Ignacio Ramonet[1],
director del periódico mensual Le
Monde Diplomatique, y feroz propagandista contra el neocapitalismo,
ha escrito esta compilación de varios artículos de igual temática:
la manipulación de los medios de comunicación –los mass
media–, en concreto el cine. No siendo un experto en
la materia, y sin intentar aparentar lo contrario, este amateur de la crítica cinematográfica nos abre los ojos a la manipulación
ideológica del Séptimo Arte.
Este libro es una
reedición de uno anterior que escribió Ignacio Ramonet en 1980, pero éste incluye además una breve
introducción, más un apunte sobre las nuevas tecnologías –internet[2]–
y del camino que sospecha igual de manido que el cine. La red
de redes nació de forma independiente y anárquica –en el mejor
sentido de la palabra– como medio de información y comunicación,
pero en el siglo XXI se está convirtiendo en una forma nueva más
de control por parte de los poderosos hacia el mundo civil.
Analiza pues, de
forma pedagógica y con claras intenciones políticas el cine por
géneros. Así, desde el cine de catástrofes (como metáfora de la
neurosis colectiva norteamericana) que refleja el miedo a ser
atacados que sufrió la población en la Guerra Fría, hasta las
películas que expresan el horror de la Guerra del Vietnam. Hace
una enumeración del género bélico y ensalza Apocalypse
Now (Francis Ford Coppola, 1979) como la mejor película que
refleja el sin-sentido y la locura de la guerra. También hace
un balance de la conexión entre el cine y la publicidad, entre
este cine sin pretensiones y de claro contenido ideológico del
establishment, y la
seducción que provoca la publicidad. La importancia de adaptarse
la expresión cinematográfica a las circunstancias del momento,
pero no para ser crítica con la situación, sino para evadir de
los problemas a la población civil. Así, en momentos en los que
la violencia se adueña de las calles comenzaron a aparecer en
la pequeña pantalla series que glorifican la labor policial, y
ofrecen tranquilidad frente al caos imperante (ejemplos como los
de Kojak o Colombo son los que elige Ramonet para
representar a esta línea argumental).
Este francotirador
contra el poder del capital, en concreto el norteamericano, ha
abogado siempre por una independencia europea del control económico
y artístico de EEUU[3].
Así, y enfocando más la atención hacia el cine francés –segunda
patria suya, ya que su lugar de nacimiento es Pontevedra– ensalza
en el capítulo dedicado al cine militante[4], que resulta
ser el mejor apartado del libro y en el que expresa su punto fuerte;
narra con concisión la evolución del cine militante. Faltan algunos
nombres importantes, como Ken Loach y Roberto Rossellini, pero
merece sobradamente su lectura. También refleja en un capítulo
esta necesidad de diferenciación del cine europeo, pero también
su inevitable influencia del cine hollywoodiense en los spaguetti westerns, siendo su máximo exponente
Sergio Leone, que a través de la imagen y de los primeros planos
sabe como provocar una apabullante tensión y da lección a muchos
arrogantes de lo que es el Cine .
El neocapitalismo
como forma de poder a través del mercado, en el que a través de
la seducción[5]
se consigue desviar la atención del consumidor hacia nimiedades
e intereses partidistas, es lo que siempre le ha interesado a
este politólogo denunciar, sea en su vertiente periodística o
ensayística, como en este caso.
[2] Este mismo autor tiene un
monográfico sobre este tema : Internet,
el mundo que viene, ed. Alianza, Madrid 1998.
[3] Sobre este tema hay innumerable
bibliografía, siendo el libro más destacado el que escribió
Huy Hennebelle llamado Los
Cinemas Nacionales contra el imperialismo de Hollywood,
ed. Fernando Torres. Valencia 1977.
[4] Sobre el cine militante
hay todo un especialista en España, Andrés Linares que tiene
todo un clásico en este tema: El cine militante, Ed. Castellote.
Madrid 1976, que llamó a todo este fenómeno de la manipulación
ideológica “industria cultural”, siguiendo la estela forjada
por la Escuela de Francfort.
[5] “Hoy sabemos, con espanto,
que nuestra sumisión y el control de nuestros espíritus no serán
conquistados por la fuerza sino a través de la seducción, no
como acatamiento de una orden, sino por nuestro propio deseo,
no mediante el castigo, sino por el nasia de placer…” pág
37 de Golosina Visual, Ignacio Ramonet, Ed. Debate. Madrid 2000.