Murnau

Lubitsch

Ser o no ser,
de Ernst Lubitsch
(1942)

Germania anno zero,
de Roberto Rossellini
(1947)

Hitchcock

Dimitri Tiomkin

Billy Wilder

Jules y Jim,
de François Truffaut
(1961)

Roman Polanski

Milos Forman
 

-------------------------------------------------------------------------------

EL TALENTO EUROPEO EN HOLLYWOOD
Por Lucía Solaz Frasquet

La emigración, tanto dentro de Europa como desde Europa, influenció enormemente el mundo del cine durante su primer siglo. Las condiciones sociales (pobreza e intolerancia racial y religiosa) y los acontecimientos históricos (guerras, gobiernos totalitarios, agitación política) forzaron a la gente a abandonar su tierra, frecuentemente para emigrar a los Estados Unidos.

Ha habido tres periodos en los cuales el influjo de talentos extranjeros en Hollywood ha sido especialmente notable. El primero se produjo en los años veinte y fue el resultado, en gran medida, del miedo de Hollywood hacia la competición europea y su intento de contrarrestarla comprando los servicios de todos los profesionales responsables de tales éxitos, sobre todo, los filmes alemanes y escandinavos. El segundo, a finales de los treinta y principios de los cuarenta, tuvo una naturaleza principalmente política y llevó a Hollywood un conjunto de cineastas, sobre todo franceses y alemanes que huían del nazismo. Algunos, como Billy Wilder y Otto Preminger se quedaron, mientras René Clair y Jean Renoir regresaron a su país poco después de la guerra. La tercera ola tuvo lugar a finales de los sesenta y principios de los setenta y fue, en cierto sentido, una combinación de los dos anteriores: por una parte, un intento por atraer algunas de las figuras responsables del notable renacimiento del interés por el cine europeo que se dio en los sesenta, y por otra parte, traer cineastas como Roman Polanski y Milos Forman que no podían trabajar libremente en sus países.

Los historiadores cinematográficos han prestado particular atención a la segunda de estas incursiones, bien en el contexto del estudio general de la carrera de un director particular, o bien buscando la influencia de los directores europeos en el establecimiento de un género característico como el cine negro.

Estas tres principales emigraciones desde Europa cambiaron para siempre la creciente industria cinematográfica estadounidense. Hollywood emergió como el nuevo hogar de los pioneros cinematográficos y de los futuros magnates que llegaron desde Europa. Carl Laemmle (Universal) llegó de Alemania, Adolph Zukor y William Fox de Hungría, Louis B. Mayer y Samuel Goldwyn de Polonia. Los hermanos Warner eran hijos de un emigrante polaco. Otros personajes llegaron libremente, a menudo invitados por los estudios hollywoodienses: Charlie Chaplin de Gran Bretaña, Ernst Lubitsch de Alemania, Greta Garbo de Suecia. Para otros, como Victor Seastrom, Max Ophüls o Jean Renoir, Hollywood fue un hogar temporal.

Como señala Graham Petrie (1), la mayoría de los directores y estrellas europeas que causan cierta impresión en el mercado americano, reciben en un momento u otro una invitación para trabajar en Hollywood. Entre aquellos que aceptan hay varios grados de adaptación: Alfred Hitchcock y Billy Wilder, por ejemplo, se convirtieron en parte integrante de la escena americana, mientras Jean Renoir y Max Ophüls escogieron, tras unos años en Hollywood, regresar a Europa. Otros, como Michelangelo Antonioni y Lina Wertmüller, disfrutaron de una breve e infeliz relación con Hollywood que dio como resultado un único filme mal recibido.

Las emigraciones desde Europa antes y después de la Primera Guerra Mundial añadieron un gran prestigio a Hollywood, como Alice y Herbert Blaché, matrimonio francés que dirigió películas antes, durante y tras la Primera Guerra Mundial, el cómico italiano Monty Banks, los ingleses Reginald Barker y Charles Brabin, el irlandés Herbert Brenon, etc.

Tras la gran guerra, otros cineastas europeos encontraron más conveniente para sus carreras la industria norteamericana que la de sus propios países sumidos en el caos y en la falta de fondos. Algunos que abandonaron Alemania por la promesa de Hollywood fueron directores como Ernst Lubitsch, F.W. Murnau, E.A. Dupont y Paul Leni, actores como Emil Jannings, Pola Negri y Lya de Putti, y el operador Karl Freund.

