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Introducción
Tony Curtis
Desayuno con diamantes
Días de vino y rosas
10, la mujer perfecta
Victor o Victoria

BLAKE EDWARDS:

UN DIRECTOR DE (Y PARA) 

UNA ÉPOCA 

Por Adolfo Bellido

Blake Edwards, ya han pasado ocho años desde que rodó "El hijo de la pantera rosa": ¿será su última película?La dedicación –e interés- del cine por parte de Edwards le viene de lejos. Nacido en Tulsa en 1922, recibió el nombre completo de William Blake Edwards. Su familia eran artistas. No está muy claro (según las fuentes varía el dato) si fue su padre o su abuelo un director (de cierto aprecio) del cine mudo al servicio de los grandes estudios y de míticas actrices como Theda Bara. Fuera como fuera, gracias a ello se introdujo en el cine, en los grandes estudios y su visión infantil propició el hecho de que valorara el cine tanto de género (aunque prioritariamente el cómico) como el de los actores.

Edwards es uno de los pocos realizadores que, aún iniciando su labor al final de los años cincuenta, no procede del campo televisivo. Un medio que conoció y frecuentó posteriormente. Realmente la llamada generación de la televisión realizó sus primeras películas (para el cine) desde 1955, el mismo año en el que Edwards rueda su primer filme, Bring your smile along. La forma de entender el cine (en esos momentos) entre unos y otros no serán, desde luego, las mismas. De todas maneras, tal como se ha dicho, Edwards trabaja con posterioridad en varias series televisivas (Gunn quizás será la más conocida). Incluso llega a mantener un curioso enfrentamiento con algunos miembros de aquella generación. Le ocurrió con John Frankenheimer. No sólo le sustituyó en el rodaje de Desayuno con diamantes (¿qué hubiera hecho Frankenheimer con esa película?) sino que Edwards le “volvió a rodar” Días de vino y rosas, una de las películas con la que aquél había logrado un éxito en la serie de dramáticos de televisión. 

Los comienzos de Edwards (excelente director de actores) fueron como secundario o, quizás, como simple figurante en una serie de películas tales como Diez héroes de West Point (Hathaway, 1942), Treinta segundos sobre Tokio (Le Roy, 1944),  They were expendable (John Ford, 1945), Los mejores años de nuestra vida (Wyler, 1946)... En 1948 actuó de segundo personaje en El imperio del crimen (1948), de Selander, película de la que también escribió el guión. Su despedida como “actor” –presencia más bien- se encuentra en La carrera del siglo. 

"El guateque", la película que cierra el periodo creativo más importante de Blake EdwardsEs curioso que para escribir su primer guión optara por un western (aunque algunos comentarista, no sé la razón, afirman que se trata de un filme negro). El imperio del crimen (donde también actúa), es un clásico serie B propio de Selander, que se estrenó en España muy tardíamente (en los años sesenta).Un año más tarde, ahora sin actuar, escribirá para Selander Estampida. El western es un tipo de cine genérico (como la comedia en sus diferentes facetas o el cine policiaco) por el que se siente atraído como prueba el hecho que rodará uno nostálgico, desproporcionado y curiosamente (sobre todo en un director que cuida tanto los interpretes) con un grave error al escoger equivocadamente a uno de los protagonistas, un inconcebible Ryan O'Neal, eso sí, enfrentado a un grandioso William Holden. Hablamos, claro está, de Dos hombres contra el oeste

La amistad con otro director que también había comenzado como actor, Richard Quine, da un nuevo impulso a su cine. El western da paso a la comedia romántica, disparatada o musical. Para él escribe unas serie de títulos, siendo dos probablemente los más interesantes: Mi hermana Elena (1955), un musical casi cotidiano, y La misteriosa dama de negro (1962), abocada a ese otro género que tanto parece admirar Edwards, el cine policíaco. De hecho el inteligente e irónico  Crimen a las siete deja entrever la grandeza y las debilidades en las que se mueven sus historias, aunque este título resulte fracasado por la equivocada dirección de Owen Crump. Su último guión rodado por otros corresponde a Ciudad violenta, filme que empezó a rodar pero del que fue despedido sin contemplaciones. Hubiera sido una vuelta al cine de género o a los filmes o actores que tanto había amado. 

No es raro encontrar en su filmografía remakes de otros títulos o incluso homenajes a determinadas películas. Por ejemplo, a Hitch tanto en Chantaje contra una mujer como  en La misteriosa dama de negro. También homenajes dedicados a actores, como La carrera del siglo (concretamente a Stan Laurel y Oliver Hardy) al igual que hará después en El gran enredo. Entre los remakes hay que citar Mis problemas con la las mujeres (vuelta a El amante del amor de Truffaut), Una rubia muy dudosa (deudora del Minelli de Adios, Charlie), Operación Pacífico sobre un antiguo guión de Wilder, y Víctor o Victoria, que proviene de una vieja película alemana, y que en principio iba a ser dirigida por Wilder, quien terminó por sugerir a los estudios el nombre de Edwards para su rodaje. Aunque su remake completo sea la fatigosa serie de La pantera rosa, nacida como una feliz comedia en la película primaria del diamante que dio título a la totalidad de películas del inspector Clousseau y a las series televisivas de dibujos animados, tanto de la pantera rosada como de ese despistado inspector que es casi un continuador s de algunos personajes animados de la casa UFA, por sus continuados despistes. 

