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UN FENÓMENO DE SUPERVIVENCIA

Por Luis Tormo

Cuando "M" ya no es un hombre, sino una mujer, se hace preciso introducir toques irónicos sobre el machismo del personaje: ¿autoironía o simple cuestión de marketing?M (Judi Dench) dirigiéndose a James Bond (Pierce Brosnan): "Yo creo que es usted un fósil machista y misógino, una reliquia de la guerra fría" (Goldeneye, 1995)

 

Cuando nos planteamos un acercamiento a la serie de películas de la que posiblemente sea la saga con mayor continuidad de un personaje en la historia del cine, el primer objetivo tiene que ser analizar precisamente el porqué de esa existencia más allá de cuarenta años (la primera película es de 1962 y la última se ha estrenado recientemente), en segundo lugar habría que ver cómo se ha ido transformando con el paso del tiempo (desde la serie B del principio hasta la superproducción actual) y, por último,  que reflejo tiene en la pantalla el devenir de los acontecimientos que se van sucediendo en el mundo. Es decir, estamos hablando más de un acercamiento sociológico al fenómeno Bond que de un análisis estrictamente cinematográfico. Además, las hazañas del agente 007 tienen más sentido estudiadas en su conjunto que analizando película a película de manera independiente (la férrea estructura que planea sobre todas las películas termina eliminando el carácter propio de cada filme). Esto significa que recorriendo el panorama de todas las películas se pueden extraer conclusiones que película a película pasan más desapercibidas y en las que vamos a descubrir un fenómeno de adaptación en el más puro sentido darwiniano del término.

Así, lo primero que llama la atención es lo ligado que está el nacimiento de la serie al ambiente político que imperaba en esos momentos; la época de la guerra fría que, en los años 50 y 60, escenificó el punto máximo de tensión entre los bloques que conformaban el orden mundial resultante del final de la II Guerra Mundial, con hechos puntuales como la intervención soviética en Hungría en 1956, la construcción del muro de Berlín en 1961 o la crisis de los misiles rusos en Cuba en 1962. De hecho este ambiente es el que recoge Ian Fleming en sus novelas, que son la base de los primeros bonds y, aunque las películas no hablan directamente de esta situación siempre se establece una situación de partida donde se muestra el enfrentamiento entre buenos y malos, entre Occidente, representado por el agente inglés, y una organización maligna –Spectra- cuyo objetivo es la extorsión a través de una posible amenaza para el mundo. Esta amenaza que siempre venía de la tecnología no hace más que reflejar el mundo en ese momento, pues en los años 50 y 60, como nunca había pasado en la historia de la humanidad se empieza a tener conciencia de que existe la posibilidad real de destrucción del planeta por el armamento atómico, y así aparecieron diferentes películas que abarcaban desde el drama de Stanley Kramer (La hora final, 1959) a la sátira de Kubrick (Teléfono rojo, volamos hacia Moscú, 1964) y que reflejaban todo este panorama.

En "Operación Trueno" (además de atender debidamente a sus damas de compañía) Bond se ocupaba del robo de un par de bombas atómicas... con el tiempo los "malos" y sus "maldades" han ido adaptándose a las necesidades del mundo actual.Es por ello que el tema del enfrenamiento entre un mundo de buenos y malos (organizaciones, villanos, magnates, científicos, etc.) es la base de los guiones, tanto los basados en las novelas de Fleming como los posteriores, repitiéndose desde el primer filme hasta el último, pero siempre adaptándose a los hechos que iban ocurriendo en el mundo. Es por ello que en la serie de Bond hemos visto que la amenaza venía desde posibles catástrofes (en Operación Trueno es el robo de dos bombas atómicas) y ha ido evolucionando hasta identificarse con los temas de actualidad: la extensión de las drogas (007:Vive y deja morir) o la crisis energética (El hombre de la pistola de oro), el desarrollo de los satélites y la carrera espacial (Moonraker, Goldeneye) o la amenaza de los medios de comunicación (El mañana nunca muere).  La justificación de los peligros siempre venía de países y personajes que se parecían a los de la zona comunista o de sus aliados políticos (Cuba, China, Corea) y se ha ido adaptando según los aliados variaban, así que cuando Rusia ya no es un problema, se convierte en aliado (La espía que me amó) o se sustituye por alguna república independentista (Goldeneye), lo mismo ocurre con China que ya no aparece como una amenaza (El mañana nunca muere); eso sí, prevalece Cuba o Corea, que desde los 60, son igual de malos.