La inestabilidad política de Europa del Este también proporcionó una fuente de talentos para Hollywood. De Hungría llegaron Alexander Korda, Michael Curtiz, Béla Balázs, Peter Lorre, Béla Lugosi y Paul Lukas.

De Gran Bretaña llegaron Alfred Hitchcock, Ronald Colman, James Mason, David Niven y Vivien Leigh. Más tarde lo harían Julie Andrews, Dudley Moore, Sean Connery y otros.

En Alemania, afectada por el auge de los nazis, muchos directores, actores, escritores, directores artísticos y otros profesionales se vieron forzados a dejar su país. El trayecto usual era viajar a Francia, de ahí a Gran Bretaña y finalmente a Estados Unidos. Entre los directores se encontraban Douglas Sirk, Fritz Lang, William Dieterle, Ludwig Berger, Robert Siodmak, Otto Preminger, Billy Wilder y Reinhold Schünzel. Hacia finales de los años treinta, alrededor de 500 emigrantes alemanes convirtieron Hollywood en su hogar. Tal y como ha escrito el historiador Tony Thomas, “Podría decirse que el más generoso benefactor de Hollywood fue Adolf Hitler.” (2)

Según Billy Wilder (3), en influjo de cineastas desde Alemania a los Estados Unidos puede ser dividido en dos categorías: en primer lugar encontramos a aquellos que habían sido empleados en los años veinte por los estudios americanos a causa de su notable talento y los éxitos cinematográficos obtenidos en Europa, como F.W. Murnau y Ernest Lubitsch; en segundo lugar, a mediados de los años treinta llegó una avalancha de refugiados judíos que buscaban trabajo basándose en su experiencia en la industria alemana, como Fred Zinnemann, Otto Preminger y él mismo. La mayoría no llegó a Hollywood porque habían sido invitados, como el primer grupo, sino para salvar sus vidas.

Las influencias sobre los filmes norteamericanos fueron numerosas. Directores como Wilder, Siodmak y Lang fueron los principales contribuidores al desarrollo del cine negro, generalmente una mezcla de expresionismo alemán y de realismo poético francés. Numerosas películas, desde dramas de espionaje, a melodramas y comedias (como Ser o no ser, To Be or Not to Be, Ernst Lubitsch, 1942), contenían mensajes antifascistas.

La guerra fría supuso una nueva llegada de profesionales, sobre todo de Europa del Este: Milos Forman e Ivan Passer de Checoslovaquia o Roman Polanski de Polonia.

Además de directores, actores, guionistas, directores artísticos, directores de fotografía y otros miembros del equipo técnico y artístico, también es importante notar el gran número de compositores europeos que trabajaron o desarrollaron su carrera musical en Hollywood, desde Max Steiner, pasando por Franz Waxman, Dimitri Tiomkin, Erich Wolfgang Korngold, Ernest Gold, Frederick Loewe, Nino Rota, Jacques Ibert, Georges Delerue, Maurice Jarre, Michel Legrand, Frederick Hollander, Adolph Deutsch, John Barry, Hans Zimmer, Mikis Theodorakis, Miklós Rózsa, Ennio Morricone, Mario Nascimbene, etc.

De acuerdo con Larry Langman (4), entre las principales influencias europeas sobre Hollywood cabe destacar:

El montaje soviético desarrollado por directores como Sergei Eisenstein. Estos cineastas soviéticos proclamaron que el montaje es la base del arte cinematográfico, al tiempo que reconocían su deuda con el director americano D.W. Griffith como pionero del montaje, aludiendo a El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation, 1915) e Intolerancia (Intolerance, 1916) como arquetipos.

El expresionismo alemán, derivado de artes establecidas como la pintura y el teatro, hizo uso de impresionantes diseños de luces y sombras, perspectivas distorsionadas para provocar misterio y terror, así como estudios psicológicos de los principales personajes. Los técnicos y directores de Hollywood no tardaron en adaptar estas técnicas a sus géneros específicos. Ambos países, entre otros, emplearon elementos del expresionismo para desarrollar emociones primarias que satisficieran al espectador medio y sofisticadas técnicas cinematográficas para los espectadores que buscaban placer fílmico de formas artísticas avanzadas.

