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LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS

"Dolls", uno de los títulos más sorprendentes de la presente temporada y un título insólito en la filmografía de Takeshi Kitano.1.- NO A LA GUERRA QUE TRATAN DE IMPONERNOS 

Ante la posibilidad de que una serie de lamentables sucesos tuvieran lugar en este mundo, que a todos nos interesa porque es el nuestro, decidimos, cuando el número anterior de la revista ya estaba en la red, incluir un segundo editorial. Era nuestro rotundo NO A LA GUERRA que nos quiere vender (apoyando al “amigo” americano) la banda de los ocho europeos capitaneada por dos “grandes” demócratas de toda la vida: el presumible izquierdista (¡que gracioso apoyarse en ese título!) Blair, primer ministro de Inglaterra, y el derechista ultramontano, oficiante de capataz de ranchos, y al parecer (según sus nefastos amigos) presidente de la República (¿acaso la III de número igual a la próxima o siguiente guerra que será conocida como Mundial?) Española. No se puede admitir tal grado de vasallaje, de unos países independientes, hacia un Gobierno tan fanático, reaccionario y amante de resolver las conflictos a base de bombas como el que actualmente gobierna (?) América. Lejos quedan los tiempos de una política estadounidense basada en la paz e inspirada por el Presidente Carter, uno de los mejores (y más atacados) gobernantes que allí han tenido en los últimos años.  

¿Qué razón hay para hablar de esto en una revista de cine? ¿Alguien puede pensar que sólo debemos hablar de películas? No nos engañemos, el cine como expresaron los cineastas en la entrega de los Goya y en el festival de Berlín, forma parte de la vida. Las imágenes expresan opiniones, nos hablan de una y otra sociedad, de distintas formas de entender el mundo. El cine sugiere y plantea discursos que no pueden entenderse fuera de un nivel social y por tanto desde una determinada posición política. No seamos ingenuos para creer que el cine es una cosa y nuestro posicionamiento ideológico otro. Por supuesto que si hablamos de películas tendremos que distinguir lo que se dice y como se dice. Podemos defender las tesis de, por ejemplo, Amen, el último filme de Costa-Gavras, pero su burda realización de trazos gruesos o el más que discutible procedimiento utilizado en la forma de narrarlo, nos llevará a ponerle en entredicho como obra artística. O valorar infinitamente más la solidez de El pianista, de Polanski, que la sensiblería de Spielberg en La lista de Schindler, que anula cualquier planteamiento crítico serio. 

Dicho lo anterior queremos insistir en que la actual guerra preparada por la inconcebible administración Bush con el apoyo de los “pajaritos” europeos (de nacimiento, pero no de pensamiento) señalados más arriba, es INJUSTA e INADMISIBLE. El derecho Internacional (y cualquier honrado pronunciamiento humano o divino) niega cualquier legitimidad al uso “preventivo” de la fuerza. Nuestra posición es por tanto la misma que la enunciada por diferentes grupos políticos, sindicatos, instituciones de todo tipo, confesiones religiosas cristianas (católicas, anglicanas comandadas por sus máximos representantes), ONGS, y otros muchos movimientos. 

Una de las mejores películas del año según la particular clasificación de "Encadenados". ¿Se atreverán a darle el Oscar?2.- MENTIRAS Y MAS MENTIRAS PARA CONVENCER A LOS CIUDADANOS 

Los Estados Unidos convencidos de ser la mano que Dios (¿será posible que a estas alturas un país se crea elegido por la divinidad para salvar al mundo?) no tienen problema alguno en utilizar la fuerza para convencer a sus enemigos. Ahora quieren meter a todos cuantos “presionen” en una nueva guerra (la segunda de la era Bush). Una guerra absurda y desproporcionada. El intentar comparar al dictador, que realmente es Sadam Hussein, con Hitler resulta risible cuando no doloroso. Intentar convencer a la opinión publica de que Irak (país cercado, observado, hundido desde hace más de diez años) equivale (en el hoy) a la fuerza bruta y fanática del pueblo nazi (en el ayer) es una autentica falacia. Un señuelo con el que se quiere doblegar a los millones de ciudadanos de nuestro planeta. ¿Cuál será el próximo país que se destruirá después de Irak? ¿Quiere así Bush y su camarilla evitar los reiterados fracasos de su política intervencionista? ¿Dónde está, por ejemplo, el ex-jefe afgano o el misterioso Bin Laden? Es tal el cúmulo de despropósitos de la administración americana (sólo comparables a los que está cometiendo el Gobierno Español en conjunto o de forma personal por el que parece ser el mayor enemigo de su partido, su Presidente) que no sabemos cual va a ser la próxima jugada. Algunas perlas como ejemplo: enigmáticos videos o mensajes radiofónicos de Bin Laden que, curiosamente, llegan en el momento que más se necesitan; falsos ataques a aeropuertos o centros de interés público y militar; enigmáticos barcos que transportan de un lado a otro del mundo (¿dónde estarán cuando Sadam las necesite para defenderse?) el arsenal militar del dictador iraquí; resoluciones de Estados Unidos cada vez más humillantes para cualquier régimen; el intentar cargarse el único foro político legal, la ONU... La propaganda Norteamérica también se deja sentir en algunos periódicos de aquel país, inflamados de absurdos (o interesados) pensamientos patrióticos como es el echar en cara a los franceses que no les tengan en cuenta cuando en la II Guerra Mundial les salvaron de los nazis. Si algunos medios de allá (y su Presidente sobre todo) conociesen algo la Historia sabrían que Estados Unidos no declaró la guerra a Alemania e Italia. Fueron esas potencias las que se la declararon a ellos (como se ha apresurado a afirmar Umberto Eco en un artículo reciente aparecido en diversos periódicos europeos). Con anterioridad se había producido el (enigmático) ataque de Pearl Harbour con el que se iniciaba la guerra entre Japón y Estados Unidos. 

