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25 Cinema Jove de Valencia (4): tú me das, yo te doy

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The happy end (Con los ojos cerrados) (1)

Pues a mí Ciudadano Kane no me mola.
No, no es buena. Pero algunos…
La he estudiado bastante pero no, no me convence.
Claro, en su defensa existen intereses…
Cientos, miles.
En aquella época se hicieron películas mejores.
Bastantes.
Eso de Orson Welles…

Paha Perhe / Bad Family, de Aleksi Salmenperä (Finlandia, 2010)Quienes así hablaban eran varios jóvenes filmotequeros o estudiantes de cualquier cosa relacionada con el cine. Da igual. La conversación cierta tenía lugar a la salida de una de las sesiones de esta edición de Cinema Jove. Eran tres o cuatro jóvenes los que seguían tal apetecible dialogo, que más tarde fue derivando, mientras se perdía hacia el exterior de la calle, por apuestas sobre cuál era la mejor película de Orson Welles.

Peor hubiera sido que magnificaran la gloria de autores tan geniales como Ben Stiller, Jud Apattow o elevaran a la categoría de gran comedia a pongamos, por citar una de las últimas aberraciones que nos han llegado últimamente, Sexo en Nueva York 2, como verdadero ejemplo “de lo que no es una buena comedia”.

Quizás me equivocase y estos jóvenes fueron realizadores de algunos de los cortos que se pasaban estos días en el apartado de cortometrajes del certamen. Afortunadamente, ninguno de ellos era el engreído Dolan, director de la comentada —en la crónica anterior— cinta canadiense de este Cinema Jove 2010.

Con todo esto llegó el día de los premios, de que el jurado se decidiese; un jurado que, ojo, en su sección de largometrajes no contaba ni con un solo realizador. Y donde, además, el número de actrices se emparentaba con el de actores (dos y dos). El quinto puesto lo cubría un guionista.

Esta bien traer a intérpretes como jurados (más llamativos que los verdaderos creadores del filme) pero uno se pregunta cuáles son sus grandes virtudes para tener esa gran mayoría en un jurado en el que se va a premiar no a un actor sino a una película. Luego nos quejamos del voto popular, del que en ciertas ocasiones otorga el resabido público… Si deben existir, como de otras profesiones relacionadas con el cine, actores/actrices en el jurado pero no hasta el punto de que su peso sea excesivo o preferencial.

Existen más problemas añadidos tanto a nivel general como en este año a la hora de los premios, que por momentos (los problemas) se superponen.

Me centraré en dos:

  1. La dificultad que público, productores sepan que es eso de “cinema jove”. Es decir, tal nombre (el genérico del festival) puede encubrir varios hechos, algunos de los cuales haría referencia a la dificultad de saber si se refiere a películas realizadas por jóvenes, a las que impulsen un cine joven (en su escritura) o en su temática (o protagonismos) o en las que abunden cuestiones relacionadas (o interpretadas) con los jóvenes. Cinema Jove comenzó considerando que el nombre del festival se refería a los que presentaban obras en las secciones oficiales, que por tanto deberían tener un determinado límite de edad. Edad que fue aumentando paulatinamente con los años para desaparecer totalmente a partir del pasado año. Es decir, a partir de este instante cualquier realizador (aunque tenga 80 años o más) puede competir en el festival. Tampoco tienen bula aquellas producciones que sean opera prima. Desde 2009 el festival, en su fase competitiva, no excluye a nadie. Abierto totalmente a edades, tendencias, propuestas, a, en definitiva, la totalidad de las películas filmadas. Tal consideración lleva implícito, incluso, que directores famosos, reconocidos u homenajeados por el propio certamen, puedan presentarse a concurso. Es el caso, este año, de la (interesante) película de Vinterberg, Submarino.
  2. Una dificultad, la anteriormente enunciada, que también llega al jurado que debe dilucidar los premios. La salomónica, pero no por ello deja de ser equivocada, decisión de este año es todo un ejemplo. ¿Cómo premiar la mejor película del certamen si es de una persona demasiado conocida dejando a un lado las producciones realizadas por jóvenes, las operas primas lejanas? Películas, la mayoría de ellas, inferiores desde el punto de vista cinematográfico a la de Vinterberg, pero repletas de buenas intenciones o maneras.

