57 Festival de San Sebastián (2): Brad Pitt y el resto

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Se alzó el telón
Escribe Daniela T. Montoya

Comenzó el festival. Bajo cielo encapotado y con algún que otro remojón, pero con el habitual desenfreno de idas y venidas, carreras de último minutos, prisas e ilusión.

Y, sobre todo, muchos y muchísimas fans.

Laurent Cantet, presidente del jurado

Estrellas y personalidades

La llegada de personalidades ya había comenzado el jueves. Los miembros de los jurados iban acomodándose en el hotel María Cristina, entre ellos Laurent Cantet, director de La clase (2008) y presidente de la sección oficial.

Pero el "plato fuerte" para los aficionados correspondía al rostro que llena portadas de revistas en todo el mundo. Hacía un par de semanas que se había anunciado la llegada a Donosti del actor estadounidense Brad Pitt. El motivo era la presentación de Malditos bastardos a nivel europeo. Aunque el "anticipo" del estreno de la película de Tarantino sólo fuese por unas horas antes de su proliferanción por las salas comerciales el viernes 18, el festival había conseguido una de sus mejores bazas promocionales. ¿Quién dijo que a San Sebastián le faltaba glamour?

Brad Pitt en San Sebastián

El rubio de oro llegó a mediodía y, con él, medidas extraordinarias de seguridad ante el María Cristina. Había que impedir que los fans se abalanzasen sobre la estrella hollywoodiense (porque, si bien Tarantino puede causar furor en otro tipo de festivales como Sitges, por estos lares no es precisamente quien genera histerismo en las masas). El mero hecho de quitar el plástico que cubría la alfombra roja de la lluvia incesante ya provocaba excitación. La presencia de Braaaaaad era inminente. Al instante, el griterío de euforia cruzaba el río y se dejaba sentir desde las afueras del Kursaal.

Nadie se habría imaginado un inicio tan potente en un año de recortes presupuestarios. Sin embargo, el planning quedó bastante claro cuando, meses atrás, la dirección amenazó con desertar. El motivo: no querían cargar a sus espaldas el previsible descalabro de categoría que supondrían los recortes económicos que anunciaron algunos patrocinadores. Principalmente, las entidades municipales y autonómicas. Pero todo quedó en un toque de atención. Porque, finalmente, comenzó por todo lo alto. Bueno, de puertas para afuera, porque los recortes presupuestarios sí se han notado en la organización interna.

Brad Pitt, la tabla de salvación de San Sebastián pese a los recortes

Puede que para algunos acreditados haya sido crucial la reducción de invitaciones al ágape de encuentro inicial, o la reducción en marcas que aprovechan la ocasión festivalera para regalar/promocionar sus nuevos productos. Pero sin duda lo más destacado de esta 57 edición de San Sebastián ha sido su reducción en volumen, que no en calidad.

A la disminución en un día de duración, hay que añadir la supresión de uno (de los dos, y a veces tres) Premios Donosti dedicados a personalidades del cine. En esta ocasión, el actor británico Ian McKellen recogerá el premio el próximo día 23. Asimismo, este año cuenta con una retrospectiva menos. Aunque esta supresión se ha visto compensada con el interesantísimo contenido de las dos configuradas: sobre Richard Brooks, la clásica; y sobre el nuevo cine francés, la de motivo temáticos que, por ende, también corresponde a la contemporánea.

En paralelo a la competición

La retrospectiva de Richard Brooks, uno de los platos fuertes del certamenLa gala de presentación quedó en un segundo plano. Lo cual no importa demasiado cuando los cuantiosos focos y flashes acreditados estaban rindiendo culto en otra tribuna. Porque la presencia del séquito de Malditos bastardos ya había logrado por sí solo congregar a todas las personas a la cita.

Al histerismo provocado por Brad Pitt con desfilar a su entrada al hotel, hay que sumar la presentación de la película en la rueda de prensa de la tarde. Acaparando él solito las primeras páginas y cabeceras de los medios de comunicación, entonces no importó demasiado que Michael Haneke no acudiera a la ceremonia de inauguración a recoger el Premio Fipresci. Premio otorgado por la prensa internacional a su última película Das Weisse Band / La cinta blanca, considerada el mejor filme del año tras ganar la Palma de Oro en Cannes. Pero aún habrá que esperar al domingo para verla.

Quienes sí han presentado ya sus respectivas películas han sido los oscarizados Fernando Trueba y Woody Allen. Unos días después de que la Academia anunciara la selección del español (junto a Coixet y Sánchez Arévalo) para las precandidaturas a los premios de Hollywood, El baile de la victoria se proyectó en la Sección Oficial, aunque fuera de concurso.

El baile de la victoria

Ambientada en el Chile que post-Pinochet, la historia se inicia con la amnistía de presos sin delitos de sangre. Entre ellos, Vergara Grey (Ricardo Darín), un afamado ladrón de cajas fuertes, y Ángel Santiago (Abel Ayala), un joven entusiasta con ganas de comerse el mundo. A la presentación de la pareja protagonista, siguen poco más de dos horas de heridas sin cerrar, ganas de venganza, romance e, incluso, un poco de perspectiva documental.

Todo muy grandilocuente, acompañado de la correspondiente banda sonora orquestal y unos planos que quisieran asombrar al espectador. Sin embargo, el sopor va haciendo mella entre el público que ve estupefacto cómo surgen personajes secundarios, que aportan más bien poco, y se inventan subtramas que dispersan la narración. Normal, pues que, al finalizar, el cine se vaciase sigilosamente e, incluso, se dejase oír algún que otro tímido silbido.

'Whatever works' de Woody Allen

Por contra, Woody Allen (esta vez sí) con la Perla Whatever works provocó el entusiasmo de los asistentes. De retorno a su acogedor y aburguesado Nueva York, Allen vuelca sobre el septuagenario Larry David (¿su alter ego?) todo el cinismo de la película. Mago de la palabra y trilero de la narración, el director neoyorquino convierte a David en el depresivo Boris Yellnikoff, protagonista y reportero de la espiral de amoríos, convivencias, rupturas y nuevos emparejamientos de esta comedia.

Con un guión basado en la concatenación de frases ingeniosas, Whatever works provocó la risa distendida con sus diálogos desternillantes entre personajes opuestos. Con la excusa del azar,  y la convicción de que la especie humana es básicamente estúpida (o, por lo menos, lo parecemos), Allen se saca de la manga situaciones ridículas que, aunque suenen a tópico, son más comunes de lo que parecen.

Sin embargo, la reducción al absurdo chirría con el pretendido tono moralista que adopta la película convirtiendo a Boris en narrador de su propia vida. Rompiendo con la cuarta pared, Boris es el reportero directo de sus propias experiencias y cínico comentarista de las de sus allegados. Todo ello, para exponer la moralina final del carpe diem.

'Chloe', de Atom Egoyan

Ah, entre tanto plato fuerte inicial, también han tenido lugar los pases de la dichosa película tarantiniana Malditos bastardos y la película a competición Chloe, de Atom Egoyan.

De ésta última, deslumbrada con tantos flashes, hablaremos más adelante, junto a otras películas que también concurren a los premios. De los nazis bastardos (porque de eso va la de Tarantino, por si aún queda alguien que no se haya enterado), ya tenemos la crítica publicada en la revista. ¿Qué más decir de ella? El estilo Tarantino provoca críticas airadas a la vez que congrega fieles incondicionales. En cualquier caso, como hemos comentado al inicio, ha sido un perfecto golpe de efecto para el festival.

Brad Pitt y Quentin Tarantino, los reyes del mambo en Donosti