Homenaje a José Luis Gómez
Escribe Juan de Pablos Pons
La acogedora ciudad de Huelva ha sido un año más el marco del Festival de cine iberoamericano, que llega a su 35º edición. Un certamen necesario por sus características y enfoque: puerta natural de la cinematografía iberoamericana en Europa.
En la jornada del viernes, el festival rindió un merecido homenaje al gran actor y director de teatro José Luis Gómez, hijo de esta tierra. En el escenario del Gran Teatro de Huelva y arropado por un público muy cariñoso, José Luis Gómez recibió el premio Ciudad de Huelva, en un acto caracterizado por su sencillez y autenticidad, pareciendo rechazar tanto el homenajeado como el propio público una factura glamorosa.
Presentado por Carmen Machi, intervinieron en el acto diferentes directores de cine vinculados a la filmografía de José Luis Gómez. Así, Antonio Cuadri (La buena voz), Miguel Hermoso (La luz prodigiosa) o Gonzalo Suárez (Remando al viento) avalaron la gran profesionalidad del actor. La actriz Lola Dueñas agradeció las enseñanzas recibidas del homenajeado, destacando su faceta de profesor, al que llamó en varias ocasiones "Gómez". Se leyeron mensajes de felicitación, enviados por Nuria Espert, Gerardo Vera y Pedro Almodóvar. Achero Mañas se felicitó por poder contar en su próximo proyecto con él. José Luis Ruiz, el primer director del Festival de cine de Huelva, fue el encargado de entregar el premio Ciudad de Huelva al actor.
José Luis Gómez agradeció el homenaje que, según dijo, supone para él "un reencuentro con su ciudad", ya que lo que para él es más importante es el afecto de los ciudadanos del "sitio en el que viví". "Huelva es la geografía de mis recuerdos y afectos", afirmó. Únicamente al final, José Luis Gómez fue dominado por la emoción al recordar a sus padres, a los que valoró como personas "humildes, trabajadoras y decentes", y que han sido un referente para él.
Gonzalo Suárez anunció su iniciativa de proponerle para el próximo premio Príncipe de Asturias de las Artes, como ya hizo con Woody Allen y Pedro Almodóvar.
En este mismo día, el penúltimo, se han proyectado en el Festival los tres últimos filmes de la sección oficial a concurso.
Paraíso, ópera prima del director peruano Héctor Gálvez, cuenta la historia de cinco jóvenes que viven en el barrio limeño conocido como Paraíso, en el que viven miles de familias en difíciles condiciones.
Se trata de la segunda generación de jóvenes después de Sendero Luminoso y Fujimori. Son jóvenes que ven cómo sus sueños se van truncando y las ilusiones por salir adelante no resuelven un futuro incierto. Los actores del filme no son profesionales y llevan a cabo un buen trabajo, pleno de credibilidad.
Navidad presenta una historia situada en el Chile que ya ha superado la época de la dictadura. De hecho, es una historia de iniciación a la vida protagonizada por tres jóvenes que comenzarán a tomar las riendas de sus destinos. Todo transcurre en unas horas durante el día de Navidad.
El director Sebastián Lelio ha tomado algunas decisiones como utilizar actores noveles en una película muy intimista, y por tanto apoyada en la capacidad de transmitir, y dejando los diálogos a la improvisación, jugando después con el montaje para dotar de ritmo y hacer avanzar la historia. Únicamente aparecen tres personajes que soportan toda la historia. Demasiado peso para los debutantes Alicia Rodríguez y Diego Ruiz, que junto con Manuela Martelli tienen dificultades para dotar de fuerza a la película.
Zona sur es una película boliviana dirigida por Juan Carlos Valdivia, que ya participó hace tres años en este Festival con American Visa. La película de desarrolla en La Paz y plasma de manera metafórica, a través de la convivencia entre una familia de clase social alta y sus criados indígenas, las transformaciones que este país andino está viviendo, después de la llegada al poder de Evo Morales. Película conflictiva en su propio país, muestra con elegancia formal diferentes cuestiones relativas a la manera de pensar de las clases acomodadas, la revolución callada de los pueblos indígenas, el racismo, la liberación sexual o las dificultades para convivir.
Con un tratamiento visual rompedor que busca nuevos recursos expresivos, el director boliviano Juan Carlos Valdivia planifica largas escenas donde dialogan sus personajes, mientras la cámara en un constante movimiento circular capta la realidad, dotando a los escenarios y en ellos los espejos, de un mayor valor narrativo, exigiendo así un esfuerzo de atención a los espectadores sobre los sucesos que van ocurriendo.
Sin duda una película a seguir, que ha sido preseleccionada para los próximos premios Oscar, representando a su país, y también para los Goya, tal como se ha anunciado en el mismo Festival de cine iberoamericano de Huelva.