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Cada mes rendiremos homenaje a un título de especial interés o a un director de actualidad por un estreno reciente. Nuestra intención es ofreceros distintos puntos de vista sobre el personaje o la película elegida. Este mes, el estreno del film "Infiel" nos anima a hablar de Liv Ullmann e Ingmar Bergman, y lo hacemos en cinco artículos:

  1. El infierno son los otros

  2. Estructura de la narración

  3. Infidelidades

  4. Quitarse la máscara

  5. Culto a la luz


EL INFIERNO SON LOS OTROS

por Adolfo Bellido

             Un terrible alegato sobre las relaciones humanas es lo que narra Infiel la segunda película que la actriz Liv Ullmann realiza sobre una historia de corte autobiográfico de Ingmar Bergman. Un preciso y adulto guión (valorable sobre todo hoy, en el que guiones suelen estar muy mal estructurados) escrito por Begman sirve para que Ullmann muestre su saber y profesionalidad. Fue una de las mujeres y de las actrices del gran realizador sueco. Hoy, cuando se buscan falsos maestros, se debería volver la vista hacia el hombre en el que hay que mirarse como referente de la –extraordinaria- cultura de una parte de la segunda mitad del siglo XX. La "Infiel" es la segunda obra de Liv Ullmann sobre la vida de Bergmancomparación de su obra con parte de la de uno de sus discípulos, como puede ser la de Woody Allen, no hace más que demostrar la diferencias entre el original y la copia o si se quiere la diferencia que existe entre la cultura de los años cincuenta-sesenta y entre la de los ochenta y noventa, aunque en el fondo entre ambos, y otros, realizadores exista el abismo entre la cultura europea y la norteamericana, lo genuino frente a lo light. Bergman nos refleja nuestros fantasmas e ideologías mientras que Allen, como un anuncio de Coca-Cola, representa la vulgaridad de sus compatriotas empeñados en ser cultos no siendo eso más (como muestra en  Granujas de medio pelo, su divertida última película y, aquí, tan distante a la ideología del realizador sueco) que un barniz que oculta la falta de preparación, saber y/o educación de una sociedad que se mueve por el triunfo y el dinero a costa de lo que sea.

            Hace años Liv Ullmann había protagonizado, junto al actor que en Infiel representa a Bergman, un filme tan magnifico y doloroso como Secretos (o Escenas) de un matrimonio (de ambas maneras es conocida la película). Aquel filme es el antecedente de este, uno y otro se unifican y se presentan como la  continuación y culminación de una trayectoria. El demonio del matrimonio presentado en diversas etapas ofrece ahora el repaso a una vida donde el juego parece ser el elemento primordial de la dura existencia. Un juego donde los personajes son auténticas marionetas de si mismas maniobrando con obtusas intenciones sin tener en cuenta el efectos de las acciones realizadas.

            Se puede intuir la figura de Bergman detrás de la escritura y de las imágenes,Liv Ullmann y su hija Linn de esta película. No sería honesto, no obstante, destacar únicamente a Bergman, porque las virtudes de Ullmann, la directora de esta sensacional obra, son muchas y forman igualmente parte tanto del particular mundo del realizador sueco como de su brillante transposición fílmica. Bien es verdad que los principales temas bergmanianos acceden a esta terrible y dolorosa historia pero también lo es que el dibujo de Ullmann es propio y personal por vivido y cercano. He hablado anteriormente de la relación de Infiel con Escenas de un matrimonio pero no se puede olvidar que en la película de Ullmann existen otras muchas referencias del cine bergmaniano. Indicaré:

  • la búsqueda de la razón de la actual existencia. Todos somos lo que somos en función de nuestro pasado, de lo que hicimos o dejamos de hacer. Nuestra existencia nos ha marcado;

  • la duplicidad de unos con otros. Se es como el anverso y  reverso de una moneda. Cuerpo y espíritu. Alguien que se mira en un espejo mientras se devuelve la mirada. Somos derecha e izquierda, la referencia duplicada de nosotros mismos. Hablamos y escuchamos. Es ejemplar en ese sentido Persona, una de las más grandiosas, y maduras, obras de Bergman. Allí dos mujeres se reflejaban en una o mejor ambas eran la expresión, o representación, de una sola. En éste filme eso también ocurre, esposo y amante se funden en uno único personaje y ambos a la vez son el espejo en el que se mira el anciano Bergman, recluido en su isla de Faro, tratando de comprender sus actuaciones pasadas o al menos de personarse por ellas. ¡Que bello instante aquel en que Bergman-personaje acaricia a David (el ser que ayer, joven, paseaba su presunción y egoísmo por el mundo! Es, eso momento, como la aceptación, o el encuentro de un personaje, por el otro. El anciano que no puede recuperar su juventud perdida pero que al menos la acepta;

  •  el egoísmo que destilan todos los personajes masculinos de los filmes de Bergman, y, por supuesto, también los aquí presentes. El compositor pide a su hija pequeña que se suicide con él, mientras que el director de cine no tiene reparo alguno en engañar a su mejor (¿) amigo, acostándose con su mujer. Lo más asombroso es que detrás del egoísmo de sus personajes aparezca reflejado el del propio director. Pocos autores han sido capaz de desnudar sus almas de la manera que lo ha hecho Bergman. Otros se han escondido procurando una imagen que nada tiene que ver en realidad con la suya. Bergman no lo hace. Parece que necesita lacerarse con su propia soberbia, su sentido del “yo”. Confesiones terribles, aplastantes, dolorosas. Un gran autor reconociéndose lleno de culpabilidades, debilidades y actuaciones odiosas con el fin de alcanzar lo que más desea en un determinado momento. Parece que los otros no existen o, al menos, no importan.

