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LA ÉTICA DE LA IMAGEN

Por Elisa Mª Martínez

La utilización de la steadycam en "Shanghai triad" remite a una de las influencias de Yimou: el cine de Kiarostami.Tras la Revolución Cultural, y durante diez años, Zhang Yimou trabajó en granjas y como operario textil. Dibujante y fotógrafo, se formó en la Academia Cinematográfica de Beijing. Tras su graduación, realizó diversas tareas en el campo cinematográfico, entre ellas como director de fotografía para Chen Kaige a mediados de los años 80.

Los temas de sus películas se centran en la gente corriente, convirtiendo sus experiencias en historias universales con un cierto carácter épico. Como narrador es un humanista preocupado íntima y apasionadamente por sus personajes. Sus historias trágicas de honor y venganza le relacionan con el maestro Kurosawa mientras que su sensibilidad hacia la naturaleza le acerca a Kiarostami.

Sus inquietudes por la técnica cinematográfica, su vocación por explorar distintas maneras de narrar, le mantienen en un sutil equilibrio entre dos polos: por un lado, la tradición oriental de sus inicios y, por otro, el cine más contemporáneo y transgresor. Del primero toma especialmente un tipo de puesta en escena casi teatral, un clasicismo temático y una exaltación de los valores ancestrales, tal como podemos comprobar en Sorgo Rojo (1987), La Linterna Roja (1991) y Ju Dou (1991). Del segundo toma las características casi documentales, a veces con utilización de cámara oculta (Qiu Ju, una mujer china, 1992), la utilización del Steadicam en Shanghai Triad (1995) o la combinación de color y blanco y negro en El camino a casa (1999). El resultado de todo ello es una estética muy personal.

Su brillante comprensión de los elementos estéticos encuentra su reflejo en una cuidada ambientación y en un uso reflexivo de la cámara, siempre según las necesidades expresivas. De esta manera consigue unir la realidad o lo cotidiano con mundos fantásticos o de leyenda. Toda la obra de Zhang Yimou se caracteriza por una técnica cinematográfica muy calculada, un cuidado absoluto hacia los detalles y por una fotografía y puesta en escena muy rigurosas, donde todo encaja con precisión. Su particular uso del color, en especial el rojo, se ha convertido en una marca distintiva.

En El camino a casa podemos resaltar el contraste entre el sombrío presente mostrado con un blanco y negro casi de documental y el añorado pasado exhibido con un despliegue de color rico y espectacular. Los intensos paisajes de la memoria muestran los cambios de estación, los campos dorados del fin de verano y el bosque plateado del invierno, la suavidad del viento en primavera o la crueldad del frío invernal. Los vastos paisajes sirven de escenografía a las relaciones humanas, entretejidas con el discurrir de los días y el sonido de la naturaleza. La vida irrumpe a través de los recuerdos, con mayor fuerza que en la triste realidad presente.

También los pequeños detalles son elementos cargados de significado. Por ejemplo, el adorno del pelo, la tela roja que colocan en la viga de la escuela o la chaqueta roja que lleva la protagonista. Pequeños elementos, casi insignificantes en cuanto a valor material, pero que estimulan los mecanismos de la memoria, se colman de nostalgia; testimonio de hechos, vivencias, sensaciones, creencias y deseos. Con estas pequeñas cosas, Zhang Yimou consigue, además, intensificar la autenticidad y el realismo de lo mostrado, combinándolo con una gran energía emocional.

Se trata de un director que nos ha regalado en los últimos años algunas de las mejores muestras de la belleza en el cine, narraciones mostradas a través de espléndidas imágenes elaboradas con una impecable capacidad técnica y con un refinado uso del color. Aunque lo que más nos sorprende es su capacidad de unir una asombrosa habilidad estética con un profundo compromiso ético.

 

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