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El triunfo del gráfico

Los efectos infográficos se notan, y se notan porque así lo quieren sus autores.El cómic es un arte donde el tratamiento de la imagen adquiere un papel fundamental, mayor incluso que en el cine. El estilo de dibujo (no confundir con la técnica) es un lenguaje en sí mismo, y ayuda a la transmisión abstracta de ideas y emociones. Determinadas historias requieren estilos concretos para alcanzar una mayor eficacia. Esto es algo relativo en tanto que la solución de puesta en imagen de una narración no es única e invariable, y compete al autor o dibujante decidirse por un estilo u otro. Pero lo que está claro es que no se pueden disociar la narración y su representación gráfica, y que no todo sirve a la hora de alcanzar un objetivo.

Así, las historias de tipo realista suelen servirse de dibujos efectivos pero no llamativos, de manera que no ensombrezcan a la historia, la cual, por su profundidad temática, requiere un protagonismo claro. Sería este el caso de obras como "Contrato con Dios" de Will Eisner, entre las muchas que hizo este autor judío, uno de los hombres que posibilitó que el cómic (o la novela gráfica, como él la denominaba) fuera considerado como un arte legítimo. En el otro extremo están aquellas narraciones caracterizadas por un dibujo estilizado y espectacular que satisface fácilmente el deseo de estimulación visual del usuario. En consonancia con lo visto antes, este tipo de productos suele valerse de narraciones muy simples, en donde la acción (y casi siempre el sexo) prevalecen por encima de cualquier otro valor. Este es el caso, entre otros, del género de los superhéroes como Batman, Superman o Spiderman. El propio Eisner lo cosechó con su famoso personaje Spirit, y como él mismo asegura en su libro "La narración gráfica", el narrador puede volver atractiva una historia trivial sirviéndose de "efectos especiales gráficos" asociados a enfoques impactantes.

Pese a las palabras de Raimi, asegurando que lo que más le interesaba era la vida privada de Peter Parker, ésta queda reducida a cuatro tópicos.Toda esta disertación sobre el cómic puede ser aplicada punto por punto al cine, y qué mejor ocasión que ésta en que se comenta la adaptación de un famosísimo cómic a la pantalla. Como en tantas adaptaciones y nuevas versiones de clásicos que últimamente está estrenando Hollywood, el argumento fundamental para llevar nuevamente al héroe enmascarado al cine es el de las grandes posibilidades tecnológicas en lo referente a los efectos especiales de que actualmente se dispone. Toda esta tecnología en teoría debe permitir que el hombre araña salte de edificio en edificio de Manhattan de forma creíble. Pero esto es una falacia, porque unos efectos especiales que no se notan no tienen ninguna gracia, y es que si se quiere llevar a los espectadores a las salas con la promesa de un gran espectáculo infográfico, éste debe quedar patente.

Los efectos digitales, aquí, como en las dos nuevas entregas de La guerra de las galaxias y en muchas otras películas, se notan, y se notan porque así se quiere. Y si sus creadores dijeran lo contrario habría que decirles que les falta mucho camino por recorrer todavía, porque cuando Spiderman realiza sus piruetas de acá para allá es cualquier cosa menos Tobey Maguire enfundado en un disfraz. Pero posiblemente esta es una película a la cual se le puede perdonar, en parte porque su protagonista está usualmente asociado a la animación y los videojuegos, pero también porque en la base de su esencia está la inverosimilitud.

La película mezcla géneros, texturas y estilos sin decidirse por uno en concreto, lo que la perjudica enormemente.A pesar de las palabras de Sam Raimi en donde aseguraba que aquello que más le interesaba resaltar del superhéroe era su lado humano y su cotidianidad, lo cierto es que el enfoque realista no es una opción, ya que de ser así un tipo vestido de forma tan ridícula mientras se dedica a salvar a la población de los malos resultaría grotesco y risible. Por eso el mundo creado por Stan Lee y Steve Ditko para que fuera el entorno de Spiderman era estilizado e irreal, con personajes excesivos y un humor zafio (un poco como el de James Bond). En cierta manera el cine de acción de Hollywood ya presenta estas características, con lo cual no era necesario un gran esfuerzo de adaptación a la esencia del original. Por eso llaman la atención ciertos ramalazos visuales del filme, acompañados de un perceptible cambio de tono que intentan acercarse a la estética de los cómics de la Marvel Group. Este hecho queda muy claro en las escasas apariciones del histriónico J. J. Jameson, director del sensacionalista periódico para el cual trabaja Peter Parker, pero también cuando la acción se traslada a las instalaciones de OsCorp, lugar de nacimiento del malo de la película, y en las luchas de éste con Spiderman. Se deja el tono menos estilizado para retratar -con trazo grueso- la vida privada de Peter Parker y de aquellos que le rodean. La película mezcla géneros, registros y texturas visuales sin decidirse por un camino concreto, creando en cierta medida un pastiche desconcertante.

Por lo demás, nada reseñable. El superhéroe interpretado por Maguire responde a lo que se espera de él. Y aunque en un principio la historia parece apuntar hacia una interesante reflexión sobre las apariencias (sobre todo en el plano físico y sexual) y la importancia de éstas en una sociedad dominada por la mediocridad de la gente, en seguida esto se diluye para dar paso a la pirotecnia y la acción más pura.

Jordi Codó

SPIDERMAN

Título Original:
Spider-Man
País y Año:
EE.UU., 2002
Género:
ACCIÓN
Dirección:
Sam Raimi
Guión:
David Koepp
Producción:
Columbia Pictures Corporation, Sony Pictures Entertainment
Fotografía:
Don Burgess
Música:
Danny Elfman
Montaje:
Arthur Coburn, Bob Murawski
Intérpretes:
Tobey Maguire, Willem Dafoe, Kirsten Dunst, James Franco, J.K. Simmons, Rosemary Harris
Distribuidora:
Columbia-Tristar Pictures
Calificación:
Todos los públicos


 

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