3 Festival de Granada, Cines del Sur (3): actividades mil

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Seminarios, talleres, proyecciones…
Escribe Adolfo Bellido López
Fotografías Elvira Ramos

Proyección frente a la Catedral de GranadaEl Festival de Granada levanta todos los días el telón a las nueve de la mañana con las sesiones de la Sección oficial abiertas a la prensa, y lo baja mucho más allá de la medianoche con las proyecciones que tienen lugar en los tres espacios al aire libre. Los tres son lugares tan emblemáticos como el Corral del carbón, el Palacio de los Córdoba, y, sobre todo, la Plaza de las Pasiegas, que se abre a la fachada principal de la extraña Catedral granadina, recogedora de varias capillas e iglesias que circundan su perímetro.

La proyección en este último lugar está enormemente concurrida. Curioso resulta el rápido montaje de su escenografía. Durante el día en la plaza no hay sillas, ni pantalla alguna. Tan sólo, en la plaza, nos encontraremos con  la terraza de algún restaurante, el resto del espacio se encuentra vacío, para que los numerosos visitantes que acuden a esta inolvidable ciudad puedan hacer fotografías o se paren simplemente a contemplar la portada de la Catedral, que curiosamente se encuentra rodeada de casas particulares y de comercios enmarcados en calles que recuerdan los zocos árabes. Está bien que durante el día se eliminen barreras para que los forasteros que acuden a Granada puedan admirar la ciudad entera sin añadidos. No podemos olvidar que Granada, y más concretamente su Alhambra, es el monumento más visitado de España.

Cuando se va acercando la noche, aparecen, en la plaza catedralicia, las vallas delimitadoras para el público, al tiempo que se colocan las sillas y, en un instante, gran sorpresa, donde no había nada, delante de la fachada de la Catedral se iza una pantalla… hinchable.

El Corral del carbón, otra de las salas de proyección

A las 22’30 se inicia la proyección. Cuando eso ocurre todos los asientos están ocupados. No sólo eso, también hay gente en la terraza del restaurante donde sorprendidos comensales se convierten en espectadores de la sesión que acaba de comenzar. Los que acuden justo a la hora se quedan sin silla, pero no les importa sentarse en el suelo para seguir la proyección o apoyarse en alguna pared.

Los espectadores de varias nacionalidades, son en su mayor parte jóvenes. Cualquier lugar les parece perfecto para contemplar la proyección de la película elegida, para una noche determinada, por los programadores del Festival Cines del Sur de Granada. Da igual que sea de Corea del Sur, Georgia, Indonesia, Irán o Palestina, o que su duración sea superior a las dos horas. Y que, naturalmente, sean en versión subtitulada. Los espectadores se trasladan a los extraños mundos que ofrece la programación y se dejan mecer por lugares llenos de exotismo. Asombroso pero cierto.

Cualquier lugar puede ser bueno para realizar talleres

Talleres, mesas redondas

Junto a las proyecciones, Cines del Sur ofrece múltiples actividades como prueba también de la multiplicidad de este festival imposible de abarcar en sus diversas facetas.

Tenemos que referirnos, por ejemplo, a los diferentes talleres que se han llevado a cabo en una plaza cercana a la Catedral. Allí se han motando una serie de carpas donde grupos reducidos de participantes se han matriculado para realizar una serie de actividades audiovisuales de distintos tipo (animación, mujeres en correspondencia, vídeo en tiempo real), junto a otros espacios dedicados a trabajar la fotografía o la interpretación. A los participantes se les entrega al final del taller el correspondiente diploma, aparte de proceder a proyectar sus trabajos el último día del certamen.

Pero hay más, mucho más en el festival. Por ejemplo, el encuentro con el director mejicano Arturo Ripstein (componente del jurado que concede los premios del certamen) y con Paz Alicia Garciadiego, su mujer y co-guionista de sus filmes; la clase magistral que ha impartido el director homenajeado, Souleymane Cissé; el coloquio sobre la producción de cine en África Negra; la presentación del último número de Archivos de la Filmoteca, la revista de la Filmoteca Valenciana, a cargo del buen amigo Vicente Benet, redactor jefe de la publicación.

Chicos y grandes tienen oportunidad de practicar otras formas de hacer cine

Muy interesantes también han sido los diálogos interculturales denominados Extraño tanto mar, desarrollados los últimos días del certamen y que han constado de las siguientes mesas redondas: Artista inmigrantes en Granada, La inmigración tiene rostros de mujer, Menores inmigrantes en Andalucía e Inmigración y ciudades fronterizas.