Algo más para terminar este asunto: si en la actualidad hay un país al que todos debemos temer es a Estados Unidos. Son ellos los que más armas de destrucción masiva poseen, los que se niegan a firmar tratados de eliminación de arsenales. Ellos pueden investigar otros países al tiempo que impiden ser investigados. Bonita ley enunciada desde el dogmatismo del Imperio. Por otra parte -ya que dice Powell que Estados Unidos no tiene que pedir disculpas a nadie por lo que su país ha hecho, o dejado de hacer, en el siglo pasado- conviene recordar algunas atrocidades de las que los norteamericanos no se sienten (a pesar de haberlas hecho) culpables: utilizar bombas atómicas para destruir dos ciudades (ningún otro país lo ha hecho) japonesas cuando la Guerra estaba prácticamente concluida; invadir Panamá y Granada; ayudar a Pinochet a derrocar a Allende; gasear con Napalm a los vietnamitas...  

Si los turbios intereses de los norteamericanos están claros para intervenir en esta guerra (más peligroso que Irak es Corea del Norte, aparte de que además de Sadam hay mucho más dictadores en el mundo, algunos de los cuales son amigos de Bush y su muchachada), no resulta imposible comprender la extraña historia de amor protagonizada por el Presidente (creo que cada día los españoles lo sentimos menos nuestro) de España. ¿Qué piensa ganar con todo ello? ¿Qué le ha prometido Bush? ¿Le construirá un rancho y le enseñará también a conducir ganado? ¿Le concederá una pensión millonaria de jubilación? Ni se entiende la actitud presidencial, ni las de sus ministros, ni la de las bases, ni la de los dirigentes del partido: optan por callar ante el diluvio que se le viene encima. ¿Acaso Aznar piensa que sólo quien ha enderezado el partido es digno de destruirlo? Entonces su máxima aspiración sería la de asemejarse a Dios... 

"Minority Report" ya fue un claro antecedente del cine pre-bélico que nos invadirá: está permitido todo con tal de evitar la "futura invasión" o el "futuro crimen" de cualquier ser humano. ¿Algo que ver con la política actual de George Bush?3.- LA CENSURA QUE NOS INVADE 

¿Y el cine como se mueve en el hoy? Pues se puede adivinar. Aquellos cineastas estadounidenses críticos con el sistema (al igual que ocurriera durante el triste periodo de la Guerra Fría, la triste “caza de brujas”) son apartados de sus trabajos. Sean Penn, por ejemplo, se “ha caído” de la película en la que iba a intervenir por ir a Irak. Es un caso al que seguirán otros que serán represaliados simplemente por decir no a la guerra. En el lado opuesto -los adeptos a los tesis belicistas- se aprestan (como antaño) a lanzar sus filmes pre-bélicos. Ya saltó la alarma con la última entrega (la segunda parte de la primera parte) de La guerra de las galaxias (El ataque de los clones). A este título han seguido otros varios como Pánico nuclear: De todas maneras la que se lleva la palma es Minority Report: Spielberg siempre ha sido un fiel servidor del amo. Ahora ya ha rendido, al poder, su pleitesía. Sin encomendarse a nadie ha realizado una película que sibilinamente es (como apunta Mr. Arkadin en su crítica de La flor del mal) una clara defensa de la guerra preventiva planteada por Bush y su cuadrilla. No se puede decir que vuelve la censura y la persecución de los disidentes, porque eso siempre ha existido, pero, si hay que decir que ahora vuelve (la censura) de forma descarada, brutal, pisoteando, por razones de seguridad, la libertad por la que tanto se ha luchado desde siglos atrás. De eso y otras muchas cosas, ¡que se enteren todos!, sabe mucho la vieja Europa. No se olvidar ese dicho de que más sabe uno por viejo que por sabio.  

