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54 Seminci, Semana internacional de cine de Valladolid (2): a medio camino

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Tiempos pasados, tiempos futuros
Escribe Daniela T. Montoya

Al llegar a Valladolid, en la mente de todos estaba muy presente la pasada edición. Renovando la dirección artística de forma improvisada, el equipo que conformó Javier Angulo tuvo que hacer auténticos milagros para que, el del año 2008, pareciese un festival digno. Ya que, pillados a contrapié, una vez clausuradas las principales fuentes de recursos fílmicos, esto es Berlín y Cannes (por citar sólo los más conocidos), se las tuvieron que ingeniar para buscar petróleo hasta debajo de las piedras. Además, a los palos de ciego en la selección de materias primas, se sumó el caos organizativo propio de la falta de tiempo.

Con tal panorama, a punto de acabar defenestrada la pasada edición, la dirección de la Seminci capeó el temporal disculpándose por el escaso margen de tiempo del que dispusieron, asumiendo algunos errores (tan clamorosos como el sistema de venta de entradas), y, sobre todo, sobre esforzándose para rehacer el desecho sobre la marcha.

Javier Angulo, director de la Seminci

Reorganizándose

Este año, en la que hacen 54 ediciones, habiendo escarmentado de los fallos y teniendo margen para ultimar hasta el mínimo detalle, surgió otro contratiempo determinante. La famosa crisis económica obligaba a apretarse el cinturón. Y, como constatáramos en el recién festival de San Sebastián, la contención del gasto económico conllevaba centrarse prioritariamente en el cine. Lo estrictamente cinematográfico cobraba el protagonismo, mientras que en un segundo plano quedan las alhajas y atenciones secundarias.

Entre las consecuencias más obvias (y agradables) de esta reorientación en el planteamiento de la Seminci, la más destacada ha sido el mayor acierto en la selección de contenidos. Fundamentalmente, en lo que respecta a los largometrajes que concursan en la Sección Oficial. Aunque tampoco era muy difícil mejorar respecto al año pasado, donde lo rudimentario y lo común cansaba por su abundancia.

Por el contrario, al inicio de esta edición, Angulo se congratulaba por haber podido recoger películas que han pasado por festivales de primera línea, tales como la Berlinale, Cannes o el TIFF de Toronto, y hacerlas llegar hasta Valladolid. Pero... ¿de qué películas estamos hablando? ¿Cuál ha sido esa selección mejorada respecto al año anterior?

I skoni tou chronou / El polvo del tiempo

Llamaba la atención que la Seminci se hiciera con la última película de Theo Angelopoulos I skoni tou chronou / El polvo del tiempo. Más aún, si en Huesca le dedicaron un homenaje y no incluyeron dicha película y sí, en cambio, los últimos títulos del griego. ¿Sería que la dirección del Festival de Huesca no supo hacer las gestiones apropiadas para presentarla en España antes del verano, o acaso optaron por obviar un filme que pasó sin pena ni gloria por la Berlinale de febrero?

También por la gélida capital alemana pasó inadvertida Lille soldat / Pequeña soldado, de la danesa Annette K. Olesen. Contando con la productora del afamado Lars von Trier (Zentropa), narra la historia de apoyo fraternal entre dos mujeres que se encuentran marginadas de la vida ordinaria.

Mejor resultado dieron las películas cosechadas tras su paso por Cannes. Looking for Eric / Buscando a Eric, con la que Ken Loach pinta una sonrisa en la cantidad de parados que ha provocado la coyuntura internacional, fue elegida para inaugurar la Seminci. Porque, en palabras de Javier Angulo, "qué mejor forma de empezar un festival que con una película amable y divertida". También por la costa azul pasó Cherien Dabis con Amreeka / Amerrika. Y, también, con trasfondo de compromiso social. En este caso, sobre cómo son recibidos los inmigrantes de Oriente Medio en Estados Unidos, el "país de las libertades".

