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23 Cinema Jove de Valencia (4): el Cannes que no fue

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Revoluciones siempre pendientes
Escribe Adolfo Bellido López

La revolución del sesenta y ocho

Cinema Jove 2008 decidió rendir homenaje este año al Festival de Cannes de 1968. Cuarenta años nos separan de aquella fecha en la que el Certamen vivió los efectos del mayo del 68 parisino.

Realmente 1968, instalado en la década de los sesenta, no fue un periodo de tiempo tan feliz como el que se ha tratado de vender (o magnificar) a las generaciones posteriores. Una fecha que supone una pequeña revuelta, que dé salida al malestar general (de intelectuales y de jóvenes) ante tantas cosas que permanecen ocultas “bajo tierra”. La –así llamada– revolución no sólo se produce en Francia. Hay movimientos estudiantiles de inquietud en muchos lugares. Con ello se pretende concienciar a los ciudadanos sobre los problemas que aquejan al mundo. Eso de la globalización, al menos a nivel ideológico, no es un hecho exclusivo del momento actual, aunque ahora sea más visible.

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En Estados Unidos, los países del Este, Inglaterra, Alemania... se producen movimientos jóvenes de cariz revolucionario alrededor de 1968. Revolución si se quiere burguesa. Como la mayor parte de las revoluciones que han sido. La Revolución Francesa fue, en su momento, un movimiento burgués, como también lo fue la revolución que condujo a la Reunifación Italiana (ese hecho se ejemplariza muy bien tanto en la novela como en la película El gatopardo).

El mayo francés, la primavera de Praga, el campus de Berkeley... fueron algunos de los lugares de prueba para preparar una revolución generalizada, que enseguida fue asfixiada. Y no por ello el mundo ha sido mejor, más justo.

Cannes, su festival, sufrió también las acometidas del fenómeno y se vio obligado a cerrar, en falso, su programación días antes de su clausura. El cierre definitivo del certamen se produjo en el momento en que se iba a proyectar Peppermint frappé de Saura. Varios realizadores (comandados, entre otros, por Godard) ocuparon el escenario y se hicieron fuertes allí subidos, tapando la pantalla. Era el desenlace lógico al estado de agitación que se estaba viviendo. Incluso antes de que eso ocurriera, algunos jurados estaban ya regresando a sus casas. A partir de ese instante todo se precipitó. Varios directores se retiraron también de la competición. Era hora de volver a casa. El año siguiente las aguas deberían bajar (como así fue) más mansas.

peppermint_frappe.jpg

Las películas que estuvieron

Cinema Jove 2008 nos ha traído las películas de aquel Cannes que no se pudiron ver. Ha estado bien repasar algunos títulos o conocer otros que no habíamos visto. Peppermint frappé, por ejemplo, vista ahora, sigue mostrándose como una obra sólida, abierta al posterior periodo de su director, el más interesante y fructífero.

girl_motorcycle.jpgSeduto alla sua destra (Estarás sentado a la derecha) de Valerio Zurlini se plantea como una historia metafórica, en la que un ser “puro” predica en una región del Congo unas ideas basadas en la concordia y la unión entre los pueblos. Tal personaje, interpretado por el “sargento negro” Woody Strode, quiere simbolizar al propio Cristo. Bienintencionada, pero equivocada en su desarrollo, se encuentra alejada del mejor Zurlini.

Girl on a motorcycle, del buen fotógrafo y mediano realizador Jack Cardiff, desea ser un análisis de las crisis propias del momento, mostrando tal hecho a través de un abandono sentimental. Cardiff nunca ha sido grande y mucho menos puede serlo en esta mediocre historia basada en una novela de cierto renombre en aquel momento.

