Principal
Arriba

Guerrilleros de la memoria
La España de las ilusiones
Imitaciones, copias, coincidencias
Calle Mayor junto a la Catedral
Mentiras, cobardías, silencios
El cine de Bardem
Señora necesitada busca...
Ficha completa de Calle Mayor
Bibliografía sobre Calle Mayor

MENTIRAS, COBARDÍAS, SILENCIOS Y TRAICIONES. LA BURGUESIA EN LA ESPAÑA DE FRANCO: EL CINE DE JUAN ANTONIO BARDEM

PRIMERA PARTE: EN TORNO A LA CALLE MAYOR

Por Adolfo Bellido 

24. Tras la misa, en plena Calle Mayor, Juan (el apuesto Don Juan) piede a Isabel que salgan juntos. Ella no lo ve claro. ¿Será casual el rótulo que hay tras ellos?1. LA CENSURA DE NUNCA MAS

En el comienzo de Calle Mayor se presenta una determinada ciudad de provincias situada en un lugar muy concreto. Algo que, en parte, parece contradecir la voz en off del prólogo. Una contradicción que en nada anula muchas de las cosas enunciadas pero que sirvió para sortear, engañar a la inapelable y torpe censura que padecíamos los españoles en aquellos años en los que se iba desgranando la década de los cincuenta.

De eso, la forma de escapar o anular a la censura, sabían bastante nuestros mejores directores en activo en los tiempos más oscuros del apocalíptico franquismo. Uno de los casos más conocido es el “inventado” por el irónico Buñuel para conseguir realizar en España Viridiana (1961). El aragonés tuvo que cambiar el final del guión original ya que los censores consideraron “pecaminoso” el hecho de que la angelical protagonista se “ofreciese” a su primo. El que se rodó finalmente era mucho más vitriólico pero sorteó la censura al estar propuesto de forma implícita: la primea consumación amorosa de la pareja se convertía en una divertida relación triangular con, incluso, connotaciones de clase social. Un engaño a la censura en toda regla, aunque otras propuestas, en aquella provocada película, difusas sobre el guión pero no en las potentes imágenes rodadas, iban a cerrar la posibilidad, a pesar de conseguir el primer premio en el festival de Cannes, de estrenar el filme en la España de Franco a pesar de ser de nacionalidad española. Durante años fue castigada Viridada a arrastrar por el mundo un hipotético pasaporte mejicano como mal menor antes de destruir, como quisieron aquí algunos, tan “herético” ajuste de cuentas.

25. Esa noche Isabel no puede dormir. Da vueltas en la cama. Todo gira y gira... quizá demasiado deprisa para la pobre e ingenua hija de un soldado.Si esto le ocurría aquí al extraordinario Buñuel ¿qué podía ocurrir durante la dictadura franquista a otros realizadores de escaso predicamento internacional al intentaban “edificar” un cine distinto y comprometido en las antípodas del “construido” en el país? Era el caso de los falangistas camisas viejas que se habían animado a “levantar” el filme social Surcos (1951) y entre los que se contaba al guionista Torrente Ballester y al director Nieves Conde. Debían esconder las primarias intenciones en cuentos o comedias costumbristas, como sucede en algunos títulos del extranjero Ladislao Vajda, un realizador más importante de lo que se le ha considerado normalmente) como: El cebo (1958), Mi tío Jacinto (1956), Carne de horca (1953), Tarde de toros 1955), Marcelino pan y vino (1954), o echar mano de un lenguaje más o menos críptico como ocurre en el cine de Carlos Saura y en gran parte de las obras adscritas al comienzo de los años sesenta al movimiento del “nuevo cine”...

Juan Antonio Bardem lo tuvo crudo, desde sus primeras películas, para hacer un cine comprometido desde la libertad. Se le aisló como si fuese un apestado ya que quedo marcado por sus simpatías políticas. De ellas se podía llegar a la certeza de su militancia en el Partido Comunista de España junto a gente tan allegada a su persona como Ricardo Muñoz Suay. Las intervenciones del realizador de Calle Mayor en las Conversaciones cinematográficas de Salamanca de 1955 habían mostrado claramente, si no se tuviese claro, cuál era su postura política. Entre otras lindezas había dicho en el foro salmantino que el cine español era “políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico”.