No podemos perder nuestros derechos, no debemos admitir la arrogancia de gobernantes que nos llaman tontos, que no nos respetan, que toman como democracia sólo aquello que a ellos les beneficia al tiempo que nos amenazan con dejarnos de dar migajas si protestamos (Fraga, ese anciano ministro del Gobierno de Franco, aun en activo -como tantos otros activistas reales o soñadores del viejo régimen- no pudo menos de decir hace no mucho que su Gobierno suprimió la subvención de los premios a la Gala de teatro porque él no va a dar dinero para que le llamen, encima, tonto)... Tiempos oscuros, con unas televisiones públicas cada vez (y cuidado que parecía difícil) menos publicas y convertidas más en la voz de su amo, el Gobierno. Hoy, realmente, no podemos por menos que añorar aquella etapa en la cual Pilar Miro era la Directora General del Ente y Fernando Moreno quien preparaba los (inmensos) ciclos de cine de las dos cadenas. Ambos han muerto. Si hoy vivieran no podrían resistir al ver el estado cochambroso en que se encuentra aquella televisión por la que tanto trabajaron... 

Un título que habla de "la guerra" con una claridad que para sí quisieran algunos mitos como "La vida es bella" o "La lista de Schindler".4.- DE PREMIOS Y DE OTRAS COSAS         

Como era de esperar Los lunes al sol no pasó la criba de la selección a los Oscars. No era previsible aun contando con la carta jugada por la presencia de Javier Bardem en el filme. Tampoco salió nominada, por ejemplo, Kamchatcha, aunque por motivos diferentes (ver en el apartado “sin perdón” de este mismo número la crítica del filme de Piñeyro). La película de León de Aranoa quedaba descartada desde el mismo momento que años atrás habían contado para los Oscars con un filme de estructura parecida: Full Monty. Pero, la verdad es que eso (el que se haya quedado fuera la película) no debe conducir a la absurda polémica mantenida de si hizo bien o no la Academia al no seleccionar la película de Almodóvar. La Academia, pienso, escogería la obra por su calidad. Sus miembros debieron creer que el filme de Almodóvar era inferior al de León de Aranoa (aunque no me interesan demasiado ni uno, ni otro, creo que Hable con ella es algo mejor que Los lunes al sol), pero, como siempre, basándose en supuestos demasiados conformistas, poco (o nada) transgresoras. Sólo así se puede entender que nunca se opte por escoger obras realmente innovadores como El efecto Iguazú, El deseo de ser piel roja, Octavia o Smoking room. Haber optado por este sugestivo título hubiera sido apostar valientemente por un cine joven, incluso diferente desde un sistema de producción. Otra vez será. De momento el último Almodóvar se ha subido al carro de los Oscars grandes, después de haber recibido premios en muchos lugares. No quiere decir demasiado. Simplemente que su distribuidora a nivel internaciones, Sony, lo ha promocionado ampliamente. 

El pianista, el último Polanski, también está recibiendo numerosos premios desde que obtuvo la Palma de Oro en el último festival de Cannes. Nuestra redacción también lo ha considerado el mejor filme estrenado en Valencia durante el 2002. Le sigue de cerca el último Lynch. Es el mismo orden, en lo que se refiere a la dos primeras películas clasificadas, otorgado a nivel de Estado Español en la votación (entre diferentes críticos) de la revista “Fotogramas”. La película española (no distinguimos en nuestra votación entre películas extranjeras y españolas) mejor clasificada en nuestro (y vuestro) “En cadena dos” ha sido En la ciudad sin límites.  El listado general de nuestra votación se encuentra en la sección “el bazar de las sorpresas” de este número. Varias de las películas que aparecen en los primeros lugares hubieran tenido que dejar su sitio a una gran mayoría de las exhibidas durante los meses de enero y febrero de este año. Y es que en los dos últimos meses se han estrenado una serie de obras realmente admirables. Podemos citar: El hombre sin pasado (con irónicas alusiones a Frankenstein), Felices 16 (una extraña mezcla entre Los cuatrocientos golpes, Uno de los nuestros y Una historia de Bronx), Dolls (un sorprendente Kitano), Las horas (demostración de que el realizador de Billy Elliot es un valor a tener muy en cuenta), 24 hours party people (Winterbottom sigue destacándose como uno de los más grandes realizadores del cine actual), El efecto Iguazú (un enorme y comprometido documento sobre el mundo obrero), Gangs of New York (el particular Novecento de Scorsese), Bloody Sunday (impactante reconstrucción sobre la represión del ejército Inglés en Irlanda)... Que siga la racha y no pare. De momento esperando (y surgirán además otras agradables sorpresas como la de la “pequeña”, The good girl) estreno están también títulos a priori interesantes: El principio de la incertidumbre (Oliveira), Chicago (Rob Marshall), Las hermanas de la Magdalena (Peter Mullan),  Lejos del cielo (Tod Haynes), Mi vida sin mi (Isabel Coixet), Punch-Drunk-Love (Paul Thomas Anderson), El americano impasible (Noyce)... Muchos títulos parecen...

