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BOND, UN NÚMERO UNO

Por Patricio Ruiz 

El rostro de Bond ha ido evolucionando con el paso de los años: a veces ha estado muy cerca del original propuesto por Ian Fleming, en otras ocasiones... bueno, son cosas de espías, seguramente han de cambiar cada cierto tiempo para no ser reconocidos.La historia de amor del cine con los espías es muy antigua pero no tanto como para que no pueda rastrearse a pesar del cuidado que tienen los espías en no dejar rastros, cambiando de nombre, agentes secretos, espías, agentes especiales...

Ya Alfred Hitchcock dirige Sabotaje (1936) basada en “El agente secreto” de Joseph Conrad. Hitchcock volvería al tema de los espías con un increíble Paul Newman en Cortina rasgada y al de los agentes secretos con Topaz (1969) basado esta vez en una novela de Leon Uris.

Otra gloria, pero esta vez de las letras, Graham Greene, también le daba al tema: Nuestro hombre en La Habana (1959) de Carol Reed, El agente confidencial (1946) de Harry Shumlin, El factor humano (1980) de Otto Preminger. Pero sus espías son, en esencia, amateurs.

La 2ª Guerra Mundial trae a los profesionales: Sorge, el espía del siglo (1959) de Yves Ciampi, el espía que comunicó a los rusos la Operación Barbarroja;  Operación Cicerón (1952) de Joseph L. Manckiewicz, la historia autentica del infiltrado aleman en la Embajada Británica en Turquia.

Terminada la Guerra llega la Guerra fría: El telón de acero (1948) de William Wellman, sobre la historia verídica de un desertor ruso.

Al parecer Ian Fleming se inspiró en un hermano suyo, que era agente del SIS británico, para crear el personaje de 007.Pero sin duda el escritor que mejor ha tratado el tema es John LeCarré, todo un mito entre los lectores aficionados al tema. LeCarré, antiguo funcionario de los Servicios Secretos ingleses, el celebre MI, es el autor de El espía que surgió del frío (1965) de Martin Ritt, una película que marca un antes y un después en el género. Seamas, el personaje interpretado por Richard Burton, quedará como paradigma del espía, anónimo, oscuro, sin medios. Le siguió Llamada para un muerto (1966) de Sidney Lumet. Paradójicamente quien mejor supo aprovechar el talento de LeCarré fue la Television con su serie Calderero, Sastre, Soldado y Espia.El protagonista, como buena parte de la obra de LeCarré, es Smiley, un funcionario gris que interpreta Alec Guinness, que se enfrenta a Karla su equivalente ruso. Finalizada la guerra fría, el interés de la obra de LeCarré, decae, La chica del tambor (1984) de George Roy Hill, La Casa Rusia (1990) de Fred Schepisi, El sastre de Panamá (2000) de John Boorman...

Frente al tipo de espías de Greene y LeCarré, que se centran en personajes cuya eficacia está en relación con su anonimato, aparece en el cine James Bond. Su autor, Ian Fleming, es otro funcionario que se inspiró en un hermano suyo, este sí, agente del SIS británico. Sin ser un buen escritor como Greene o LeCarré, sus primeras apariciones en televisión no tienen gran éxito pero al pasar al cine Agente 007 contra el Doctor No (1962) y Desde Rusia con amor (1963) ambas de Terence Young, seguidas de Goldfinger (1964) de Guy Hamilton y todas interpretadas por Sean Connery, se convierten en éxitos y con el paso del tiempo en clásicos.

George Lazenby también fue James Bond en una ocasión: ¿alguien se acuerda de él?Bond ya no es un espía oscuro y discreto, es un exhibicionista, un diletante refinado y ostentoso en sus gustos, indumentaria, bebidas, compañía: ha pasado a ser un agente secreto. El resto es historia que se detalla en otros artículos de este número. Connery es sustituido por George Lazenby ¿quién se acuerda de él?, por un Roger Moore pasado de peso, forma, reflejos..., por un tal Timothy Dalton, más recientemente por Pierce Brosnan; también David Niven en Casino Royale ha sido Sir James Bond.