De esta forma se va avanzando a lo largo de los años y en el momento histórico en que nos encontramos se puede decir que debemos acudir a la frase aquella que decía “la realidad imita al arte” pues la situación política  actual sirve a Bond una nueva aventura que podría ser, más  o menos, de la siguiente forma: organización mundial del terror que pone en jaque  a Occidente cometiendo atentados en diferentes partes del mundo, con nombre muy comercial y que cuenta con un dirigente fugitivo que, como no podía ser menos, según los guiones de Bond, tiene mucho, pero que mucho dinero y que en su momento trabajo para los países que ahora le persiguen (introduce el tema de la traición). O incluso otro ejemplo lo tenemos con la misma Muere otro día donde se refleja un problema con Corea del Norte y del que en estos días hemos tenido noticias de la tensión real vivida entre el gobierno norteamericano y el régimen comunista de Corea del Norte.

En su afán por seguir siendo actual, Bond no ha tenido ningún problema en colocarse la escafandra y lanzarse a la carrera espacial en "Moonraker".Pero la adaptación no tiene que ver solo con los acontecimientos históricos, la propia serie se ha desenvuelto con igual soltura en todo lo referente a los gustos del público o de la industria (ya no se sabe quien influye en quien). Es ese acierto es el que permitió también que una película de serie B como James Bond contra el doctor No tuviera el tirón suficiente para lanzar el personaje. Las causas hay que buscarlas en:

·       El gusto por lo exótico, cada vez más extendido en la época (que arranca de las superproducciones en lugares remotos de los 50) y que sitúa la acción de 007 en diferentes lugares repartidos por todo el mundo (Jamaica, Cuba, Vietnam, Tailandia, Egipto, casi todas las capitales europeas, etc.) y donde el paisaje se convierte en un elemento iconográfico más de la narración desarrollando todo el aspecto de lo que significa rodar en exteriores y que afecta tanto a nivel económico (los presupuestos de los filmes fueron subiendo de manera considerable) como formal (a partir de Operación Trueno la práctica de películas se ruedan en cinemascope para aprovechar la acción y el entorno). Y todo ello bajo el signo de una ambientación que incidía en el barroquismo de escenarios de hoteles, mansiones, vehículos, fiestas, etc.

·       El incipiente erotismo, que marca la serie desde el principio y que se define ya en la escena de los títulos de crédito con las siluetas de chicas (muy al modo de los 60) y que ha permanecido como un referente incuestionable hasta la actualidad, teniendo su continuidad en  los personajes femeninos: siempre aparecen dos chicas (la buena y la mala) con características muy definidas: esculturales según el gusto de cada periodo y, aunque parecen lo contrario, siempre sumisas al poder masculino en una visión conservadora y desfasada del papel de la mujer en la sociedad (habrá que esperar a mediados de los 90 para apreciar ciertos cambios, véase Goldeneye, donde el personaje de M es una mujer y define a 007 como un fósil, vestigio del pasado).

·       La violencia, que al igual que los apartados anteriores, marcaba la diferencia no solo frente a otros filmes sino también frente al mundo de la televisión. Esta violencia implica, por un lado, el hecho físico de mostrar las acciones que venía facilitado por el contenido de las películas (peleas, muertes, explosiones, etc.), y por otro, la impunidad de quien dispone de licencia para matar a todo aquel que considere su enemigo, lo cual convierte de facto a nuestro agente en un justiciero que decide cuando es correcto eliminar a determinado enemigo.

El regreso de Connery a Bond: "Diamantes para la eternidad". De todas formas, el tiempo ha demostrado que lo importante no son los actores (ha habido cada uno que ha interpretado a Bond que, que...), lo importante es que el público ya sabe lo que va a ver en cada nueva aventura.Y todo esto bajo una estructura narrativa que a partir de la segunda película se repite en cada una de las aventuras, de tal forma, que todo espectador que acude al cine ya tiene claro que tipo de escenas se van a ir sucediendo en la pantalla. Así tenemos que invariablemente se va sucediendo: escena del logotipo de Bond disparando, escena de presentación donde 007 se exhibe ante los espectadores, títulos de crédito (siempre muy trabajados), presentación del personaje del malo y de la trama del filme, presentación de las chicas, etc.