 

Adolfo Bellido López

(Director de EN CADENA DOS).

 

                                               SOMBRAS EN UNA BATALLA

                         (De la guerra de Irak a los Oscars de la guerra)

 1.- Octubre en abril

             La primera parte, de esta escandalosa puesta en escena que es la guerra de Irak, ha tocado a su fin. Quedan otras partes importantes cuyos efectos ya se empiezan a vislumbrar: enfrentamientos en la región entre las distintas etnias; crímenes vergonzantes contra la Humanidad; odio de los lugareños, países limítrofes y no tan limítrofes contra aquellos que han hecho posible esta inmoral e injustificable guerra y en especial contra los enviados del arrogante Bush y su corte demoniaca.

             Creo que ha quedado clara la postura de ENCADENADOS en nuestros editoriales anteriores: no aceptamos ni la dictadura de Sadam, ni cualquier otra existente en alguna parte del globo terráqueo. Para nosotros, en el hoy, es tan dictador Sadam como pueda serlo Castro o... Bush (otro tipo de dictadura). En este último caso el Presidente Norteamericano cuenta además con un enorme poderío militar y con el aplauso, por sus execrables acciones, de gran parte de su pueblo. Se trata de “alguien” que posee la mayor parte de las armas de destrucción masiva de cualquier tipo y que está dispuesto a implantar a sangre y fuego su ley por todo el orbe (hoy Irak mañana o pasado Siria, Irán, Cuba o quién sabe). Se nos aseveraron antes del conflicto cosas lamentables (la gran cantidad de armas químicas, biológicas... en poder de Irak, su gran ejercito, el terrorismo que patrocinaba...) que luego no han sido más que patrañas en cuya difusión, por desgracia, también participó el Presidente del Gobierno (¿o de la III República?) Español. El proceder de las tropas del Imperio recuerda demasiado la actitud (y arrogancia) de Hitler: otro salvador del mundo investido de (falsos) poderes divinos.

             La caída de Bagdad, que se presumía como final de la guerra, demostró algo que ya habíamos adivinado durante los días anteriores a su toma, incluso a aquellos primeros en los que se produjo el “conflicto” (manera utilizada por “Ansar” para llamar a esta guerra no declarada como tal pero bendecida por el trío del petróleo escondido en las Azores): los malos directores (y narradores) con los que cuenta el desarrollo de la “película”. Basta ver los descubrimientos realizados en tal lugar y los posteriores desmentidos: intoxicación y fatal puesta en escena de unas imágenes manipuladas por unos y otros contendiente nos dan cuenta de que el director, o directores, encargados de la puesta en escena de los acontecimientos, son unos inútiles. Vamos a referirnos exclusivamente a la dirección del “acto” principal de este destarife en el lado norteamericano, ya que “los del otro bando” no contaban siquiera con “realizadores”, por lo que no sorprende lo primitivo, y claramente chulesco, de sus métodos de información o desinformación. 

             Dejemos a un lado la actitud permisiva, e incalificable, de los soldados norteamericanos ante los saqueos en las ciudades, su desprecio de la cultura al dejar arder la biblioteca de Bagdad o admitir el expolio del museo arqueológico o incluso su criminal actuación contra los periodistas instalados en el hotel Palestina (¡que nombre más curioso!), y vamos a centrarnos en el hecho central ocurrido en Bagdad a la MISMA HORA (aproximadamente) en que tuvo lugar hace años, un 11 de septiembre, el ataque (un hecho aun no suficientemente explicado por la Administración Americana: ¿a quién beneficiaba realmente aquel recriminable acto terrorista?) a las torres gemelas situadas en el corazón de Manhattan.  Reflexionemos: tanques americanos entran en Bagdad y van a colocarse CASUALMENTE frente al hotel Palestina, el mismo lugar que el día anterior había sido objeto de un ataque inexplicable y criminal por parte de un tanque norteamericano (¿era quizá una llamada de atención o un acto de poderío dirigido a los periodistas de todo el mundo para que supieran quien era el vencedor y, por tanto, a quién debían rendir pleitesía?). Sorprendentemente en ese lugar, en su plaza, se mantenía un símbolo del poder de Sadam: su estatua, erigida frente al hotel, no había sido bombardeada. Permanecía desafiante en su pedestal. Los tanques rodearon el lugar mientras los cámaras filmaban lo que ocurría. Se había buscado el lugar exacto para poder narrar al mundo “global” lo que estaba ocurriendo ¿de verdad?: la total “eliminación del régimen. Varias personas, y soldados norteamericanos, tratan de que la estatua, que representa a Sadam, caiga del pedestal. ¿Quienes son las personas que participan en la “gran” secuencia? Unos cuantos (aparentes) iraquíes que de forma “espontanea” tratan de mostrar su odio al tirano. Es curioso comprobar como el ejercito norteamericano, desconfiado frente a tanto enemigo camuflado, permite acercarse (y ser rodeado por ellos) a unas pocas decenas de entusiastas ciudadanos que dan gritos contra el régimen. ¿Son realmente iraquíes de a pie? Según el corresponsal de Tele-5 que narra el momento se trata de unos “quinquis”. Pero, claro hay que reconocer que el reportero de la cadena se encuentra aún bajo el impacto emocional del asesinato de su compañero ocurrido el día anterior. Así no es raro que confunde a los agradecidos y “liberados” representantes del pueblo iraquí con desarrapados o mercenarios. Mejor será escuchar la radio. En la SER alguien comenta con el locutor los acontecimientos que visionan al mismo tiempo millones de seres de la red mundial. Dice el comentarista que aquellos ciudadanos de Bagdad parecen ser más bien integrantes de la CIA o gente actuando bajo sus ordenes. Y de  ordenes debe saber bastante el improvisado comentarista ya que no es otro que un coronel del Ejercito Español.

