lunes 21 de mayo de 2012

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24 Cinema Jove de Valencia (4): sección oficial

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Oriente y Occidente
Escribe Gloria Benito

Involuntary (De ofrivilliga)

Involuntary (De ofrivilliga)

Involuntary (De ofrivilliga), del sueco Ruben Ostlund, es el segundo largometraje de este joven director, autor de algunos cortos notables, como Autographical Scene Number, y los filmes Free radicals 1-3 donde creó un lenguaje propio para la filmación de los deportes de invierno.

Ruben Ostlund, director del filmeQuizá la fidelidad a ese lenguaje, cuyo fundamento es la fragmentación secuencial para favorecer la multiplicación de los puntos de vista que garantice la objetividad del autor, sea un inconveniente para narrar una historia larga y coherente. Nos preguntamos si se puede aplicar una manera de contar -muy válida para el documental- a un largometraje como el que nos ocupa, pues aunque los límites entre los diferentes géneros cinematográficos hace décadas que se rompieron, lo cierto es que el espectador aún se siente sorprendido por las filtraciones y préstamos entre los informativos y los ficcionales.

En este caso, Ruben Ostlund deconstruye una historia sin casi argumento, ofreciendo segmentos narrativos de varios relatos que no se desarrollan ni acaban, que no llegan a ninguna parte, como las escaleras minimalistas del fallecido y genial escultor Juan Muñoz.

La protagonista de 'Involuntary' en Cinema JoveAsí como este artista crea un lenguaje de colores, formas, volúmenes y espacios para comunicar la soledad e incomunicación entre los hombres coetáneos, el director de Involuntary muestra y documenta los comportamientos absurdos e inmaduros de ciertos personajes de las clases medias durante los veranos suecos. Los mayores beben y se comportan de forma imprudente e infantil durante las fiestas familiares, las adolescentes se emborrachan hasta caerse inconscientes y los jóvenes se desnudan cuando están bebidos.

Todo ello envuelto en unos planos y secuencias fragmentadas como las piezas sueltas de un puzzle que finalmente se reúnen y estructuran sin dejar ningún mensaje al espectador. Simplemente muestran una realidad  y dejan constancia de ella como si fuera un documental en el que la cámara se coloca tras las puertas y ventanas de las casas para sorprender a sus habitantes en conversaciones insustanciales o posturas indecorosas.

Llama la atención el desenfoque de algunas imágenes a través de cristales deformantes y el trasgresor encuadre del cuerpo humano, muchas veces reducido a un torso que baila, una cintura que se cimbrea, una mano que enfatiza una explicación o la mirada hacia un personaje ausente. Una realidad minuciosamente seleccionada y rota entre luces y sombras donde tanto importa lo que se ve como lo que se oculta. La objetividad está garantizada y que el espectador saque sus conclusiones.

Quizá esta película tenga interés para cinéfilos amantes de la investigación de lenguajes formales, pues para el espectador común puede resultar confusa por el desajuste entre lo que se cuenta y el modo de hacerlo.

Katalin Varga

Katalin Varga (Katalin Varga)

Muy distinta es la producción del rumano Peter Stickland, Katalin Varga, un relato que se ajusta a las convenciones del género narrativo de ficción. Se trata del primer largometraje de este joven director curtido en la dirección teatral y amante de la música actual.

Él mismo reconoce que las inquietantes melodías de Steven Stappleton y Geoff Cox engendraron el hilo conductor de este filme que cuenta la historia trágica de una mujer, Katalin Varga, que emprende un viaje sin retorno impulsada por el odio y la venganza.

Katalin Varga

Es una historia de pocos personajes: la mujer expulsada de su pueblo cuando se descubre que su hijo es de otro hombre que no es su marido; los dos jóvenes que la violaron en el pasado y cuyo castigo persigue Katalin. La muerte del primero se compensa con la demanda de perdón del segundo, y, finalmente, los hechos se precipitan y el cruel destino se cobra un precio con el que todos pierden.

Una mujer y su hijo que recorren en un carro tirado por un caballo los bellísimos caminos del campo transilvano evocado mediante una excelente fotografía que tiene más mérito cuando conocemos el escaso presupuesto y la apasionada vocación de los que impulsaron esta película. Un argumento que pretende acercarnos a la tragedia moderna en la que el primitivismo de los comportamientos y conductas de grupos casi tribales contrasta con los teléfonos móviles y otras tecnologías.

