The Times BFI 53 London Film Festival
Escribe Lucía Solaz Frasquet
Según un comunicado oficial, el quincuagésimo tercer Festival de Cine de Londres, calurosamente recibido por el público y la prensa, ha sido el más exitoso hasta la fecha: 515 proyecciones, 553 cineastas (277 de ellos procedentes de fuera de Gran Bretaña), 874 miembros de la prensa y la industria acreditados y la mayor audiencia que se ha registrado: 124.000 espectadores frente a los 115.000 de la edición anterior.
Tras 16 días muy intensos y cargados de proyecciones y diversos acontecimientos, el festival se clausuró la noche del 29 de octubre con Nowhere Boy, el notable primer largometraje de la artista Sam Taylor-Wood. La película nos traslada al Liverpool de los años cincuenta para narrar dos años cruciales en la adolescencia de John Lennon centrándose en su relación con dos mujeres que marcarían su vida: Mimi, la tía que lo crió, y Julia, la madre que reencontró brevemente y que lo introdujo en la música rock.
Más que una biografía, se trata de la historia de un curioso triángulo amoroso con un buen guión a cargo de Matt Greenhalgh (guionista de Control), cuidadosa ambientación y excelentes interpretaciones a cargo del joven Aaron Johnson (Lennon), Kristin Scott Thomas (Mimi) y Anne-Marie Duff (Julia). El filme está dedicado a la memoria de Anthony Minghella, mentor de la directora.
Como suele suceder, no me ha sido posible ver todas las películas que me hubiera gustado, bien por falta de tiempo o de oportunidad. El festival ha demostrado ser tan popular como de costumbre y las sesiones han estado sumamente concurridas, tanto que, al estar completamente reservadas por el público general, la prensa no tuvo acceso a algunas sesiones.
Así, me perdí algunas de las obras más prometedoras, como la ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes, Un prophète, de Jacques Audiard, Precious: Based on the Novel Push by Sapphire de Lee Daniels o An Education de Lone Scherfig. Tampoco puedo hacer comentarios sobre Micmacs de Jean-Pierre Jeunet, Cracks, la primera película de Jordan Scott, hija de Ridley, que cuenta con la presencia de la española María Valverde, o los últimos trabajos de Haneke o los hermanos Coen.
Luces y sombras
Aunque, según mi parecer, hay algunas "manzanas podridas" en el cesto, en esta edición he encontrado una calidad general más que aceptable.
Paper Heart propone una curiosa mezcla de ficción y documental que, sin meterse en profundidades, es bastante dulce, divertida y refrescante.
Charlyne Yi, una escéptica que no cree en el amor tal y como aparece en los cuentos de hadas ni en las películas de Hollywood, se embarca junto a su amigo Nicholas Jasenovec (interpretado en la pantalla por Jake Johnson) en un viaje por Estados Unidos tratando de descubrir si existe el amor verdadero. Al mismo tiempo que conduce una serie de entrevistas, Charlyne conoce al actor Michael Cera en una fiesta y los dos inician un romance que las cámaras ponen en un aprieto.
En Glorious 39 el director Stephen Poliakoff, que llevaba una década dedicado a la televisión, vuelve al cine con un guión escrito por él mismo.
El filme narra un interesante y poco conocido momento de la historia británica: cuando las heridas dejadas por la Primera Guerra Mundial todavía estaban frescas, la mayor parte de la sociedad estaba dispuesta a cualquier cosa por evitar un nuevo enfrentamiento armado, sobre todo considerando su clara desventaja frente al ejército alemán. La clase alta, en un intento desesperado por no perder su preciado estilo de vida, apoyaba un acuerdo con Hitler (el Pacto de Munich) y solamente un grupo de políticos, liderado por Winston Churchill, veía la necesidad de enfrentarse a los nazis.
Glorious 39 cuenta con excelentes interpretaciones a cargo de Romola Garai y Bill Nighy, con un Jeremy Northam siempre perfecto en los papeles de villano, y una lista impresionante de actores británicos que incluye Christopher Lee, Julie Christie, David Tennant, Jeremy Northam, Juno Temple, Jenny Agutter y Hugh Bonneville.
Los ingleses están particularmente dotados en el departamento de interpretación y ambientación y nada se le puede reprochar a Glorious 39 en ese sentido. Por desgracia, el guión hace aguas por todas partes, empezando en las escenas iniciales, de una torpeza sorprendente. Stephen Poliakoff ha confeccionado un guión que, más allá del momento histórico que retrata, no sigue una línea clara y deja a los personajes moviéndose desorientados en un producto que resulta forzado y poco creíble. La planificación contribuye a esta impresión de artificialidad, con algunas extrañas posiciones de cámara y un número de planos abiertamente teatrales que sacan al espectador de la trama.
Otro producto británico bastante decepcionante ha sido el primer largometraje de Tom Harper The Scouting Book for Boys, visto en San Sebastián y escrito por el televisivo Jack Thorne.