Petit Indi

Entre pinto y valdemoro

La Seminci está a medio camino entre los festivales de San Sebastián y Gijón. Esto queda claro si miramos el calendario. Pero no sólo cuentan las fechas. Valladolid parece haberse situado en un punto intermedio entre dichos festivales, dos de los más relevantes dentro del panorama nacional. Sin embargo, a pesar de tener similar solera, al que otrora naciera como Semana de Cine Religioso (como detalla Mister Arkadin en el "Avance" de la 54 Seminci), le cuesta hacerse un hueco en la actualidad.

La presencia de Marc Recha en la sección a concurso, con Petit Indi, fue una grata sorpresa. No era habitual en la línea que venía siguiendo la Seminci incluir un estilo tan peculiar y, a la vez, tan contundente. Junto a ésta, Le père de mes enfants / El padre de mis hijos, segundo largometraje de Mia Hansen-Løve (Todo está perdonado, 2006), fueron dos de los momentos en que "el cine" consiguió conmocionar (en el buen sentido de la palabra) al público.

El primero, con la historia de la subsistencia en un barrio periférico de la capital catalana, en la que un joven tímido toma el protagonismo de la lucha azarosa contra los infortunios de la naturaleza. En la segunda, la joven directora tiene por hilo conductor el ir y venir de un productor, de esos que nadan a contracorriente financiando películas "de autor" y que, en parte por ese motivo, se ve ahogado por las deudas. Es decir, un tema que toca muy de cerca a buena parte de los asistentes...

The Girlfriend ExperienceContinuó esta línea de afinidad con lo menos convencional la inclusión de Estigmas, primera incursión de Adán Aliaga (La casa de mi abuela, 2005) en el largometraje de ficción; y más aún The Girlfriend Experience, de Steven Soderbergh. Puede que Aliaga haya provocado alguna decepción. O que el estadounidense no firmase una película redonda. Porque, en parte, de eso se trataba cuando quien en los últimos años ha dirigido Ocean´s Thirteen (2007), Che (2008) y The Informant / El informante (2009), se planteaba improvisar.

Con una historia en torno a una prostituta de lujo, y con el trasfondo de los yuppies de Manhattan debatiendo sobre el (por entonces) futuro de las elecciones que se debatieron McCain y Obama, en los minutos iniciales nos da por recordar 2 ou 3 choses que je sais d´elle / 2 ó 3 cosas que sé de ella  (1967). Sin embargo, experimentos de libertinaje como el que aquí realiza Soderbergh son los que se suelen encuadrar en pases especiales. O, en todo caso, en esa sección denominada Punto de Encuentro, que supuestamente está destinada a englobar "las propuestas más personales". Pero el director estadounidense tiene demasiado nombre como para codearse con películas en las que han predominado las coproducciones con (y para) televisión. Entre éstas últimas, aún simulando querer romper moldes, se encuentra Xtrems, de Abel Folk y Joan Riedweg.

A pesar de indios, novias y padres de hijos, incomprensiblemente, la atención de la Sección Oficial recayó sobre nombres habituales en el festival. Por una parte, los multipremiados (en esta edición, así como y en otras pasadas) Goran Paskaljevic, con Honeymoons / Lunas de miel, y Robert Guédiguian, con L´armée du crime / El ejército del crimen; y, por otro lado, las bazas españolas Vicente Aranda (esta vez, fuera de concurso), con Luna caliente, y el dueto Félix Sabroso y Dunia Ayaso, con La isla interior.

Honeymoons / Lunas de mielDejando a un lado el mundo propio de Aranda, parece que el "tremendismo dulcificado" cuaja bien en la Seminci. Porque, por ejemplo, sobre los padecimientos de los que llegan o intentan llegar a Europa, hay una gran diferencia de grado en el tratamiento folklórico de Honeymoons, incluso la lacrimógena Lille soldat, o el crudo realismo que imprime Ulrich Seidl (Import/Export, 2007) o Lukas Moodysson (Lila for ever, 2002) Pero claro, estos últimos son más propios de Gijón...

