lunes 21 de mayo de 2012

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47 FICXixón, Festival de cine de Gijón (2): sección oficial

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El alma del festival
Escribe Daniela T. Montoya

Arrancó el Festival de Gijón con el mismo ímpetu que años anteriores. La cartelería amarilla, del diseño de este año, vuelve a inundar unas calles mojadas por la llovizna constante. Los gijonenses, y el numeroso público que se acerca hasta la ciudad asturiana, vuelven a llenar de entusiasmo las salas. Excepto una. El Teatro Jovellanos, emblema de la ciudad y del festival, está cerrado por reformas. Como si la mujer con cabeza de dinosaurio, que irrumpe con desparpajo en el cartel del 47 FICXixón, lo hubiera partido en dos. Pero no, es sólo por remodelar el interior. 

A la ya de por sí atractiva -y colorida- programación de cine y, también, música, se suman algunos reajustes organizativos. Cuasi imperceptibles, pero muy agradecidos, la atención a la espera para la adquisición de entradas, que mejoran un poco más uno de los mejores sistemas de venta de entradas de los festivales de tierras hispanas; los horarios de los pases de la sección competitiva, mal que pese a los que no les guste madrugar, permitiendo no ir a trompicones a las ruedas de prensa; o la redistribución de la programación por distintos multicines de la ciudad, motivado en parte por el cierre del citado Jovellanos, que puede ayudar a encontrar nuevos aficionados en la periferia de una ciudad que lleva décadas entregada al cine.

'Soul kitchen', lo más ligero de Fatih Akin

El jurado de la Sección Oficial de largometrajes, compuesto por los directores Jenny Abrahamson (Adam & Paul, 2005; Garage, 2007), Lucía Puenzo (XXY, 2007; El niño pez, 2009), el actor Andrés Gertrudis, el escritor Kilo Amat y la gestora Christine Dollhofer, lo tendrán difícil para consensuar el palmarés final.

De momento, se habrán reído bastante con las comedias que han predominado en las proyecciones de los primeros días. Con humor de distinto grosor y calibre, Les beaux gosses (French Kissers), Mal día para pescar y Soul Kitchen, ésta última fuera de competición, han generado un ambiente distendido que se ha movido por la paródica presentación de las obsesiones sexuales adolescentes, la alucinante palabrería de un vendedor de falsas expectativas, o el estilo clásico de la comedia de enredos.

Sonrisas, y algunas risas, que sólo se han visto interrumpidas por el drama realista Francesca. Polémica producción rumana a causa de las explícitas alusiones al racismo de la Italia contemporánea, su exhibición en el país vecino ha sido vetada tras su primer (y único) pase en la Mostra de Venecia.

Soul Kitchen

Soul Kitchen
de Fatih Akin [Fuera de competición]

Invitado destacado del festival, el director germano de origen turco ha presentado en Gijón la película más alegre de su filmografía.

Tomando como referente la comedia tradicional hollywoodiense, es decir, básicamente Billy Wilder, Soul Kitchen narra el desenfreno de enredos que apabullan a Zinos (Adam Bousdoukos). Treintañero de origen griego, dueño de un restaurante (el que da título a la película) levantado con más voluntad que interés empresarial, en unos días se ve inmerso en una serie de encuentros y acontecimientos que darán un vuelco a su existencia. Comenzando con la salida de prisión (en régimen abierto) de su hermano Illias (Moritz Bleibtreu), caradura que quiere simular trabajar en el restaurante para beneficiarse de una mayor flexibilidad horaria; hasta el reencuentro con una antiguo compañero de clase, exitoso especulador inmobiliario; pasando por la inminente marcha de su novia burguesa, que no se lo piensa dos veces a la hora de irse como corresponsal a Shangai; los dolores de cabeza se le acumulan a Zinos.

Con esta comedia urbana, Akin quiere romper con una trayectoria más dura en la realización de las películas. Con menos pesadumbre, Akin se embarca con Soul Kitchen en una producción ligera (que no simplista) que conjuga sin tapujos con su afición melómana.

Con una selecta elección de canciones, nos sumergimos en las desventuras de Zinos. Siguiendo su ir y venir azaroso, por momento atolondrado, pero siempre a disposición de los designios de quienes le rodean, Akin va engarzando situaciones desternillantes. Los personajes, algunos rayando lo esperpéntico, se apoderan de la historia sin dar tiempo a cuestionar el sentido. Simplemente, hay que dejarse llevar por el soul...

Les beaux gosses (French Kissers)

Les beaux gosses (French Kissers)
de Riad Sattouf

Procedente el mundo del cómic, con Les beaux gosses Sattouf adapta a la gran pantalla una de sus tiras cómicas sobre el mundo de los adolescentes. Concretamente, sobre la obsesión de un par de amigos respecto al sexo y su despertar a la sexualidad. Lo cual, inevitablemente, se traduce en una retahíla de fantasías, fanfarronadas y chascos.

Considerada la versión francesa de Supersalidos, dicha comparación no está a la altura del filme de Sattouf. Ya que, si bien es innegable el tratamiento paródico de las falsas creencias de su pareja protagonista, Hervé (Vincent Lacoste) y su amigo Camel (Anthony Somigo), sobre lo desconocido del sexo, Sattouf mantiene los pies en la tierra.

Evidentemente, al estar narrada Les beaux gosses desde el punto de vista de Hervé, es inevitable recrear sus fantasías. Pero, al mismo tiempo, Sattouf muestra su contrapunto realista. Y es, precisamente en la combinación equilibrada entre el delirio imaginado y el retrato naturalizado, como Sattouf encuentra el equilibrio perfecto entre la comedia ególatra y la visión descarnada sobre la adolescencia. Así, navegando entre las aguas de la comedia gamberra y la complacencia respecto a sus protagonistas, es como Les beaux gosses refleja la adolescencia de unos chavales de instituto.