En aquellas reuniones Bardem había ofrecido en primicia nacional, proveniente del festival de cine de Cannes donde había conseguido el premio Internacional de la Crítica, su filme Muerte de un ciclista de claro enfoque político, quizá el primero realizado en ese sentido en España desde el triunfo en 1939 del bando rebelde. Por ello tuvo serios problemas con la censura: estuvo prohibida durante un tiempo y sólo se pudo ver después de determinados cambios, como la alteración del final (“el cambio del final demostraba que los censores no creían ni en la justicia ni en la Misericordia Divina porque un personaje que hiciese un acto reprobable tenía que caer fulminado inmediatamente” confesaba Bardem a Antonio Castro en el número 245 de la revista “Dirigido”) y de diversos diálogos. También se cortaron escenas (“las nuevas generaciones cuando ven esta película, no ven la versión original, porque así como en el resto del mundo ven la versión integra por lo menos de imagen. La película que se ve aquí está hecha a medias entre la Junta de Censura y Bardem...” comentario de Bardem en la misma entrevista). Se trataba del primer enfrentamiento del realizador con la censura, un hecho que sería prácticamente continuo en las películas que realizase en la época de la dictadura.

26. Como si dudara de lo que ha vivido esa tarde, Isabel se mira al espejo: le devuelve la imagen de una solterona de 35 años... pero algo está cambiando.2.- SIGNIFICANTE Y SIGNIFICADO

Aunque Bardem intentara sortear a la censura con las palabras en off que abrían Calle Mayor, esa era la forma con la que comenzaba la mayor parte de sus películas. Pero aquí esa forma de inicio aparenta un determinado carácter genérico y atemporal negado por las posteriores imágenes. No es pues una historia general a cualquier país y tiempo y sí una historia concreta desarrollada tanto en tiempo como en espacio. Las palabras enmascaraban el carácter temporal de la película como manera de huir de la censura. De todas maneras hechos como este deben estudiarse con cierto detenimiento.

Hay películas concretas en el tiempo, realizadas como forma de ataque o reflejo de un determinado momento histórico y que como tal pueden servir de estudio o visión de una determinada situación histórica bien como documento, concienciación, crítica, reflexión... Se trata de títulos que suelen poseer más de una simple lectura. Pueden citarse, independiente de su calidad, obras tan dispares, como Solo ante el peligro (1952) de Fred Zinnemann, La ley del silencio (1954) de Elia Kazan, Ultimátum a la Tierra (1951) de Robert Wise, La invasión de los ladrones de cuerpos (1957) de Don Siegel, Ladrón de bicicletas (1948) de Vittorio de Sica, Roma ciudad abierta (1946) de Roberto Rossellini, Le corbeau (1943) de Henry-Georges Clouzot, La caza (1963) de Carlos Saura, Gangs of New York (2002) de Martin Scorsese, El ángel exterminador (1962) de Luis Buñuel, El halcón y la flecha (1950) de Jacques Tourneur, Espartaco (1960) de Stanley Kubrick...

27. Y es que Isabel ha estado en el cine con Juan. Juntos. ¡¡Juntos!! Esas entradas son la prueba. Isabel sigue despierta, soñando...Centrémonos en Sólo ante el peligro. La película de Zinnemann habla, en una lectura escondida, de la realidad vivida en aquel momento en Estados Unidos: la  vergonzante caza de brujas desencadenada como producto de la paranoia fascista, centrada en el ataque a las izquierdas y especialmente al comunismo. Zinnemann lo cuenta echando mano de una historia propia del western en la que se muestra el enfrentamiento entre un sheriff y los delincuentes que envió a la cárcel y que juraron vengarse en cuanto salieran de prisión. El representante del orden debe hacer frente ahora pues a su inmediato problema, pero en total soledad ya que nadie ni cooperativamente ni individualmente está dispuesto a ayudarle. La película puede verse sin conocer las razones que llevaron e implicaron su realización, así el filme nos hablaría “atemporalmente” y únicamente del egoísmo, la soledad,  la relación y enfrentamiento entre lo comportamientos positivos y negativos de siempre. Si consideramos la otra lectura la riqueza “ideológica” de la película será mucho mayor.