Entre los ponentes se encontraban: Rosita, cantante sudanesa afincada en Granada; Juan Pinilla, cantaor flamenco (en la primera de las mesas); la cineasta Chus Gutiérrez (en la segunda); Habiba Muhammed, del centro de menores Bermúdez de Castro; Alicia Núñez, directora de menores de Granada (en la tercera); Omar Berdullas, realizador; Hassa Muhammed, inmigrante marroquí; y Juan Medina, fotógrafo argentino (en la última de las charlas). Al término del debate sobre menores inmigrantes en Andalucía se proyectó el documental Malagasy Gospel, realizado en 2008.

Las numerosas actividades y el perfecto funcionamiento de cada espacio del certamen es posible gracias a las decenas de voluntarios (más ellas que ellos) que han acudido a la llamada de los cines del sur. Perfectamente identificables por sus camisetas rojas proclamadoras de Granada y de certamen, informan y guían al desorientado visitante. Y es que como el festival se distribuye por diversos lugares a lo largo de esta ciudad no muy grande, coqueta, zigzagueante y caprichosa, en cualquier esquina podemos encontrar la ayuda o el consejo de estos jóvenes, que son sin duda los grandes y entusiastas publicistas del certamen. Creen en la valía de Cines del Sur y adoran el certamen. Todo un ejemplo a tener en cuenta.

Las proyecciones han seguido manteniéndose, también, de forma intensa en los diversos espacios, a los que denominamos así, ya que no todos ellos son salas de proyección (por ejemplo los tres sitios donde tienen lugar las sesiones al aire libre). Así, el teatro Isabel la Católica, sede del certamen y donde se encuentra la oficina de prensa (¡y qué bien funciona!), la Filmoteca, Cinema 2000, dos salas de los multicines centro, el pabellón de Al-Andalus y la ciencia han albergado las casi cien películas distintas que han pasado por el certamen, muy bien programadas ya que, por ejemplo, los filmes de la Sección oficial han tenido hasta tres pases (para prensa, presentación oficial, proyección general). Sitios a los que se ha unido para otra serie de actividades, incluso proyecciones puntuales, el centro cultural de Caja Granada o la biblioteca de Andalucía.

Paula, de la Oficina de prensa, un ejemplo de eficacia

Dos títulos de la Sección oficial

De la Sección oficial hemos podido ver Disgrace de Steve Jacobs y The last thakur (El último terrateniente) de Sadik Ahmed.

El primero es un filme producido por Sudáfrica y Australia, pero que muy bien podía ser considerado como inglés, ya que incluso interviene John Malkovich, mientras que el segundo, también viene de Inglaterra al ser, ese sí, una coproducción directa con Bangladesh.

La historia del último y apaleado terrateniente desea hablar de corrupción y opresión, de poder y miseria. El director Sadik Ahmen ha rodado su primer largo después de realizar algunos cortos. Se trata de un realizador británico de origen bengalí. En Inglaterra estudió pintura, arte, diseño y realizó un master de cine. Ha sido director de fotografía en varias películas, habiendo dirigido varios videoclips y anuncios comerciales. En el año 2006 escribió, dirigió y fotografió el cortometraje Tanju Miah presentado entre otros en los festivales de Sundande o de Toronto, donde recibió el premio Kodak a la mejor fotografía.

Sadik Ahmed no estuvo en Granada; sí, por el contrario, su actor principal, quien dejó claro que si la película no gustaba se echase la culpa al director y no a él.

Como en sus cortometrajes, Sadik además de dirigir el filme, lo ha escrito y se ha encargado de la fotografía del mismo. Con todos esos signos autorales, ha realizado un largometraje decepcionante, torpe, carente de inventiva e interés, incapaz de convertirse en documento una realidad.

The last thakur (El último terrateniente) de Sadik Ahmed

The last Thakur

Se nos narra el enfrentamiento entre el dueño de unas tierras (el terrateniente del título) y el alcalde del pueblo al que niños y jóvenes llaman (o consideran) padre, en la mayor parte de los casos como clara realidad de alguien que es dueño de todo lo que le apetece, incluidas las mujeres del pueblo.

Uno de sus hijos es quien cuenta, como dice haberla visto, la historia que el espectador, sorprendido, contempla: al comienzo del filme se acaban de celebrar unas elecciones fraudulentas a mayor gloria del poderoso alcalde de siempre, que también desea posesionarse de las últimas tierras con el fin de hacerse el amo de todo.

El pueblo, pequeño, situado casi en una zona desértica, parece identificar el espacio con una cierta iconografía conocida: el western, nada menos. Lo que va a ocurrir a continuación confirmará esa impresión. Incluso hasta en el propio título.

Sadik Ahmed

Por arte de magia aparece en el pueblo un enigmático forastero portando un fusil, del que no se separa en ningún instante, y con una misión determinada que debe cumplir. Lleva consigo una especie de pergamino en el que aparece escrito un mensaje que habla de la búsqueda de una mujer a la que nadie parece conocer y a la que él debe encontrar. La presencia del guerrero llena de zozobra al alcalde, quien le ofrecerá dinero a cambio de que le proteja. Se niega a ello y pasa a su vez a convertirse, también por dinero, en protector del terrateniente.

