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El
reputado agente de policía Jerry Black (Jack Nicholson) decide jubilarse
y, por ello, sus compañeros le dan una fiesta sorpresa de despedida. Sin
embargo, la celebración se ve interrumpida por la triste noticia del
hallazgo del cuerpo sin vida de una niña. Las autoridades, con el único
testimonio de un niño que dice haber visto a un hombre alto huyendo en
una camioneta, localiza, inmediatamente, a un hombre de origen indio (Benicio
del Toro), desequilibrado y con antecedentes, que confiesa, después de
ser extorsionado por el agente Krolak (Aarón Eckhart), haber cometido el
crimen, para luego, en un incidente con un guarda, suicidarse con un tiro
en la cabeza. Jerry, en cambio, considera que el asesino anda suelto y,
con el consentimiento de su superior, decide investigar el caso, después
de prometer a la madre de Ginny, la joven víctima, que atrapará al
culpable. El protagonista inicia una investigación en la que entrevista a
todo aquel que pueda tener relación, directa o indirecta, con el caso,
hasta que una psiquiatra le ayuda a interpretar los dibujos hechos por la
niña, que suponen una valiosa pero insuficiente pista. La peripecia
investigadora de Jerry le lleva a un pueblo cercano, donde adquiere una
gasolinera e iniciará una relación con Lori (Robin Wright Penn) y su
hija, a la que utilizará, en un último acto desesperado, como cebo.
Esta es
la historia que cuenta El juramento, película basada en un relato
de Friedrich Durrumatt, que antes de convertirse en novela sirvió como
punto de partida para el argumento de El cebo, película dirigida
por Ladislao Vajda, que, según me cuenta el jefe Adolfo, se centraba
tanto en la figura del asesino como en la investigación policial. Sin
embargo, el tercer largometraje de Sean Penn, se centra exclusivamente en
el personaje de Jerry Black, un policía obsesionado en un caso, que acaba
por convertirse en su única razón de ser, llegando a alcanzar
dimensiones metafísicas –recordar cuando el protagonista promete a la
madre de Ginny que atrapará al asesino “por la salvación de mi
alma”-. Cabe destacar, pues, la caracterización de un personaje que
irremediablemente se hunde en un abismo y desperdicia las posibilidades de
una vida tranquila y apacible, para encontrar la solución a un caso que
le remuerde la conciencia. A todo ello contribuye, sin duda, el gran
trabajo interpretativo de un Jack Nicholson que no cae en el exceso ni en
la exuberante grandilocuencia, sino que se muestra sobrio y sabe aportar
matices que termina por perfilar el retrato de un patético antihéroe.
Aunque si
destacamos el trabajo de Jack Nicholson, también hay que repartir elogios
entre los demás miembros del reparto, algunos con escasa pero brillante
presencia. Así pues, hay que mencionar el talante arrogante del agente
Krolak, o la estupenda aparición de Helen Miren como psiquiatra, quien,
además de aportar datos importantes al caso, nos dibuja a un Jerry mucho
más complejo y sugerente. Y, cómo no, destacar la sensible y tierna
aparición de un sorprendente Mickey Rourke, y la composición de esa
notable actriz que es Robin Wright Penn, expresamente afeada para encarnar
a una camarera de la América profunda.
El
problema de El juramento reside en la falta de rigor y sobriedad en
el trabajo del director Sean Penn, lo que provoca que la película se
contagie de cierta irregularidad narrativa, provocada por la alternancia
de momentos brillantes con otros momentos en que las soluciones adoptadas
son muy desafortunadas. Así, por ejemplo, resulta lamentable que una película,
en principio tan bien concebida, recurra a ese tramposo flash con
el que se reproduce la visión pesadillesca de Jerry al entrar en la
iglesia, y que, en definitiva, aporta una innecesaria dosis adicional de
suspense y resulta una tomadura de pelo. Tampoco me convence, junto con
algunas imágenes descaradamente esteticistas (en el sentido más
peyorativo), el montaje paralelo inicial que hace sospechar la incapacidad
del director para sostener las dos escenas por sí solas. Creo que el
haber dejado en off la escena del hallazgo del cadáver por parte
del niño no hubiera alterado el resultado, por lo que su inclusión no
resulta pertinente.
Hay que
reconocer, pero, que en otras ocasiones el trabajo de Penn es excelente,
como en la estremecedora secuencia en que Jerry comunica la trágica
noticia a los padres de la joven víctima. También resulta inquietante la
aparición del personaje de Benicio del Toro, así como la intervención,
ya mencionada, de otros secundarios. Como creo que es excelente la escena
del desenlace, que mantiene al espectador pegado a la butaca, y en la que,
esta vez sí, funciona a la perfección el montaje alternado, con un
dominio del ritmo magnífico. Tampoco me gustaría olvidar la precisa
sencillez con la que la película constata el paso del tiempo, el transito
de una a otra estación, mientras nuestro protagonista, a la espera, se
somete a los fantasmas ocultos de una América anónima, desolador paraíso
para perdedores.
Josep
Carles Romaguera
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EL
JURAMENTO
Título
Original:
The Pledge
País y Año:
EE.UU, 2001
Género:
THRILLER
Dirección:
Sean Penn
Guión:
Jerzy Kromolowski, Mary Olson-Kromolowski
Producción:
Clyde is Hungry Productions, Franchise
Productions
Fotografía:
Chris Menges
Música:
Hanns Zimmer, Klaus Badelt
Montaje:
Jay Lash Cassidy
Intérpretes:
Jack Nicholson, Aaron Eckhart, Benicio del
Toro, Helen Mirren, Robin Wright Penn, Vanessa Redgrave
Distribuidora:
Warner Brothers
Calificación:
No recomendado menores de 13 años
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