Respecto a la revisitación a la Resistencia contra la expansión del nazismo que ofrece Guédiguian, propone un discurso humanista del que carecía la superproducción danesa Flammen & Citronen / Flame y Citron (Ole Christian Madsen, 2008) presente en la pretérita Seminci. Sin embargo, el francés prolonga en exceso la presentación naturalista del colectivo y pierde el pulso entre la descripción y la acción. Aún así, Guédiguian sabe erigir un homenaje con clase a los mártires que lucharon por la libertad.

Lo que no es de recibo en la programación de la Seminci es la inclusión en la Sección Oficial de dos películas como Casanegra, del marroquí Tour-Eddine Lakhmari, y Paco, del argentino Diego Rafecas. Y no es porque, per se, estos directores no se merezcan estar en primera línea de un festival. Sino porque es difícil, muy difícil, creer que ambos sean la única opción para representar las cinematografías africanas y sudamericanas. Con el despliegue de cine hispano que realizó San Sebastián y, sobre todo, echando la vista atrás a los Cines del Sur que se aglutinaron en Granada, ¿cómo es que Valladolid no encontró nada más significativo?

CasanegraPresuponiendo que descubrir cines periféricos no es el punto fuerte de la Seminci, entonces, ¿cuáles son sus puntos fuertes? ¿Acaso ser un festival de historia, dado el éxito de la sección que dedica a este tema? Recurrir a la memoria, eventualmente, le puede dar buenos resultados. Y así está siendo al programar documentales tan importantes -y necesarios- como es el caso, este año, de Los caminos de la memoria, de José Luis Peñafuerte.

Pero, a largo plazo, ¿esta sección puede adquirir la suficiente entidad como para, por sí sola, ser el foco de atracción de público y crítica de fuera de la comarca? Ya que, por lo visto en la Sección Oficial, entre repescas de otros festivales mayores, la docilidad agradable de las producciones norteamericanas (una cuarta parte de la programación), y el desacierto a la hora de buscar en cinematografías no occidentales, ¿en qué lugar se sitúa la Seminci? Sin ser un festival especializado en cortometrajes, aunque con acierto aglutina una buena variedad; sin tener capacidad para destapar nuevas tendencias, a excepción de algún caso aislado y las innovaciones en las coproducciones televisivas; y, en parte, dejando en manos de terceros la organización de algunas secciones paralelas, ¿hacia dónde se dirige el reconvertido Festival de cine religioso de Valladolid?

Quizás aún sea pronto para saberlo, sobre todo teniendo en cuenta que el nuevo equipo que dirige Javier Angulo lleva poco más de un año al frente de su organización. Ya han hecho bastante consiguiendo apaciguar el ánimo de las pucelanas y los pucelanos, tan frustrados en la pasada edición. Es decir, estableciendo un plan de trabajo que va más allá de las fechas concretas del evento.

Pero no todo se basa en editar una revista cuatrimestral, contraprogramar un "mini" festival de televisión, renovando la cara de su ventana en la red, ni arreglando los problemas de taquillaje (que tantos estragos causaron). Aún así, los atisbos de mejora ya son significativos. Esperemos que la Seminci continúe en esta línea ascendente y se resitúe en el lugar que se merece un festival con tan larga trayectoria.

Tiro en la cabeza

Complementos de sección

No falta en las programaciones de los festivales los espacios dedicados a la re-exhibición de cine español, otro especialmente dedicado a las producciones de la comunidad autónoma en que se encuadra, y las retrospectivas de cineastas,  cinematografías o temas.

Spanish Cinema 2008/2009

La reprogramación de películas españolas ya estrenadas y que, en muchos casos, apenas se han distribuido por la geografía de la península, ha permitido a los vallisoletanos ver en la gran pantalla títulos de reciente producción tan destacados como Tres dies amb la familia / Tres días con la familia, de Mar Coll; El pollo, el pez y el cangrejo, de José Luis López-Linares; La vergüenza, de David Planell; o Tiro en la cabeza, de Jaime Rosales.

