UNA ATMÓSFERA FASCINANTE: MEDIANOCHE EN EL JARDÍN DEL BIEN Y DEL MAL
Por Lucía Solaz Frasquet

John Berendt (Syracuse, Nueva York, 1939), antiguo estudiante de Harvard y editor asociado de Esquire, se mudó en 1985 a Savannah, Georgia, para investigar los hechos ocurridos en mayo de 1981. Durante ocho años se dedicó a entrevistar a los vecinos de la localidad y a reunir material para su libro. Medianoche en el jardín del bien y del mal (Midnight in the Garden of Good and Evil) fue publicado por Random House en Enero de 1994 y no tardó en convertirse en todo un fenómeno editorial. Desde entonces se han vendido más de trece millones de copias, ha sido traducido a veintitrés idiomas y ha llevado a cientos de miles de turistas a Savannah, la ciudad del sur de Estados Unidos donde transcurre la acción.

El libro se construye alrededor de la muerte de Billy Hanson a manos de Jim Williams, un anticuario conocido internacionalmente, y los subsiguientes cuatro juicios por asesinato que duraron más de ocho años. Williams fue finalmente declarado inocente, pero el principal interés de la historia para muchos lectores es la riqueza de unos personajes secundarios exquisitamente perfilados y el ingenioso tejido de anécdotas que crean el tapiz de Savannah.

El libro de John Berendt es original, elegante, divertido y altamente entretenido. Los críticos elogiaron casi unánimemente la calidad de la escritura de Berendt, aunque algunos apuntaron que la profusión de personajes y anécdotas resultaba abrumadora, que carecía de una línea argumental fuerte que impulsara la acción y que ambigüedad del final, sobre si la muerte fue asesinato o autodefensa, resultaba decepcionante.

Como veremos, todas estos reparos volverían a aparecer en su adaptación cinematográfica.

Medianoche en el jardín del bien y del mal ganó el Southern Book Award y fue finalista para el premio Pulitzer de no ficción. Sin embargo, su logro más significativo fue el número récord de semanas, 216, que estuvo incluido en la lista de los más vendidos del New York Times.

Warner Brothers compró los derechos de su adaptación cinematográfica y John Lee Hancock (guionista de Un mundo perfecto) fue el encargado de escribir el guión. El libro, que descansa más en la atmósfera que en la historia, presentaba una estructura, con sus continuas digresiones, difícil de adaptar al cine. Tampoco existía un personaje principal en medio de una larga lista de personajes excéntricos, que incluía un inventor que posee un veneno lo suficientemente poderoso como para acabar con toda la ciudad si lo vierte en el suministro de agua, un hombre que se ata moscas a la ropa, otro que pasea a un perro invisible, Minerva, una sacerdotisa vudú o Lady Chablis, un/a extravagante travestido negro. John Lee Hancock trató de resolver estas dificultades eliminando a varios personajes secundarios, comprimiendo los cuatro juicios en uno y convirtiendo al autor en un personaje principal, un periodista neoyorquino que trata de entender a los extraños personajes y misteriosos sucesos de Savannah.

A la Warner no le gustó el guión, pero John Lee Hancock se lo envió a Eastwood y éste se mostró interesado en dirigir la película, con lo que el proyecto siguió adelante.

Dado que Clint Eastwood trabaja de modo discreto, siempre con el mismo equipo, es puntual y no sobrepasa el presupuesto, los ejecutivos de Hollywood tienden a dejarlo tranquilo. No atrae la atención de los estudios como lo puedan hacer Scorsese o Spielberg, por lo que su independencia y margen de maniobra es mucho mayor.

El rodaje comenzó en Savannah en Mayo de 1997 con Kevin Spacey interpretando a Jim Williams y Jude Law como Billy Hanson; John Cusack, bajo el nombre de John Kelso, se convirtió en el personaje de John Berendt; Paul Hipp interpretaba al vividor Joe Odom, Jack Thompson se convertía en el abogado Sonny Seiler (el propio Seiler interpretó al juez durante el juicio), Irma P. Hall hacía de Minerva, y la hija de Eastwood, Alison Eastwood, daba vida a Mandy Nichols (el interés romántico de Odom en el libro y de Kelso en la película). Interpretándose a sí mismas aparecían la cantante y pianista Emma Kelly y la inimitable Lady Chablis; además, el bulldog Uga V, la mascota de la Universidad de Georgia, interpretaba a su padre. Desde Bird (1988) Eastwood no había realizado una película sin intervenir como actor protagonista.

Eastwood aprovechó muy bien las calles y las históricas plazas de Savannah. Además, varias escenas fueron filmadas en la propia Mercer House, la mansión de Williams.