Aquí se narra la relación entre dos adolescentes, David y Emily, amigos inseparables que viven en un campamento de caravanas. Para evitar la marcha de Emily, David se presta a ayudarle a esconderse pero, cuando se entera de los verdaderos motivos de su amiga, todo se complica.
Desde el principio me esforcé por vislumbrar un destello de inteligencia en este par de adolescentes (me consta que no todos son tan descerebrados), pero el filme continuó sin pruebas de ningún tipo de función neuronal y terminé con una mezcla de desesperación y hastío. La película muestra las terribles consecuencias del comportamiento inmaduro e irreflexivo, pero no va más allá. Todos los personaje son tan planos como su encefalograma y ninguno parece particularmente adulto, incluidos sus autores.
Resulta muy recomendable la provocativa, oscuramente divertida e inteligente Life During Wartime, donde Todd Solonz escribe y dirige una secuela/variación de la aclamada Happiness (1998).
Aquí, tres hermanas y las personas que aman luchan por encontrar su lugar en un mundo volátil e impredecible donde el pasado afecta al presente y pone en peligro el futuro. Joy (Shirley Henderson) está casada con un hombre con una "enfermedad" no resuelta y recibe visitas de un antiguo novio (Paul Reubens, el irrepetible Pee-wee), ahora muerto, que todavía quiere ganar su corazón desde el más allá. Su hermana Trish (Allison Janney), cuyo ex marido está cumpliendo sentencia en la cárcel por pedofilia, inicia una improbable nueva relación con la esperanza de traer estabilidad a su familia y a su precoz hijo pequeño. Mientras tanto, Helen (Ally Sheedy), la tercera hermana, siente la presión de su familia y de su éxito en Hollywood.
La cuestión del perdón y sus límites (olvidar sin perdonar, perdonar sin olvidar, perdonar y olvidar) aparece en estas historias entrecruzadas, conmovedoras, divertidas, perturbadoras, chocantes y tristes. Si crees que tu familia es disfuncional o está simplemente loca, te consolará ver las retratadas por Solonz.
Starsuckers es un documental realizado por antiguos estudiantes de Oxford a lo largo de dos años donde se examinan, con un travieso sentido del humor, las razones psicológicas detrás de nuestra irracional obsesión con la fama y se exponen las técnicas utilizadas por los medios de comunicación para propagarla.
Junto con declaraciones de diversos expertos y la explicación de por qué la fama y el estrellato son necesarios y deseables desde un punto de vista psicológico y antropológico, encontramos diversas facetas de esta cultura llevada al extremo, desde los padres que empujan a sus hijos a subirse a los escenarios a las figuras públicas que utilizan su posición para ganar influencia política.
Chris Atkins ilustra lo devaluada que ha llegado a estar la verdad en los medios de comunicación actuales y revela algunas prácticas ilegales e inmorales que éstos llevan a cabo. También se habla de las insospechadas consecuencias de un famosísimo concierto benéfico y la nefasta influencia que todo esto está teniendo en los niños y jóvenes de todo el mundo (aunque se habla básicamente de Gran Bretaña y Estados Unidos).
Este documental no sorprenderá a los que conocen el funcionamiento interno de los medios, pero puede que le abra los ojos a más de una víctima de este círculo vicioso en el que los medios producen basura que el público consume con avidez. Convendría proyectarlo a la audiencia en general y a aquellos cegados por la promesa de la fama rápida en particular.
Tuve la suerte de poder asistir al estreno internacional de la estupenda ópera prima de Mar Coll Tres días con la familia. Maria Delgado presentó a la joven directora a la audiencia londinense que acudió a la cita, informándonos que después de la proyección tendríamos la oportunidad de hacerle varias preguntas a ella y a su directora de fotografía, Neus Ollé.
Si bien la sala no estaba demasiado llena (esta primera proyección se realizó a las 15.45, hora en la que la mayoría de la gente todavía se encuentra trabajando), casi todos se quedaron para escuchar a la directora y felicitarla por su trabajo, impresionados por una obra que nadie adivinaría el primer largometraje de sus autores. Mar respondió extensamente a las preguntas con aplomo, madurez y dominio del inglés. Mar confesó sentir, en la preparación de su siguiente película, la presión que está suponiendo el éxito y las expectativas generadas por este filme.
Con Taking Woodstock el director Ang Lee cambia radicalmente de registro (otra vez) para llevarnos a los orígenes del festival de rock más famoso de la historia. Esta suave comedia está basada en el libro autobiográfico de Elliot Tiber, quién lloró al ver la interpretación de Imelda Staunton, una extraordinaria actriz británica que se las arregla para sonar exactamente como su madre, una judía rusa.
