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Camarero, otro Martini

¡CAMARERO! OTRO MARTINI, POR FAVOR

Por Elisa Mª Martínez

 

Señor Broccoli, usted que es el dueño absoluto de la serie, ¿para cuándo unos títulos de crédito con sugestivos "chicos-Bond" contoneándose al ritmo de la melodía interpretada por el mismísimo Tom Jones? (quién si no).Es estupendo ser corresponsal para EN CADENA DOS, el jefe no repara en gastos. Ahora mismo me encuentro en la terraza de un lujoso hotel, disfrutando de unas magníficas vistas de playa exótica para ambientarme mientras escribo...

 Recuerdo luchar contra el viento y la lluvia, una tarde de invierno inglés. El trayecto desde el instituto a casa se convertía en una odisea para dos niñas de doce años. Yo iba armada con un paraguas rebelde que apenas nos resguardaba del vendaval, mientras mi amiga ponía gran empeño en leer a la vez que sus pasos buscaban en la acera gris nuestras huellas de todos los días. Ayer, en las estanterías del comedor, mi amiga había encontrado, al fondo, un pequeño montón de libros arrinconados, olvidados y entre ellos había escogido una novela de Bond. “Creo que en realidad estaba escondida”, decía por encima del tráfico, “No se lo digas a mis padres, que la he cogido. Es que es un poco... bueno, ya sabes... picante”. Intentábamos llegar a casa con un aspecto que pudiera desmentir que veníamos de pelearnos con un gato en la alcantarilla y sin que nadie averiguase el secreto, eso sí que fue una gran misión.

***

Todo el mundo insiste en ello, ha habido una más que notable evolución en las películas de James Bond; las mujeres, antaño meros objetos decorativos, han pasado a la acción. Desde que Judi Dench encarna al adusto M. muestra que es la única verdaderamente capaz de meter en cintura al mujeriego agente que, por otra parte, depende absolutamente de los datos que le suministre su superior para poder evitar la catástrofe mundial.  Y en la más reciente entrega, el personaje interpretado por Halle Berry pelea admirablemente y lucha hasta casi quitarle prácticamente todo el protagonismo al agente 007, aunque, por supuesto, cuando ella se encuentra en un buen aprieto, será él quien, en el último instante, la rescatará. Pues claro que sí, por supuesto que hemos evolucionado. Tanto que ya casi hemos bajado de los árboles. Por eso lo dicen todos. Personalmente, tanta liberación femenina me da ganas de quemar el sujetador de una vez por todas. Estoy casi segura que ha llegado el momento. Porque, y aunque hoy en día cueste creer, cuando las películas de Bond irrumpieron estrepitosamente en las pantallas de los 60, supusieron una cierta relajación moral en las costumbres cinematográficas de aquel momento. James Bond, en representación de todos los seductores y donjuanes, convertía su versatilidad amatoria en una de sus Bond ha convertido sus virtudes amatorias en su principal "arma" (ojo al cartel, sin comentarios)... aunque eso, claro, obliga a calificarle de personaje "irritantemente machista". principales y más aplaudidas virtudes, oponiéndose al “castigo” que la moral imperante le hubiese otorgado hasta entonces. Eso sí, hubo un precio (que imagino no le quitó el sueño ni por un instante al agente): esta peculiar virtud le condena a ser un personaje irritantemente machista.

Desde entonces, James Bond aparece siempre rodeado de un plantel de voluptuosas tías buenas: exuberantes, atractivas, misteriosas, inocentes (o no tanto), exóticas, aventureras, algunas incluso ligeramente masculinizadas, todas de fácil asimilación (bueno, ya sabéis). Así, estas mujeres son objetos de usar y tirar, forman parte integrante del legado “filosófico”de Fleming: películas que son auténticos productos de una época de consumismo feroz, que entienden perfectamente las necesidades de un espectador domesticado por las estrategias de la televisión. Un desfile machacón de trucos visuales y efectos especiales se encarga de mantener la atención de la audiencia a lo largo de una sucesión de secuencias coronadas por pequeños momentos de clímax, que si bien se ordenan in crescendo, se ofrecen descaradamente como  sustitución de una narración estructurada a partir de la coherencia argumental. La atención mínima que requiere su asimilación hace que nos acordemos de alguna escena especialmente espectacular o de los gadgets, pero nos impide recordar a qué historia pertenecen o en qué momento del relato aparecen. Da igual. Bond, en la prosecución de peripecias que debe superar para salvar el mundo, salta de situación en situación, por inverosímiles que sean, con la misma agilidad que salta de cama en cama. Lo de siempre.

¡Ay, sí! Se me olvidaba otro elemento básico de una de las fórmulas más taquilleras de todos los tiempos, lo de la chica “buena” de la peli. Es decir, aparte de tía buena, es Buena y, por lo tanto, agraciada con el polvo final de la película (un premio a tanta bondad). No debemos subestimar la importancia de este personaje ni ignorar todo el potencial narrativo que ofrece ya que gracias a ella destaca, a modo de contrapunto, la sumisa Miss Moneypenny. Ésta es la más ferviente admiradora de 007 por mucho que la castigue con sus insinuaciones. Se crea una verdadera relación sado-masoquista en la que es imposible que se produzca un encuentro amoroso entre Bond y Miss Moneypenny (en esta última película la ilusa secretaria tiene que conformarse con una experiencia erótica virtual), quien además de permanecer sola, con este nombre está condenada a ser pobre.

Pues vaya con los swinging sixties. Los fantasmas de todos aquellos estereotipos nos siguen persiguiendo y tanto Freud y tanta leche en bote, ¿para qué?  ¿Para cuándo los chicos Bond? Porque mientras el agente 007 va de polvo en polvo, las espectadoras deben conformarse con el Bond de turno, Mientras en agente 007 va de polvo en polvo, las espectadoras deben conformarse con un único Bond, ya sea bueno (Connery) o menos bueno (el resto). guste más (Sean Connery) o menos (el resto). Ante semejante panorama, le recomendaría que espabilara un poco si de verdad quiere rescatar a una mujer. Ha tomado demasiados Old Fashioned caducados. O quizás es simplemente que les pedimos demasiado a aquellos alegres años 60.

***

El mar es más azul de lo que soy capaz de soñar... Entre las olas que mueren sobre la cálida arena surgen un sinfín de eróticos cuerpos desnudos que bailan y se contonean seductoramente al son de una canción interpretada por ¡el mismísimo Tom Jones! (¡Claro que sí!, ¿quién si no?). Son los auténticos chicos Bond (¡por fin!). Entrelazándose, sus números de teléfono, quiero decir, los títulos de crédito... Bueno, ¿qué más da? 

¡Camarero! Otro Martini, seco, por favor. (No me importa si está mezclado o agitado, siempre que el camarero sea guapo y tenga una bonita sonrisa).

 

 

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