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BOND & GIRLS

Por Enric Albero

Britt Ekland fue la chica en "El hombre de la pistola de oro". No hay constancia de que su interpretación vaya a pasar a la historia.El rol desempeñado por las mujeres en la saga ideada por Ian Fleming se reduce, en la mayoría de las ocasiones, a producir un efecto de ‘decorado’, sin por ello incorporar una aura de elemento prescindible o secundario. Más bien todo lo contrario. Un Bond sin su harén tal vez fuera demasiado descafeinado, demasiado real (perdería su condición de héroe –hiperbólico e irreal- para convertirse en lo que es, un asesino sin escrúpulos).

La exageración es una de las constantes en el cine de Bond (que a estas alturas puede entenderse como un subgénero con sus propios estilemas): gadgets variopintos, soluciones imposibles para situaciones limite (recuerden, por ejemplo, el salto de la moto al avión en Goldeneye), respuestas ingeniosas ante preguntas comprometidas, y un cinismo sin fronteras servido con una sonrisa ladeada.

Y el género femenino no puede ser un obstáculo en el ascenso de tan insigne agente secreto: unas 60 mujeres han caído rendidas en los brazos de Bond. Antes de dedicarnos a ellas, pues en este caso son las protagonistas, y como apunte que al final detallaremos, mencionar que la saga que narra las aventuras de este espía británico acaba por convertirse en un objeto de consumo masculino, hecho por y para hombres, producto misógino donde los haya (aunque con algunos matices) nacido de una ideología donde el fracaso no es una opción.

TOPOLOGÍAS FEMENINAS EN JAMES BOND

Dentro de esa categoría, que el tiempo y las constantes de la saga se han encargado de acuñar, llamada chica bond, existen tres modelos de comportamiento. En primer lugar existen las mujeres objeto, categoría que en mayor o menor medida se puede aplicar a todas las chicas que aparecen en las distintas peripecias del agente secreto. Ahora bien, ese primer tipo de mujer se caracteriza por su breve paso por la pantalla, que apenas le da para satisfacer los apetitos sexuales de su, tan voraz, compañero de alcoba. El ejemplo más claro de mujer objeto en Bond lo encarnó Shirley Eaton, la escultural secretaria de Goldfinger, que muere (recubierta de oro) a los pocos minutos de aparecer en escena (tras el escarceo de turno con, en este caso, Sean Connery).

Carole Bouquet animó al personal en "Sólo para tus ojos"... aunque el personal la prefiere, con diferencia, en su anterior trabajo: "Ese oscuro objeto del deseo".En segundo lugar existen las aspirantes a femme fatale, colaboradoras del villano en cuestión. Y decimos aspirantes por que jamás pueden resistirse a los fatales encantos de este británico triunfador, encantos que les llevaran, inevitablemente, a la muerte a manos de su protector, que ante semejante panorama no puede hacer nada más que eliminar a la traidora (vayan anotando que adjetivos quedan unidos al género femenino). Tal vez Maud Adams, que interpreta a Andrea Anders en El hombre de la pistola de oro (y que también apareció en otros filmes de la saga, como Octopussy), y muere a manos de Scaramanga (Christopher Lee) sea el paradigma de este nuevo modelo de chica Bond.

En último lugar están las buenas chicas Bond (categoría que desglosaremos en el próximo punto), es decir, las verdaderas Bond Girls. Son una mezcla de compañeras fieles, un tanto ingenuas, aliñadas con físicos arrebatadores y con un pizca de agresividad (pues algunas, en más de una ocasión, ayudan a Bond). Atributos que las hacen, al tiempo, tan atractivas como poco comprometedoras: un lujo para hombres que teman el compromiso. Sin duda Ursula Andress  en Dr. No fue la primera y más recordada chica Bond de este estilo, aunque Halle Berry (que homenajea, en la última película de la saga, la salida del agua de la primera chica Bond en el filme inaugural) hace méritos para permanecer en las retinas de todos los aficionados a este espectáculo físico-pirotécnico.