Un logro para tan escasos medios, pero un argumento que corre el peligro de ser interpretado en clave folletinesca en la que los hechos podrían oscurecer las ideas, donde la acción podría ocultar la pretendida reflexión sobre la inutilidad de la venganza, la redención de la culpa y el perdón.

La chica más feliz del mundo (Cea mai fericita fata din lume)

La chica más feliz del mundo (Cea mai fericita fata din lume)

Radu Jude nos presenta a La chica más feliz del mundo (Cea mai fericita fata din lume) que no es otra que la joven Delia, una chica de 18 años que ha ganado un coche de alta gama en un concurso patrocinado por una marca de refrescos. Se trata de una chica corriente, más bien vulgar, de físico poco agraciado y sin una personalidad destacada, que se convierte -como propietaria del caro vehículo- en el centro de una lucha en que se enfrentan tanto los intereses de sus padres como los de la agencia que hace la publicidad de la empresa de refrescos.

Con un guión medido y ajustado a unos diálogos casi teatrales, el director realiza sin piedad alguna la parodia más cruel de las clases medias bajas de la Rumania actual dispuestas a todo con tal de mejorar económicamente. Sin caer en las tópicas hipérboles del género, Radu Jade construye una historia plagada de situaciones cotidianas y conversaciones intrascendentes, de forma tal que refleja con contundente realismo aquello que denuncia: la ausencia absoluta de valores morales en la nueva Rumania europea, su exclusivo interés por el dinero como única garantía de la felicidad futura, por las apariencias de bienestar y riqueza -de las que el coche es signo- y por la manipulación publicitaria y despiadada de las empresas.

Una película interesante por cuanto no enfatiza su pesimista visión de las sociedades occidentales, sino que se limita a mostrar la realidad tal como es. Un fragmento de la vida insustancial de unos personajes que proceden de un fracaso histórico y se disponen a entrar en un mundo desgastado por promesas publicitarias que anuncian una felicidad que no existe más que en la televisión.

Rueda de prensa con el director de 'La chica más feliz del mundo' (Cea mai fericita fata din lume)

Uzak Ihtimal (Wrong Rosary)

El turco Mahmut Fácil Coskun nos ofrece con Uzak Ihtimal (Wrong Rosary) un lírico y lentísimo largometraje cuyo hilo conductor son los sentimientos que una joven enfermera católica suscita en un muecín recientemente llegado a Estambul y en un bibliófilo de edad madura.

Las vidas de ambos hombres se transforman y llenan de luz cuando toman contacto con la bella y frágil Clara, la misteriosa, callada y tímida vecina. Se conforma así un triángulo de personalidades e intereses en el que el vértice principal es el personaje femenino alrededor del cual los dos hombres proyectan sus expectativas.

El argumento se desarrolla en un tempo muy lento que permite mostrar los detalles de la vida cotidiana del joven muecín y el entorno religioso de los creyentes musulmanes y de las mezquitas, así como las idas  y venidas de los otros personajes, uno sumergido en el estudio y restauración de los libros, y la otra entre sus rezos en la  iglesia católica y los cuidados de su madre enferma.

Uzak Ihtimal (Wrong Rosary)

De esta trivial trama, aderezada con una misteriosa investigación y un episodio de fraude de libros con detención policial incluida que no viene mucho a cuento, destaca la contención sentimental por parte de unos personajes que nunca expresan su interior y siempre aplazan sus demandas emocionales. La repetición de los actos cotidianos, con sus rígidos horarios religiosos y la reiteración ritual de las oraciones, parece ser el único universo en que puede vivir Musa, el muecín, condenado a una soledad de la que sólo es consciente cuando al final del filme escuchamos un balbuceo doloroso que no llega a convertirse en llanto.

La película nos permite, además, pasear por los lugares más emblemáticos del Estambul actual, generalmente en compañía de Musa, que al amanecer suele sentarse en los muelles que rodean el Bósforo mientras deja que su mirada se pierda en la lejanía de la costa asiática, como si ésta fuera una metáfora del mundo inalcanzable al que nunca llegará.

En resumen, un buen relato sobre el desencuentro sentimental de unos personajes condenados a no compartir la vida porque rezan con rosarios equivocados, como sugiere el título.

Uzak Ihtimal (Wrong Rosary)
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