La vanguardia francesa emergió a principios de los años veinte y consistió generalmente en dos “escuelas”. Los impresionistas trataban de expresar subjetividad a través de la cámara lenta, la superposición de imágenes y el uso de exteriores e iluminación naturales. Entre aquellos que preferían el cubismo, el dadaísmo y el surrealismo encontramos directores más cosmopolitas e iconoclastas (René Clair, Man Ray, Salvador Dalí, Luis Buñuel), concentrados principalmente en la subjetividad. La escuela documental se centró más en temas de orientación social, siendo Alberto Cavalcanti, Marcel Carné y Jean Vigo sus directores más importantes.

En las décadas siguientes emergieron otros movimientos artísticos. En Francia, el realismo poético que surgió a partir de los años treinta enfatizó dramas urbanos pesimistas, frecuentemente situados en París en los ambientes de la clase trabajadora, con tramas referentes a la criminalidad y atmósferas de perdición.

El neorrealismo italiano se quedó pequeño para el país a principios de los cuarenta. Se concentraba en la filmación en exteriores, el uso de actores no profesionales, un deseo de acercarse a la realidad cotidiana de la Italia de posguerra. Los principales directores fueron Roberto Rosselini, Luchino Visconti, Vittorio de Sica y Cesare Zavattini.

Los cincuenta y principios de los sesenta fueron testigos de la Nueva Ola francesa, que desafiaba la estructura fílmica establecida y tuvo un importante impacto internacional. Un equipo más ligero y barato permitía la filmación en exteriores. Los cineastas de la Nueva Ola ignoraban las fuentes literarias, los grandes presupuestos, las súper estrellas y la dependencia con respecto a los principales estudios, al tiempo que promocionaban la expresión individual del director-autor.

Uno de los géneros más populares, el cine negro, es uno de los mejores ejemplos de esta mezcla internacional de estilos europeos y norteamericanos. En los Estados Unidos, los estudios abrazaron elementos del expresionismo alemán y del realismo poético francés en sus películas de cine negro. Por otra parte, las películas hollywoodienses también afectaron las películas europeas. Finalmente, los filmes europeos tuvieron una gran influencia sobre directores americanos como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Brian de Palma. Esta interdependencia es todavía más obvia en los numerosos remakes hollywoodienses de películas europeas de éxito.

La inmersión de los cineastas europeos en la industria, sociedad y cultura norteamericanas los hizo más conscientes de su nuevo ambiente. Normalmente, estos directores europeos, precisamente por no ser americanos nativos, estaban más capacitados para captar (y criticar) la auténtica realidad norteamericana, detalles que directores nacidos en Estados Unidos podían fácilmente pasar por alto o simplemente dar por sentado. Los cineastas europeos llevaron por lo tanto una actitud fresca hacia Norteamérica, una nueva mirada opuesta a los cineastas nativos que estaban acostumbrados a todo lo que los rodeaba. En realidad, como una vez remarcó Hitchcock, Estados Unidos es una nación de extranjeros. Nick Smedley (5) señala que directores europeos como Fritz Lang, Ernst Lubitsch y Billy Wilder produjeron un cuerpo de películas que discrepaban del idealismo liberal de Hollywood. Lang y Wilder articularon críticas de la sociedad americana que permanecieron silenciadas por sus contemporáneos, al tiempo que Lubitsch formulaba un programa de desacuerdo con el antifeminismo endémico de la vida americana. Los tres desafiaron las asunciones subyacentes en la política exterior y trataron de ampliar el entendimiento de la audiencia respecto a los temas europeos. Además, estos tres cineastas supusieron un importante reto al conservadurismo moral de Hollywood y a las restricciones de la censura del código Hays.

-------------------------------------------------------------------------------

NOTAS

1. PETRIE, Graham: Hollywood Destinies: European Directors in America, 1922-1931. Routledge & Kegan Paul. Londres, 1985, p. 1.

2. Thomas, Tony: The Films of the Forties. Carol. Nueva York, 1993, p. 136.

3. Citado en PHILLIPS, Gene D.: Exiles in Hollywood: Major European Film Directors in America.  Associated University Presses. Londres, 1998, pp. 12-13.

4. LANGMAN, Larry: Destination Hollywood: The Influence of Europeans on American Filmmaking. McFarland. Jefferson y Londres, 2000, p. 4

5. Images of Dissent: European Directors, Hollywood Cinema and the New Deal, tesis doctoral no publicada.

--------------------------------------------------------------------------------