DOGVILLE  
 
Título orginal: Dogville
País, Año:

Alemania, Dinamarca, Finlandia, Francia, Holanda, Italia, Noruega, Suecia, 2003

Género: Thriller
Dirección: Lars von Trier
Intérpretes: Nicole Kidman, Stellan Skarsgård. Chloë Sevigny. Patricia Clarkson. James Caan. Lauren Bacall. Ben Gazzara. Jean-Marc Barr. Zeljko Ivanek.
Voces: John Hurt
Guión: Lars von Trier
Montaje: Molly Marlene Stensgård.
Distribuidora: 20th Century Fox
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un pueblo deicida

Esta película que provoca reacciones dispares en los espectadores que la han visto y opiniones encontradas entre los cinéfilos (algunos dicen: ¡esto no es cine!) es espejo de lo que es la obra artística y personal de su mismo director: Lars von Trier, cineasta experimentador, libre y provocador donde los haya y signo de contradicción para los seguidores del cine como lenguajes de expresión del mundo. Él ha inventado esa especie de nueva forma de hacer cine, que dice fomentar –además abaratar costes– la libertad total de sus cineastas. Se llaman las películas Dogma y se caracterizan entre muchas cosas, por su falta de iluminación artificial y por su bastante molesto movimiento de cámara pues ésta no se fija en trípode sino que va a los hombros o en las manos de los operadores.

Aclamada en el último festival de Berlín, Dogville no difiere gran cosa de sus otras obras:  Europa, Rompiendo las olas, Los idiotas, Bailar en la oscuridad… Siempre un asunto que le preocupa: una sociedad cerrada, intolerante e hipócrita, que oculta sus crímenes o pecados bajo el manto de la honorabilidad y a donde llega una criatura noble y generosa que se entrega hasta el sacrificio para redimirla. El choque se deja enseguida entrever. Sin embargo, mientras en los otros filmes, la resolución implicaba un mensaje positivo, aquí el final de la película desemboca  en una resolución  muy pesimista.

A Dogville, un pueblo recóndito en las Montañas Rocosas, en los años de la Depresión Económica, llega huyendo de una banda de gangters una mujer asustada, Grace. El pueblo la acoge y esconde a regañadientes y la alimenta y viste a cambio de que sirva a los vecinos. La bondad y generosidad de ésta e incluso su capacidad de sacrificio, hacen que la vida de los vecinos del pueblo se transforme. Pero los vecinos cada día exigen más hasta llegar a prostituirla y a esclavizarla. Un día ocurre algo inesperado…

Advertimos a los espectadores incautos que esta película es algo difícil de contemplar, dado el nivel de experimentación con que ha sido rodada, cosa común en la obra de su director. A veces parece una obra de teatro porque el escenario es un inmenso plató rodeado de un gran telón negro. Las casas y las calles del pueblo no existen: son marcadas con líneas blancas en el suelo. No hay puertas: sólo se oyen su rechinar cuando éstas se abren o cierran. De la iglesia sólo se nos muestra la espadaña que está suspendida. Y el perro, que da nombre al poblado, es un dibujo en el suelo, que gruñe y ladra en distintos momentos del filme y que parece hacer las veces del coro griego… hasta que al final se transforma en una realidad tangible

Esta llamativas anomalías que son advertidas con incomodidad al comenzar del filme, pronto se obvian porque el espectador cae en las redes de una narración apasionante y que le obliga a seguir el pensamiento de su director. La película está repleta de referencias a obras literarias como son La visita de la vieja dama de Dürremarrt, Nuestra ciudad de Thornton Wilder o al cine de Carl T.Dreyer (las secuencias de la reunión de la comunidad en el iglesia).

Y posee sin duda un buen puñado de elementos religiosos: el mismo pueblo con las casas sin paredes ni tejados donde una mirada superior –¿la de Dios?– parece escrutar todos los secretos íntimos de sus habitantes. Es muy curioso que el rebelde Lars von Trier, de educación luterana, se convirtiera hace pocos años al catolicismo. La temática de muchos de sus filmes está entonces muy cercana a éste: sacrificio y redención, presencia de Dios en medio incluso del mal, triunfo de la gracia frente al pecado, –¿es casualidad que la protagonista lleve el nombre de Grace?–... Fellini, Bresson y Dreyer, sálvense las distancias, son citas implícitas o explícitas en sus filmes.

Yo ofrezco una especie de lectura religiosa de Dogville, pues parece seguir el esquema bíblico del enviado de Dios que es acogido al principio por el pueblo de Israel y que después éste le mata, como pasó con los profetas y después pasó con el mismo Jesucristo. En este filme incluso se deja entrever la escenificación de las palabras de Jesús puestas en sus labios como profecía y seguramente atribuidas a él después de que los hechos de la destrucción de Jerusalén ocurriera que precisamente en estos días del tiempo de Adviento en el arranque del año litúrgico se leen: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas…!”. O las palabras del prólogo del Evangelio de Juan que dicen: “vino a los suyos y los suyos no le recibieron”. A lo largo de la película podemos identificar momentos que recuerdan la parábola de los viñadores homicidas, el momento de intercesión de Abrahán por la ciudad de Sodoma,  la presencia del ángel vengador, la ejecución del traidor sería el final de Judas (¡a manos del mismo Jesús!). La apoteosis apocalíptica con que acaba el filme corrobora lo dicho.

La interpretación de los actores es magnífica. Hay en el reparto viejas figuras míticas del cine. Nicole Kidman está soberbia en el papel de Grace. La fotografía, oscura o brillante cuando es preciso es muy original.

José Luis Barrera