  •  la existencia de un camino vital, real o metafórico que implique la forma de encontrarse con uno mismo. Se trata de un viaje interno dado, o no, por medios externos. Ese viaje en Infiel se muestra por medio de la búsqueda del pasado, un viaje al fondo de la mente para encontrarse con (y no en el) ayer. En una de las mayores películas de Bergman, Fresas salvajes, el viaje de un anciano para ser nombrado doctor honoris causa de la Universidad servía como reflexión de una vida (el mismo esquema de la película citada fue utilizado por Woody Allen en Desmontando a Harry). Es magnífico el planteamiento de Bergman en aquel filme y que Ullmann, en cierta manera, lo transporta a su película. Se trata de que un personaje anciano vea, quizás como una película (¿no se corresponde esa visión a la de un “pase” de hechos y situaciones por –y en- nuestra mente?) los sucesos que vivió en el pasado. Somos los seres de hoy que vemos el ayer como era pero visto desde hoy. Es decir, las gentes y los lugares se mantienen encerrados en el tiempo mientras que nosotros somos –y estamos- en el hoy. Por su intemporalidad el pasado será eterno, suspendido del momento en que ocurrió, mientras que el pensador lo ve desde su temporalidad. De ahí que Bergman anciano llama a sus fantasmas del ayer para sentirlos –y verlos- como eran. No es raro que en la película esté presente la cámara de cine. Es el objeto de reflexión, se ha vuelto a rebobinar nuestra vida, y la pantalla envía nuevamente las imágenes tal cual eran.

            Infiel es a la vez la historia de un adulterio sin sentido, cumplimentado como un juego y lanzado como una pasión dolorosa. La película, vista desde el hombre-amante, habla de ella, pero podía haberse volcado sobre él marido. Ella engaña, pero al final sabremos que el marido también lo ha hecho. Se trata de que ninguno de la pareja conozca el engaño del otro(¡que sutilidad la de Ulvman mostrando a la amante del músico perdida en una escena, de forma momentánea, pasando las hojas de la composición al marido engañador-engañado! Un hecho que sólo son capaces de lograr los grandes directores, el todo por la parte, el dato por el hecho. Cuando surge la amante no es forzado ya que “formaba” parte –agazapada- de la historia). Pero, en sus juegos, unos y otros crean las redes para ahogar, frustrar sus vidas y la de los otros. El ser humano se convierte así en un enemigo de los otros seres. El amor da paso al odio. El infierno son los otros, parecen mostrar las imágenes, como si de la estela del existencialismo sartriano se alimentarán los complejos y las dudas de la culpabilidad cristiana de Bergman

            Para plantear la confesión personal Ullmann ha utilizado el monólogo. Gran parte de la película lo es. Vemos lo que alguien cuenta, le escuchamos decir, incluso, cual fueron las palabras que se dijeron. Al parecer el guión original, según ha dicho la directora, era mucho más un monólogo interno (del personaje de Bergman-actor), que el presentando por la directora, pero la idea, el sentido sigue estando presente. No es único cambio respecto al guión original, ya que Ullmann introdujo un personaje muy importante (algo que el propio Bergman-real), la niña, hija del matrimonio. Ser clave, ya que es el personaje más indefenso. Todo cae sobre ella. Es como una marioneta movida por los invisibles hilos de todos los demás seres. Para ellos la niña no es nadie. Hay que ver ese extraordinario momento en que se esconde entre las sábanas para no oír los gritos que llegan de otra habitación. Niña que engloba todo el sentido destructivo de los farisaicos personajes que la rodean. ¿Cómo será esa niña mañana? ¿Podrá librarse de los juegos de los que le han hecho victima los adultos?

            La cámara, o el espejo, tanto da reflejan el diálogo de alguien consigo mismo, el enfrentamiento a su otro yo. Dominio de una parte por otra. El resultado es el dolor, el cansancio, la frustración de la que se escapa por la fácil marcha, la huida o el suicidio. Crueldad sin amar, dolor de un adulterio que condena a los otros y a uno mismo. Pocas películas, tan cruelmente como esta y sin moralina alguna, han tratado tan duramente los sinsabores de una relación adultera.

            Es impresionante el dominio de la cámara, la fotografía, la interpretación de la que hace gala Ullmann. Cada secuencia se estructura de acuerdo a un determinando color, que dibuja un estado de ánimo. Sirva como modelo la secuencia del estallido de la pasión en un hotel de Paris, instante dado por un sin fin de elementos rojizos, claro símbolo de la incipiente relación amorosa.

            Un filme tremebundo y veraz que nos acerca a esa difícil relación entre el cine y la vida. Imprescindible para aquellos que aman el cine, la cultura, y el compromiso. Grande, hermosa y sentida lección artística la que la gran actriz Ullmann nos brinda en su enorme película. La sombra del genial Bergman alea sobre la pantalla, pero sólo con su sombra, sin el arte de la directora, no se podría haber conseguido tan gratificante películas.

 
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