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Casi
todos los meses de septiembre y diciembre se repite en nuestro país la
misma historia: Disney presenta su producto del verano o su producto
navideño y las demás compañías con divisiones de animación (ojo, no
digital, sencillamente animación) se las ven y se las desean para hacerse
un hueco en las carteleras.
Pero esa
historia empieza a cambiar. Desde que el segundo de Disney se marchara de
la compañía para montar su propia compañía con otras dos compañías
de cuidado (o sea, Jeffrey Katzenberg + David Geffen + Steven Spielberg, o
lo que es lo mismo, la Dreamworks) la cosa ha cambiado. Ahora hay
competencia. Eso puede ser malo (como sucedió con Hormigaz frente
a Bichos) o puede ser bueno, como ha sucedido en esta ocasión: Shrek
es un éxito rotundo, muy por encima de las propuestas anuales de Disney
hasta el momento.
¿Por qué
resulta tan atractiva la nueva propuesta de la factoría Dreamworks?
Sobre
todo porque propone una relectura perversa de lo bello, de la felicidad,
de esos mundos idílicos que siempre nos ha mostrado Disney en pantalla.
De hecho, la mayor parte de personajes clásicos disneyanos aparecen en el
filme (la Cenicienta, la bella durmiente, Pinocho, los tres cerditos...),
y todos ellos se dan cita en una mugrienta ciénaga para pedir “asilo
político” a un feo, maleducado y maloliente ogro: Shrek.
A partir
de aquí, asistimos a un viaje, típico de los cuentos, pero contado con
toda la mala uva que el exsocio de Disney ha sido capaz: la princesa se
transforma, claro, pero en un ogro; el dragón, que es una dragona, se
enamora ¡¡del burro que acompaña al protagonista!!; hay un final feliz,
pero todos los protagonistas siguen feos, sucios y malolientes... todo
ello por no hablar del sospechoso parecido del príncipe bajito (y torpe)
con el mismísimo Katzenberg (algo que ya hicieron los chicos de Pixar-Disney
en Toy story 2, donde el malo de la función tiene el aspecto de
John Lasseter).
Si
tuviera que quedarme con una imagen sería la pelea final de Blancanieves
y la Cenicienta por conseguir el ramo de flores de la princesa-ogro y así,
por fin, conseguir casarse... porque los príncipes comienzan a escasear.
Flojea en
las canciones (alguna verdaderamente prescindible y casi todas con escasa
entidad fuera de la pantalla), pero para compensarlo nos ofrece un festín
visual de primera línea: el diseño de personajes, los fondos, los
movimientos, el colorido... todo, en suma, convierte a este Shrek en un
prodigio del trabajo de animación.
Ah, se
nos olvidaba, los niños disfrutan con este cuento al revés, pero
realmente quienes mejor se lo pasan en el cine son los padres. Así que,
por una vez, no se dejen arrastrar por sus hijos a las salas de cine...
¡¡arrastren ustedes a los más pequeños!! Merece la pena.
Mr.
Kaplan
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SHREK
Nacionalidad:
EE UU, 2001.
Dirección:
Andrew Adamson y Vicky Jenson.
Productores:
Aron Warner, John H. Williams, Jeffrey Katzenberg.
Producción:
PDI para Dreamworks SKG.
Guión:
Ted Elliot, Terry Rossio, Joe Stillman, Roger S. H. Schulman.
Argumento:
libro de William Steig.
Música:
Harry Gregson Williams y John Powell
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