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Los artículos recogidos a continuación forman parte del homenaje que se le dedicó en Valencia al director de nuestra revista. Entonces el motivo escogido, allá por febrero de 2006, era su jubilación como profesor. Algo difícil de justificar eso de la "jubilación", porque los profesores no dejan de enseñar nunca. Prueba de ello es que nuestro "boss" sigue al pie del cañón desde esta publicación.

En aquel homenaje se publicaron dos libros: uno con los artículos que Adolfo ha venido publicando en la sección AMARCORD desde su creación, hace unos años; otro con los artículos que distintos alumnos y amigos escribieron para el homenaje.

Durante los primeros meses de 2008 vamos a ir publicando en esta revista esos artículos escritos por los que han cabalgado junto a él durante tantos y tantos años.

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 Muchos de los presentes en el homenaje, hoy colaboran en Encadenados

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MIRADA PROFUNDA (Tono Escobedo) Imprimir E-Mail

El primer día que conocí a Adolfo estaba sonándose con un kleenex. Tan sólo podía vislumbrar sus ojos, la profundidad de su mirada.

Luego lo he vuelto a ver en distintas ocasiones y actos sociales: siempre silencioso, como distante. Pero también su mirada me llamaba la atención.

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Una de las veces posteriores en que lo vi, estaba con la moral por los suelos, depresivo. Miraba, como se suele decir en teatro, con “inseguridad”. Su cabeza iba muchísimo más deprisa que sus palabras; pero se me perdía el corazón, no lo alcanzaba, no llegaba a ver la mirada de su corazón. Aunque su mirada seguía siendo profunda, me llamaba la atención.

2-tono.jpgLa última vez que lo vi fue en la Plaza de la Virgen, una tarde de invierno, en la Navidad de 2005. Iba caminando silencioso, saboreando el frío de la tarde-noche y me lo encontré. Charlamos. En ese encuentro descubrí su mirada profunda; y esta vez sí que me di cuenta de todo lo que anteriormente no había encontrado. Era la mirada de una persona humilde, tremendamente humilde, dolientemente humilde. Su cabeza iba a una velocidad supersónica, mientras que pronunciaba sus palabras mucho más lentamente.

Hay personas que para ser humildes lo tienen que intentar. Adolfo es humilde hasta para pedir, aunque a veces le gustaría gritarlo. Pero lo que pide, lo pide con humildad.

Al finalizar nuestro encuentro me dijo: “Pide por mí”.

Y lo estoy haciendo, aunque con algo de retraso porque se me había olvidado.

Creo, Adolfo, que mereces esto y más.

Tono Escobedo

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