GainsbourgDifícil papeleta la que debe resolver el jurado. No es la única. Entre la oferta de operas primas, o primerizas obras, ¿dónde se debe pescar? Está la arriesgada película francesa de Sfar, Gainsbourg. Pero los que consiguieron traer este filme al festival, unidos a los propios programadores del festival, la condenaron sin remedio: no recibiría ningún premio. Está claro que la presentó una distribuidora, reservándose la gala de inauguración para pre-lanzar su película en España. Un gran error que, a pesar de su calidad, haría difícil que fuera premiada.

¿Qué quedaba por pescar? La formalista película húngara, la más que pedante canadiense, la bienintencionada georgiana, la curiosa irlandesa o… la tópica pero (poco) denunciadora polaca. Cuatro de los jurados proceden de Centroeuropa. Eso también pesa (dos eran alemanes pero este año a concurso no existía ningún filme alemán. Tampoco español, nacionalidad de otro de los jurados). El premio finalmente recae en la aparente denunciadora (tópica, elemental) producción polaca. Pero para que nadie sufra por Vinterberg, faltaba más, sale un premio de la chistera. Todos contentos. La ceremonia de la confusión seguirá en el próximo certamen si nadie lo remedia.

Queda, en esta edición, un gran perdedor, que con sus equivocaciones es probablemente la película más joven de todas las presentadas: Gainsbourg de Sfar. Que gran error de cálculo. En el juego de cartas no se deben dar pistas al otro jugador si se quiere ganar. En este caso se dieron demasiadas.

Submarino, de Thomas Vinterberg (Dinamarca, 2010)

Submarino, de Thomas Vinterberg (Dinamarca, 2010)
Una de hermanos, please...

Vintenberg es, junto con Lars von Trier, el padre de ese absurdo movimiento llamado Dogma, en el que se enunciaban, más que otra cosa, las leyes de un viejo amateurismo cinematográfico. Unos y otros, cuando les pareció bien, decidieron dinamitar ese invento… pergeñado, sin duda, en una noche de efluvios etílicos.

De todas maneras el incongruente movimiento dejó alguna película curiosa tanto de Trier como de Vintenberg. Celebración, por ejemplo, en el caso de este último. Un filme que ponía en solfa el sistema familiar a través de una reunión comunitaria.

Submarino, su último filme, realizado después de alguno coqueteos (escasamente convincentes) con un cine más comercial, nos devuelve al buen realizador, por fortuna, totalmente, alejado de los presupuestos dogmáticos.

Nuevamente, como en Celebración, la familia es el motor del relato. Una familia disfuncional que conduce a la muerte no querida de un niño, supone el prólogo de una obra dura, repleta de sentimiento. Y, aunque no lo parezca, también de sensibilidad

Dos jóvenes (auto)marginados tratan de vencer su sentimiento de culpa. Difícil lo tienen porque el destino se opone a ellos jugándoles malas pasadas. La redención vendrá, o se buscará, en el niño hijo o sobrino en el que ambos hermanos ven al hermano muerto. La búsqueda de una nueva oportunidad.

Historias en paralelo, asimétricas en su simetría, conducen al encuentro casi final de los dos hermanos encerrados (la cárcel actúa también como símbolo), incapaces de comunicarse más que en la lejanía

Sólido y triste deambular de dos seres a los que la vida les ha golpeado fuerte pero que, en su marginación, tienen unas normas o, si se prefiere, una ética dentro del desorden de su existencia.