             Pero, dejemos las disquisiciones para otra ocasión, y hagamos que nuestra sorprendida mirada trate de identificar el momento que está televisándose con una serie de imágenes (maestras) cinematográficas. El realizador de la “película” que se nos transmite toma prestado nada menos (en vano) que el nombre de Eisenstein y de su genial Octubre. La caída de la estatua de Sadam no asemeja (como dijeran en curiosa sintonía Aznar y Rumsfeld) la caída del muro de Berlín (guión deslavazado, fallido, demasiado forzado) y si la caída del zarismo ruso. Sólo hay que comparar y ver la gran semejanza sobre el papel, pero distante en ejecución, existente entre la demolición de la estatua de Sadam por el pueblo (?) con la del Zar (simbólicamente tratada al venir representada por los distintos estamentos rusos) en la película de Eisenstein. Los elementos se repiten: gran estatua (símbolo del poder), sogas tiradas, tensadas, por personas con el fin de arrastrar al sátrapa, hacerlo caer como forma de mostrar el derrocamiento del régimen, pero, en ambos casos, el principal actor pugna por seguir en el pedestal... La diferencia entre ambas secuencias estriba en que el pueblo entusiasta (y actoral) de la película rusa era representado por multitudes (simbólicas) mientras que en la película norteamericana, a pesar del dinero que emplea Hollywood en estos eventos, eran pocos (y malos actores, además) extras los actuantes. Incluso para acabar de afear la cosa al marine encumbrado a la estatua (de origen chino) se le ocurrió tapar la cara de Sadam con una bandera... norteamericana. Como el director de tal desaguisado no parecía muy diestro hubo que pedir auxilio, para que el acto terminara, a una grúa (al parecer pasaba por allí): traca final pero de efectos amortiguados. Al ejercito norteamericano se le olvidó llamar a Spielberg o a la factoría Lucas para lograr una puesta en escena que al menos fuera nominada a los próximos Oscar.

 2.- ... A alguien le importan los Oscars

             Curiosamente en este desgraciado e intranquilizante año 2003 la entrega de los Oscar de Hollywood vino a coincidir con el comienzo de la guerra. El acto nada tuvo que ver con la entrega de los Goyas. Fue más aburrido y anodino. Los presentadores tenían ordenes expresas de no “pasarse” del guión, aunque, por fortuna, hubo alguno que (sin importarle las represalias) fue capaz de ejercer su libertad. Fue el caso del actor mejicano García Bernal o de Dustin Hoffman que con sus alusiones contra la guerra y a favor de la paz se saltaron el guión pactado. Mucho más “sangrientos” fueron algunos de los premiados. La “música” había sido adiestrada para “apagar” cualquier discurso “incorrecto”, pero no pudo contra Adrien Brody, extraordinario actor de la menos excelente El pianista, de Polanski, quien “ordenó”, al recibir el premio al mejor actor, bajar la música. Su presentación en el escenario fue realmente inmpresionante con ese “muy efusivo” beso a Halle Berry, la encargada de “leer” el Oscar al mejor actor. Fue la demostración palpable de sus dotes de actor. Lógico que siguiera luego interpretando a un gran personaje. Pero el apoteosis llegó con Michael Moore al recibir el Oscar al mejor documental por su interesante y necesaria Bowling for Columbia. Moore, una especie de Santiago Segura pero en comprometido, invitó a que le acompañaran en el escenario a todos los nominados en el apartado documental. Luego ya, con el Oscar en sus manos, no tuvo reparo alguno en decir lo que pensaba sobre esta absurda guerra y contra uno de los peores presidentes norteamericanos (“... a todos nosotros nos gusta la no ficción pero hoy vivimos tiempos ficticios... Vivimos en una época en la que contamos con resultados electores ficticios, que designaron a un presidente ficticio. Vivimos además en una época en la que tenemos a un señor que nos envía a una guerra por razones ficticias, ya se trate de la ficción de la cinta adhesiva o la de las alertas naranjas. Estamos contra la guerra señor Bush, que vergüenza señor Bush, que vergüenza...”). Otros premiados, también manifestándose contrarios a esta guerra, fueron menos explícitos aunque sus gestos fueron elocuentes. Fue el caso de Rob Marshall el prometedor director de Chicago, de la cada vez mejor actriz Nicole Kidman y..., como no,  de  Pedro Almodóvar, que, a pesar de la prohibición de la organización, sacó de uno de sus bolsillos una “chuleta” para protestar contra la ilegalidad de la guerra. Sus palabras fueron comedidas. Su más virulento discurso fue el pronunciado posteriormente en la rueda de prensa. Arremetió contra los dirigentes de aquí y de allá, contra los nada claros intereses de esta guerra. Almodóvar, durante la ceremonia, también lució (en un estilo más elegante, pero probablemente menos comprometido, del de las “tarjetitas” del grito de “nuestro” no a la guerra) en su solapa la paloma de la paz al igual que hicieran entre otros varios (además de los citados anteriormente) Chris Cooper, Richard Gere, Brendan Fraser, Salma Hayek, Geena Davis, Daniel Day-Lewis, Susan Sarandon, Ben Kingsley... Algunos otros decidieron no acudir al acto al considerar que no era el momento más idóneo para “zarandajas” de este tipo. Fue el caso del director finlandés Aki Kaurismäki, que optaba al Oscar a la mejor película extranjera por la importante Un hombre sin pasado.