Ahora bien, la estructura no significa que la serie no evolucione. La adaptación a los gustos del momento viene especificada porqué sin cambios aparentemente importantes el personaje y sus aventuras si ha ido modificándose para captar al tipo de público que en cada momento interesa. Así, durante el periodo protagonizado por Sean Connery (y el paréntesis de Al servicio secreto de su majestad, protagonizada por George Lazenby) las películas se ajustaban al modelo propuesto anteriormente, es decir, se busca un público fundamentalmente adulto. Sin embargo, a partir de la etapa de Roger Moore se empieza a modelar un tipo de agente más cercano a los espectadores jóvenes, las películas empiezan a presentar situaciones humorísticas y las escenas de sexo y violencia van reduciendo gradualmente el tono alcanzado con anterioridad. Lógicamente, a principios de los 70, el sexo y la violencia en el cine ya sobrepasaban considerablemente cualquier película Bond y esto ya no constituía un reclamo suficiente. Es por ello que, a partir de mediados de los 70, los filmes empiezan a buscar a otros públicos, llegando a copiar literalmente modelos de otros cines, así en plena etapa del cine blaxploitation (actores negros, problemas sociales, drogas, etc.) en Vive y deja morir, 007 se enfrenta a un grupo de color que maneja la droga como forma de sembrar el caos, cuando viene la moda del cine oriental (peleas de karate) también se recoge en la serie (El hombre de la pistola de oro), en pleno apogeo de guerra de galaxias, tenemos Moonraker con su final en el espacio.

Este búsqueda de un mayor público, que se puede datar a partir de La espía que me amó (1977), tiene su continuidad hasta ahora, de tal forma que actualmente el lanzamiento de las películas Bond (con un presupuesto económico enorme y donde el riesgo tiene que ser mínimo) va dirigido al sector de público familiar y juvenil que llena las salas de cine y donde 007 tiene que competir (en verano en los USA y en Navidad en Europa) más que con el malo de turno, con el Harry Potter del momento en las taquillas de medio mundo. Es por eso que de la brutalidad del primer Bond de Connery, el modelo Pierce Brosnan es un tipo sensible, que trata bien a las mujeres, no sale fumando y respecto a su vida sexual, vive de las rentas del pasado.

El fracaso relativo de las películas interpretadas por Timothy Dalton obligaron a replantearse la serie, reconduciéndola a un público más familiar... exactamente lo contrario de lo que ofrecían los primeros títulos de la serie. Ya se sabe: renovarse o morir.Obviamente, esto no significa que la serie no aporte o intente innovar contenidos en algunas películas. Es por ello que si con anterioridad hemos comentado el cambio de orientación a mediados de los 70 hacia un público más juvenil, eso no significa que La espía que me amó no sea una gran divertimento. Y de igual forma hay que destacar algunos riesgos que se tomaron con Goldeneye (cambio de protagonista, cambio de sexo de M, rejuvenecimiento de Moneypenny, cambio de actitud respecto a la mujer) y que sirvieron de impulso para la serie frente al relativo fracaso de las dos anteriores  películas protagonizadas por Timothy Dalton. Asimismo, en cuanto a argumentos también se ha intentado introducir un mayor componente dramático en los últimos filmes (el tema del Síndrome de Estocolmo y la venganza en El mundo nunca es suficiente o la traición en Muere otro día) que han dotado de una patina de contenido a la mera sucesión de escenas de acción.

Queda entonces, y retomamos las ideas expuestas al principio, la sensación de que el peso de la serie es más importante que las películas tomadas individualmente (estas varían mucho en cuanto a calidad artística), precisamente por esa estructura ya claramente cerrada y que se va adaptando a las modas de cada momento.  La contradicción es que ese esquema narrativo es precisamente el que garantiza la continuidad del personaje. Así mientras toda la galería de personajes tenga continuidad (007, su jefe, secretaria, el inventor, los villanos, las chicas, las explosiones y paisajes) posiblemente asistiremos cada dos años al estreno de un nuevo filme del agente británico (al margen de la calidad de los guiones, de quien dirija o protagonice sus aventuras).

 

 

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