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(Huesca: 11 junio 2008)
1) Primavera en Huesca
Escribe Carlos Losada
Primavera, el sol aún está lejos del Centro de Stonehedge, pero los humanos comienzan a evolucionar hacia las verdes llanura de Salisbury, llenando con su inquietud y temor las futuras imágenes que configuran el Universo.
Parte del conocimiento surge del trazo sobre las piedras de las cavernas que protegen del frío y del calor. Después vendrán los telares, tejer y destejer; y los lienzos, retocar y descubrir y anular perspectivas y la diáfana rotundidad del rostro que crea y destruye.
¿Qué sería de la primavera sin evolución?
El soplo del tiempo configura en el espacio cómo la técnica amalgama la intuición humana con el saber de quiénes sienten como suya la propia realidad que muestran las novedades que van imponiéndose.
Primavera, en la tarde del 24 de noviembre de 1973. En Huesca se presiente que va a empezar algo nuevo, surgido de la inquietud de la peña recreativa Zoiti, encuentro de juventudes en busca de algo gratificante y mejor, cultural y políticamente, y a las puertas de los Pirineos: el futuro Festival de Cine.
Pasado el 26 de abril de ese 1973, los cimientos quedan puestos y la andadura reportará alegrías y sinsabores –casi todos relacionados con el dinero, sin citar a Quevedo–, y el reconocimiento de propios y extraños –primero de estos últimos–, que le llevan a programas, conversaciones, encuentros de cortometrajistas; y, para ayudar a los oscenses, la llegada de la 15ª edición, estamos en 1987, de largometrajes europeos y de sesiones-homenaje, donde recordar a cineastas y personas que contribuyeron a que la evolución fuese tan efectiva como real. Todo ayudado por la buena gastronomía y el buen vino que las estribaciones de los Pirineos propician.
En esa estábamos, llegando a la edición 36ª, cuando acaeció en la primavera de la mañana del 29 de marzo de 2008, que una de las figuras de aquella inquietud, José María Escriche, casi cumplidos todos sus sueños, emprende un viaje sin retorno hacia las fuentes mismas de la inquietud
Pepe Escriche configuró primero el Certamen de Cortos, luego el Festival de Cine, como una película que deambula por la vida para arrancarle sus secretos y proporcionarnos alegrías y amistades, donde la impresión del cine será también expresión de lealtades y vivencias. El tiempo, el cine y las personas lo recordaremos siempre.
El viaje del cine así parece acontecer, como lo demuestra el Festival de Cine de Huesca, que nació en primavera, y que debe continuar para que la evolución del arte y de las personas sientan que en Huesca nunca dejará de anunciarse la primavera.
2) A toda máquina
Escribe Adolfo Bellido
La 36ª edición del festival de Huesca camina a toda máquina. Comenzó el 5 de junio, hace más de seis días y concluirá el día 14. Ya se han realizado dos homenajes, uno sentido al que fuera durante años su director José María Escriche, fallecido no hace mucho, el otro como reconocimiento a la obra de un excelente realizador francés, Bertrand Tavernier, que estuvo en Huesca durante unos días.
De Tavernier se proyectaron cuatro películas. Pocas si consideramos las que ha realizado, pero al menos presentes como testimonio del compromiso del realizador con el cine y con la vida. Faltaron algunos títulos punteros, caso de Hoy empieza todo, entre los más recientes, pero se pudieron ver La vida y nada más y La carnaza (esa que en algunos sitios aparecía, de manera curiosa, traducida como El cebo). También su más que discutible último título, La pequeña Lola. Lo importante es que Tavernier estuvo y se exhibieron en Huesca algunas de sus realizaciones, como aperitivo para que los espectadores puedan acceder vía DVD a otras de sus películas. Merece ser visto.
Ha habido también dos interesantes retrospectivas: la dedicada al documentalista de la escuela inglesa Humphrey Jennings y la del animador americano Larry Jordan.
De Jennings se han visto algunos de los documentales que realizó entre 1938 y 1946, la mayoría centrados en los periodos correspondientes a la preguerra y la segunda Guerra Mundial. Cine directo, realista, en la línea del mejor cine documental británico. Películas que superan el propio sentido propagandístico al acercarse directamente a la realidad del momento, a la necesitad de tomar partido por la causa. Didactismo y efectividad al cien por cien.
Larry Jordan realiza una animación personal donde mezcla diversos elementos para obtener unas representaciones cercanas al surrealismo. No es una animación al uso. No, sobre un simple cuadro, o unas imágenes fijas, sobrevolarán mariposas, volarán globos, se mostrarán fotos de personas que cambian de ambientes. Mundos soñados, pensamientos convertidos en delirantes flashes. Una rareza. Destacaré, por citar un título, Masquerade, donde el cuadro de un duelo se convierte en un increíble sueño; o The visible compendium, su obra más larga (quince minutos frente a los 6 u 8 que suelen durar) donde la imaginación se desborda. Fueron realizadas en 1979 y 1991 respectivamente.
Si Lawrence Jordan nos convenció en esos y otros títulos, no ocurrió lo mismo con Postcard from San Miguel (1996), donde en 8 minutos y desde distintos puntos de vista se representa un pueblo mexicano abandonado. Las imágenes repetidas se van intercalando con mensajes escritos en tarjetas postales que no son sino palabras de García Lorca. Aquí, y eso es lo mejor de ese corto, se juega, al igual que en todos los suyos, con la música y los ruidos. La banda sonora adquiere en sus filmes un gran protagonismo.
Son estas secciones las que escoltan las proyecciones a concurso de cortometrajes y documentales en sus diferentes modalidades: iberoamericano, documental e internacional.
Una ciudad pequeña se convierte en estos días en centro del cine español. Cortometrajistas de diversos países ven y comentan películas. Intercambian opiniones. Y la ciudad, hospitalaria, los recibe con los brazos abiertos y participa sobre todo de las películas de la Muestra del cine europeo, una serie de películas que ya han sido estrenadas en otras ciudades, o que están a punto de hacerlo, pero que aquí no lo harían nunca.
Se acaban de proyectar, por ejemplo, 4 meses, 3 semanas y 2 días y Una mujer cortada en dos, y se anuncian Yo serví al rey de Inglaterra de Menzel, que acaba de ganar el primer premio en el festival de Peñíscola, o 100 clavos, el último filme de Ermanno Olmi.
Sesiones, las de estos últimos filmes, nocturnas y multitudinarias. Los asistentes puntúan diariamente, al concluir la proyección, cada una de estas películas. Se erigen así en jurados de un cine que si no fuera por el festival les estaría vetado en esta ciudad que tan sólo cuenta con unos multicines con seis pantallas.
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