             Hay que resaltar un dato elocuente: al parecer entre los espectadores se “escondían” varias personas “invitadas” dispuestas a impedir (con silbidos o muestras de descontento) que las palabras contra la guerra pudieran ser vitoreadas excesivamente. Un fehaciente ejemplo de democracia.

             ¿Y los premios? Probablemente era lo de menos en estas circunstancias, aunque curiosamente haya que decir que en la actual edición las nominaciones, para sorpresa de propios y extraños, se centraban (como pocas veces) en películas de gran calidad. Era el caso de la casi totalidad de las películas que aspiraban a recibir el Oscar a la mejor películas. Cuatro al menos de las cinco, a excepción, claro, de Las dos torres, eran merecedoras del gran galardón. El pianista, Las horas, Gangs de Nueva York y (la premiada) Chicago son grandes y, en general, de una u otra manera, comprometidas películas. Como también lo eran los cinco directores nominados. Cuatro (Polanski, Daldry , Scorsese, Marshall) eran los de cuatro de las películas citadas, el quinto (Peter Jackson no era nominado por Las dos torres) era Pedro Almodóvar por su “intratable” y avasalladora Hablé con ella, uno de los filmes más comprometidos y lúcidos de nuestro “quijote” cinematográfico. El premio fue para Polanski, que no estuvo presente por sus problemas con la justicia americana: está acusado de haber violado, hace varios años, a una menor. Una película, la del polaco-francés, seria y lograda, muy en su línea (el juego con los ambientes cerrados, los falsos héroes, los seres desequilibrados) y que sobre el tema judío (la película va, por fortuna, mucho más allá) da mil vueltas a la oportunista Lista de Schlinder, de Spielberg.

             Julianne Moore e incluso Renée Zellweger podrían haberse llevado el premio a la mejor actriz (ya lo ganaran en otra ocasión), que con justicia recayó en la estupenda, y casi irreconocible, Nicole Kidman por su papel de Virgnia Woolf. Una actriz capaz de dar vida (como le va pasando a la protagonista de Chicago que pasa de “gordisima” a “escultural”) a cualquier personaje y en cualquier registro.

             Cinco grandes actores, por cinco buenas interpretaciones, eran nominados. Se trataba, además, de Broody (El pianista), de Nicolas Cage (por su divertida intepretación de “dos” -?- hermanos gemelos en Adaptación), Michael Caine (por su papel en la más bien insípida El americano impasible), Daniel Day-Lewis (Gangs de Nueva York) y, el más discutible, Jack Nicholson (como siempre gesticulando más de lo necesario en la más bien estomagante A propósito de Schmidt). Queda dicho que muy justamente se lo llevo Broody por un papel aparentemente fácil pero de gran dificultad: hacer creíble a un hombre “normal” en una situación extrema.

             El mejor guión original fue para Almodóvar. Sin duda es de lo mejor de Hablé con ella junto a la fotografía de Aguirresarove y la interpretación de Cámara (todo ello injustamente olvidado por la Academia Española).

             Acertados fueron los premios al mejor documental (Bowling for Columbia), montaje (Chicago, aunque Gangs de Mueva York o Las horas también podrían haberse llevado el premio), actor secundario (Chris Cooper por Adaptación aunque excelente eran también los otros nominados: Ed Harris por Las horas, Paul Newman por Camino a la perdición, John C. Relly por Chicago o Cristopher Walker por Atrápame si puedes). Menos acertado fue el galardón para la mejor actriz secundaria. No lo hace mal Catherine Zeta-Jones en Chicago pero mucho mejor está Julianne Moore en Las horas (quizá le perjudicó a esta gran actriz el haber sido nominada en dos apartados interpretativos) o, incluso, Meryl Streep en Adaptación.