El festival en sí sirve como mero telón de fondo, pues a Ang Lee le interesa retratar, junto al espíritu de una época marcada por la guerra de Vietnam y el movimiento hippie, el modo en el que los acontecimientos acaecidos durante aquel verano de 1969 cambiaron para siempre la relación de Elliot consigo mismo y con su familia.
Si bien algunos la considerarán un título menor en la carrera del cineasta taiwanés, Taking Woodstock es un filme muy recomendable cargado de personajes memorables, desde la sonrisa beatífica de Michael, que parece haber alcanzado el nirvana, al ex marine travestido interpretado por Liev Schreiber.
La película australiana Blessed, dirigida por Ana Kokkinos, se proyectó con subtítulos en castellano, al parecer recién llegada de San Sebastián, donde recibió un merecido premio al mejor guión.
Desarrollada a partir de un proyecto teatral titulado Who's Afraid of the Working Class? (¿Quién tiene miedo de la clase trabajadora?), se trata de un atrevido, honesto, duro y conmovedor estudio de la relación entre madres e hijos que no deja lugar a idealismos.
Persécution, la película dirigida y escrita por Patrice Chéreau y por la que fue nominado a un León de plata en el pasado Festival de Venecia, me ha parecido la obra más insufrible del certamen.
Me pregunto si me habré perdido algo, porque no le he encontrado ni pies ni cabeza a la historia o a los personajes y no veía el momento de perder de vista la cara de cabreo de Romain Duris.
Mucho más conseguido ha sido Lo spazio bianco, el filme de Francesca Comencini basado en la novela de Valeria Parrilla donde una profesora de mediana edad ve su vida completamente trastornada con el nacimiento de una inesperada niña a los seis meses de gestación.
Estupenda interpretación a cargo de Margherita Buy, quien expresa con sensibilidad y autenticidad la encrucijada en la que se encuentra la protagonista. Comencini trata un tema rara vez visto en el cine y diversos asuntos psicológicos y sociales sin deprimirnos ni caer en panfletismos.
Palmarés
Otra de las creaciones de este año, además de la muy de agradecer celebración de ruedas de prensa, ha sido el premio a la Mejor película, con el escultor Almuth Tebbenhoff a cargo del diseño de la Estrella de Londres.
El jurado, presidido por Anjelica Huston y formado por John Akomfrah, Jarvis Cocker, Mathieu Kassovitz, Charlotte Rampling y Iain Softley, consideró que el filme de Jacques Audiard Un prophète se merecía este galardón en reconocimiento por su originalidad e inteligencia. En nombre del jurado, Anjelica Huston declaró: "Una obra maestra: posee la ambición, la pureza de visión y la claridad de propósito que la convierten en un clásico instantáneo. Con una narración imaginativa y sin costuras, interpretaciones soberbias y temas universales, Jacques Audiard ha creado un filme perfecto".
El jurado también hizo una mención especial a The Road, dirigida por John Hillcoat, alabando su impresionante visión, extraordinarias interpretaciones y su profunda declaración política.
Otro premio que se otorga por primera vez es el Mejor recién llegado británico, que celebra un nuevo y emergente talento, premiando los logros de un nuevo guionista, productor o director que ha demostrado un don creativo e imaginación en su primer largometraje. El premio fue para Jack Thorne, guionista de The Scouting Book for Boys. ¿En qué estarían pensando? Lástima que la nacionalidad de Mar Coll le impida llevarse el premio por un trabajo que le da mil vueltas al de Thorne.
El jurado hizo una mención especial a J. Blakeson, escritor y director de The Disappearance of Alice Creed, por lo logrado, original y ambicioso de su obra.
El Trofeo Sutherland, que se otorga al director del más original e imaginativo primer largometraje proyectado en el festival, fue entregado por Alfonso Cuarón a Scandar Copti y Yaron Shani por su película Ajami. El jurado destacó su atrevimiento y originalidad al contar una historia importante con corazón y visión. Ajami se desarrolla en las calles de Israel y es el resultado de la colaboración de dos jóvenes directores, el israelita Scandar Copti y el palestino Yaron Shani, una declaración en sí misma.
The London Film Festival Grierson Award, el galardón que se le otorga al director del mejor documental mostrado en el festival fue para Yoav Shamir por Defamation. El cineasta israelí trata el tema del antisemitismo, algo que declara no haber experimentado nunca personalmente a pesar de que escucha el término cada día. El jurado dijo que "consigue exactamente lo que un documental, en el mejor de los casos, puede hacer, empujarnos a reexaminar nuestras asunciones sobre un tema importante y complejo de un modo absorbente y divertido".
Finalmente, el BFI Fellowships, el honor más alto que concede el British Film Institute, fue a parar a manos del actor británico John Hurt y al cineasta malí Souleymane Cissé por sus logros en los campos de la interpretación y la dirección.
| < Prev | Próximo > |
|---|
53 Festival de Cine de Londres (3): balance y galardones