Medianoche en el jardín del bien y del mal se estrenó el 20 de Noviembre de 1997 en Savannah. Las críticas que recibió la película en Estados Unidos fueron más bien tibias. Muchos críticos la consideraron demasiado larga (dos horas y media) y demasiado lenta, además de lánguida, inconexa y divagadora. Las interpretaciones de Spacey y Cusack fueron generalmente consideradas buenas, pero sólo el actor australiano Jack Thompson fue citado como merecedor de un Óscar. La película de Eastwood, sin embargo, fue mucho mejor entendida y apreciada en Europa.

Como veíamos, en Medianoche en el jardín del bien y del mal asistimos a la llegada a Savannah del periodista neoyorquino John Kelso (John Cusack) con la misión de escribir un artículo sobre la famosa fiesta que el rico y misterioso anticuario Jim Williams (Kevin Spacey) celebra cada Navidad. Cuando Jim Williams es acusado del asesinato de su violento amante Billy Hanson (Jude Law), Kelso decide quedarse y escribir un libro sobre lo ocurrido. Mientras recorre la localidad sureña buscando material para su libro y para Sonny Seiler (Jack Thompson), el abogado defensor de Williams, Kelso va descubriendo las diversas excentricidades de los curiosos habitantes de Savannah, entre los que destaca la descarada Lady Chablis (personaje inefable e increíble robaescenas).

La película es efectivamente muy larga y con una dirección pausada, nada que ver con las películas de acción de Eastwood. Esta debió ser la razón principal de su fracaso en Estados Unidos, donde están acostumbrados al consumo rápido, bien sea de comida o de imágenes. Porque, ¿hasta qué punto es un devorador de hamburguesas capaz de apreciar un buen filete?

Eastwood retoma el viejo estilo de contar historias, donde el peso reside en los personajes y donde la narración descriptiva y pausada sustituye al cine de acción policial y a los efectos especiales. Las características del libro de John Berendt se mantienen en la película de Eastwood: una obra con una línea argumental un tanto difusa, escasa acción, ausencia de un protagonista claro, abundancia de personajes secundarios y presencia de elementos tan inesperados como el vudú. Empezando por su evocador título, de Medianoche en el jardín del bien y del mal nos queda sobre todo su atmósfera, tan fascinante como difícil de definir. Es una película que tiene “algo especial”, un componente mágico, evanescente, que perdura en nuestra memoria aunque hayamos olvidado los detalles de la trama.

Partiendo de una “historia real”, el director nos proporciona un nuevo ejemplo de la imposibilidad de conocer la verdad. Es tarea de cada espectador dilucidar lo que ocurrió aquella noche entre Williams y su amante, pues nadie sabrá jamás lo que pasó realmente.

La ambigüedad, la ambigüedad sexual, pero también la moral, tiene aquí un papel importante. La película lanza una mirada sobre las infinitas gradaciones del bien y del mal, de la culpabilidad y la inocencia. No deja de llamar la atención que un reconocido republicano (es decir, políticamente conservador), ligado popularmente a su interpretación de un personaje, Harry el sucio, repetidamente acusado de fascista, racista y machista, trate la homosexualidad de un modo tan sereno, tolerante y exento de crítica. El Eastwood que vemos aquí es personal, íntimo, reflexivo y con un curioso sentido del humor.

Quizá otro tipo de ambigüedad, la narrativa, el hecho de que no exista una línea argumental fuerte ni tampoco encontremos un protagonista y un antagonista sólidos, perjudique a la película. Pero eso también forma parte de su encanto. El guión de Medianoche en el jardín del bien y del mal sería sin duda rechazado en cualquier curso de escritura cinematográfica. No se atiene a las reglas, pero ¿por qué debería hacerlo? Lo que nos importa aquí es que Eastwood logra captar perfectamente la atmósfera y los memorables personajes magistralmente retratados por Berendt.

En el trabajo de los actores, generalmente impecable, destaca como siempre Kevin Spacey (con permiso de Lady Chablis). Spacey vuelve a regalarnos una de sus magníficas interpretaciones, suave, afable y aparentemente carente de esfuerzo, como el encantador Williams, un outsider que trabaja con ahínco para integrarse en la sociedad de Savannah.

No debemos olvidar que la ciudad, maravillosamente fotografiada por Jack N. Green, es otra de las grandes protagonistas de la película. 

La música, del habitual colaborador de Eastwood, Lennie Niehaus, incluye una serie de canciones escritas por Johnny Mercer, natural de Savannah. Como curiosidad cabe mencionar que la mansión de Jim Williams, Mercer House, fue construida por Hugh Weedon Mercer, bisabuelo de Johnny Mercer. La música recibió muy buenas críticas, exceptuando la poco afortunada interpretación del propio Clint Eastwood de la canción Accentuate the Positive.

En definitiva, Medianoche en el jardín del bien y del mal constituye toda una rareza en el cine de Hollywood, una película única, excepcional, que es mejor apreciada como tal.