La 26 edición de Cinema Jove ha acabado. Este año con más sombras que luces. Pocos largometrajes en la sección oficial y algunos muy flojos, a pesar de lo que diga el director del certamen, que al fin y al cabo es lo que le corresponde decir.
Uno, al menos, de los programadores de esa sección lleva también la programación de
En la última edición de ambos certámenes, aunque nos duela,
Ambos festivales padecen una crisis tanto en el hoy como de cara al futuro.
No menos ha sido, con los años, el cambio impuesto por Cinema Jove en cuanto ha debido (ante la falta de películas, siempre referidas a la sección oficial de largometrajes) cambiar sus primigenias propuestas, así la edad de los participantes ha ido subiendo a lo largo de las 26 ediciones hasta desaparecer (cualquier realizador/a de cualquier edad puede participar) hace unas pocas ediciones. Es decir, actualmente la etiqueta Cinema Jove está en declive. Habrá, eso sí, que considerar que en la presente edición la mayor parte de los largos eran obras primerizas o de directores jóvenes si como tal se pueden considerar aquellos cuyo arco de nacimiento varía desde mediados de los años sesenta hasta el comienzos de los ochenta.
Hay que aclarar, por si no ha quedado suficientemente claro en artículos anteriores, que existe, por lo demás, una gran diferencia entre los cortos y los largos presentados a concurso. Hecho que siempre se ha producido pero que cada vez es más pronunciado. ¿Quedarse, pues, simplemente Cinema Jove en un festival de cortos? No es solución ya que en el campo de los cortos es actualmente donde más competencia existe. En España se multiplican los certámenes de cortos. Algunos de gran entidad. Eso si, aquí, en Cinema Jove los cortos tanto este año, como los anteriores, tienen un alto nivel alto. Nadie lo pone en duda.
Cinema Jove posee otros problemas. Uno de los mayores se centra en la fecha de su celebración.
Rectificó, sí descubrió la razón del cambio: por delante y por detrás, era cercado por varios otros festivales tales como, entre otros, Venecia, San Sebastián o Valladolid. Así que sin pensarlo demasiado sus dirigentes decidieron cambiar la fecha a abril, sin preocuparse que cerca (o al lado) se celebran, entre otros, los festivales de Cannes, Málaga, Las Palmas y… Cinema Jove.

Cuando
Las dudas vinieron cuando el festival creció y amplio su secciones y su público. La fecha ya no era tan buena. Además, en junio cada dos años, el festival debía competir con los campeonatos de fútbol (el europeo y el mundial). Desde hace dos años le ha salido otro competidor, éste además anual: la dichosa matraca de la costosa Fórmula 1 con sus ruidos y su problemática. ¿Cómo compaginar todo ello?
Es la fecha, pues, uno de los frentes abiertos. Otro, ya comentado, la edad de los participantes. A ellos hay que añadir, actualmente, la reducción cada vez más drástica de presupuesto, por lo que, para suplir esa disminución de euros, habrá que echar a volar la imaginación con el fin de paliar la escasez de pesca a gran escala.
Vamos más lejos en nuestra andadura. Dejemos a un lado la, incomprensible y continua, dejadez con la que el certamen grande mira al encuentro escolar para encontrarnos en la presente edición con un certamen a medio gas que ha programado ciclos o realizado homenajes de escaso calado o desproporcionados.
Es el caso de la (falsa) gran estrella del certamen: Jan Harlan, que realmente no es nadie en el mundo del cine. Por las circunstancias que todos conocemos fue productor (y en parte albacea) de Stanley Kubrick. Poco más. Eso sí, como dijimos en una de las crónicas, un tipo agradable, abierto al diálogo, pero sin peso real como cineasta.
Por otro lado, una de las encomiables secciones de Cinema Jove es la que dedica todos los años a un director o directora de animación. Este año, de lo mejorcito, fue la presencia de la realizadora checa Michaela Pavliátová (Praga, 1961), que, como Jan Harlan, y con más razón, recibió su homenaje en forma del premio Luna de Valencia.