No obstante, aquí y allá aparece el trasfondo genérico, bien sea policiaco, melodramático, aventurero. Como muestra cabe señalar los filmes bélicos convertidos en desaforadas comedias (Operación Pacíficio  ¿Qué hiciste en la guerra, papi?) o en filmes de planteamientos antibélicos: Vacaciones sin novia,  el irónico inicio de El guateque, clara replica a Gunga-Din, sin olvidar por supuesto sus premeditados y variopintos troceados, de esa y aquella película, que aparecen en la divertida La carrera del siglo, en la que Edwards aparecerá como actor imitándose a si mismo. 

"Darling Lili", la película que inicia el periodo creativo más oscuro de Blake EdwardsLa obra de Edwards es realmente importante en el periodo que abarca desde Vacaciones sin novia (1958) hasta El guateque, realizada diez años después. Su canto rendido de amor en forma de película dedicada a su reciente esposa, Julie Andrews, parece paralizar toda su creatividad. Se trata de Darling Lili (1969), que muy bien podía haberse titulado Querida Julie. Errático, sin un destino claro, camina durante varios años, encerrado de vez den cuando en las repetitivas aventuras del inspector Clousseau, cansinas y monocordes, con un personaje despistado que no da demasiado más de lo que ya ha sido capaz de expresar. 

¿Existe la obra de arte? ¿Dónde se encuentra? ¿Es necesario buscarla si eso supone perder la conexión con el mundo “real”? ¿Es una quimera o algo que puede ser verdad? Surge 10, la mujer perfecta (1979), la intromisión en el mundo interno del artista. Una búsqueda inútil porque nada es perfecto. Es como si con este filme Edwards hubiera entrado en el mundo intimo, como si quisiera descubrir la necesidad de encontrar un sentido a la vida o adaptarse a la mediocridad reinante. ¿Una defensa? ¿Un intento de luchar por su independencia frente a la imposición de los productores? ¿O quizás defenderse del propio amor que ha encontrado en Julie Andrews, y que será intérprete de varios de sus filmes? Lo que si está claro es que con 10, su cine se hace rabiosamente autobiográfico. Ciertos rasgos personales aparecían expuestos en su obra anterior, pero ahora las cosas son más diáfanas. La crisis de identidad personal, su enfrentamiento creativo aparecen en alguna de sus obras posteriores y en especial en Así es la vida

El filme posterior a 10 parece echar la culpa de todos sus fracasos a los productores. A ellos dedica el título de S. O. B. Son para Edwards los principales culpables del enterramiento del cine como expresión y como arte. El título es explicito. Se trata de definirles con sus siglas. Las iniciales del filme no encierran más que el conocido referente en lengua inglesa de hijos de su madre, aunque fuera cambiado en la (horrenda) traducción con la que se conoce entre nosotros por el de Sois honrados bandidos. Iniciales, las que dan el título original a la película, que le servirán para ironizar sobre su despido durante el rodaje de Ciudad violenta. Se negará a firmar con su verdadero nombre y utilizará un seudónimo que incluye las iniciales S.O.B. en la referencia a su nombre y apellidos: Sam O. Brown.

Uno de los múltiples "remakes" que rodó: "Mis problemas con las mujeres" es una vuelta al mundo de Truffaut y "El hombre que amaba a las mujeres"En 1982 rueda su última gran película, Víctor o Victoria, que le cede, como ha quedado dicho, su amigo Wilder. Aún rodará once títulos más. Tres veces volverá sobre La pantera rosa, incluso después de la muerte de Peter Sellers. Así es la vida insistirá, como se ha dicho, en el carácter autobiográfico de parte de su obra. El resto son filmes cómicos más o menos conseguidos, en algunos de los cuales  se rastrea al gran realizador genérico y comediante de los años sesenta. Ocurre en Micky and Maude o Cita a ciegas. Su última obra (¿rodará alguna más?) es de 1993. El gesticulante y posteriormente oscarizado Benigni (¿qué le verán a este personajillo?) se convertirá en el sucesor de Clousseau en El hijo de la pantera rosa. 

Cada día más desengañado, el hombre de las grandes fiestas, el creador de las grandes escenas de amor, el que enfrenta a sus hombres y mujeres en escenas íntimas, o de simple reposo, junto a una chimenea, tendidos sobre exóticas alfombras y bebiendo champagne, parece ir anunciando su adiós a un cine que no es el suyo, al que ya no pertenece. Un cine que conoció hace años en el Hollywood luminoso que trató de reflejar en algunos de sus hermosas comedias o en sus grandes melodramas, a lo largo de unos años en los que aún esperaba el milagro de encontrar la obra maestra, el 10, que le otorgara un puesto de oro en el mundo de cine. Algunas de sus películas sí lo han rondado. 

Esté o no esté presente en Valencia, con motivo del homenaje que el certamen Cinema Jove dedica al excelente director de los años sesenta (y de algunos filmes posteriores), sí estará su obra. Eso es lo realmente importante: el diálogo entre el director y los espectadores. Películas las que se proyectarán, que mostrarán la fuerza de un cine desaparecido para siempre. Edwards, comediante, amante de los géneros, nos muestra su saber, su inteligencia y también la desesperación que supone tener que luchar contra sistemas establecidos. Un cine digno de ser mirado, de ser admirado en muchas de sus películas. Hay que encontrar detrás de ellas, sin duda, la infructuosa y a veces dolorosa lucha de un artista por encontrar la obra perfecta, ese diez tan difícil de conseguir.

 

 

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