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20 festival de comedia de Peñíscola (3): Dolors Payás Imprimir E-Mail

Una jornada paticular
Escribe Marcial Moreno

mejor-5.jpgHacerle una entrevista a Dolors Payás es la cosa más fácil del mundo. Insinúas una  cuestión y entra a saco. No sólo te contesta a aquello que tú querías preguntar sino que se adelanta a lo que tenías preparado para después y añade algo más de su cosecha. Nada de sacarle información con sacacorchos. La información fluye como un río, ¿qué digo como un río?, esta mujer es un océano de datos, anécdotas y revelaciones, tanto que en alguna ocasión se excede y tiene que pedir el off the record. Qué menos que respetarlo.

Ya hemos dicho en otra crónica que su última película, proyectada por primera vez al público en el 20 festival de comedia de Peñíscola, fue toda una revelación. Acostumbrados como estamos a presenciar comedietas españolas insulsas y bobaliconas, Mejor que nunca, con una factura narrativa más que interesante, apuesta por un humor inteligente e irreverente que es toda una bocanada de autenticidad en este adocenado solar patrio.

Y eso había que comentarlo. Tras la proyección solicitamos a Dolors Payás que nos concediese unos minutos, y sin dudarlo un instante nos citó para el día siguiente. A pesar de los ajetreos que siempre supone la promoción de las películas –más los ajetreos propios de Peñíscola– cumplió su palabra y fue puntual como un reloj. Y no sólo eso, sino que desbordaba tanta simpatía y elocuencia como ya le vimos la noche anterior en la presentación de la película.

Comenzó quejándose de las condiciones de la proyección. Y con razón. No sólo estaba desenfocada, sino que el sonido era pésimo, hasta el punto que algunos diálogos fue imposible entenderlos. Y eso, nos decía, fue especialmente desagradable para ella, pues había trabajado mucho los dobles y triples sentidos de esos diálogos. Lo mismo con la música, primera incursión en el largometraje de Armando Pérez de Mántaras, a cuya sutileza e intencionalidad le quiso dedicar un especial reconocimiento. ¿No era entonces problema de la película? En absoluto, la película se oía normal, como todas.

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Lo primero que nos interesó saber fue si esa mirada ácida y burlona que lanza sobre tantos y tantos tics de lo políticamente correcto era algo planificado desde el comienzo o fue surgiendo a lo largo de la escritura del guión. Nos lanzó una mirada de complicidad, como un niño al que han pillado después de comerse el pastel de la abuela, y nos confesó que sí, que estaba previsto, vamos, que le tenía ganas a todos esos intocables.

Pero, ¿has pensado que eso te va a restar un determinado sector de público?, quisimos preguntar. No hubo tiempo. Se adelantó y confesó que no sólo lo había pensado, sino también comprobado. Había gente, muy segura de sí misma, de los fashion de toda la vida, de los que no se pierden el último artículo, la última exposición o el último cóctel, que estaban escandalizados. Pues peor para ellos. Su amplitud de miras queda revelada. Una cosa es ser crítico con lo ajeno, pero, ¡ay cuando lo que se cuestiona son mis creencias! Realmente, la cultura no es lo que uno sabe, sino la actitud que mantiene, y en este país hay mucho cultureta impostado.

mejor-2.jpg¿Y una comedia? ¿Cómo es eso? El origen está en Francia. Allí se encontraba Dolors Payás trabajando con François Marquis, el productor de La vida soñada de los ángeles, intentando levantar un ambicioso proyecto, de corte antropológico, que versaba sobre la epidemia de histeria que hubo en Francia en el siglo XIX. El proyecto no llegó a buen puerto (aún hoy confía la directora en poder retomarlo), y el propio Marquis le propuso escribir una comedia costumbrista como remedio a la depresión que sobrevino tras el fracaso. Después de no pocas dudas (parece que Marquis conocía mejor el alcance de su destructivo sentido del humor que ella misma), escribió la película en francés, pensando en una protagonista parisina, pero un cambio en la producción (italiana, francesa y española), en la que ganó peso la parte española, hizo que la reescribiera y la situara en Barcelona. Y hay que decir que eso fue definitivo para la película, pues le permitió ahondar en la realidad de este país y encontrar la dicotomía sobre la que estructurar el relato, la dualidad entre la Barcelona minimalista, aséptica, hospitalaria casi, y rendida al diseño, y el tumulto, el caos, el exceso y la extravagancia mexicana. Y al final son éstos los que se llevan el gato al agua. ¿Será eso lo que no le perdonan?

Nos interesó también conocer cuáles son sus referencias cinematográficas, dados los continuos guiños que en la película, a poco que se preste atención, se pueden reconocer. Aquí hizo mucho hincapié en el comic, y más concretamente en Tintín. Considera a Hergé un maestro en el tratamiento de los personajes secundarios, y en la integración de éstos en el relato. No es difícil reconocer en la pareja de policías a Hernández y Fernández, e incluso a la Castafiore tras las lágrimas de la desconsolada viuda.

Por otra parte nos declaró su amor a Tati, de quien nos dijo que acababa de ver otra vez Mi tío, y de nuevo había comprobado la absoluta actualidad que mantenía. La mirada descreída que el director francés lanza sobre una realidad cotidiana que poco a poco se va mostrando como algo absurdo es algo que ella ha intentado hacer también en su película. Y por supuesto, los clásicos, la gran comedia americana, con Billy Wilder a la cabeza, claro. Y es especialmente pertinente la referencia a Wilder porque él supo conjugar como nadie algo que Dolors Payás confiesa que también ha intentado: el plano del diálogo malintencionado, refinado, cómplice, con el vodevil que hunde sus raíces en el cine mudo.

De todos modos, Dolors Payás piensa que en lo sustancial no ha variado el planteamiento de su anterior película a pesar de los diez años transcurridos. En el fondo sigue ocupándose de mujeres que observan cómo pasa el tiempo por ellas y deben adaptarse a una nueva realidad. Lo que ocurre es que en Me llamo Sara su mirada era más combativa, más insatisfecha, y ahora ha ganado en madurez, y quizá en escepticismo, por lo que no cabía otra que revisar el tema en tono de comedia.

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Reconoce que la distribución no va a ser fácil, pues costará encontrar el público, que está convencida de que existe, al que la película le puede interesar. Tiene razón. Ésta es una película que puede funcionar muy bien si se consigue mantener el tiempo suficiente para que el boca-oreja haga efecto. Describirla en un cartel publicitario no va a ser fácil, y sus potenciales espectadores son muy descreídos respecto a los carteles publicitarios, pero van mucho al cine, y tienen muchos amigos que también van al cine. La cuestión es que les dé tiempo a verla. Confía en que la presencia de Victoria Abril sirva de gancho, como ya lo fue para facilitar la producción, dada la parte de capital francés que interviene en la película.

Nos interesamos finalmente por el trabajo con Victoria Abril, y ahí fue rotunda. Fue una delicia trabajar con ella. Es una persona muy exigente, pero porque está en condiciones de exigir dado lo que ofrece a cambio. Desde que leyó el guión se lanzó sin remilgos de ningún tipo, y el resultado de su trabajo es algo de lo que Dolors Payás presume a poco que le des pie. Además, confiesa que se entendieron a nivel personal muy bien, pues ambas pertenecen a una misma generación, la que la película retrata.

Cuando ya nos despedíamos nos reconoció con indisimulado orgullo que a su madre le había gustado mucho la película. Y es que en el fondo, ¿qué no haremos para que nos quieran?

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