Nueve reinas
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Nueve reinas

Una película curiosa, malograda en parte por el exceso de "trampas" hacia el espectador, algo que la acerca a "El golpe" de George Roy HillHe aquí un filme que pudo ser importante y se queda en visible (y con posibilidades escamoteadas) a secas: hay, quien lo duda, una buen interpretación, una realización, a veces, dotada de cierta fuerza, muchas buenas intenciones y un desmesurado ansia por repetir ciertos esquemas clásicos exitosos del ayer. Con todo, el conjunto se resiente por un sentido, sin medida, de la sorpresa y de lo imposible.

Sobre la pantalla la realidad argentina hecha de mentiras, dominada por las estafas de alta y poca monta. Gente que se odia aunque parece amarse, que se evita aunque se necesita. Engaños, vivir a costa de pillerías en una sociedad en crisis. No es raro que  la calle tenga un protagonismo destacado. Ese es uno de los mayores alicientes del filme. Seres que pasan, se mueven sin cesar en una ciudad conflictiva donde solamente interesa saber cómo subsistir individualmente. La presencia de la ciudad, en el trascurso del agotador día en el que se desarrolla la película, y de sus habitantes, es el telón de fondo necesario para poder acercarse a la realidad de un determinado momento donde la crisis económica estalla alrededor de unos pícaros individuos que tratan de sobrevivir.

Hasta ahí todo es válido. No lo es tanto la historia, demasiado amañada, tramposa, que sirve de soporte al filme. Es como si una multitud de cajas chinas se abrieran tratando de mostrar lo que hay dentro. Pero allí no hay más que una nueva caja. Es decir, estamos ante un intento demasiado complejo y arriesgado para llegar a buen puerto.

Hay películas que juegan sobre la mentira, y se reflejan en ella como elemento esencial (pienso en Operación Reno de Frankenheimer, un tan interesante como incomprendido filme), mientras que en otros la mentira es la esencia de una sorpresa final inadmisible (caso de El sexto sentido). Esa es también la penosa realidad de estas Nueve reinas, cuya mirada sorpresiva desde el final no aguanta un examen en profundidad. El espectador sorprendido asiste a un cúmulo de sorpresas. Sabe que detrás de sus imágenes se reserva una sorpresa basada en una mentira. No es la que espera. Es otra muy diferente. Pero desde el final, el engaño resulta artificial y amañado por un guión exento de lógica y con demasiadas lagunas.

Un encuentro de dos timadores va, de forma creciente, llevando a un asunto serio donde todos pueden ser engañados o al menos el más ingenuo. Pero ¿quién es el ingenuo? El realizador tiene el buen sentido de mostrar (aunque tal signo de afirmación puede aparecer como gratuito) en una de las primeras escenas (pasando desapercibido para el espectador) quien es el ser “encerrado” en la falsa trama mediante un bonito movimiento de cámara circular sobre el personaje que se va a tejer la tela de araña. Un detalle elocuente y digno, pero luego las cosas se van disparando y la trama se va haciendo cada vez más rocambolesca e imposible, hasta llegar a un final explicativo (a medias) tan forzado como falsamente inteligente. Las preguntas asaltan al curioso espectador para negar la lógica narrativa: ¿cómo admitir el encuentro en el comercio? ¿cómo el compadreo entre todos los personajes? ¿qué pinta en todo eso el español?.

Junto a esas preguntas, la presencia de algunos personajes secundarios (o no tanto) mal dados (la hermana que trabaja en el hotel), y un cúmulo de situaciones que desbordan “a la carrera” a los espectadores en una serie de situaciones que recuerdan títulos como El golpe de Roy Hill.

Lo hemos dicho muchas veces: una película no debe estar nunca en función de una sorpresa final. Esa será la conclusión lógica de unos acontecimientos. Cosa que aquí, a pesar de las buenas intenciones, y de castigar, como a él le gusta, al más sinvergüenza de todos, termina por no ser más que un vulgar juego de circo donde alguien trata de mostrar su inteligencia a base de engañar al espectador.

De todas maneras se deja ver. Hay unos buenos diálogos, unos notables intérpretes principales y el deseo (frustrado) en muchos casos de presentar la realidad de un país que intenta realizar ejercicios de supervivencia a base de pillerías, utilizando los más variados timos. Lastima de un guión  excesivamente amañado donde lo que interesa no es la lógica narrativa sino la sorpresa, o inventiva, más descabellada.

Adolfo Bellido                

NUEVE REINAS 

Nacionalidad: Argentina, 2000. 

Argumento, guión y dirección: Fabian Bielinski. 

Intérpretes: Ricardo Darín, Gastón Paula, Leticia Brédeci

 

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