...A pesar de todo, existe
Miro y remiro, con asombro, los periódicos del día. Tanto los de aquí como los publicados en Madrid (pero con “incrustación” autonómica). Nada sobre
¿Por qué los diarios, las televisiones, los medios pasan de
Uno, la verdad, prefería que se hablara en extensión del festival aunque se emplearan instrumentos cortantes para realizar una innecesaria autopsia. Un importante crítico catalán me comentaba (en una de las primeras Mostra) que no entendía a los periodistas de aquí, pues sus comentarios críticos (sobre unos excelentes ciclos de aquel certamen), cuando se producían eran para arremeter contra el certamen. No, no lo defendían, ni veían sus virtudes. Sus artículos se planteaban como un ajuste de cuentas cuya intención parecía ser hundir el festival. Maravillosa forma de intentar publicitar, dar sentido, ayudar a conocer unos importantes eventos culturales. ¿O los únicos que deben seguirse son los otros, o sea aquellos deportivos, fastuosos a mayor gloria, que no honor, de ciertas entidades o políticos preocupados solo por dar circo al pueblo a costa del dinero de los contribuyentes? Circo, por lo demás, caro, sólo abierto a los potentados.
Sí todo esto podemos decir de las secciones fuertes de
Como una contradicción sobre el aislamiento de niños o jóvenes, este año a

Quchis Dgeebi / Sreet Days, de Levan Koguashvill (
El buen “drogata”
Uno de sus grandes misiones/logros del cine es el de ser una ventana abierta al mundo, una forma de ver otros lugares, otras culturas, contemplar las distintas formas de convivir de sociedades alejadas de la nuestra, pero que, visto lo visto, resulta que no son tan diferentes.
La visión, en este filme de la desconocida Georgia, ofrece una especie de dibujo deformado de la vida allí o en cualquier otro país. Inmadurez de los adultos, violencia escolar, familias desarraigadas, codicia, paro, corrupción, drogadicción… Unos personajes desocupados, sin más razón que situarse frente a un colegio para conversas sobre la droga, cómo comprarla y venderla, son el centro de una acción en la que se mezcla el drama con el sainete. Cualquier cosa puede ocurrir a esos desgraciados seres en su intento de llegar al día siguiente o a los policías de opereta que les están persiguiendo.
Como añadidura, de tal entramado, asistimos a la historia de dos amigos que fueron compañeros del mismo colegio. Uno, sin saber la razón, se ha convertido en el receptor-emisor de la droga, el otro es, nada menos, un ministro. Ambos tienen dos hijos en el mismo colegio donde ellos estudiaron. El del primero es pequeño, el del segundo un joven crecidito. El encuentro de todos esos caminos se cruzan o entrecruzan en el centro escolar formado por profesores (dibujados con rasgos satíricos) que van desde la intransigente y dictatorial directora hasta el alocado encargado de la actividad teatral.
Acciones diversas señalan la acción. Los diferentes personajes se relacionan, dando vueltas y revueltas en busca de sus fines. El drama se produce cuando el drogadicto protagonista debe convertirse en un juguete en manos de la policía, que desea coger in-fraganti al hijo del ministro, para lo cual el personaje es utilizado. Del humor (secuestro de una niña) al drama (una doble muerte), pasando por el trazo de brocha gorda o la sátira de determinados actos (el cumpleaños del ministro), la película se muestra tan irregular como curiosa, a la que, en definitiva, le cuesta, como a muchas otras, acabar. Así el plano que se da por final (el suicidio fuera de campo del protagonista) da paso a otros que nada aportan al relato. Más bien terminan por confundirlo, espesarlo.
El director, autor de varios cortos, debuta con este filme. Estudió cine en Rusia y en EE.UU. Se nota esta segunda faceta al menos en la construcción de un guión donde pequeños objetos u elementos aparentemente anecdóticos, que aparecen en un momento, casi de refilón, sirven como elementos recurrentes para que el relato avance o conduzcan al desenlace: las características —pero necesarias— trampas de guión. Ejemplar, en ese aspecto, es por ejemplo, la pistola que ha quitado el hijo del ministro a su padre y que se convertirá en una especie de leit motiv a lo largo del relato.
Adolece de fallos varios, de situaciones mal hilvanadas, pero en conjunto se trata de un filme tan curioso como válido.
Apafold / Father's Acre, de Viktor Oszkär Nagy (Hungría, 2009)
Conflictos paterno-filiales
Se dice que la película tiene alguna influencia de Pozos de ambición (o se intenta homenajear al director de tal filme). También que en éste título, primer largometraje de Viktor O. Nagy, al parecer su trabajo final de carrera en la escuela de cine de Budapest, se intenta emular la (tan excelente como desconocida en España) obra de Bela Tarr. Tales afirmaciones no pueden ser consideradas sino como exageraciones o bromas pesadas. Sí, si se quiere, existen ecos (lejanos) de la película americana en la forma de retratar el campo, pero sin pozos petrolíferos. Por su parte, la referencia al director húngaro sólo estaría en la presencia de algún actor.
Película lenta, bastante difícil de digerir incluso desde su punto de partida: la vuelta a casa de un presidiario después de varios años de ausencia y que en esa llegada trata de convencer a su hijo de la necesidad de trabajar el campo que ha comprado. Lo absurdo del relato estriba en la ausencia o eliminación de unos personajes que aparecen o desaparecen sin más motivación que la de servirse de ellos el director para que la narración avance o, como mínimo, sirva para emponzoñar las relaciones de los dos protagonistas principales intentando dar un giro o una solvencia al relato de la que carece. Para empezar, sirva una muestra: ¿cómo y con quién ha vivido el hijo ante la ausencia del padre durante todos esos años? Joven cuya soledad aparece como imposible para su personal supervivencia.
Relato de enfrentamiento de caracteres, de luchas por tener/adquirir poder, dominar al otro. Intento, por otra parte, de acercamiento, difícil, entre dos seres incapaces de comprenderse al no ser dados al diálogo. Ni siquiera como forma de dar la vuelta a una situación. Dos actitudes dadas por la negativa del hijo a toda propuesta del padre o la imposición absoluta de éste a los deseos de aquel.
Dos seres, poco más, deambulan por la pantalla, a lo largo de un relato parsimonioso, con demasiada calma, que progresa escasamente, cuyo sentido debe buscarse en ese campo improductivo que desea transformarse en productivo una vez sea convenientemente delimitado, cercado. Símbolos que acrecientan el significado, desde un planteamiento claustrofóbico, en un paisaje desolado en el que se intenta crear vida.
Una planificación cuidada, una iluminación demasiado (re)forzada en los interiores, un predominio del rostro de los actores (sobre todo en los primeros planos) conforman una película con visos de inoperancia pero, en definitiva, inútil en gran parte.

