La comedia de la inocencia
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La comedia de la inocencia

La última película de Raoul Ruiz cuenta con una excelente interpretación de Isabelle HuppertLa sequía estival no es sólo hídrica en Valencia. Es también cinematográfica. Precisamente cuando los rigores laborales ceden (en teoría), y se tiene mayor disponibilidad para acceder a las salas, los distribuidores/exhibidores, o vaya a saber quien, deciden castigarnos con subproductos indignos, siquiera, del precio de la entrada. Es por eso que se agradece tanto una obra como la de Raoull Ruiz, que en otro contexto quizá no hubiera pasado de interesante, pero que en la canícula veraniega se alza como un oasis de vida para los aficionados al cine.

En La comedia de la inocencia hay, por lo menos, dos películas. La primera ocupa casi todo el metraje, y es la que reviste la superficie de las imágenes. Se trata de una película de misterio, que se apoya en la idea misma que articula el filme (un niño que dice tener otra madre, y que ofrece detalles minuciosos y reales de esta nueva madre, ante la incredulidad de la suya verdadera), y que es potenciada por el director con los recursos habituales del género: la música a lo Bernard Herrmann, las sombras, la hitchcokiana aparición de Edith Scob, los constantes movimientos de la cámara a la búsqueda de una explicación de lo que ocurre, incluso el uso en un principio inexplicado de las imágenes en vídeo intercaladas en la propia película. En esta primera lectura se invita al espectador a interpretar lo que esta ocurriendo sin ofrecerle pistas que faciliten la explicación; tan sólo se produce una acumulación de datos y elementos que, en todo caso, sugieren una multiplicidad de posibilidades, hasta el punto de alcanzar un barroquismo un tanto exagerado.

La segunda película se descubre cuando se desactiva la primera. En un momento dado se nos ofrece la solución al enigma, y la multiplicidad inicial se reconduce a una explicación un tanto tópica. Es verdad que en cierto modo una resolución de este tipo es necesaria, por cuanto la situación había sido conducida a un grado de arbitrariedad que la hacía casi insostenible. Pero no es menos cierto que la manera de hacerlo adolece de puntos débiles: no parece posible que la relación del niño con su supuesta madre fuera tan intensa ni prolongada en el tiempo como requiere su grado de conocimiento de la situación, a la vez que se pone de manifiesto lo difícil que resulta mantener el esqueleto mismo de la trama por cuanto requiere de una tolerancia por parte de la madre hacia las excentricidades del niño que no resulta sencilla de admitir.

Pero es en este giro, a pesar de todo necesario, donde se abre la dimensión más interesante de la película. Estamos ahora ante un drama burgués al estilo Chabrol (aunque sin la perversidad extrema del francés), reconocible en la familia rota, la centralidad de la lujosa casa, la importancia del salón como lugar de reunión, el abandono inconsciente del hijo y sus escapadas furtivas, el desconocimiento, incluso, de la existencia del amigo.

Finalmente parece que las aguas vuelven a su cauce: el padre regresa, la familia se recompone y la madre, consciente ya de la realidad (magnífica como siempre Isabelle Huppert) protagoniza el plano más sublime de la película, aquél en el que se arregla el pelo para aparecer, por primera vez, en los vídeos de su hijo, vídeos en los que aparecen tan sólo aquellas cosas que le interesan al niño (personas, juguetes...).

Este aparente final feliz, sin embargo, queda ensombrecido al trasladar la responsabilidad manipuladora de la situación de la supuesta madre al hijo: la inocencia del abandono deja asomar la perversidad de un niño que, en última instancia, se ha hecho dueño de la situación, y ha dominado por completo las acciones de los que le rodean.

No es, ya lo decíamos, una película perfecta. Algunas de sus lagunas han quedado apuntadas. Pero sin duda se trata de una obra interesante, que posee eso tan difícil de conseguir como una manera propia de contar las cosas, un estilo. La comedia de la inocencia es una prueba más de que Raoul Ruiz lo tiene.

 

Marcial Moreno     Daniel Arenas                   

COMÉDIE DE L’INNOCENCE

Dirección: Raoul Ruiz.
País:
Francia.
Año: 2000.
Duración: 95 min.
Interpretación: Isabelle Huppert (Ariane), Jeanne Balibar (Isabella), Charles Berling (Serge), Nils Hugon (Camille), Edith Scob (Laurence), Denis Podalydès (Pierre), Laure de Clermont-Tonnerre (Hélène).
Guión: François Dumas y Raoul Ruiz; basado en la novela "Il figlio di due madri" de Massimo Bontempelli.
Producción: Antoine y Martine de Clermont-Tonnerre.
Música: Jorge Arriagada.
Fotografía:
Jacques Bouquin.
Montaje: Mireille Hannon.
Diseño de producción: Bruno Beaugé.
Vestuario: Nathalie Raoul.
Dirección de producción: Hervé Duhamel.

 

 

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