Trágica, dura, apenas una brizna de esperanza surca este filme que fue sin duda el más brillante de todo el certamen de Cinema Jove 2010 en Valencia. El que destiló eso que se llama cine, ese sentido especial logrado por la conjunción de muchos elementos entre los que se tiene que destacar en este caso (aparte de la realización) la interpretación, la fotografía, así como un excepcional uso de la banda sonora.

No es una obra maestra pero es una buena película, sin duda la mejor de todas las que se vieron en Cinema Jove 2010. Claro, era la película de un director más o menos conocido y reconocido. Para nada un joven que pasaba por allí. El premio era indiscutible, pero… fue a parar a una pequeña peliculita polaca. La lógica de lo ilógico.

Paha Perhe / Bad Family, de Aleksi Salmenperä (Finlandia, 2010)

Paha Perhe / Bad Family, de Aleksi Salmenperä (Finlandia, 2010)
...que sea otra de hermanos, por favor

Nada que ver con Submarino, aunque Dinamarca no está tan lejos de Finlandia. La película de Vinterberg era menos localista en lo cultural que esta obra más propia de ciertas temáticas propias de otras culpas o complejos propios del cine o de la literatura de los países escandinavos. Entre otras las figuras (teatrales) de Ibsen, Strindberg o la (cinematográfica) de Bergman no están alejadas de esta película que habla sobre destrucciones, uniones o descomposiciones familiares.

Incluso el protagonista, un padre autoritario, no está demasiado lejos (ni siquiera en la presencia tanto del intérprete como de la forma de actuar) del bergmaniano Max von Sydow. Aunque eso sí, aquí no demasiado bien maquillado.

Padre autoritario. La muerte de su ex–mujer. La asistencia al sepelio del padre con el hijo que ha criado. También a ese acto se une la hija, desconocida por el resto de la familia, que vivió siempre (desde que era muy pequeña) después de la separación, con su madre.

El encuentro de los hermanos liberan los demonios familiares. El orden impuesto se desmorona. Los hermanos inician una relación de implicaciones incestuosas frente al rigor paterno que trata de impedir tales desmanes que le atemorizan.

Como se ve, una historia fuerte con la que Bergman podía construir obras maestras como, por citar un caso, consiguió con Cómo un espejo (Säsom i en spegel, 1961). No es el caso de este filme que por momentos parece convertirse, desde su desmelenado tono melodramático, en una parodia de las grandes obras del director sueco o de los autores teatrales citados al comienzo.

Cenas familiares, secuestros incomprensibles, huidas a ningún sitio, salidas de tono, chantajes emocionales son los ingredientes de una película que no tiene altura para plantear con seriedad un tema como el que se afronta.

Momentos delirantes se cruzan con otros (no menos afortunados que los anteriores) risibles. Una planificación que busca lo obvio termina de precipitar al abismo a un título tan inicuo como frustrante.

Galerianki / Mall Girls, de Kasia Roslaniec (Polonia, 2009)

Galerianki / Mall Girls, de Kasia Roslaniec (Polonia, 2009)
Amigos, padres, hermanos… ¿Quién da más?

El primer premio del Certamen fue para este filme. Un premio que le queda largo y ancho. Elemental en sus propuestas a pesar que nos quiera convencer que se realizó como denuncia de una situación (jovencitas, niñas casi, se prostituyen en los grandes almacenes con el fin de tener buenas ropas y complementos), a la que los autores del filme accedieron a través de decenas de entrevistas realizadas en centros de enseñanza.

Buen trabajo, pues, de partida, buenas intenciones… pero una cosa y la otra sólo serán válidos si lo tomado se estructura de acuerdo a un buen guión, que será apostillado por una, al menos, buena dirección. Aunque también podría haberse planteado el filme como un documental. Quizás así la cosa hubiera salido mejor.

