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Hace millones de años, en el cineclub COUL del centro educativo de Cheste (Valencia), se descubrieron unas pinturas rupestres que despotricaban sobre las proyecciones de sombras en las cavernas. Los seis primeros años de la década de los ochenta, fueron testigos de unos papiros que resultaron la base de lo que tenéis en pantalla.
Doce años después, tras la guerra fría, algunos de aquellos pioneros se reunieron de nuevo y decidieron, aprovechando el trabajo de espionaje, adaptar aquella revista al nuevo medio.
Mucho ha llovido desde entonces, ahora cobramos diez veces más por hacer esta revista, es decir nada. Ninguno vivimos de esto, pero este es uno de los pocos lugares donde hacemos lo que nos gusta y como nos apetece. Esperemos que disfrutéis tanto leyendo Encadenados, como nosotros haciéndolo.
Volvemos a nuestro propio pasado para navegar por los números anteriores. Con esta sección se cierra, o se abre, según se entienda, Encadenados.
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