Petulia, de Richard Lester, quiere describir también una crisis de pareja. Una mínima historia que para hacerla más interesante utiliza una técnica brillante, rompedora en su realización. Es como si Lester hubiera tratado de apoyarse en una revolucionaria estética afín a la que había empleado en los títulos que dirigiera con The Beatles (Qué noche la de aquel día, Help). Allí, la elaborada y arriesgada forma nacía de la propia entidad (tendente al absurdo) del grupo musical. En las películas de Beatles la subversión a las reglas del cine clásico se adecua a la no-historia narrada, pero aquí tal procedimiento resulta tan inútil como huecamente brillante. Un intento de narrar un vulgar adulterio desde una novedosa, equivocada y caótica narración. Cada filme, y de eso Fellini sabía mucho, debe sustentarse desde estructuras propias al mismo. Eso, Lester parece no tenerlo en cuenta.

alain_resnais.jpgEl caso opuesto al fallido filme de Lester vendría representado por el casi maestro Je t’aime, je t’aime, un viaje al pasado de alguien que ha perdido su memoria: una manera de hacerse con sus recuerdos, Juego con el tiempo, con la realidad, con el mundo del recuerdo, de la memoria perdida. Su realizador, el gran Alain Resnais, construye desde la realidad un filme cercano a la ciencia-ficción. No hace mucho, Michel Gondry dirigió Olvídate de mí, película que debe mucho a este gran filme de Resnais.

Poco o nada representan en este ciclo un título como Joanna de Michael Sarne, un actor, reconvertido tanto en mediocre guionista como director (de escasas películas), que alcanzaría su mayor éxito en 1970 con Myra Breckinringe según una novela de Gore Vidal. Un filme que contaba con un reparto tan alucinado como la propia película: Mae West, John Huston y Raquel Welch. Joanna si algún interés posee sería su intento de expresar las (falsas) libertades de unos tiempos convulsos a través, ¡como no!, de la desorientación sentimental de una mujer.

grazie_zia.jpgMás anodina es Grazie Zia, un intento de comedía con toques seudoeróticos muy característicos del cine de Salvatore Samperi, director en el que primaba la iniciación sentimental de sus jóvenes personajes... siempre seducidos, pero nunca abandonados.

Poco puede decirse de la película dirigida por el reaccionario productor judío Menahem Golan. Su temible nombre lo dice casi todo. El título era Tuvia vesheva benotav.

En aquellos años sesenta empezaban a adquirir fuerzas las cinematografías de los países del Este europeo, aquellos que estaban detrás del telón de acero. Polonia, Hungría y Checoslovaquia eran ejemplo de aperturismo, al menos, cinematográfico. Sobre todo el país checo que, soñando con su primavera de Praga, nada menos que competía con tres películas de diferente directores.

De Hungría se presentaban dos películas, ambas de Miklós Jancsó. Las dos hablan de revoluciones y de batallas, pero lógicamente centradas en tiempos pasados. Un cine sereno y reflexivo reducido a una serie de estudiados planos secuencia. El cine de Jancsó, como el del resto de los compañeros de aquellos países, volvía sus ojos a la nouvelle vague. Los títulos de sus filmes eran Rojo y blanco y Confrontación.

rojo_blanco.jpg

Checoslovaquia en aquel Cannes de 1968 quiso presentar –y ahora lo hizo en esta revisión de Cinema Jove  2008– Un verano caprichoso de Jiri Menzel. Entonces era actor, guionista y director. Un joven querido de un país que hoy ya no existe al estar dividido en dos. Este título de Menzel es un pequeño filme lleno de símbolos, en el que una serie de personajes representativos de diferentes estamentos (dominantes) de la sociedad hablan y esperan que algo ocurra. Quizá que aparezca un carromato de circo con un saltimbanqui (el propio Menzel), que también hace juegos de magia. Le acompaña (¿la esperanza?) una joven en la que os hombres ponen su vista cansados de las rudas matronas que les rodean.