Un sentido parecido se encuentra en las primeras películas de Bardem, excepción quizá de Felices Pascuas (1954), bien sean dirigidas en colaboración con Berlanga o en solitario o bien, incluso, hagan referencia a algunos guiones escritos para ser rodados en principio por él, en colaboración con otros directores (caso de Bienvenido Mr. Marshal, 1952) o simplemente escritos para otros realizadores. La doble lectura, o un  sentido implícito dado por una explicitación en primer plano, aparece en Esa pareja feliz (1951), Cómicos (1953), Muerte de un ciclista (1955), La venganza (1957), Sonatas (1959), A las cinco de la tarde (1960), Los inocentes (1962), Los pianos mecánicos (1965), El puente (1976), Siete días de enero (1978), Resultado final (1997) y por supuesto dos títulos con muchísimas semejanzas entre si, como son Calle Mayor (1956) y Nunca pasa nada (1963), probablemente las dos mejores películas filmadas por el realizador.

28. Al día siguiente, Isabel sigue en una nube: habla y habla sin parar de su fracasada vida, sin darse cuenta que Juan no se atreve a dar la cara.El título más elemental políticamente de Bardem quizá sea Muerte de un ciclista al que recientemente las nuevas generaciones han podido tener acceso por medio del DVD editado por el periódico “El País” en su colección (muy irregular) de cine español. El adulterio de la pareja protagonista debió ser mal asumido por la censura española. Pero eso en realidad no era más que una argucia para definir un proceso de lucha de clases. Algo así, pero mucho más ingenuo por parte del director español aunque parezca lo contrario, era la inteligente propuesta ofrecida por Tourneur y sus guionistas en una película de aventuras como El halcón y la flecha.

En Muerte de un ciclista aparecían falangistas de viejo y nuevo cuño fieles a unos principios (?). Unos, escaladores sociales, los otros en el ranking social eran trabajadores a los que se les “chupaba” la sangre hasta el punto de ser “eliminados” (el ciclista muerto). La burguesía dominada oscilaba entre uno y otro grupo (la alta burguesía y la clase trabajadora). Se sentía incapaz de tomar decisiones coartada por culpas etéreas. Metáfora de una España negra en la que algo se empezaba a mover: los estudiantes exigiendo nuevas perspectivas. Hoy, años después de su realización, al contrario de lo deseado por Bardem, es la historia presentada en primer plano lo que más interesa del film, la parte implícita se nos presenta como demasiado ingenua cuando no ridícula. Lo curioso es que la censura no “cogió” el sentido del filme y, con ciertos recortes y añadidos dio el visto bueno a la película. El cambio que se vio obligado a introducir representaba  la muerte de la protagonista, como justo castigo a su maldad. El final escrito por el director era radicalmente distinto: Bosé se reunía “felizmente” con su engañado marido después de haber eliminado al dubitativo, y por tanto molesto, amante. Lo importante, para el realizador. era la ausencia de una destino que castigara el delito.

La crítica francesa fue la primera, con motivo del pase del filme en Cannes, que despejó las dudas respecto al sentido político de Muerte de un ciclista. Fueron los críticos de allá los que no tuvieron reparo alguno en explicar cuál era el sentido político de la película. Probablemente lo hicieron porque no escribían en España. Aquí, entonces, hubiera sido imposible hacer esos comentarios.

