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Desde
estas páginas tuvimos la ocasión de referirnos con entusiasmo a la
anterior película de Jafar Panachi, El
espejo, una arriesgada e innovadora apuesta que combinaba con maestría
una lúcida visión sobre el arte cinematográfico con una ambivalente
mirada hacia la realidad de su país. Con posterioridad tuve ocasión de
ver El globo blanco, su primera
película, una sencilla historia cargada de frescura y de magia, y que no
hacía sino confirmar el interés de este nuevo director iraní, no más
de la legión de discípulos de A. Kiarostami.
Con
estos precedentes la expectación ante El
círculo, su última obra, era grande. Nos cuenta aquí la historia de
una serie de mujeres que entrecruzan sus vidas a lo largo de una jornada,
mujeres que huyen o que soportan el yugo de la opresión a manos del macho
dominante que arraiga en una milenaria tradición social y cultural, y que
apenas deja margen a la supervivencia.
El
arranque de la película es espléndido; con un hermoso juego de blancos y
negros, con una combinación de voces en off sabiamente medida, puede
decirse que todo lo que veremos después está ya contenido en esos
primeros minutos. A partir de ese momento la cámara perseguirá a las
protagonistas (como también lo hacía en El
espejo, pero con un sentido narrativo menos limitado que en la obra
que ahora nos ocupa), y en cierto modo no hará sino hacer explícito lo
que ya se nos ha dicho.
Y
ahí es justamente dónde radica la debilidad del filme. A mitad camino
entre la ficción y el documental, la película no recoge lo bueno ni de
una ni de otro. En cuanto a la ficción le falta el hilo conductor de una
historia que realmente llegue a interesar. La película o tarda en caer en
el tedio a fuerza de repeticiones, y al poco tiempo consigue crear la
conciencia de que poco más se puede esperar. Por otra parte la sensación
de artificio es demasiado grande para otorgar un valor documental a las imágenes.
Se requiere cierto grado de voluntad para dotar de credibilidad al
sufrimiento de estas mujeres.
Algunas
escenas resultan eficaces, como el desamparo en la estación de autobuses.
Otras tediosas, como las que protagoniza la prostituta con la que acaba la
película y se cierra el círculo hospital-cárcel; en resumidas cuenta, más
bien parece un paso atrás de este prometedor director, quizá propiciado
por ese interés que muchas veces asalta a los artistas de contar algo
verdaderamente importante, sin reparar en que la verdadera importancia
anida casi siempre en la anécdota, siendo el trabajo del artista, en la
mayoría de los casos, universalizar esa anécdota.
Marcial Moreno
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DAYEREH
Dirección,
producción y montaje: Jafar Panahi.
Paises: Irán / Italia.
Año: 2000.
Duración: 90 min.
Interpretación: Maryiam Palvin Almani (Arezou), Nargess
Mamizadeh (Nargess), Fereshteh Sadr Orfani (Pari), Monir Arab (vendedor de
tickets), Fatemeh Naghavi (madre), Elham Saboktakin (enfermera), Mojgan
Faramarzi (prostituta).
Guión: Kambuzia Partovi.
Fotografía: Bahram Badakshani.
Dirección artística: Iraj Raminfar.
Dirección de producción: Abolfazl Laleh.
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