Se contemplaron, lo que se atoja escaso, catorce de sus cortos. Interesante muestra de una autora que recuerda en parte la gran clase de los animadores checos. Nominada al Oscar en 1991 por Reci, reci, reci, galardonada en diversos festivales, su presencia, sus cortos dejaron la impronta de lo que debe ser alguien al que se homenajea. Cosa que no se corresponde
Tampoco se entiende demasiado el premio futuro de cine concedido a Carlos Areces (1976). El propio actor se lo tomó a broma y así lo expresó en una de las entrevistas. No es para menos. Tal promesa le viene, sin duda, por su papel en la más que discutible Balada triste de trompeta. Antes y después (y cosas en televisión) ha intervenido en otras producciones como por ejemplo Extraterrestre de Nacho Vigalondo (Los cronocrímenes), que esperamos se estrene pronto.
Es lo que tienen los premios futuro de cine (por lo menos
El error máximo del festival en este año se encuentra en el esperpéntico ciclo titulado Herederos berlanguianos. Tomar a Segura-Torrente como heredero del realizador de Placido es un auténtico dislate. Santiago Segura estaría más cerca del cine de Mariano Ozores, por dar un nombre (podían darse otros) que de Berlanga.
Tampoco es berlanguiano el cine de Alex de
Hay más secciones inconsistentes como la de actores tras la cámara sobre todo en cuanto sus películas no son sino cortos. Y dejo a un lado otros errores como ese continuado de proyectar una película de la sección oficial en el acto de inauguración del certamen.
Lo que se entiende es que en un festival, y después de las proyecciones matinales de los largos de la sección oficial (¿para la prensa?), no tengan lugar las correspondientes ruedas de prensa con sus respectivos realizadores. Un hecho que
Y es que la asistencia de público, al menos, y eso hay que decirlo, en esas sesiones matinales no ha sido nada despreciable. Y seguro que a varios de los asistentes, críticos o no, les hubiera gustado poder comentar la película vista con el realizador o realizadora de la misma.

Los premios
El festival dio de si lo que pudo dar. Pasó sin pena ni gloria. Al acabar, y dar los premios, nos preguntamos si realmente el filme premiado llegará a ser distribuido en España y por tanto podrá recibir los 30.000 euros que el festival concede a la distribuidora que quiera estrenarlo. La cinta polaca galardonado el pasado año aún no ha sido estrenada. Esperamos que el filme ruso ganador en la presente edición pueda ser visto sin problema. Y otra cosa ¿si el filme ganador no se distribuye en España a quién pasa el dinero del premio? ¿Se acumula para la edición siguiente o se da por perdido?
No puedo hablar de la calidad del film premiado. No llegué a verlo. De todas maneras lo vio mi compañero
Entre los largos que he visto en estos días, ha sido premiado el filme suizo, Silverbald, que, como he dejado escrito, no es un mal filme, pero tampoco excepcional. Su calidad, su acabado, es peor que el obtenido por el filme francés, An poison violent, el mejor, el más profesional, entre los cuatro últimos largometrajes presentados a concurso. Quizá se optó no premiarle para dar más cancha a otras cinematográficas menos asentadas.
El primer premio de este año a los largometrajes fue para Siberia. Monamour, del director ruso Slava Ross. El galardón lo concedió el jurado porque “muestra el poder y la compasión con imágenes inolvidables que sólo el gran cine puede ofrecer”.
Por su parte Silberbald / Silver Forest, ópera prima de la directora suiza Christine Repond (1981) obtuvo una mención especial “por tratarse de una historia conmovedora que refleja de manera excepcional la búsqueda de un adolescente por la seguridad y el significado de la vida, y que enlaza con las realidades sociales de
La película ganadora de la sección oficial de cortometrajes fue Bolivia / The cage, del cineasta rumano Adrian Sitaru (1971).
