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La
sequía estival no es sólo hídrica en Valencia. Es también cinematográfica.
Precisamente cuando los rigores laborales ceden (en teoría), y se tiene
mayor disponibilidad para acceder a las salas, los
distribuidores/exhibidores, o vaya a saber quien, deciden castigarnos con
subproductos indignos, siquiera, del precio de la entrada. Es por eso que
se agradece tanto una obra como la de Raoull Ruiz, que en otro contexto
quizá no hubiera pasado de interesante, pero que en la canícula
veraniega se alza como un oasis de vida para los aficionados al cine.
En
La comedia de la inocencia hay,
por lo menos, dos películas. La primera ocupa casi todo el metraje, y es
la que reviste la superficie de las imágenes. Se trata de una película
de misterio, que se apoya en la idea misma que articula el filme (un niño
que dice tener otra madre, y que ofrece detalles minuciosos y reales de
esta nueva madre, ante la incredulidad de la suya verdadera), y que es
potenciada por el director con los recursos habituales del género: la música
a lo Bernard Herrmann, las sombras, la hitchcokiana aparición de Edith
Scob, los constantes movimientos de la cámara a la búsqueda de una
explicación de lo que ocurre, incluso el uso en un principio inexplicado
de las imágenes en vídeo intercaladas en la propia película. En esta
primera lectura se invita al espectador a interpretar lo que esta
ocurriendo sin ofrecerle pistas que faciliten la explicación; tan sólo
se produce una acumulación de datos y elementos que, en todo caso,
sugieren una multiplicidad de posibilidades, hasta el punto de alcanzar un
barroquismo un tanto exagerado.
La
segunda película se descubre cuando se desactiva la primera. En un
momento dado se nos ofrece la solución al enigma, y la multiplicidad
inicial se reconduce a una explicación un tanto tópica. Es verdad que en
cierto modo una resolución de este tipo es necesaria, por cuanto la
situación había sido conducida a un grado de arbitrariedad que la hacía
casi insostenible. Pero no es menos cierto que la manera de hacerlo
adolece de puntos débiles: no parece posible que la relación del niño
con su supuesta madre fuera tan intensa ni prolongada en el tiempo como
requiere su grado de conocimiento de la situación, a la vez que se pone
de manifiesto lo difícil que resulta mantener el esqueleto mismo de la
trama por cuanto requiere de una tolerancia por parte de la madre hacia
las excentricidades del niño que no resulta sencilla de admitir.
Pero
es en este giro, a pesar de todo necesario, donde se abre la dimensión más
interesante de la película. Estamos ahora ante un drama burgués al
estilo Chabrol (aunque sin la perversidad extrema del francés),
reconocible en la familia rota, la centralidad de la lujosa casa, la
importancia del salón como lugar de reunión, el abandono inconsciente
del hijo y sus escapadas furtivas, el desconocimiento, incluso, de la
existencia del amigo.
Finalmente
parece que las aguas vuelven a su cauce: el padre regresa, la familia se
recompone y la madre, consciente ya de la realidad (magnífica como
siempre Isabelle Huppert) protagoniza el plano más sublime de la película,
aquél en el que se arregla el pelo para aparecer, por primera vez, en los
vídeos de su hijo, vídeos en los que aparecen tan sólo aquellas cosas
que le interesan al niño (personas, juguetes...).
Este
aparente final feliz, sin embargo, queda ensombrecido al trasladar la
responsabilidad manipuladora de la situación de la supuesta madre al
hijo: la inocencia del abandono deja asomar la perversidad de un niño
que, en última instancia, se ha hecho dueño de la situación, y ha
dominado por completo las acciones de los que le rodean.
No
es, ya lo decíamos, una película perfecta. Algunas de sus lagunas han
quedado apuntadas. Pero sin duda se trata de una obra interesante, que
posee eso tan difícil de conseguir como una manera propia de contar las
cosas, un estilo. La comedia de la
inocencia es una prueba más de que Raoul Ruiz lo tiene.
Marcial
Moreno Daniel Arenas
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COMÉDIE DE L’INNOCENCE
Dirección: Raoul
Ruiz.
País: Francia.
Año: 2000.
Duración: 95 min.
Interpretación: Isabelle Huppert (Ariane), Jeanne
Balibar (Isabella), Charles Berling (Serge), Nils Hugon (Camille), Edith
Scob (Laurence), Denis Podalydès (Pierre), Laure de Clermont-Tonnerre (Hélène).
Guión: François Dumas y Raoul Ruiz; basado en la novela
"Il figlio di due madri" de Massimo Bontempelli.
Producción: Antoine y Martine de Clermont-Tonnerre.
Música: Jorge Arriagada.
Fotografía: Jacques Bouquin.
Montaje: Mireille Hannon.
Diseño de producción: Bruno Beaugé.
Vestuario: Nathalie Raoul.
Dirección de producción: Hervé Duhamel.
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