Francesca
de Bobby Paunescu

FrancescaQuien coprodujo The Death of Mr. Lazarescu / La muerte del señor Lazarescu (2007) junto a Cristi Puiu (el director de la misma), se embarca en la realización de su primer largometraje.

Francesca, título que remite a la joven protagonista del filme, pretende ser un diagnóstico crudo y realista de la situación actual en que se encuentran los rumanos. Por una parte, por las consecuencias xenófobas que ha provocado la notoriedad de crímenes cometidos por conciudadanos, concretamente, la violación y asesinato de una mujer italiana hace dos años. Pero también, Paunescu quiere mostrar la inactividad en que se ha estancado una sociedad cuando, precisamente en este año, se cumplen dos décadas de la caída del régimen de Ceaucescu.

Francesca es una joven que, recién cumplida la treintena, duda sobre si emigrar a Italia por un teórico futuro mejor, o seguir con su vida rutinaria en Bucarest. Esperando que sus familiares y amigos le den respuesta a su futuro, Puiu incorpora a la película el retrato anímico de tres generaciones. Pesimismo, desazón y entusiasmo por integrarse y hacer cosas nuevas se cruzan, son los tres ejes por los que gravita el ánimo de la sociedad rumana que muestra Paunescu en Francesca.

Por una parte, el abuelo de Francesca tiene muy claro qué pueden esperar los rumanos del trato con Italia (y, por extensión, con la Europa occidental). Según sus propias palabras, que las mujeres sean violadas y los hombres esclavizados. Al mismo tiempo, el padre de Francesca le quiere quitar de la cabeza la idea del viaje porque, por más que ella tenga muy bien planeado labrarse un futuro abriendo una guardería, su padre le cuestiona qué es eso tan especial que necesitan en Italia y no en cualquier otro país, incluida la propia Rumanía. Por último, sus amigos, la animan a que dé el paso que, quizás en un futuro próximo, ellos se atrevan a seguir. Y entre tantas divagaciones existenciales, Paunescu engarza una trama criminal paralela que introduce ritmo a esta historia a contra reloj.

La polémica en que se ha visto envuelta la película obliga a Paunescu a enfatizar en la lectura social de la misma. "El filme no está hecho contra nadie -afirma el director-, sino que está hecho contra las generalizaciones, contra el racismo". Para ello, anima a ver la película, en lugar de censurarla por referencias de oídas. Porque en Francesca, al margen de algunos comentarios (que Paunescu no considera ofensivos en el contexto del filme) sobre la política xenófoba de la nieta de Mussolini, Italia y los italianos no es más que una referencia abstracta.

Porque, en realidad, el centro de atención radica sobre la crisis existencial del conjunto de la sociedad rumana. Incapaz de reaccionar tras liberarse del terror de la dictadura, paralizados a nivel empresarial, la inocencia de Francesca se convierte en el paradigma de una población que sigue sin tan siquiera plantear expectativas. Esta joven, proyecto de emigrante sin una necesidad real, que asume como propios los sueños caducos de su madre. Cándida e ingenua, no es capaz de percatarse (ni imaginarse) de los sucios negocios en los que se ha metido su novio.

Y ahí, en el contraste con una parte de sus conciudadanos, es de donde Paunescu extrae el retrato más crudo de la conclusión que quiere demostrar. A saber, que nadie ni ninguna población está exenta del crimen y el racismo. Incluso la rumana, que tanto deja corromper su administración, como que vierte sus prejuicios respecto a los gitanos.

Mal día para pescar

Mal día para pescar
de Álvaro Brechner

Probablemente, los días en que se celebran las jornadas de pesca local, sea un mal momento para organizar un gran acontecimiento. Aún así, el famoso campeón de lucha libre Jacob van Oppen, en su gira por Sudamérica, acaba de recalar en la pequeña localidad de Santa María.

Hasta allí le ha conducido su manager Orsini, rebautizado "El Príncipe". Incansable parlanchín, vendedor de expectativas, él es el responsable de organizar toda la parafernalia que conlleva el negocio. Desde conseguir atraer el mayor número de espectadores, cuyo pase por taquilla aumentará sus ganancias, hasta conseguir un contrincante local que, previo amaño, su gran campeón derrotará. Con este quijote, de grandes hazañas, y su fiel escudero, el campeón venido a menos, se inicia Mal día para pescar, una de las películas más sugestivas de lo visto hasta el momento en Gijón.

Primer largo de ficción del uruguayo Álvaro Brechner, la historia se empapa de la ambientación de western para transportarnos a un mundo atemporal en que dos hombres se enfrentan a su destino. Delirante inicio en que el príncipe Orsini (interpretado maravillosamente por Gary Piquer), cual vendedor de brebajes, presenta la bravura de su representado. Un universo de fábula, con el que comulga el estilo que imprime Brechner a Mal día para pescar.

Sin embargo, la ilusión del gran campeón se desmorona cuando, en la intimidad, vemos sus debilidades. Es entonces cuando comienza la cuenta atrás. La partida de póquer se inicia antes de que aparezcan los títulos de crédito. En flashforward, uno de los dos luchadores será el que acabe muy malherido en la sala de operaciones. Pero, para llegar hasta el desenlace del combate, asistiremos a un despliegue de faroles, fanfarronadas, engaños e impulsos instintivos sólo a la altura de los grandes truhanes.

Fatih Akin y el equipo de 'Soul kitchen' ya estuvieron en Venecia
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