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EL TALENTO EUROPEO EN HOLLYWOOD
Por Lucía Solaz Frasquet
La emigración,
tanto dentro de Europa como desde Europa, influenció enormemente
el mundo del cine durante su primer siglo. Las condiciones sociales
(pobreza e intolerancia racial y religiosa) y los acontecimientos
históricos (guerras, gobiernos totalitarios, agitación política)
forzaron a la gente a abandonar su tierra, frecuentemente para emigrar
a los Estados Unidos.
Ha habido tres
periodos en los cuales el influjo de talentos extranjeros en Hollywood
ha sido especialmente notable. El primero se produjo en los años
veinte y fue el resultado, en gran medida, del miedo de Hollywood
hacia la competición europea y su intento de contrarrestarla comprando
los servicios de todos los profesionales responsables de tales éxitos,
sobre todo, los filmes alemanes y escandinavos. El segundo, a finales
de los treinta y principios de los cuarenta, tuvo una naturaleza
principalmente política y llevó a Hollywood un conjunto de cineastas,
sobre todo franceses y alemanes que huían del nazismo. Algunos,
como Billy Wilder y Otto Preminger se quedaron, mientras René Clair
y Jean Renoir regresaron a su país poco después de la guerra. La
tercera ola tuvo lugar a finales de los sesenta y principios de
los setenta y fue, en cierto sentido, una combinación de los dos
anteriores: por una parte, un intento por atraer algunas de las
figuras responsables del notable renacimiento del interés por el
cine europeo que se dio en los sesenta, y por otra parte, traer
cineastas como Roman Polanski y Milos Forman que no podían trabajar
libremente en sus países.
Los historiadores
cinematográficos han prestado particular atención a la segunda de
estas incursiones, bien en el contexto del estudio general de la
carrera de un director particular, o bien buscando la influencia
de los directores europeos en el establecimiento de un género característico
como el cine negro.
Estas tres principales
emigraciones desde Europa cambiaron para siempre la creciente industria
cinematográfica estadounidense. Hollywood emergió como el nuevo
hogar de los pioneros cinematográficos y de los futuros magnates
que llegaron desde Europa. Carl Laemmle (Universal) llegó de Alemania,
Adolph Zukor y William Fox de Hungría, Louis B. Mayer y Samuel Goldwyn
de Polonia. Los hermanos Warner eran hijos de un emigrante polaco.
Otros personajes llegaron libremente, a menudo invitados por los
estudios hollywoodienses: Charlie Chaplin de Gran Bretaña, Ernst
Lubitsch de Alemania, Greta Garbo de Suecia. Para otros, como Victor
Seastrom, Max Ophüls o Jean Renoir, Hollywood fue un hogar temporal.
Como señala Graham
Petrie (1), la mayoría de los directores y estrellas europeas que
causan cierta impresión en el mercado americano, reciben en un momento
u otro una invitación para trabajar en Hollywood. Entre aquellos
que aceptan hay varios grados de adaptación: Alfred Hitchcock y
Billy Wilder, por ejemplo, se convirtieron en parte integrante de
la escena americana, mientras Jean Renoir y Max Ophüls escogieron,
tras unos años en Hollywood, regresar a Europa. Otros, como Michelangelo
Antonioni y Lina Wertmüller, disfrutaron de una breve e infeliz
relación con Hollywood que dio como resultado un único filme mal
recibido.
Las emigraciones
desde Europa antes y después de la Primera Guerra Mundial añadieron
un gran prestigio a Hollywood, como Alice y Herbert Blaché, matrimonio
francés que dirigió películas antes, durante y tras la Primera Guerra
Mundial, el cómico italiano Monty Banks, los ingleses Reginald Barker
y Charles Brabin, el irlandés Herbert Brenon, etc.
Tras la gran guerra,
otros cineastas europeos encontraron más conveniente para sus carreras
la industria norteamericana que la de sus propios países sumidos
en el caos y en la falta de fondos. Algunos que abandonaron Alemania
por la promesa de Hollywood fueron directores como Ernst Lubitsch,
F.W. Murnau, E.A. Dupont y Paul Leni, actores como Emil Jannings,
Pola Negri y Lya de Putti, y el operador Karl Freund.