El premio especial del jurado en esta sección fue para Mokhtar de la directora canadiense Halima Ouardiri. Por su parte el corto argentino Rosa, de Mónica Lairana recibió una mención especial.
El premio Pecera Estudio al cortometraje español con mejor sonido fue para Morir cada día, de Aitor Echeverría, mientras que el premio Internacional Canal+ al mejor cortometraje fue para la cinta de animación de Pedro Rivero titulada Birdboy.
El Premio Sonofilm a la mejor dirección de un corto español recayó en El somriure amagat, escrito y dirigido de Ventura Durall, mientras que el Premio Canal 9 al mejor cortometraje español se concedió a
Finalmente el jurado de Canal+ y Pecera Estudio decidió otorgar el 10º Premio Proyecto Corto Canal+ Festival Internacional de Cine Cinema Jove a Atocha 70, de la directora Irlanda Tambascio, con guión de Isabel de Ocampo y Nuria Verde
Y después de tanto premio se procedió, en el acto de clausura, a proyectar una sorprendente película. Nada menos que un filme finlandés cuya presencia en tan solemne acto es todo un misterio. Pasamos a comentarlo brevemente.
Napapiirin Sankarit de Dome Karukoski
Finlandia, 2010
Kaurismäki (Aki) también comienza su apellido por k y también es finlandés como Karukoski, aunque este director realmente naciera en Chipre (1976). Dicen que es uno de los realizadores más comerciales de Finlandia y que sus obras han acumulado nominaciones a go-go para los premios de la academia finlandesa de cine. Su primer largo lo dirigió en 2005. Y este filme, el presentado, en Cinema Jove es su primera comedia.
En las películas de Aki Kaurismäki, que tienen mucho de comedias tristes, los personajes vagan sin rumbo por uno de los países a la cabeza de eso denominado (vagamente) estado del bienestar. En ésta, los descerebrados protagonistas deambulan en una noche sin fin tratando de encontrar… un reproductor o descodificador de televisión para poder ver (nada menos) que Titanic (atrasaditos ellos que, mejor, podían pensar en la más cercana Avatar). ¿Relación unitaria entre una y otra?
Pues va a ser que no. Como bien se pregunta en un momento de la película, uno de los tres (ingenuos y torpes) amigos en su búsqueda hermanada de la felicidad amorosa vía televisión: ¿Qué hemos hecho para merecer esto? Eso mismo nos preguntamos nosotros.
Nada que ver con el cine (interesante) de Aki Kaurismäki. Más bien, torpemente, el filme toma de modelo la comedia americana actual de Apatow y sus imitadores. No está tampoco muy lejana (en su estilo e intento de desarrollas) la presentable Resacón en Las Vegas.
¿Se imaginan a los finlandeses imitando ese cine? ¿Se los imaginan queriendo ser graciosos acumulando torpes escenas de escasa o nula gracia? La película es floja y tan tonta como lo son los tres personajes principales. Una gansada sin gracia. Un deambular nocturno sin parada en ningún sitio. Le falta ligereza, humor… Si, ya sé que el frío humor de esas tierras heladas nos puede dejar congelados.
Algo así ocurre a un filme que sigue el itinerario sin rumbo de unos personajes erráticos y cuyas ocurrencias, aventuras y desventuras se ajustan a un guión más propio de una película de tirar sin usar, que de degustar. He hablado de la referencia a la comedia americana actual pero tampoco nos iríamos mucho si tratásemos de buscar analogía de esta película con algunas comedias hispánicas, o italianas, de escaso calado.
Poco que decir de este tal Karukoski que, por lo visto (aunque puede aprender) poco dará de si en el campo de la comedia. Ni siquiera como aprendiz de otros. Le deseamos más suerte otra vez. Al igual que a Cinema Jove en su búsqueda de la película que cierre el festival.
Cinema Jove año
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26 Cinema Jove de Valencia (6): ¿Qué hemos hecho para merecer esto?







