Alcances, Muestra cinematográfica del Atlántico (2): balance

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Documentales al alcance del mar
Escribe Carlos Losada

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Cádiz es una ciudad tan abierta al mar que se diría que vive y respira a su ritmo, acompasado de mareas; y ofrece un marco excelente para que el cine pueda decantarse hacia el documental –que para algunos es como su hermano menor–, y tener la posibilidad de visionar lo último que se hecho, a nivel nacional, sobre las diferentes tendencias que hoy parecen inquietar a los diversos directores que se arriesgan con estos planteamientos, que en modo alguno dan la espalda al público, más bien le complementan, si el respetable acepta, naturalmente.

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Presentados en tres categorías –largometrajes (más de 60 minutos), unidades documentales (hasta 60) y cortometrajes (hasta 30)–, los ha habido para casi todos los gustos; predominando, quizás, un sentido de cercanía y cierta inclinación por los hechos históricos.

al-lucio.gifEn los largometrajes, tal es el caso de Lucio, de Aitor Arregi y José Mª Goenaga, que reconstruyen, con buen sentido, la vida de Lucio Urtubia, anarquista, albañil de profesión y notable falsificador de cheques del Citibank, que trajo de cabeza a esa entidad bancaria y que nos da idea de la dureza de la vida, así como del temple y personalidad de su protagonista.

al-guerrilleros.gifEn el mismo sentido histórico está Guerrilleros, de Álvaro Toepke, que nos muestra a la guerrilla guatemalteca de los años noventa, con Ríos Mont de fondo, y que hoy todos parecen estar por la labor de la paz, cargado de buenas intenciones, pero en el fondo da la impresión que las entrevistas y lo que dicen, y cómo lo dicen, tienen el tufo de que está preparado, como si lo hubiesen ensayado, vamos. De todas formas, fue distinguido con una mención especial.

alcances-el_astillero.jpgTambién podíamos mencionar El astillero, de Alejandro Zapico, que nos habla y reconstruye las protestas de La Naval de Gijón, del 2000 al 2006, con sentido auténtico, que contrasta con los fotogramas que intercala de Los lunes al sol, película falsa donde las haya, y que hasta da más validez y aire a este documental.

al-entre_olivos.gifDe los otros, a destacar el ganador, y por partida doble, pues obtuvo la “Caracola-Alcances”, al mejor largometraje documental, y el premio de la RTVA al mejor documental andaluz. Hablamos de Entre olivos, de Eterio Ortega, con auténtico sonido de campo, muestra de olivos centenarios, con el arranque de algunos, que casi produce dolor, catas de aceite, y que es muy informativo; incluso nos pondríamos a cantar, con Paco Ibáñez, “Aceituneros altivos…”.

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al-no_tiene_sentido.jpgDentro de las llamadas unidades documentales, destacó uno que obtuvo la “Caracola-Alcances” en su categoría, el único por unanimidad del jurado. Se trata de No tiene sentido, estar haciendo así, todo el rato sin sentido, de Alejandra Molina, y que se interroga con mordacidad, interés irónico y cine, sobre la obra de Joaquín Jordá, siempre socarrón, un tanto bohemio y apasionado de las imágenes.

al-fronteiras.gifEn estas unidades hay uno entrañable, aunado de cultura y que trata de las lenguas colindantes entre Zamora, El Bierzo, Portugal, Asturias y Galicia, cómo se hablan en uno y otro lugar y sus diversos estilos. Hay curiosas entrevistas a Xosé Manuel Beiras y Manuel Fraga. Se titula Fronteiras, de Rubén Pardiñas, y revela su interés por captar la esencia del ser humano.

Desde la historia, hay un acercamiento a El Castro, de Zamora, desde 1948 hasta 2006, con testimonio de hijos de la guerra. Su título, Feldpost 23558, de Raúl de la Morena. Queda como testimonio.

Con El rebusque, de Mónica Moya, vemos en algo más de cincuenta minutos, a trabajadores de Bogotá, chatarreros, recicladotes, miseria y trapicheos. La canción de fondo es sumamente oportuna “Todo el mundo lleva una pena dentro”. Real y con cierto caos.

