SPIDER-MAN 2  
 
Título orginal: Spider-Man 2
País, Año:

EE.UU.,2004

Dirección: Sam Raimi
Intérpretes: Alfred Molina, Tobey Maguire, Kirsten Dunst, James Franco. Elizabeth Banks. Bruce Campbell. Rosemary Harris. J.K. Simmons. Dylan Baker. Ted Raimi. Bill Nunn. Donna Murphy. Daniel Gillies.
Producción: Avi Arad. Laura Ziskin.
Guión: Alvin Sargent
Fotografía: Bill Pope
Música: Danny Elfman
Montaje: Bob Murawski
Distribuidora: Columbia Tristar Films de España
Duración: 127 minutos
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

Es lo mismo pero no es igual

Quizás pueda parecer pretencioso endorsar las decisiones del guión a cada uno de los pares de manos que pasaron por este proyecto, sin embargo, en función de sus tareas desempeñadas con anterioridad se confirman muchas sospechas. Aunque todo lo bueno no sea de uno y lo malo de los otros, no resulta descabellado adjudicar la blandenguería a los guionistas que firman Smallville, o bien ofrecerle la autoría a Michael Chabon de la correcta definición de personajes por como lo hace en Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, así como aquellas decisiones que acercan a Spiderman 2 a su cómic de procedencia. Escrito con mas patas que las que tiene el propio Octopus, no hubiera estados de más amputar alguna de ellas: primero fue Koepp, que repetía después de la primera entrega; luego los Smallville, Chabon, y finalmente Alvin Sargent (Gente corriente).

En esta segunda incursión de nuestro vecino y amigo Spiderman, asoma por momentos el mejor Sam Raimi, con su gamberro sentido del humor y demostrando lo bien que sabe hacer las cosas. Un claro ejemplo es la secuencia en la que tras el accidente intentan amputar los tentáculos a Doctor Octopus, y las graciosas patitas se defienden matando a los miembros del quirófano, una terrorífica escena mostrada por la proyección de las sombras en la pared y alguna que otra salpicadura de sangre. La demostración de la felicidad (cinematográfica) con la canción Raindrops keep falling on my head y Peter Parker despojado de su responsabilidad, o que una violinista callejera cante la canción de la mítica de serie de dibujos del héroe en la que se preguntaba Dónde estás Spiderman, son ejemplos de lo que parece una entrega más personal, probablemente por la perdida de presión por parte de la productora, ya que el éxito estaba asegurado.

Para Spiderman, su “don es su maldición”, a Raimi le sucede algo similar, su exceso de virtud le deja al descubierto todos sus defectos. Se agudiza en esta entrega el grave problema de la primera, que carece de equilibrio: lo bueno es mejor, y lo negativo es pésimo. Nada como revisar Darkman para encontrar la esencia de la tragicomedia de un héroe, ese es el equilibrio de la balanza que busca y no encuentra. Si Spiderman era una (re)presentación bastante infantil del personaje, en esta entrega el tono vira dando bandazos del melodrama a la comedia, incluso tiene ecos de la paródica serie El gran heroe americano cuando el hombre araña pierde sus poderes por la pérdida de la confianza.

Si para un adolescente los problemas son magnificados hasta extremos insospechados (véanse las obsesiones de cada uno de los personajes de Elephant), cómo se las tiene que ver un joven que a su vez es un superhéroe. Problemas en el trabajo, en la universidad, con sus amistades, con las chicas, y con la familia; falta de tiempo y de dinero. Muchos de ellos por duplicado debido a su dualidad; como sucede con  su amigo Harry Osborn, que odia a Spiderman por haber matado a su padre, y se enfada con Peter porque lo conoce (ya que le hace fotos) y no le dice dónde lo puede lo encontrar. ¿Qué beneficio tiene por tanto ser un héroe? El hombre araña, llega a verse ridiculizado mientras baja –a los infiernos– en un ascensor, después de no conseguir entregar una pizza a tiempo, con un acompañante que le da la enhorabuena por el disfraz tan conseguido que lleva. Todos estos infortunios le arrastran a tirarlo todo por la borda, y Raimi lo plasma apropiándose de una famosa viñeta, Peter saliendo de un callejón dejando tras de si su uniforme de héroe en un cubo de basura.

Spidey/Peter es golpeado física y psicológicamente tan repetidamente que empieza a parecerse en la capacidad de encaje a Ash –protagonista de la trilogía Evil dead–. Es una lastima que no estuviera esta vez Defoe para despabilar a golpes al alelado Maguire. Héroe y villano se encuentran dominados por su trabajo, y sus devaneos recuerdan que el trabajo no da la felicidad (no como sucede con el dinero, que da paz, salud y descanso). A Octopus le pierde su sueño, su obsesión le quita la vida a su mujer y acaba apoderándose –literalmente– de su mente y cuerpo, en forma de más brazos para trabajar. Entregar una pizza a tiempo, llevar las fotos al periódico para cobrar, llegar a fin de mes, ser puntal por una vez en una cita… son facetas de los más humanas. Si es difícil ser de vez en cuando un héroe, más difícil resulta ser un superhombre. Dentro de todos hay un héroe, vuelve a contar Raimi, en cada individuo –sobre todo de la clase media– hay un superhéroe que sobrevive día a día.

Más tramas, más conflictos, mejores secuencias de acción –con los efectos mejorados–, y humor un punto más adulto. No podían faltar los obligados guiños: Bruce Campbell como portero del teatro sermoneando a Peter por llegar tarde, Stan Lee salvando a una anciana, diversos juegos de palabras con nombres de los creadores del tebeo, y unos títulos de crédito ilustrados por el magnifico dibujante Alex Ross, sintetizando lo sucedido en al entrega anterior –una excelente manera de evitar lo que podría haber sido un innecesario flash-back–.

La relación sentimental entre los protagonistas –cuando funciona– no provoca sed, sino arcadas, ya que por almibarada y empalagosa no acaba de funcionar; por esto y por la cara de cordera degollada de Kirsten Dunst, acontecimiento del que uno se da cuenta cuando no está en una de sus escenas de camiseta mojada –que de nuevo la tiene, y gracias–. Franco ha mejorado (James, no se asusten), Alfred Molina está desaprovechado –Doc Oc y sus motivaciones desaparecen a mitad de la cinta–, la tía May aburre a las ovejas, y de nuevo, el más acertado, es la magnifica caricatura del director del Daily Bugle, Jonnah Jameson. Todo lo contrario sucede con su hijo aparecido por sorpresa, del que se da dos gruesas pinceladas para prepararlo como villano de la función en la tercera entrega.

Es triste que Spiderman hable de responsabilidad, y su resultado sea mejorar lo que ya estaba bien; eso no es ser responsable. En ciertos momentos la estructura se percibe como si alguien hubiera barajado las secuencias, teniendo al espectador entre el infarto y la parada cardiaca, una combinación que da una sensación bastante desagradable. Problema que se agudiza conforme llega el desenlace, donde ni Raimi ni los seiscientos guionistas parecen no saber cual de sus tres finales queda mejor, por lo que echarlos a suertes tuvo que ser la solución.

Israel L. Pérez