La inestabilidad
política de Europa del Este también proporcionó una fuente de talentos
para Hollywood. De Hungría llegaron Alexander Korda, Michael Curtiz,
Béla Balázs, Peter Lorre, Béla Lugosi y Paul Lukas.
De Gran Bretaña
llegaron Alfred Hitchcock, Ronald Colman, James Mason, David Niven
y Vivien Leigh. Más tarde lo harían Julie Andrews, Dudley Moore,
Sean Connery y otros.
En Alemania, afectada
por el auge de los nazis, muchos directores, actores, escritores,
directores artísticos y otros profesionales se vieron forzados a
dejar su país. El trayecto usual era viajar a Francia, de ahí a
Gran Bretaña y finalmente a Estados Unidos. Entre los
directores se encontraban Douglas Sirk, Fritz Lang, William Dieterle,
Ludwig Berger, Robert Siodmak, Otto Preminger, Billy Wilder y Reinhold
Schünzel. Hacia finales de
los años treinta, alrededor de 500 emigrantes alemanes convirtieron
Hollywood en su hogar. Tal y como ha escrito el historiador Tony
Thomas, “Podría decirse que el más generoso benefactor de Hollywood
fue Adolf Hitler.” (2)
Según Billy Wilder
(3), en influjo de cineastas desde Alemania a los Estados Unidos
puede ser dividido en dos categorías: en primer lugar encontramos
a aquellos que habían sido empleados en los años veinte por los
estudios americanos a causa de su notable talento y los éxitos cinematográficos
obtenidos en Europa, como F.W. Murnau y Ernest Lubitsch; en segundo
lugar, a mediados de los años treinta llegó una avalancha de refugiados
judíos que buscaban trabajo basándose en su experiencia en la industria
alemana, como Fred Zinnemann, Otto Preminger y él mismo. La mayoría
no llegó a Hollywood porque habían sido invitados, como el primer
grupo, sino para salvar sus vidas.
Las influencias
sobre los filmes norteamericanos fueron numerosas. Directores como
Wilder, Siodmak y Lang fueron los principales contribuidores al
desarrollo del cine negro, generalmente una mezcla de expresionismo
alemán y de realismo poético francés. Numerosas películas, desde
dramas de espionaje, a melodramas y comedias (como Ser
o no ser, To Be or Not to Be, Ernst Lubitsch, 1942),
contenían mensajes antifascistas.
La guerra fría
supuso una nueva llegada de profesionales, sobre todo de Europa
del Este: Milos Forman e Ivan Passer de Checoslovaquia o Roman Polanski
de Polonia.
Además de directores, actores, guionistas, directores artísticos,
directores de fotografía y otros miembros del equipo técnico y artístico,
también es importante notar el gran número de compositores europeos
que trabajaron o desarrollaron su carrera musical en Hollywood,
desde Max Steiner, pasando por Franz Waxman, Dimitri Tiomkin, Erich
Wolfgang Korngold, Ernest Gold, Frederick Loewe, Nino Rota, Jacques
Ibert, Georges Delerue, Maurice Jarre, Michel Legrand, Frederick
Hollander, Adolph Deutsch, John Barry, Hans Zimmer, Mikis Theodorakis,
Miklós Rózsa, Ennio Morricone, Mario Nascimbene, etc.
De acuerdo con
Larry Langman (4), entre las principales influencias europeas sobre
Hollywood cabe destacar:
El montaje soviético desarrollado por directores como Sergei Eisenstein. Estos cineastas soviéticos
proclamaron que el montaje es la base del arte cinematográfico,
al tiempo que reconocían su deuda con el director americano D.W.
Griffith como pionero del montaje, aludiendo a El
nacimiento de una nación (The
Birth of a Nation, 1915) e Intolerancia
(Intolerance, 1916) como
arquetipos.
El expresionismo alemán, derivado de artes establecidas como la pintura y el teatro, hizo uso de
impresionantes diseños de luces y sombras, perspectivas distorsionadas
para provocar misterio y terror, así como estudios psicológicos
de los principales personajes. Los técnicos y directores de Hollywood
no tardaron en adaptar estas técnicas a sus géneros específicos.
Ambos países, entre otros, emplearon elementos del expresionismo
para desarrollar emociones primarias que satisficieran al espectador
medio y sofisticadas técnicas cinematográficas para los espectadores
que buscaban placer fílmico de formas artísticas avanzadas.