El fruto, de Miguel Baratta y Patricio Pomares (Argentina, 2010)
Corto alargado
Dura este filme, de corte documental, poco más de una hora, pero tal brevedad se hace eterna. Si en La noche se mueve se dice que en el cine de Rohmer es como ver crecer la hierba, aquí ni eso. Aún al final comprobamos que no ha despuntado.
El filme no cuenta casi nada en el lento caminar de un hombre mayor que transita, durante tiempo, por el campo con el fin de encontrar a una especie de santera para que le devuelva (suponemos) la salud. Como ofrenda lleva un árbol que ha desgajado de su tierra. Que cuida para que llegue vivo a su nuevo destino. Para que allí crezca.
Aquí, como en el anterior filme húngaro que se ha comentado, se ha hablado de influencias. Ya se sabe que la mayoría de ellas son vanas quimeras. Pretensiones con pocos visos de realidad. En este caso se cita al director mexicano Carlos Reygadas. La relación entre ambos cines es mínima, anecdótica.
Concierto de pájaros a gran volumen, casi silencio del caminante. Pequeñas paradas en los que se producen encuentros aparentemente importantes como expresión de un país, de unas creencias. En realidad situaciones forzadas donde los personajes se arrastran desde unas ordenanzas proclamadas o programadas por los dos directores. De esa forma el documento termina convertido en una ficción más.
Viaje de ida, menos mal, sin vuelta. Una vez cumplida la misión el protagonista vuelve, suponemos, a su tierra. Tal película pudo durar dos o cien horas. También cinco minutos. Dos directores se embarcaron en este viaje (que a veces parece mirarse en Una historia verdadera) sin inicio, ni destino. Una total decepción.
Final
Martes 22 de junio, en la prensa de papel (en la digital tampoco ha aparecido nada) algún diario, al menos, dice algo del certamen. Uno, sin más, parece reproducir una nota de las variadas que envía, con gran acierto, el gabinete de prensa a los medios, en la otra simplemente se da una somera referencia de las películas de
El público joven y menos joven responde a la oferta amplia, diversa en este veinticinco aniversario de
Final del certamen audiovisual de Jóvenes: los premiados
Se ha terminado el concurso audiovisual de jóvenes que se celebra, desde hace bastantes años, los tres primeros días de
Categoría A (centros de primaria)
• El escondite, del centro Adis Vega Baja de Orihuela.
• Los wilpies, del colegio San Jose de Plasencia.
Categoría B (centros de secundaria)
• Dream on, del I.E.S. Europa de Ponferra.
• Simetría e identidad, del I.E.S. Vallecas-Magerit (Madrid).
Categoría C (Centros especializados)
• Juegas, de Dani de
• Fumar puede matar, de Leonardo Dolgán, del I.E.S. Ramón y Cajal (Huesca).
Diploma acreditativo para el mejor guión para Joan Carla i l’autor, del I.E.S. Escola Gavina de Pincanya (Valencia).

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25 Cinema Jove de Valencia (2): sin noticias en la prensa