             El Oscar a la mejor fotografía, entre los otros nominados, estaba cantado que lo recibiría (a titulo póstumo) Conrad L. Hall por Camino a la perdición. Este clásico director de fotografía ya había ganado con anterioridad el Oscar. La fotografía de cualquiera de las otras cuatro filme nominados (Chicago, Gangs de Nueva York, El pianista y Lejos del cielo) era una digna ganadora, pero la muerte de Hall, ocurrida al terminar el rodaje del irregular y sobrevalorado filme de Mendes, fue la razón fundamental para que la balanza terminara por desnivelarse a su lado. 

             Una obra indiscutible de la animación, El viaje de Chichiro, venía a demostrar que no solamente es importante el cine norteamericano de dibujos.  La Academia con este galardón reconoció el notable trabajo que su realizador Hayao Miyazaki (Porco Rosso, La princesa Monanoke) realiza en Japón. El filme ya había sido premiado en el festival de Berlín del pasado año, galardón que compartió con Domingo sangriento.

             En el apartado de la mejor película extranjera se ignoró a Hero el último filme de Yimou o al estupendo Un hombre sin pasado de Aki Kaurismäki, de manera que el premio fue para un filme alemán desconocido titulado Nirgendow in Afrika de Carolina Link, directora que tampoco se desplazo a Hollywood por la postura norteamericana en la guerra.

             La gran perdedora de la ceremonia fue sin duda la película de Scorsese Gangs de Nueva York, que no recibió ningún premio de los diez a los que optaba. El irse de vacío  puede entenderse como algo más que la falta de calidad del filme, ya que la tiene y mucha: algunas de sus secuencias son realmente impresionantes. Si se trató de hacerle el vacío probablemente se debiera a sus planteamientos ideológicos. El filme del Scorsese no es políticamente correcto para el momento de exaltación mística (mas bien fanática) que planea sobre la sociedad norteamericana. La película muestra una terrible visión sobre el nacimiento de un país repleto de violencia y de sentido mesiánico. El dar la espalda al filme de Scorsese no es sino poner en entredicho la propia (y cacareada) independencia de la profesión (y sobre todo de sus dirigentes) cinematográfica.

             3.- El póker de la muerte

             Los chulescos cuatreros norteamericanos dispuestos a defender su maltrecho honor (?) contra los que no piensan como ellos, se han convertido ahora en gobernante, que hacen su agosto engañando a su propio pueblo y destruyendo su concepto de (¿real?) democracia. Se dice que los EE. UU. representan, desde su (confusa) fundación, al país con mayor tradición democrática. Probablemente se deba a la redacción de su famosa Constitución, que, en su libertad recién estrenada, supuso, en variados y frecuentes casos, la persecución o el desamparo de algunos de sus máximos redactores. Tal fue el caso de Payne.

             Su sentido de la democracia se ha basado muchas veces en la fuerza económica y militar que poseen. Hiroshima y Nagasaki, su cerebral destrucción, muestran su sentido de la “oportunidad” favorecedora por encima de cualquier gesto “humano”. Por ese hecho nadie les condeno como criminales de guerra, algo que ellos hicieron contra los dirigentes de otros pueblos, tan execrables como ellos mismos. Los vencedores ignoran su culpabilidad y administran la injusticia olvidando que serán juzgados por la Historia.

             La referencia al Oeste, a un mundo sin ley repleto de tramposos y violentos, ha sido explícita en Irak. No sabemos a quien se le habrá ocurrido una idea tan atroz como la de exponer en carta de la baraja las figuras de los dirigentes iraquíes buscados por los norteamericanos. Es el “wanted” publicitado por tanto relato del “oeste”. Cada carta asigna a un mandatario. Su valor (en dólares, please) está en función del poder que ostentó (con el beneplácito de los que ahora ponen precio a su cabeza) en el Gobierno (o desgobierno) de su país.

             Asombra que países antiguos pregonen la amistad con tales fulleros. Y no sólo eso: también apoyen o participen de sus partidas criminales. El ejemplo a la vuelta de la esquina. Aznar (o “Ansar”), un burdo poliglota paleto, se erige en cornetín de esta cruzada sin importarles que el pueblo español (en una gran mayoría), la mayor parte de los países del mundo y hasta el mismísimo Papa de Roma estén en contra de esa actitud. Por si nos quedamos duda el dirigente de la derecha española ha proclamado ser más papista que el Papa, ser el representante religioso por excelencia. Su palabra es ley. Y condenados, y pobres, de los que no la admitan. Los que no piensan como él han sido insultados, masacrados por sus palabras y por la de muchos de su Gobierno. Algo que espero no sea olvidado fácilmente.