BREVE REPASO GENERACIONAL

La primera ‘buena’ chica Bond, y la más recordada, fue Ursula Andress en Dr. No. La suiza enfundada en aquel bikini huérfano de tela, acabo vencida por unos años que demostraron que su mayor talento residía en su anatomía.

Daniela Bianchi fue la inocente (y un pelín mema, porque no decirlo) espía Tatiana Romanova en Desde Rusia con amor. Amor que no le sirvió para promocionarse lo suficiente en el mundo del cine, y es que ser finalista de Miss Universo no concede la titulación inmediata en el Actor’s Studio.

Daniela Bianchi, el prototipo de la primera chica Bond: inocente y un pelín mema... pero con un cuerpazo...Honor Blackman fue la siguiente Bond girl. La otra vengadora encarnó a Pussy (¿?) Galore en Goldfinger. Es, sin duda, el mayor triunfo sexual de Bond, pues la secuaz del áureo malvado tendía a frecuentar compañías de su mismo sexo (aunque esto fuera una velada suposición: escuadrón femenino, vestidos de cuero negro, odio al género masculino, ... ) y la conquista podía resultar tarea ardua para un dandy acostumbrado al trabajo fácil. Una pelea en un pajar lo solucionó todo.

Claudine Auger fue Domino (personaje reinterpretado por Kim Basinger en Nunca digas, nunca jamás) en Operación Trueno. Miss Francia no dudó en traicionar a Largo para ayudar a un Connery que empezaba a estar harto del encasillamiento.

Antes del primer paréntesis que se tomó el actor escocés en la saga vio la luz Sólo se vive dos veces, filme que transcurría en Japón. La actriz impuesta por la productora asociada Toho fue Mie Hama, tremendamente famosa en su país pero ajena a los públicos occidentales. Sus problemas con el inglés provocaron más de un retraso, y la verdad, el resultado final del filme es un tanto desalentador.

Diana Rigg  (Tracy o Teresa di Vicenzo en el filme) fue la única mujer que logró casarse con Bond en 007 al servicio de su majestad. Ahora bien, aquel Bond fue Lazenby y Rigg todavía no era la Emma Peel de Los Vengadores, así que, por el bien de la saga, sólo podían quitarla de en medio.

Tras el fracaso de Lazenby volvió Connery y junto a él Jill St. John en Diamantes para la eternidad. Su palmito no dio para mucho más que para lucir diamantes, porque lo que era actuar....

Ante la incompetencia de St. John y lo que se avecinaba con Roger Moore sustituyendo a un Connery que, a pesar de darse a la fuga, no pudo escapar de Bond, Broccoli tuvo que llamar a la doctora Quinn. Jane Seymour interpretó a Solitaire en Vive y deja morir, una vidente que perdía sus poderes al desprenderse de su virginidad (¿quién era el guionista?): a Bond se lo pusieron a huevo (y nunca mejor dicho). Por cierto, lo mejor, la canción de McCartney y los Wings.

En El hombre de la pistola de oro, Britt Ekland interpreto a Mary Goodnight, que hubiera hecho mejor yéndose a dormir que intentando actuar (sí, sí, vale, tenia cierta fotogenia, que es como decir que los trajes le quedaban bien, pero lo que era actuar, nada de nada).

Diana Rigg ha sido la única mujer en casarse con Bond... pero como éste lo interpretaba el inolvidable George Lazenby, lo mejor fue deshacerse de ambos para el resto de la serie.Barbara Bach fue Anya Amasova en La espía que me amó, el único personaje femenino a la altura (intelectual y profesional) de Bond: a Bond no le gustaba su carácter, a pesar de que a Bond sí le seguían gustando otras cosas (Bond es un conservador acérrimo: siempre le gustan las mismas cosas).

Lois Chiles, que había quedado fuera del casting en la entrega anterior fue Holly Goodhead en Moonraker. Se recuerda más al malvado Tiburón.

