Del documental al largometraje
Escribe Eva Cortés
De entre toda la muestra de cine alemán que hemos podido ver en la undécima edición del Festival alemán, pasamos a comentar aquí dos películas. La primera es el único documental que se ha pasado este año y la segunda uno de los largos presentados a concurso.
Contra el muro (Gesicht zur Wand)
El único documental de esta edición del festival ha sido Contra el muro. El documental no entraba a concurso puesto que no estaba dentro de la sección oficial, sino que formaba parte del ciclo de títulos conmemorativos de los veinte años desde la caída del muro de Berlín.
De forma sobria y sencilla, Stefan Weinert nos acerca los testimonios de cinco personas cuya vida estuvo muy marcada por el muro.
El denominador común en sus vidas, además del muro, fue el sufrir un encarcelamiento por delitos políticos, o lo que es lo mismo, por querer cruzar la frontera hacia la Alemania del Oeste.
Sin música y sin tan apenas imágenes de recurso, fotos, ni voz en off, el filme está compuesto única y exclusivamente por los fragmentos de los testimonios de estas cinco personas.
Entre ellas, por el metraje que se le dedica -de mayor duración- destaca el de una maestra que, cansada de las múltiples prohibiciones de la zona en la que vivía, decidió pasar con su hijo la frontera. Fue cogida y encarcelada como el resto de protagonistas del documental. Relata que estuvo presa dieciocho meses y también cómo se les trataba, cómo tenían que acatar las normas o si no eran llevadas con las mujeres más peligrosas, corriendo el riesgo de ser violadas. Sus ojos azules reflejan un interior cargado de tristeza y recuerdos que ni siquiera el tiempo ha podido borrar.
Otro de los protagonistas vivía en el campo antes de que lo cogieran. Después de estar un tiempo encarcelado ahora que le han quitado sus terrenos, tiene fobias a vivir en la gran ciudad y todavía se está habituando a vivir en un piso.
El tercero de los protagonistas se muestra cabizbajo durante todas sus apariciones, su cara refleja dolor y al final él mismo admite que todavía ahora le cuesta confiar en la gente debido al cuidado con el que tenía que hablar en los tiempos del muro.
Con menos apariciones, una mujer y un hombre también relatan su historia. Ambos fueron cogidos en plena juventud por lo mismo que el resto de protagonistas. El encarcelamiento también marcó sus vidas.
En todos los relatos la cámara está fija, el espectador es un mero observador que no debe distraerse con nada de las palabras de los personajes. Lo importante es captar el mensaje y hacer cercanas a estas personas, por eso la mayoría son primeros planos, aunque por momentos la cámara se aleja y nos muestra sus casas, cómo visten o el entorno en el que viven.
Como decía, es un documental sobrio, algo lento de ritmo y con demasiada información que pretende dar una visión de lo sucedido a muchas personas en la época del muro, encarceladas sin haber cometido delito alguno, y que por ello han sido marcadas para siempre.
Una mujer en Berlín (Anonyma, Eine Frau in Berlin)
Uno de los siete largometrajes presentados en la sección oficial es éste de Max Färberböck, quien es conocido fundamentalmente por September, su segundo largo, presentado en el Festival de Cannes en 2002.
La película de Max Färberböck se ajusta totalmente a la presentación de esta edición en la que se decía que los largometrajes tenían en común el tratar sobre mujeres fuertes y luchadoras.
El de ésta es Anónyma (Nina Hoss) periodista antes de la guerra. Su marido tiene que ir al frente y su ciudad es bombardeada e invadida por las tropas rusas. Al principio se esconde con más supervivientes en un sótano, pero tras ser descubiertas por los soldados busca la mejor manera de sobrellevar tan amargos días.
Todas las mujeres de su alrededor, incluso ella misma, son víctimas de múltiples violaciones. Ella lo escribe todo en sus cuadernos. No deja de escribir en ningún momento,
Estos cuadernos se transformaron en un libro de título Anonyma que se ha convertido en un best-seller internacional.
Anonyma desde el principio decidió no actuar como una víctima y así conoce al oficial Andrzej. Para su supervivencia decide intercambiar relaciones sexuales por protección del resto de soldados, pero lo que empieza de una manera interesada se acaba convirtiendo en amor.
Así que a pesar del horror, los gritos, las bombas, las atrocidades, en el filme de Max también hay cabida para los momentos dulces, para los momentos de euforia y baile, puesto que al final la convivencia entre alemanes y rusos se hace bastante soportable en el pueblo e incluso celebran juntos una fiesta por el final de la guerra.
El espectador asiste a dos horas centradas en la vivencia de esta mujer y sus compañeros lo que hace que el relato decante su punto de vista al lado alemán dando un retrato de los rusos de borrachos y abusadores. Si ponemos en una balanza las veces que los rusos se portan bien con los habitantes del pueblo y las que se portan mal, ganan los abusos. Aunque a veces se nos muestren sin aparente justificación.
Por ejemplo, en un momento de la película, una pareja de alemanes pasea de la mano por la calle y el chico es disparado desde lejos sin motivo alguno. Escenas como esa, carentes de sentido para lo que es la historia de Anonyma, son varias, lo que aumenta la violencia y el patriotismo alemán. Anonyma ni siquiera aparece como presente en lo sucedió así que dudo que aparezca en el libro.
Quizás menos violencia y menos metraje habrían bastado para captar el mensaje del director: hacernos participes de las atrocidades vividas por este grupo de personas durante la segunda guerra mundial. Y es que, una vez más, son los ciudadanos civiles quienes se llevan la peor parte.
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