|
No.
No me he equivocado. Ya se que esta “peli” no transcurre, ni falta que
hace, en el fenecido siglo XX. Naturalmente, y desde el rigor histórico,
la “agradecida” (para el cine y la literatura) historia de Jack el
destripador tuvo lugar a finales del siglo XIX en Inglaterra, el Londres
Victoriano (y poco victorioso). Pero con el título de este pequeño análisis
deseo aludir a una de las ideas que los hermanos Hughes tratan de
comunicar (Por cierto, además de hermanos son, como Dios manda, gemelos,
al igual que ocurría con los Boulting, pero no con los Coen). Antes de
los cuidados créditos iniciales aparece una frase de (al parecer) Jack,
el destripador. Aproximadamente dice: “Conmigo se inició el siglo XX”. Esa aparente frivolidad da pie
para centrar el título (primoroso) en un tema o subtema atrayente. Jack,
el destripador es una especie de antecedente del siglo. Con él se expresa
(y se encierra) la historia fatal y violenta del siglo pasado.
En
ese sentido, el microcosmos del filme da pie a un macrocosmos en el que se
desea repasar todo un periodo de tiempo dominando por las intrigas, las
mafias o las formas de eliminación masivas. El referente trata de ahondar
en un antes y un después, en unas nuevas formas de matar y de eliminar.
Un paseo, en definitiva, y de ahí el acertado título, por un infierno.
Un mundo degradado de miseria y terror donde los poderes ocultos aparecen
como dominantes.
La
historia, nueva y vieja, de Jack el destripador, se instala en el reino de
lo oscuro y demoníaco, de la miseria y del mal. He ahí su máximo logro.
Para conseguirlo los hermanos Hughes posibilitan una atmósfera importada
(sobre todo) del Sleepy Hollow de
Tim Burton, tanto por la ambientación como por la figura del (curioso)
detective que representa un magnífico Johnny Depp. Sus métodos se basan
en la premonición producida por su adicción al opio y a la absenta. De
esa manera, los gustos del personaje, conducen la narración hacia otros
referentes fílmicos, como es el caso del importante filme de Sergio
Leone, Érase una vez en América:
la obertura y la conclusión de ambos títulos son muy cercanas. Alguien
que consume opio aparece en un fumadero. Inicio que sirve para introducir
al espectador en la “mente” del detective a través de un primer plano
del rostros o de unos ojos. Posteriormente, después de la investigación,
se verá (en el final) al mismo detective muerto en el fumadero. El enigma
queda sin resolverse: ¿qué cosa de las vistas es real y cuál se puede
considerar como producto del ensueño del drogado detective? Su
“calenturienta” mente da, pues, un nuevo giro a la historia del
destripador de mujeres. Hay momentos (algunos demasiado elementales) en
los que se quiere expresar el carácter irreal-mental de lo expuesto, como
es el presentar a diversas personas “llenando” el lugar de uno de los
asesinatos.
Los
hechos, y el estilo utilizado, en el filme son fieles a la obra original
de la que parte la narración: el “comic” de Alan Moore y Eddie
Campbell. Al llegar a este punto surge otra pregunta: ¿hasta qué punto
los autores de la historia gráfica conocían Asesinato
por decreto, película de 1979 dirigida por Bob Clark, y cuya tesis es
la misma que la aquí expuesta?: los crímenes intentan acallar unos
intereses políticos.
Las
mejores bazas de la película de los hermanos Hughes se corresponden con
la atmósfera, la ambientación y un tratamiento adulto en el que, por
fortuna, se huye de lo macabro que suele imperar en esta clase de títulos.
Un buen ejemplo se encuentra en la forma de presentar los diversos crímenes.
En ello, a pesar de una cierta molesta fragmentación del relato, es donde
la película consigue elevarse por encima de narraciones parejas. Pienso
en Vidoq con la que existe un curioso parecido. De todas formas existe
aquí una mejor estructuración que en el título francés y, sobre todo,
también una menor apoyatura tecnológica.
Es,
y me centro en ello, interesante la forma en que los directores se acercan
al asesino. Los crímenes (también en la nebulosa de la dificultad
policial de dar con el enigma del caso) pasan de ser un punto a
“llenar” todo un texto. Quiero decir que si el primer asesinato surge
de pronto, y se da de forma rápida, el resto servirá, poco a poco, para
acercarnos cada vez más al asesino hasta terminar completando su
existencia. Se utilizan pequeños puntos o elementos. Al terminar el
puzzle la imagen del asesino queda identificada. La incongruencia del
enigma primario se concreta y da un sentido a las imágenes. Ha llegado a
adquirir un sentido lo que parecía no tenerlo. Esa búsqueda, para bien o
para mal, es lo que domina el filme. Es el caso, por ejemplo, de la
“operación-tratamiento” de alguien (posteriormente conoceremos de quién
se trata) en la facultad de medicina (en cuanto a lo bueno) o de la
(rebuscada) aparición de una prostituta francesa (en cuanto lo malo)
concretizando y dirigiendo la historia de uno de los personajes hacia un
final demasiado convencional.
Es
una lastima que la dirección no sepa eludir algunos torpes (e infamantes)
trucos de guión. Es, claro, que, desde la oscuridad (o las tinieblas
infernales), la película quiere dejar sentadas algunas de las más
elementales reglas del cine clásico como ocurre con la que plantea que es
importante (y por eso está) cualquier hecho o plano que aparezca en el
filme. Algo que está muy bien, mientras no se llegue a torpes
resoluciones. Es el caso de la (forzada) rotura del cristal donde viven
las amigas prostitutas. Un hecho que va a servir para “entender” o
“hacer” posible una determinada situación o resolución. Pero de
forma desproporcionada. Un “cante” muy elocuente hacia el espectador,
una llamada de atención bastante infantil.
El
clima de pesadilla y alucinación está bien conseguido en su comienzo
(con unos brillantes títulos de crédito iniciales), ayudándose además
por una cuidada banda sonora. Luego la fragmentación de la historia, su
zigzagueo de unos personajes a otros, intenta mantener (a veces a duras
pena) el mismo sentido de pesadilla que abre la poca ortodoxa investigación
del protagonista.
Película
irregular, tan cargante como brillante, que, en definitiva, termina por
quedarse en una tierra de nadie a pesar de unas variadas ideas, bien
plantadas pero de escaso fruto.
Mr.
Arkadin
|
DESDE
EL INFIERNO
Título
Original:
From
Hell
País
y Año:
EEUU,
2001
Género:
SUSPENSE
Dirección:
Albert
Hughes, Allen Hughes
Guión:
Terry
Hayes, Rafael Yglesias
Producción:
20the
Century Fox, Stillking, Underworld Entertainment
Fotografía:
Peter
Deming
Música:
Trevor
Jones, Marilyn Manson
Montaje:
George
Bowers, Dan Lebental
Intérpretes:
Johnny
Depp, Heather Graham, Ian Holm
Distribuidora:
Hispano
Fox Films Spain
Calificación:
Todos
los públicos
|