Película pequeña la de Menzel, demasiado simple, dificultada por su propio carácter metafórico, rinde tributo no siempre consecuente al cine de Fellini. Siempre mirando (entonces y ahora) hacia la ingenuidad de un determinado cine mudo, Menzel trata de trascender sus historias. Y eso es lo peor de su cine. El paso de la comedia a la melancolía o al drama. El sentido de pérdida termina por hundir a quienes tratan de comunicar la alegría como forma de barrer la tristeza de la realidad en que habitan. En ese sentido, Menzel siempre se ha mantenido fiel a su cine. Pero en esta casi inexistente película ni siquiera se acerca al que anteriormente había realizado y con el que se había dado a conocer internacionalmente al recibir el Oscar a la mejor película en lengua extranjera: la interesante, divertida y dramática Trenes rigurosamente vigilados.

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También pudimos ver de Milos Forman Al fuego, bomberos, la primera película que realizó en color y la última que haría en su país antes de pasar a los Estados Unidos. Forman, fiel al estilo de sus primeras películas europeas, desarrolla la historia en un corto espacio de tiempo y la rueda prácticamente en un único escenario. Se trata de narrar la celebración de la fiesta de los bomberos de una ciudad. Una fiesta con tómbola y baile incluidos, en el que deberá elegirse entre las asistentes a una “miss” para que entregue un recuerdo al anciano jefe de los bomberos, aquejado de cáncer. Sus dos filmes anteriores habían sorprendido gratamente en Europa Occidental y a los españoles nos habían llegado vía cineclubs. Eran las muy certeras y divertidas Pedro, el negro y Los amores de una rubia.

Cuando rueda Forman esos dos títulos a los que se une este tercero no puede suponer que años después hará sus películas en Hollywood e incluso llegará a ganar varios Oscar. Con Forman se va a América uno de sus colaboradores, Ivan Passer, firmante de sus guiones en Checoslovaquia, que rodará alguna película en su país como Iluminación intima, en la que también se presiente el toque formaniano. Pero Passer, en Hollywood, ni conseguirá imponer su estilo, ni logrará realizar películas importantes.

Al fuego, bomberos no es la mejor película de Forman. Lo mejor de ella, como en las que había realizado hasta el momento, se encuentra en  la manera de definir y observar a sus personajes, de centrarse en pequeños detalles, retratarlos. Y todo ello desde el punto de vista de un reconocido y agradable humor. En su primera película americana, Juventud sin esperanza, seguirá fiel a ese estilo, que pronto cambiará por otro más solemne, ampuloso, pero sin perder  su cruel y al mismo tiempo, misericordiosa ironía (recuérdese Valmont).

Frente a Menzel o Forman poco tiene que explicar el metafórico y oscuro Jan Nemec con su película La fiesta y los invitados lindante con el más puro sentido del absurdo. Incongruente y de difícil visión, a pesar de su cortedad, el filme pasó a su debido tiempo por la mayoría de los cineclubs españoles.

al_fuego_bomberos.jpg

Conclusión

El cine presentado en el Festival de Cannes de 1968 que nunca fue, hoy aparece en varios casos como anticuado y superado. Lo más interesante de su visión consiste en comprobar cómo gran parte de ellos, desde una representación real o metafórica, aluden a revoluciones, luchas, cambios.

Cine donde los personajes no sólo subvierten valores, sino donde su forma narrativa desea ser (consecuente o inconsecuentemente) rompedora. Mujeres las de aquellos filmes, que tratan de dar vuelo a su libertad de tan difícil consecución. Voces las de aquellos directores, Saura incluido, propicias para lograr que los espectadores (menos cansinos que los de hoy) tomen conciencia sobre unas situaciones de dominio y explotación.

Una lucha, en definitiva, por la libertad, por el cambio en un mundo que quería encontrar nuevas fórmulas. Por eso explotaba. Pero hoy, sus bombas incendiarias se han transformado en simples recuerdos (falsos o reales) para relatar a las nuevas generaciones. En todo caso, hechos siempre magnificados, aunque en la mayor parte de los casos no fueran más que simples trastadas infantiles.

Ha estado bien, muy bien, que Cinema Jove 2008 nos haya dada la oportunidad de repasar ese cine y escuchar a algunos de sus autores.

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