Los relatos de Fleming ya no dan de sí y las ultimas películas no tienen nada que ver con él, salvo los personajes, Bond que varía,”M”, antes Bernard Lee, ahora una mujer, Judy Dench,, Monnypenny con varios rostros, su enlace con la CIA Felix Leiter, en un principio Jack Lord, ”Q” primero e inolvidable Desmond Lewellyn el proveedor de artilugios... Del primitivo James Bond que hacía su trabajo con su Walter PPK y su Aston Martín (modificado) hemos pasado a una especie de Inspector Gadget repleto de artilugios, vehículos esponsorizados, armas sofisticadas, misiles... Lo que sí conserva Bond en su trayectoria es la constancia con señores malísimos y señoras buenísimas, algo así como la marca de fábrica.

Aprovechando el tirón Bond, Dean Martin incorporó un agente secreto que no se toma en serio a sí mismo, Matt Helm, en Matt Helm, agente muy especial (1966) y Emboscada a Matt Helm (1967) dirigidas por Henry Levin y La mansion de los siete placeres (1969) de Phil Karlson. Otro que se adhiere a la idea es James Coburn con su personaje de Flint, la respuesta americana a Bond: Flint, agente secreto (1966) de Daniel Mann y  F de Flint (1967) de Gordon Douglas. El instructor de Coburn fue el mismísimo Bruce Lee.

Hay en esa estela hasta un personaje femenino Modesty Blaise (1966) nada menos de Joseph Losey que no tuvo continuidad y estaba sacado de una tira cómica.

Si después de Connery, alguien merece ser tomado en serio como espía es Michael Caine que incorpora al personaje creado por Len Deighton, Harry Palmer nuevamente un espía a la antigua usanza cuyo músculo principal esta detrás de sus gafas de concha y que protagoniza Ipcress (1965) de Sidney J. Furie, Funeral en Berlin (1966) de Guy Hamilton y  Un cerebro de un billón de dólares (1967) de Ken Russell. Un Caine notablemente envejecido, volvería al oficio con El hombre rompecabezas (1983) de Terence Young y regresaría a Berlin con El pacto de Berlín  (1985) de John Frankenheimer. Claro que Connery también volvió en las mismas condiciones con La Casa Rusia.

"El mundo nunca es suficiente", aunque no sólo para Bond, también para sus muchos imitadores, con Jack Ryan a la cabeza.Los tiempos han cambiado y los viejos espías han muerto o, como diría Churchill, se han desvanecido. Ahora se lleva Tom Clancy y su personaje es Jack Ryan. Ryan ya no es un espía, ni siquiera un agente secreto, ni un agente especial, Ryan es un analista de la CIA, un hombre de despacho que por circunstancias se ve envuelto en aventuras espectaculares ya que su pasado en el ejército explica su faceta de hombre de accion: más Connery que Ryan en La caza del Octubre Rojo (1990) de John McTiernan en el que Ryan es Alec Baldwin; en las siguientes Ryan es Harrison Ford y el director Phillip Noyce: Juego de patriotas (1992) y Peligro inminente (1994). La cuarta entrega ya está estrenada y Ryan es, esta vez, Ben Afleck: Pánico nuclear. Parafraseando el eslogan de Gilda: nunca habrá otro como Bond, James Bond.

PD.: Ian Fleming pasará a la Historia del Cine como el creador de James Bond, pero entre otras cosas en también es el autor de Chitty, Chitty, Bang, Bang.

PD2.: En Muere otro dia, Tamahori ha intentado revivir con Halle Berry la plasmación de Afrodita saliendo de las aguas que hizo Ursula Andress en Dr. No, pero no hay color.

 

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