Un guerrero moviéndose entre dos personajes antagónicos (familias, clanes) que pugnan por alquilar a alguien experto en la lucha. No es, pues, sólo el lugar (o el título) el que nos lleva a recordar los filmes del oeste, también el argumento es fiel a ello. Muy especialmente se nos aparece Por un puñado de dólares o, si se prefiere, el original en el que inspiraba Leone, Yojimbo de Kurosawa. El protagonista asemeja ser un hermano gemelo de los pistoleros que pueblan los western o de los samuráis que transitan por muchas películas japonesas.

Sorpresa, pues, ante una historia importada hasta Bangladesh y en la que seguimos los cansinos pasos, de un (falso) imitador de Mifune-Eastwood, en una (inexistente) variante donde la reflexión sobre el (abusivo) poder se entremezcla con alusiones a los tiempos del ayer o los del mañana, como forma de explicar y analizar una determinada e insostenible situación ante la que es preciso rebelarse.

Inútil filme, estático y torpe. La pretensión del proyecto topa con un guión endeble y una realización mediocre, sostenida a base de planos cercanos de los personajes, con lo que se impide que el paisaje (gran protagonista del western) adquiera su entidad. Carente de cualquier interés, el filme se muestra absurdo y nada convincente. Un título que nada aporta al cine ni como discurso, ni como narración.

'Disgrace' de Steve Jacobs

Disgrace

Mucho más entonada es Disgrace. Poco tiene este título que le lleve a asemejarse a mundos pobres. En tal caso, para entendernos, sería como gran superproducción nacida desde la pobreza. Bien narrada, con un actor conocido comandando el reparto (un John Malvovich bastante contenido), una realización correcta, medios en abundancia en la producción y sustentada toda en un original (la novela de partida) de gran calidad. Nada menos que una de las obras más conocidas del premio novel sudafricano John Maxwell Coetzee.

El director y co-productor de esta película más inglesa y australiana que sudafricana es Steve Jacobs, quien ha dirigido obras teatrales y realizado varios cortos experimentales, además de trabajar en la cadena de televisión Channel Seven. También ha escrito guiones y actuado como actor en varias películas. Su primer largometraje fue La spagnola (2001). Hasta siete años después (2008) no ha realizado su segundo largo, con el que ha ganado el Premio internacional de la crítica en el Festival de Toronto.

Disgrace es una película interesante, sobre todo porque el original ya lo es. Quizá la película no clarifica en demasía el conflicto que existe en Sudáfrica entre la población blanca y la de color, pero deja entrever la problemática, que no lleva al último extremo, por ser una película más preocupada por el proceso de culpa y redención, complementado por la aceptación de la situación personal del protagonista, elevada a un planteamiento general.

Steve Jacobs

Historia de un profesor universitario (Malkovich) expulsado de la Universidad después de haber mantenido una relación sexual (abusiva) con una alumna de color.

Huyendo de la ciudad del Cabo, el personaje se adentra en el interior del país, donde vivirá con su hija. En el lugar en que habita, en pleno campo, tiene como vecino a un negro y su familia. Un detalle tan simbólico como los perros de la perrera, cuyos animales sacrificados transporta el protagonista en su furgoneta como actual forma de trabajo.

Asistimos a una historia circular, por la que el hombre expulsado de la universidad por su abuso de poder frente a una alumna, se ve obligado a enfrentarse al embarazo asumido por su hija y que se produjo por la violación que ha sufrido por unos negros. Este hecho motivará que el personaje reconozca su culpa anterior y busque, antes de aceptar a su hija y la nueva situación, los lugares donde vivió los hechos anteriores.

'Disgrace', de Steve Jacobs

Son diversas las preguntas, más que las resoluciones, que va desgranando un filme, que se centra sobre todo en una redención y una simetría para terminar aceptando la realidad de un país como Sudáfrica, al tiempo que se proclama la necesidad de unión y reciprocidad entre ambas razas: sólo la admisión de la reunión y mezcla etnia podrá hacer posible la existencia del país.

Interesante filme que ha sabido, por medio de un preciso guión, adaptar una novela que sobre el papel no era fácil trasladar al cine. Demasiado evidente en algunos momentos (su propia conciencia persiguiéndole en su vuelta a la ciudad de El Cabo), excesiva en otros (si literariamente el perdón a la familia de la alumna es válido en la novela, en la película resulta forzado), sabe también convertirse, por momentos, en una mirada sobre el propio país sudafricano, su vida y sus contradicciones.

Como Disgrace está ya adquirido por una distribuidora (y hasta convenientemente subtitulado), habrá que volver sobre este título cuando se estrene entre nosotros. 

El público llena las salas para ver... ¡¡cine en versión original subtitulada!!