien todo lo contrario, la última película proyectada a competición para llevarse el Durián de oro a casa fue Departures, del veterano realizador japonés Yujiro Takita, quien cuenta con el honor de ser el primer director japonés en 50 años que ha conseguido el Oscar a la mejor película de habla no inglesa para su país.
Un aforo completo, una interminable fila india de personas que esperaban ver la obra, una expectación que superaba los pronósticos más optimistas y una confusión reinante para conseguir una butaca decente rindieron méritos al festival, quien había comprado el filme mucho antes de que consiguiera el mitómano galardón de la Academia estadounidense.
Departures cuenta la historia de iniciación y descubrimiento de Daigo, un violonchelista que, tras la disolución de su orquestra, decide abandonar la capital i volverse a su pueblo natal junto con su novia Mika. Una vez allí, conseguirá un empleo socialmente rechazado, el de nokanshi, o profesional que prepara a los muertos antes de que inicien su viaje hacia el otro mundo. Daigo decide aceptar la profesión debido a la alta remuneración que le es ofrecida. Pronto se verá envuelto por el arte que supone el acondicionamiento de los cuerpos y encontrará un valioso sentido a su existencia, y por ende, a la vida, y por supuesto a la muerte.
Estamos ante una obra mayestática, bellísima, donde el espectador viaja al corazón de la tradición japonesa en torno al ritualismo de la muerte. Donde el realizador consigue envolver al público en un halo místico, casi mágico, con una sensibilidad pasmosa que descubre una maestría capaz de desgranar lentamente el alma de la película. La elegancia de sus imágenes evoca un estado trascendental, el clasicismo de las partituras perfila las atmósferas, y el delicado trazo de su narración logra su quintaesencia.
Es una de aquellas obras que parecen haber sido concebidas en estado de gracia. Los personajes configuran una emotiva cosmología (unos actores espléndidos ayudan al cometido) donde la celebración de vida equivale a la celebración de la muerte, que aquí se interpreta como un tránsito (de ahí su título), como un nuevo viaje donde hay que partir con la mejor versión de uno mismo, la versión más cercana a la existencia vivida. De ahí, que la profesión de nokanshi sea fundamental para el dibujo de una vida.
Departures acabó con un emocionado, unánime aplauso que sirvió también de cierre a la Sección Oficial de este año. El conmovedor filme hizo comprender que le arrebatara la preciada estatuilla a las dos películas que partían como favoritos de la noche, Vals con Bashir y La clase. Podríamos incluso profetizar que, si la obra goza de una promoción decente y el efecto boca-oreja la acompaña (creemos que así será), podría convertirse en el filme revelación del año. Recordemos que se estrenará en nuestro país el día 3 de julio.
El vacío existencial
Fuera de concurso, en la sección paralela Asian Selection, se presentó The clone returns home, una rareza nipona de arte y ensayo que ya había pasado por el último festival de Sundance. Dirigida por Kanji Nakajima y producida, atención, por Wim Wenders, es una película que utiliza la metafísica con una base de pseudo ciencia-ficción situada en un entorno vagamente futurista.
Trata el devenir de un astronauta que, tras haber aceptado entrar en un programa de clonación, muere accidentalmente en una de sus misiones espaciales. El gobierno clona su cuerpo y su memoria pero el resultado dista del esperado. Los recuerdos infantiles que le habían marcado de por vida determinan decisivamente su nueva identidad, alterando el orden temporal de sus percepciones. El gobierno resuelve crear otro clon para poder comprobar el nuevo resultado. Los personajes clonados vivirán una realidad alternativa basada en la memoria pretérita, que los encadenará a una vida nómada en una busca que nunca podrá cesar.
Una cinta plagada de silencios, lirismo visual y una pesadumbre existencial que fragua a sus personajes, son las claves de esta extraña, aunque apreciable obra. El cinéfilo podrá detectar rápidamente los temas wimwendersianos clásicos: el uso de las nuevas tecnologías y su impacto social, los sentimientos de alienación ante la técnica, una búsqueda constante de la verdad en un mundo desolado, neblinoso, casi irreal, que busca la reflexión a través de una singularidad construida como parábola. El camino desesperado como equivalente moderno del desasosiego de una sociedad inmersa en el avance científico marcará los pasos de los personajes hacia la invisibilidad y el desconcierto. Pasmosamente virtual y sumamente desazonada, The clone returns home es un insólito filme que deja una honda sensación de tristeza.
Finalmente, un habitual del BAFF, conocido por el gran público y multipremiado, Kim Ki-duk (Hierro 3; Primavera, verano, otoño, invierno... primavera) proponía su nueva obra en la misma sección paralela que el anterior filme. Por supuesto, su particular impronta narrativo-visual también se encuentra en Dream, demostrando una vez más su poder de convocatoria. Con las localidades agotadas, y un revuelo generalizado, empezó el filme.
Dream es una historia de amor, o más bien de desamor, entre dos seres quebrados, frágiles y conectados por mediación de los sueños de ambos, sin motivo aparente. Lo que sueña el protagonista masculino (Joe Odagiri, a quien ya habíamos visto en Plastic city) lo reproduce su compañera en estado de sonambulismo. La pareja tenderá a evitar el sueño para no acceder a las voluntades del subconsciente, y así evitar la anunciada tragedia. Los personajes, atrapados en su propia tela de araña, se sumergirán en un torbellino indefectiblemente áspero del que ya no podrán salir.
Kim Ki-duk ofrece lo mejor y lo peor de sí mismo. Su poética visual, secuencias oníricas sobresalientes y sus ambientes tocados por la magia, se enfrentan a momentos abruptos, planos radicalizados y grotescos, y un panorama desdibujado que adolece de ciertas lagunas de guión. Extrema en momentos, delicada en otros, la película supone un carroussel emocional que, presuponemos, no dejará indiferente al espectador.
De esta manera, el BAFF cerraba sus puertas dejando atrás diez días de emociones, algunas sobresalientes, otras menores, que, sin embargo, parecen haber conseguido ese tan deseado objetivo de apremiar al espectador motivado mediante una programación que ha superado la nota media. Sólo queda conocer las decisiones de los distintos jurados que otorgarán los galardones como recompensa del esfuerzo asiático en su contribución al séptimo arte.
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BAFF, 11º Festival de cine asiático de Barcelona (4): últimos días