29. Pero no es una nube, sino un abismo lo que hay junto a Isabel. Y la imagen de Juan, con las casas colgantes de fondo, así nos lo recuerda: del cielo al abismo hay sólo un paso.Sobre Calle Mayor, película mucho más inteligente, adulta y sería, hablaremos más tarde, aunque habrá que adelantar que su mensaje político, que existe, no es tan elemental como el de Muerte de un ciclista. En La venganza título que sustituirá al primitivo (¡prohibido por la censura!) de Los segadores se habla de una idea que en el año de la realización del filme proclama el PCE: la necesaria pacificación (concordia, conciliación) de los españoles como manera de superar la dictadura y la guerra civil. Se señala un hermanamiento entre unas personas que, en principio, se odian. En medio de de los dos protagonistas masculinos una mujer (¿España?). Por si las cosas no estuvieran claras Bardem echa mano de un personaje “conciencia” (interpretado por Fernando Rey, actor que había intervenido en alguna de sus películas anteriores en pequeños papeles, por medio de la voz en off del principio o como doblador de algún actor extranjero) para lanzar literalmente al espectador, de manera que no hubiera dudas, toda la idea de la película. Lo que ocurre es que la censura (otra vez) le obliga a cambiar algo de mayor importancia que el título: la película que en el guión original transcurría en la misma época del rodaje pasa a “vivirse” durante los años treinta, es decir con anterioridad a la guerra civil. Un cambio totalmente traicionero.

La adaptación de dos “sonatas” de Valle Inclán (la de verano y la de otoño) sirve a Bardem para impartir otra lección política en Sonatas. Se traiciona el espíritu del genial escritor gallego (sus sonatas no dejan de ser escritos menores frente al resto de su inmensa obra) en pos de una idea que le interesa al realizador: la búsqueda de una libertad personal y colectiva en un mundo opresivo, aniquilador del individuo y en el que no existe conciencia de clase.

Entre los títulos posteriores del director, se puede encontrar el planteamiento político-social agazapado o en primer plano en:

a) Los pianos mecánicos una elemental crítica a una burguesía (la clase que normalmente ha protagonizado todas sus películas) vergonzante, parada, escondida en sus inmovilistas propuestas, esperando un no se sabe muy bien qué. Una mirada también sobre los tiempos que se corresponden con el comienzo del boom turístico como falso entorno de una verdadera libertad escondida en una (pequeña) apertura de libertinaje sexual.

b) A las cinco de la tarde, donde el hombre es explotado por una determinada clase para diversión de otras. El mundo de los toros sirve a Bardem como contrapunto de lo español en una reflexión sobre la vida y la muerte. Se aprovecha su escritura de la radical presencia de Alfonso Sastre.

c) Los inocentes, donde la corrupción (como un antecedente de Resultado final) es el elemento primordial de la historia referenciada desde unos claros planteamientos políticos

d) El puente, más directo como corresponde al tiempo del rodaje, habla de la escasa concienciación política del mundo obrero e, indirectamente hace referencia a la explotación y la marginación. Todo ello conseguido parcialmente al esconderse en una aparente película afín a lo que se dio en llamar “landismo” (y con el protagonismo del propio Alfredo Landa) y que parte de una buena historia del escritor Daniel Sueiro. 

e) Siete días de enero: reconstrucción de tono casi documental de la matanza de los abogados laboralistas en los primeros (y terribles) años de la transición política.

30. Un abismo que Isabel se niega a ver: ella sólo ve su sueño hecho realidad, ignorando que a su espalda está Juan, que nunca la mira a los ojos, y más allá... el abismo.3.- CONCIENCIA Y ÉTICA MARXISTA... ¿O SIMPLEMENTE CRISTIANA?

Los protagonistas de la mayor parte de las películas de Bardem son individuos burgueses que se mueven entre las contradicciones de su clase y un ansia de despertar su conciencia como forma de redención más individual que colectiva. De ahí que el sentido marxista liberador de una sociedad anclada en un pasado opresor se suele dilucidar en el cine de Bardem, a pesar de sus primarias querencias, en un enfrentamiento con una conciencia que parece “morderle”. Se trata de la culpa, la eterna culpa del repetitivo don Juan español que da vida al protagonista de varias de sus películas. Un personaje que en sus silencios lleva el estigma de una irremediable condena que desea transmutar, reconvertir en un estado de paz interior. Algo que, como en los primeros títulos de Fellini, tiene que ver con la redención personal y su anhelo de gracia. De ahí que el moralismo bardemiano tenga que ver bastante con un planteamiento cristiano.

