Alegato contra el absurdo
Paradis Now no es una película política al uso porque no se atrinchera a defender
contra viento y marea una postura ideológica; pero sí que es,
en cambio, una película ética que reflexiona sobre las consecuencias
sociales de los tiras y aflojas dialectales que hacen los dirigentes
de las instancias de poder (las cuales no son estrictamente
“políticas”) y que terminan por influir en el modus
vivendi de la gente de la calle.
Coproducida con capital holandés, israelí, germano y francés, Paradis Now relata los preparativos de
dos jóvenes palestinos, Khaled (Ali Suliman) y Said (Kais Nashef),
que están dispuestos a inmolarse en un atentado suicida para,
quizás, acabar convirtiéndose en héroes/mártires, para luchar
contra la ocupación israelí, para limpiar el nombre de la familia,
por orgullo personal. ¿Cuál es el motivo que puede tener un
joven para dar su vida matando a otros civiles que considera
sus “adversarios”? Ésta es la pregunta a la que parece tratar
de dar respuesta Hany Abu-Assad (director y coguionista) siguiendo
con su cámara los pasos, los sueños y las angustias de ambos
jóvenes durante un par de días clave.
Es un acierto de guión dividir la historia en tres partes, cada
una de las cuales cumple su función. En primer lugar, el estado inicial, cuando se
hace la presentación de los protagonistas mostrando la vida
cotidiana que llevan Khaled y Said, haciendo sus chapuzas como
mecánicos, riendo con la familia y amigos, y fumando apaciblemente
tirados en una de las lomas que rodean la ciudad, es decir,
comportándose como cualquier ciudadano anónimo más. Después,
los preparativos, momento en que los jóvenes siguen,
como si fuera un ritual, el proceso en que se preparan para
cometer el atentado: se adecentan, se prestan al ridiculizado
aparato propagandístico de la organización (que los utiliza
como un peón más en su batalla particular), y les adosan a su
cuerpo las cargas explosivas. Finalmente, el intento frustrado
de atentado, lo cual abre una vía para que ambos afronten
la magnitud (e irreversibilidad) de su acción y se afirmen o
retraigan en su posición. Como si fuera un paréntesis en el
tiempo, Said tiene la “ocasión” de pasearse por las pobladas
calles de Tel-Aviv y experimentar, en momentos diferentes, las
sensaciones de poder y de temor que da saberse poseedor de una
carga explosiva que, con tan sólo tirar de un hilo, puede destruir
la vida a su alrededor, incluyendo la suya.
Con esta estructura argumental, Abu-Assad logra que el espectador
(salvando las distancias) se sitúe en la perspectiva emotiva
de los jóvenes suicidas y sea el propio público quien cuestione,
a cada minuto que pasa Said deambulando en busca de su objetivo,
el valor de dicha acción. No se trata, pues, de juzgar las razones
de un bando u otro del conflicto palestino-israelí, sino que
lo que se pretende es hacer un esfuerzo por comprender los motivos
que tienen los jóvenes suicidas para defender su postura con
semejante coste vital, llegando a entregar su vida. ¿Tan obstruido
está el diálogo que no encuentran otra manera para hacerse escuchar?
¿Es tan difícil ni tan sólo atisbar ese ansiado paraíso
de paz?
Sin duda, Paradis Now
es una película sobria que da mucho juego para quienes afronten
el riesgo de inculcar valores de convivencia.
Daniela T. Montoya