La vanguardia francesa emergió a principios de los años veinte y consistió generalmente en dos “escuelas”.
Los impresionistas trataban de expresar subjetividad a través de
la cámara lenta, la superposición de imágenes y el uso de exteriores
e iluminación naturales. Entre aquellos que preferían el cubismo,
el dadaísmo y el surrealismo encontramos directores más cosmopolitas
e iconoclastas (René Clair, Man Ray, Salvador Dalí, Luis Buñuel),
concentrados principalmente en la subjetividad. La escuela documental
se centró más en temas de orientación social, siendo Alberto Cavalcanti,
Marcel Carné y Jean Vigo sus directores más importantes.
En las décadas
siguientes emergieron otros movimientos artísticos. En Francia,
el realismo
poético que surgió a partir de los años treinta enfatizó dramas
urbanos pesimistas, frecuentemente situados en París en los ambientes
de la clase trabajadora, con tramas referentes a la criminalidad
y atmósferas de perdición.
El neorrealismo italiano se quedó
pequeño para el país a principios de los cuarenta. Se concentraba
en la filmación en exteriores, el uso de actores no profesionales,
un deseo de acercarse a la realidad cotidiana de la Italia de posguerra.
Los principales directores fueron Roberto Rosselini, Luchino Visconti,
Vittorio de Sica y Cesare Zavattini.
Los cincuenta y
principios de los sesenta fueron testigos de la Nueva Ola francesa, que desafiaba la estructura fílmica establecida
y tuvo un importante impacto internacional. Un equipo más ligero
y barato permitía la filmación en exteriores. Los cineastas de la
Nueva Ola ignoraban las fuentes literarias, los grandes presupuestos,
las súper estrellas y la dependencia con respecto a los principales
estudios, al tiempo que promocionaban la expresión individual del
director-autor.
Uno de los géneros
más populares, el cine negro, es uno de los mejores ejemplos de
esta mezcla internacional de estilos europeos y norteamericanos.
En los Estados Unidos, los estudios abrazaron elementos del expresionismo
alemán y del realismo poético francés en sus películas de cine negro.
Por otra parte, las películas hollywoodienses también afectaron
las películas europeas. Finalmente, los filmes europeos tuvieron
una gran influencia sobre directores americanos como Martin Scorsese,
Francis Ford Coppola y Brian de Palma. Esta interdependencia es
todavía más obvia en los numerosos remakes hollywoodienses de películas europeas de éxito.
La inmersión de
los cineastas europeos en la industria, sociedad y cultura norteamericanas
los hizo más conscientes de su nuevo ambiente. Normalmente, estos
directores europeos, precisamente por no ser americanos nativos,
estaban más capacitados para captar (y criticar) la auténtica realidad
norteamericana, detalles que directores nacidos en Estados Unidos
podían fácilmente pasar por alto o simplemente dar por sentado.
Los cineastas europeos llevaron por lo tanto una actitud fresca
hacia Norteamérica, una nueva mirada opuesta a los cineastas nativos
que estaban acostumbrados a todo lo que los rodeaba. En realidad,
como una vez remarcó Hitchcock, Estados Unidos es una nación de
extranjeros. Nick Smedley (5) señala que directores europeos como
Fritz Lang, Ernst Lubitsch y Billy Wilder produjeron un cuerpo de
películas que discrepaban del idealismo liberal de Hollywood. Lang
y Wilder articularon críticas de la sociedad americana que permanecieron
silenciadas por sus contemporáneos, al tiempo que Lubitsch formulaba
un programa de desacuerdo con el antifeminismo endémico de la vida
americana. Los tres desafiaron las asunciones subyacentes en la
política exterior y trataron de ampliar el entendimiento de la audiencia
respecto a los temas europeos. Además, estos tres cineastas supusieron
un importante reto al conservadurismo moral de Hollywood y a las
restricciones de la censura del código Hays.
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NOTAS
4. LANGMAN,
Larry: Destination Hollywood:
The Influence of Europeans on American Filmmaking. McFarland.
Jefferson y Londres, 2000, p. 4
5. Images of Dissent: European Directors, Hollywood
Cinema and the New Deal, tesis doctoral no publicada.
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