Carlos Saura y Ettore Scola

Ambos homenajeados, sus nombres resonaron por triplicado: por recibir sendas Espigas de Honor; por ser objeto de dos ciclos retrospectivos; y por cumplimentar el homenaje con una exposición, en el caso de Saura, y presidir el Jurado Internacional, por lo que respecta al cineasta italiano. ¿Tan justo andaba de presupuesto el Festival como para condensar en un 3 x 1 los nombres relevantes?

Al margen de la falta de previsión mediática, al otorgar al unísono ambas Espigas de Honor en la gala de inauguración, fue dispar el homenaje dedicado a cada uno de estos renombrados directores a lo largo del Festival. Si del director hoscense, además de organizar la exposición Otras Miradas sobre su producción fotográfica y pictórica, también se programaba (casi) toda su producción cinematográfica, desde su primer cortometraje, Tiovivo (1954), hasta uno de sus últimos largometrajes, Fados (2007). Por el contrario, sobre Ettore Scola apenas se recuperaron diez de sus largometrajes (seleccionados por él mismo) y un documental-entrevista realizado por Roberto Giannarelli.

Carlos Saura

Ciclo Nouvelle Vague

Ciclo preparado por la revista Cahiers du Cinema-España y cuyo destino no es exclusivamente la Seminci ya que se pasará por algunas de las filmotecas españolas (no es rara esta doblez ya utilizada como moneda de cambio por otros festivales). Se proyectaron una serie de películas interesantes, sobre todo americanas, mirándose en otros tantos filmes franceses de realizadores de la Nouvelle vague. Era como si de esa forma (con el doblete) se entablase un diálogo entre ambos realizadores. Las preferencias de unos (los directores franceses) y las obras que ellos realizaron.

Títulos, claro, importantes, pero casi con el mismo interés que si se pasasen en una sesión de cineclub (de las de antes) o en una televisión temática (de las de ahora). Ninguna sorpresa en la selección de unas películas por las que se optó, pero que bien podían o debían haber sido otras. Nos podríamos preguntar por la razón de la(s) ausencia(s) y la(s) insistencia(s). Por ejemplo, a qué era debido que faltasen tanto de un lado como de otro autores tan importantes (entre otros muchos) como Astruc, Walsh, Fuller, Melville, Varda, Ophüls, Eustache y, sobre todo, un respeto, Welles.

Sin embargo se ofrecieron dos títulos de Truffaut y dos de Godard, sin un claro criterio referido a las fechas de realización. Se atendió (en el caso de los realizadores franceses de la Nouvelle vague) a incluir sus obras primerizas por lo que sobra repetir nombres. Ciclo en general interesante aunque, en definitiva, incompleto y discutible en su conjunto.

François Truffaut

Día del Cine Indio

¿Cómo puede un festival dedicar un día a una cinematografía mientras, en la sección oficial, programa una película que se queda meramente en las apariencias exóticas de dicha cultura?

Estamos hablando de Cooking with Stella / Cocinando con Stella. Producción canadiense, dirigida por el indio Dilip Mehta, su realización se queda en la epidermis de aquello representativo de Nueva Delhi: la cocina, el bullicio de los mercados y las diferencias de clase, sobre todo, respecto a los occidentales.

Así, con una narración ultra convencional, la Seminci repite programando cine aparentemente periférico que, como en el caso de Captain Abu Raed / Capitán Abu Raed (2007) el año pasado, contribuye a perpetuar prejuicios y convenciones. Ya que, si la narración clásica de las majors llega hasta el Oriente Medio, ¿por qué no van a poder los cineastas raritos españoles hacer un cine más convencional y dejar de pelearse por subvenciones? O, ¿por qué no se va a poder pasar un buen rato viendo cine en lugar de cuestionar (ni tan siquiera señalar) las diferencias de clase, género y procedencia que, con tanto colorido y alegría, hasta parecen naturales?

Cooking with Stella / Cocinando con Stella
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