Culpa y búsqueda del perdón parecen ser el puente por el que caminan sus protagonistas. La expiación de su culpa sería el fin de su sufrimiento. Pero ¿cuál es realmente su culpa? No lo es sólo por lo que han hecho o han dejado de hacer ellos, lo es también por la sociedad que les rodea y les ha hecho ser como son. El franquismo en el que cohabitan estos seres. Un sentido político, o lo que sea, les ha marcado a fuego una forma de pensar, de ser, impidiéndoles, ante un miedo que nunca parece acabar, rebelarse contra la sociedad que no les gusta. Lo mejor, parece ser, será dejarse llevar por el incómodo paso de un tiempo infeliz sin visos de esperanza. Lo político se hermana entonces con lo social.

Los mundos de Bardem, aunque puedan identificarse (claras copias, dirán algunos críticos) argumentalmente con los de algunas películas de otros importantes realizadores extranjeros, no se ciñen a discursos ni métodos llegados de fuera: el cine del director español viene marcado por el aquí y el ahora, de otra manera no se puede entender el sentido ni el valor de su cine.

Los “Juanes”, o entes semejantes, de sus filmes se dejan llevar por quién les empuja en busca de un status personal diferente al que viven. Deben conseguir formar parte del entorno mandatario en que desea encerrarse y del que serán expulsados en caso de no aceptar las propuestas que les “encandilan”. Mantenimiento de clase o, mejor, ascensión a costa de lo que sea, algo que aparece también en Cómicos, un título aparentemente alejado de ese pensamiento original. Se trata de aceptar el juego o luchar hasta no sabe dónde y de qué manera. La vida de unos lleva también implícito el aplastamiento de otros. Vidas, unas y otras, enmudecidas por silencios que minan las conciencias de los seres. Muerte o vida, huida o lucha, salvación o culpa asumida hacia el futuro. Ecos en definitiva de 31. Juan se niega a ver lo que está haciendo con Isabel. Isabel no ve, sólo flota y habla sin parar, aunque es peligroso volar tan alto. una educación frustrada y de una realidad repleta de miseria, donde, ¡que ironía!, se va apuntando la aparición de un futuro de aparente libertades pero apacible, apreciable y descorazonador en cuanto ha desembocado en el estado del bienestar.

Frente a los “juanes” en las películas de Bardem aparecen otra serie de interesantes personajes:

a) los que están de vuelta de todo, cansados y cansinos descansando de un inexistente cansancio. Son los más altos exponentes de la realidad, los que han llegado a una determinada posición social. No aspiran a nada. Hace tiempo que dejaron de pensar, que aceptan la realidad cómplicemente.

b) los que se aprovechan de otros. Fieles a su ideario buscan la felicidad personal desde su propio egoísmo. Dictan, hacen, juegan, mueven piezas. Se creen en las alturas aunque probablemente en su actuación y existencia no exista más que una frustración total.

c) las victimas, bien de la propia clase o de clases inferiores. Victimas de las acechanzas y maquinaciones de una sociedad que necesita siempre descargar, contra alguien, sus propias frustraciones.

d) el personaje conciencia que será el encargado de transmitir el mensaje del filme. Es el caso del actor interpretado por Fernando Rey en Cómicos, el Federico de Calle Mayor, Matilde (representante de la nueva España) en Muerte de un ciclista, nuevamente Fernando Rey en La venganza... Seres a los se “fuerza” su presencia en pos de las palabras importantes que se escuchan. Se trata del alter-ego del propio realizador que nos “cuelga” así su pensamiento-mensaje.

No existen inocentes “totales” en el cine de Bardem y no los hay, simplemente porque no pueden serlo aquellos que prefieren ignorar la realidad del mundo en el que habitan. Aunque no se den cuenta sus propios silencios les condenan o les conducen a la aceptación de la traición envuelta en mentiras consentidas. Triste destino el de estos seres que tratan de convivir en la España de Franco aceptando con aplauso o silencio la existencia de un régimen tan mezquino y oscuro como ellos mismos.