             Creíamos que la derecha española era democrática. Los hechos nos están demostrando lo contrario. Tímidamente tratan de cortarnos libertades, brutalmente quieren llevar al país un estado de crispación como no había habido desde los primeros tiempos de la democracia. Los partidarios de la vida (es decir los contrarios del aborto) han dejado claro que su compromiso con la vida responde únicamente a sus personales intereses. Y que su cristianismo católico es también de pura conveniencia. La ley es la que ellos decidan proclamar.

             Pasará tiempo hasta que muchos españoles admitamos que en este país todos (incluso la derechona) somos demócratas. La triste lección de estos días con la vergonzante manipulación (a alturas que nunca se había llegado durante los -pocos- años que llevamos viviendo en democracia) a la que estamos sometidos por los medios informativos públicos (o sea pagados por nosotros y no por el partido del Gobierno) debe pasar recibo a pepe. Que no se nos diga que somos inmaduros, olvidadizos, volubles. Debemos exigir un respecto, ese que nadie nos ha tenido.

             Nos consideramos indignados por haber sentido que nuestro país ha sido co-patrocinador de esta absurda guerra, por sentir que se ha atentado contra nuestra seguridad y nuestra libertad. Nos hemos sentido arrojados en brazos de amigos poco respetables al tiempo que se nos alejaba de los amigos cercanos. Triste comprobar que nuestro Gobierno optaba por (mandato de Bush y su malévolo séquito) dinamitar la ONU y la UE, el único bloque que puede hacer frente al expansionismo norteamericano, que puede parar sus ansias de ejercer el Gobierno total, de hacer y deshacer a su (fascista) antojo.

             El día 25 de mayo hay elecciones. Cada uno deberá votar en conciencia ante los hechos vividos. Saber que partidos son “más” democráticos y cuales menos. Qué partidos tienen más en cuenta los intereses (propios nuestros) de Europa que los de Estados Unidos. ¿Acaso es casual que el país invadido tomase como moneda de cambio el euro en vez del dólar?   

             Votemos, pues. Podemos no hacerlo en una posición fácil y pasota. Otros, así, elegirán por nosotros. Curiosamente manera de poder echar las culpas luego a los demás. De no mancharnos, comprometernos. Es el juego a estar y no estar. Hay que votar y no dejarnos engañar por esos (del partido) que dicen que si el Gobierno lo ha hecho ahora mal debe ser “juzgado” en unas elecciones generales (¡largo me lo fiáis!) y no en unas autonómicas y municipales. Esas palabras son un engaño manifiesto. Aquí y ahora hay que pedir explicaciones al PP. Decirle lo que pensamos e intentar que con nuestro voto sepan lo que realmente pensamos de su vergonzante actitud. Sólo así podemos llevar la cordura a un país que parece estarla perdiendo en aras de una confrontación exasperante, como no la ha habido desde los primeros tiempos de la transición. Es inadmisible el carácter chulesco, apolítico, insultantes del Presidente del Gobierno y de su corte poco celestial. Lo peor de todo son esos anuncios que vamos escuchando de libertades que pretenden ser “aprisionadas”. El contenido (filtrado) del proyecto de Gabinete de Defensa, con amenaza de multas y de cárcel a los que se manifiestan contra una guerra en la que intervenga nuestro país (la de Irak podría ser un ejemplo) o sus aliados es todo un clarín de arrebato. No el único. Basta abrir ojos y oídos y ver y escuchar. El “pepe” probablemente, si pudiera, ilegalizaría partidos, condenaría (las sorprendentes ordenes del Gobierno de Galicia para los centros escolares durante el “conflicto” armado son un ejemplo) cualquier actitud que vaya contra sus ideas, eliminarían leyes que no les dejaran hacer su “diabólica” voluntad... Se ha luchado mucho en este país para que sea otro muy distinto (aunque no tanto como se quisiera) al heredado de la dictadura. Por eso no se puede permitir retroceder nada. Hay que avanzar aunque sea despacio. Y los jóvenes (no tan pasotas como se creía) parecen venir pisando fuerte, clamando por una mayor justicia. Su presencia en todo el mundo en las manifestaciones contra la guerra no son más que una prolongación de sus protestas antiglobalizadoras: una postura de búsqueda de un mundo distinto del que ahora viven. Éste tendente a la globalización, de no verdadera democracia (de democracia vigilante) no les gusta. Todo, en él, es pura apariencia.

             No olvidemos, pues, la cita obligada del día 25 de mayo. Y ejerzamos con responsabilidad, memoria y vista de futuro la votación. Que nuestro voto vaya a un partido claramente democrático, no a partidos que se aprovechan de la democracia para ejercer su autoritario poder en el que únicamente son sus dirigentes los que importan.

 Adolfo Bellido López

Director de Encadenados.

 

                                            

 

 

 
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