Carole Bouquet paso de Buñuel a John Glen para interpretar a la vengativa Melina Havelock en Sólo para sus ojos. Se comenta que en sus ratos libres llevaba a Moore en su silla de ruedas (y es que uno ya no estaba para esos trotes).

En Octopussy Maud Adamas (que ya había aparecido en El Hombre de la pistola de oro y aparecería en Panorama para matar) dio vida a la traficante de joyas del mismo nombre que, para variar, acabo liada con Bond. Se dice que Moore rodó varias (muchísimas) tomas entre lifting y lifting.

En Panorama para matar Tanya Roberts acompaño a Roger Moore en su última aparición (¡siiiiiiii!). En Los ángeles de Charlie no desentonaba tanto, aquí Grace Jones (la mala de turno) se la comió. Por cierto, fuentes cercanas a la familia Broccoli aseguraron que ante la imposibilidad de digitalizar a Moore se optó por suspender la serie durante nueve años (esperemos que con lo que ha avanzado la tecnología no se les pase nada raro por la cabeza).

Volvió Bond en 007: Alta tensión, esta vez en la piel del desvitalizado Timothy Dalton. Lo acompaño la (aún hoy) desconocida Maryam d’Abo. Sus anteriores trabajos incluyan una película de terror ¡pornográfica!. Sardá no estuvo atento.

Una exclusiva: he aquí a Shirley Eaton, la escultural rubia de "Goldfinger" a la que sólo se la recuerda desnuda y pintada de oro. Nosotros os la ofrecemos sin lo uno (lástima) y sin lo otro (para que los mitómanos sepan qué aspecto tenía).En 007: licencia para matar, la modelo Carey Lowell interpretó el papel de Pam Bouvier, la ayudante de Bond tras la muerte de Felix Leiter, jefe de la primera y amigo del segundo. Compararla con Timothy Dalton es como morirse de frío por tener dos mantas y no saber con cual taparse: una estupidez.

Después de deshacerse del quinto hermano (recuerdan a Joe, Averell y los demás Dalton) Pierce Brosnan recogió el testigo en la saga. En Goldeneye, su primera incursión en el personaje, lo acompaño Izabella Scorpuco (Natalia Fyodorova), que quedó eclipsada por la voraz Famke Jansen.

En El mañana nunca muere Michelle Yeoh fue Wai Lin, la espía china que acompañará a Bond en su lucha contra el magnate de las comunicaciones Carver. Se dio a conocer mucho más en su papel en Tigre y Dragón.

La publicitaria Denise Richards apareció en El mundo nunca es suficiente como good bond girl, aunque fue Sophie Marceau la única que mostró sus dotes interpretativas (si quieren ver hasta donde puede llegar la Richards, y no vale el anuncio de Loreal, vean Un San Valentín de Muerte).

En la última (y horripilante) aventura de Bond, Halle Berry es, sin duda, lo mejor de todo el metraje. Y aunque Brosnan no es un mal Bond (personaje que elabora a partir de una evolución de aquel televisivo Remington Steele), la actriz norteamericana se encarga de merendarse a un pobre Bond perdido entre tanta quincalla digital. Bromas a parte, pasemos a lo serio.

MISOGINIA, MACHISMO Y CONSUMISMO EN BOND

Decíamos, en el inicio de este artículo, que la saga creada por Ian Fleming se convertía, a medida que los años se suceden y los episodios se modernizan, en un objeto de consumo hecho para hombres. Producto que, a su vez, implica ulteriormente la reproducción de comportamientos machistas y misóginos.

En primer lugar, no resulta una formulación excesiva afirmar que cualquier capitulo de los que conforman la epopeya Bond incorpora ciertas pautas conductuales que los hacen apropiados para el sexo masculino. Desde un protagonista que jamás fracasa, rodeado de mujeres a las que puede desechar por otras sin importar las consecuencias, hasta la obscena mostración de un continuum publicitario que ofrece, de modo más o menos encubierto, otra serie de productos (relojes, trajes, gafas, coches, etc.): motivos que redundan en la venta de un modo de vida (alienado) muy semejante al de revistas como Man o Man’s Health. 