No es el caso aquí ni de una cosa, ni de la otra. La película nace sin fuelle desde su inicio al plantearse los tópicos desde el más grandioso de los esquematismos. Jovencita modélica a la que tres compañeras desatadas desean llevar por el mundo de la perdición. De una cosa se pasa a la otra. Sin ruptura de continuidad. Así que nuestros personajes se dan (le dan) a la bebida y a las drogas, mientras buscan jóvenes o menos jóvenes que paguen sus caprichos a base de favores sexuales. Los comercios, las discotecas son buenos sitios de iniciación.

Entre medias, como narrativa paralela, un joven compañero de clase del grupo bebe los aires por la joven desde antes que se contamine. El problema es que en el trío “paseante en galerías comerciales” existe una jovencita que también quiere al joven. Conflictos que también, cómo no, apuntan a otro tipo de relaciones. 

Se trata de concentrar en 90 minutos todo tipo de situaciones (hasta algún que otro embarazo). Demasiado para el cuerpo. Sobre todo cuando el filme muestra una curiosa permisividad por parte del algunos padres frente a lo que ocurre (ante el embarazo, una borrachera).

Realización simplemente correcta que curiosamente da cierto aire de videoclip a algunas de las escenas (sobre todo las primeras) de las jóvenes en el centro comercial. Por momentos, da la impresión que se van a poner a cantar, a bailar de acuerdo al decorado en el que se encuentran. No estaría mal resolver alguna situación a ritmo de musical. De esa manera el filme al menos respiraría. Tal es su estricto sentido restrictivo que le obliga a convertirse, a costa de lo que sea, en un filme militante, denunciatorio de una situación. Es su pretensión.

Lo que ocurre es que la realidad es una cosa. Otra cómo se cuenta en las películas. En esta, ante lo tópico de las situaciones, el esquematismo de los personajes, no se logra más que, como máximo, un molesto cosquilleo, pero que es fácilmente superable. Tan leve es su carácter testimonial.

Final

Galerianki / Mall Girls, de Kasia Roslaniec (Polonia, 2009)Terminó el certamen. Se otorgaron los premios. Nada puedo decir de los cortos presentados. Me limito a comentar los largos. Lo siento, pero mis actividades no dieron para más.

Eso sí, dentro de unos días, tal como prometí al comienzo de estas crónicas, volveré a centrarme en Cinema Jove. Será para escribir un artículo que pudo incluirse, pero no lo fue, en ese libro que se ha editado sobre los 25 años del festival. Un libro que peca de inconexo, resulta demasiado laudatorio, está repleto de lagunas. Murmullo de letras escritas en forma de revoltijo donde junto a lo justo aparece el trazo rápido, una aparente meticulosidad, olvidos, presencias que pasaban por allí…

Pienso que soy, sin ponerme medallas, la persona que más cosas conoce de este certamen, por lo menos de gran parte de él. Nada menos que 18 años fueron los que, después de esa cofundación que llevé a cabo junto a Mario Viché, estuve dentro del certamen encargado sobre todo del apartado escolar, con perdón. De los 25 años de vida de Cinema Jove, fueron los 18 primeros. Sólo Paquí Moltó (responsable de, digamos, la producción del certamen) con 19 años me gana. La diferencia es que Paqui ha estado los últimos 19 años.

Volveremos, pues, simplemente para dejar constancia de la verdadera historia de Cinema Jove, al menos en los primeros 18 años de existencia. Como digo será pronto, eso sí, en la sección AMARCORD de la revista Encadenados. Atentos al parche.

Paso a los premios en un próximo artículo. Dejo algunas de las razones por las cuales los jurados premio eso o aquello. Palabras, las que se ponen como justificación, que siempre me han parecido desafortunadas. En los premios se premia lo que se considera lo mejor. Punto. Las razones a veces pueden convertirse en dardos envenenados.

Escribe Adolfo Bellido


(1) La película The happy ending, dirigida por Richard Brooks, se tituló en España Con los ojos cerrados, una eficaz forma (ésta última) de decidir los premios en cualquier concurso para llegar a un final (acomodaticiamente) feliz.

Galerianki / Mall Girls, de Kasia Roslaniec (Polonia, 2009)

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