32. Y la conciencia aparece, y aprieta, pero como Dios, no mata. Juan a oscuras, en su pensión, luchando por salir a la luz...4.- RECUENTO FINAL.

La esperanza de Bardem en el futuro se vuelve contra él mismo. El mundo que soñó, presumió como diferente aparece ahora lleno de ignominia. Ha muerto Franco y el régimen del dictador se cree fenecido desde su propia muerte. La transición hacia la democracia ha sido rápida. En pocos países, como en éste nuestro las instituciones de un régimen son capaces de cerrar un ciclo al certificar su propia muerte. En España el cierre del franquismo ha sido consensuado por las propias Cortes gobernantes durante la dictadura. Con la transición se inicia  un camino hacia la libertad. Todo será diferente... o casi. Un periodo doloroso, los primeros años de la transición política, dan paso al “feliz” renacimiento de un estado de libertades al tiempo que se van “husmeando” cambios sociales. ¿Se ha producido una transformación tan amplia como se deseaba? ¿Qué se toma realmente como libertad?

Bardem se siente incomodo. No puede hacer películas al no encontrar financiación para ellas, probablemente porque su cine se considera viejo, estancado en el ayer, pero también se impone su inactividad debido a que el mundo en el que ahora se vive es dominado por unos determinados intereses económicos o por unos imperios mediáticos. Una repetición de modelos anteriores. El ser humano parece –y aparece– como una marioneta en manos de los dictadores de riquezas, de instituciones y sociedades que continúan manipulando a la “plebe” para poder conservar el poder.

No es extraño que concentre toda su desazón en la última película que realiza antes de morir. Se trata de Resultado final, descarado, ingenuo y ridículo, ajuste de cuentas con el gobierno socialista, que, según trata de demostrar su película, es el culpable del estado en el que vive el país. Un Gobierno en apariencias de izquierda es, como plantean las imágenes de su película, el culpable de la situación presente ante una gestación que comenzase en 1982 con el apoteósico triunfo del PSOE en las urnas. Pocas películas han tratado de analizar el periodo de gobierno socialista en particular o de la transición en general lo que lleva a considerar que el cine español actual ha seguido siendo muy parecido a aquel denunciado por Bardem en las conversaciones de Salamanca. Incluso cuando en general, salvo honrosas excepciones, se trata de hablar del hoy parece que estamos más cerca de un poblado marciano que del pueblo o de la ciudad cercana. Porque entre otras cosas se suele olvidar también que el “tema” no lo es todo. La realidad del cine no es la de 33. E Isabel soñando despierta, llena de luz, aunque sea en la oscuridad de su cama. Una oposición visual (luz/oscuridad) que se mantendrá, aunque invertida, al final de la historia. la vida pero puede (como ocurre en muchos títulos de la historia del cine de acá y de allá) acercarnos a ella desde una lógica narrativa. Pero eso sería otra cosa distinta a la pretendida en este artículo.

Los títulos, fallidos, que han intentado profundizar en los años del socialismo son el ya citado de Bardem y algunos de Mario Camus como Después del sueño, Sombras en una batalla, La playa de los galgos. En ambos directores, y por caminos diferentes, se ha fracasado al pensar más en la propuesta y carga  “ideológica” que en la narración, exenta de verdaderos personajes interesantes.

Resultado final fue la triste despedida de Bardem del cine, muy poco tiempo antes de su muerte. La última película de nuestro realizador constata que su cine no es ya de este mundo y mucho menos del impositivo periodo político que va a seguir con la llegada del PP al poder. Atrás quedan las imágenes del cine de Bardem de los años cincuenta, y algunas posteriores, en que se desea reencontrar una luz que haga posible el desgarro de las tinieblas o, al menos, escuchar una voz que se alza en el silencio. Se trata de apostar y defender un cine comprometido como aquel que se gestó en el recorrido por ciudades castellanas y que hicieron grande tanto a Calle Mayor como a Nunca pasa nada.

 

Volver al SUMARIO Página ANTERIOR Página SIGUIENTE Ir a la ÚLTIMA PÁGINA