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En cuanto a los cortometrajes, y como correspondiendo a su duración, hay variedad de temas, algunos tratados hasta con cariño y perseverancia por parte de sus autores.

al-no_te_olvides_de_mi_locura.gifEs el caso de No te olvides de mi locura, de Pedro Sara y Pitu García, gaditanos, sobre Manuel López, de 53 años, prácticamente esquizofrénico, y, sobre todo, poeta. Personal y cotidiano, tiene como lema reflexivo “querer y no poder, poder y no querer”, que le lleva a situaciones y comentarios de notable interés, con ternura. Logró el premio ASFAAN (Asociación de Festivales Audiovisuales de Andalucía).

al-el_sastre.gifLa “Caracola-Alcances” al mejor cortometraje recayó en El sastre, de Óscar Pérez y Mía de Ribot, una suerte de cinema-verité en documental, donde un sastre pakistaní y su ayudante indio trabajan y conviven, es un decir, en un espacio de ocho metros cuadrados, dando lugar a una cotidianidad captada por los clientes que allí acuden.

al-lo_que_tu_dices_que_soy.gifAunque para quien esto escribe el mejor corto, galardonado con una mención especial, es Lo que tú dices que soy, de Virginia García del Pino, en un estupendo montaje sobre un matarife, una desempleada intermitente, un guardia civil, un cuidador de cerdos –dice que los cerdos le huelen si no se ha duchado–, una stripper y un enterrador, que hablan sobre sus vidas, sus trabajos y sus querencias, con una ironía más que necesaria y en ocasiones contundente.

Y también cabe destacar Canoa de um pau roxo, de Alberto Greciano y Gabriela Piccolo, que muestra de manera puramente documental, con imágenes precisas, cómo se fabrica una canoa.

Nombremos a OP 1207-X, de Luciana Juliao, la otra mención especial, narrando diez historias de una sociedad vigilada, y que son hechos reales a través de las videocámaras. Y La piel del agua, de Maialen Sarasua, el agua en diversas facetas, pero ambiguo en su resolución final. Por último, Eden End, de Enrique Baixeras, imágenes rescatadas de películas antiguas que juegan con la ironía del paso del tiempo y su entronque con la actualidad.

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Y el homenaje a José Luis López Linares (cuya mejor obra sigue siendo Asaltar los cielos, sin olvidar Un instante en la vida ajena o A propósito de Buñuel), del que se proyectó su último largometraje, con buenas intenciones y aciertos, como es El pollo, el pez y el cangrejo real, quedando demostrado que es mejor documentalista que fotógrafo; por tanto, merecido homenaje.

La 40ª edición de Alcances se abrió con el homenaje a Fernando Quiñones, proyectándose el documental prohibido en 1968, Hanoi, martes 13, de Santiago Álvarez (Cuba 1967), y que resultó más que nada testimonial. Y el premio Fernando Quiñones al mejor documental de contenido social fue para Bon Aire, de Javier de Juan y Arnau Oriol, que muestra los problemas de ancianos aquejados de Alzheimer, realizado con muy buenas intenciones.

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Y hubo exposiciones, como la tan curiosa y atractiva sobre la forma de calzarse, o por sus pies los conoceréis, titulada El viaje a ninguna parte, en homenaje a Fernando Fernán Gómez. Y la dedicada al estupendo fotógrafo Cartier Bresson.

Hubo panorama internacional de documentales, secciones informativas, conciertos, y documentales musicales, como el tan celebrado de Martin Scorsese El último vals (1976) o su más reciente Shine a Light: Stones Scorsese, sin olvidarnos del logrado documental de Julian Temple Joe Strummer: Vida y muerte de un cantante (2006) y de Joaquín Sabina, 19 días y 500 noches, de Ramón Gieling (2008).

alcances-libro.jpgY tantas cosas más que requerirían casi un libro, como el que se presentó en la Muestra del Atlántico, escrito por Javier Miranda y acertadamente titulado Crónicas Alcanceras, que relata de modo ameno, y a veces tierno, los cuarenta años de Alcances, la Muestra cinematográfica junto al Atlántico que envuelve a Cádiz.

Y para cerrar, no nos olvidamos de los encuentros con los cortometrajistas; de las presencias de Luis Ospina, con su mini ciclo de documentales colombianos, y la finlandesa Pirjo Honkasalo. Así como de las reuniones con amigos y conocidos para degustar cine y mar, que es lo mismo que decir saber comer los productos típicos de esta tierra, desde el queso Payoyo hasta la urta a la sal con aceite de oliva, las tortillitas de camarones o las ortiguillas de mar.

Que el futuro nos depare más “alcances” con documentales, Cádiz y el Atlántico.

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