Lois Chiles, la chica de "Moonraker", no pudo con su partenaire... no, Bond no, Tiburón, que fue la auténtica estrella de la función.En segundo lugar, la saga reproduce comportamientos de alto contenido reaccionario; ahora bien, siempre envueltos con un celofán brillante que permite desviar la atención hacia la sorpresa antes que dirigir nuestra mirada al contenido. Las mujeres, aún a pesar de ser activas en muchos casos y no definirse como simples comparsas; siempre, sin excepción, están al servicio de un hombre (bien sea Bond o su oponente). Además de ejercer de ayudante y esclava sexual de alta disponibilidad, se deduce de su comportamiento la imposibilidad de controlar sus hormonas ante la presencia de este agente secreto de atractivo superlativo. No obstante, en algunos pasajes, las mujeres se rinden a las caricias del exigente espía ingles para obtener el beneficio de su (supuesta) muerte inmediata tras el devaneo amatorio. En ambos casos la mujer no tiene otra opción que irse a criar malvas. En un mundo masculinizado la infidelidad femenina no puede obtener otra recompensa que la propia muerte; no hay vida al margen del hombre. Se asocian, pues, a la mujer (y por extensión al género femenino) términos como traición, voluptuosidad, disponibilidad sexual, inteligencia sometida al deseo (pues las féminas que acompañan a Bond son, en ocasionas, personas de sobrado intelecto), etc. Ya saben, háganselo mirar.

En último lugar, resulta interesante centrar la atención en la figura de Bond (en tanto héroe) como proyección de ciertos ideales masculinos: un físico envidiable, una cuenta corriente imposible, unos gustos inviables (se necesita la cuenta anterior para satisfacerlos) además de perfectamente educados (de dominio público son sus asertos sobre vinos, champagnes y licores varios; comentarios que se amplía a la cocina y a la moda), una inteligencia inalcanzable (sabe de diamantes, de satélites, domina todas las áreas tecnológicas; sabe esquiar, jugar al golf, etc...), una tenacidad implacable y unos modales amables (sin dejar de lado las dosis de sarcasmo necesarias y las respuestas irónicas en situaciones poco propicias a cualquier tipo de comentario). Valor, éxito, belleza, despreocupación... alguien da más? (pues si, damos más: ¿a quien no le gustaría tener los inventos de Q?)

Así pues existen pautas en este subgénero que nos indican la existencia de un tratamiento machista de los personajes (construidos en dos estratos: el superior seria ocupado por el hombre –Bond, en este caso; y el inferior por las mujeres); tratamiento que en ocasiones se ve reflejado en ciertos comentarios misóginos vertidos por el inmisericorde esbirro al servicio de su majestad. Allá va una perla: “no me importaría casarme con una azafata, siempre están dispuestas a servirte lo que necesitas con una sonrisa”. (Roger Moore en Sólo para sus ojos).

Como "Sólo se vive dos veces" era coproducción con Japón, a que no adivinan a quién impuso la coproductora Toho? Efectivamente, a Mie Hama.Para terminar, reseñar que toda le serie se enmarca dentro de determinados patrones consumistas cercanos a los gustos de las clases altas y reflejados en la inclusión de marcas publicitarias en el seno de las distintas películas (relojes, trajes, gafas, vinos, comidas, restaurantes, casinos, etc.)

APUNTES SOBRE LA INTERPRETACIÓN

A pesar de lo anteriormente explicitado uno no puede dejar de pasar página sin reconocerse seguidor de la saga... y es que me gusta Bond. Una vez analizados los ejes que rigen el funcionamiento de este tipo de filmes, y puestas en solfa sus perversiones ideológicas, uno puede contemplarlos como buenos ejercicios de entretenimiento (unos brillantes –Goldfinger- otros horrendos –Muere otro día). Seguramente soy indulgente con la saga, pues los devotos no pueden vender al santo, aunque, eso si, pueden reconocer que lo que adoran no es una reliquia sino un montón de huesos.  

 

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