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CUANDO RUGE LA MARABUNTA (editorial)

(La ley del silencio)

 

A Kazan con sus muchos años a la espalda le tocó jugar un gran (y triste) papel en la entrega de los últimos Oscars. Manifestaciones a favor y en contra. Aplausos y silencios. ¿Por qué esta división de opiniones?

 

Pensamos que nadie se oponía al Kazan realizador. Las críticas eran a su persona, no a su obra. El papel que jugó durante la "caza de brujas" fue impropio del artista honrado y crítico que muestran muchas de sus películas. Hoy aún, además, Kazan sigue sin "arrepentirse" de lo que hizo. Durante años el chivo expiatorio había sido Edward Dmytrick. ¿Cómo empezó todo este asunto, que tanta basura arrojó sobre la gente (entre la perteneciente a otros lugares y grupos) de Hollywood? El disparo de partida se encuentra en 1946, fecha en que el partido republicano obtiene, en las elecciones, mayoría tanto en el congreso como en el senado. La derecha y la ultraderecha tienen las manos libres para actuar. En 1947 se promulga una ley (Taft- Harley) que obliga a efectuar un juramento anticomunista antes de ocupar determinados cargos sindicales. A continuación se ilegalizan ciertos tipos de huelga, se elimina el monopolio sindical en la representación de los trabajadores e incluso se prohibe el apoyo sindical a los partidos políticos.

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Hollywood durante la segunda guerra mundial había realizado películas de confraternización con la causa (y la lucha) soviética. Algún título de Lewis Milestone es ejemplar en ese sentido. En octubre de 1947 se constituye la primera comisión permanente contra la infiltración comunista en Hollywood. Es el mismo año en que por primera vez se cita a Kazan. Debe defenderse de haber formado parte (fue miembro durante algunos años) del partido Comunista. Su comparecencia se efectuará años después, en 1952. Hasta ese años pasan muchas cosas. La principal es que a diez profesionales de la Industria (los "diez" de Hollywood) se les considera personas no gratas al negase a declarar. Entre ellos se encuentran guionistas como Albert Maltz, Dalton Trumbo o directores como Edward Dmytrick. Productoras como la RKO Radio o la 20 Century Fox optan por el despido de los insumisos (Dmytrick estaba a sueldo de RKO). Con el paso de los meses algunos de los diez deciden "arrepentirse". Es el caso de Dmytrick que abandona la cárcel al testimoniar ante la comisión presidida por Ronald Reagan y Roy Brewer -dos de los primeros testigos amistosos con los que contó el tribunal- . Posteriormente en 1951 denunció a muchos de sus compañeros. Era, sobre todo, la necesidad de seguir trabajando.

 

Algunos de los represaliados, como Dalton Trumbo, firmaron guiones bajo seudónimo, mientras otros los escribían para que otros los firmaran como suyos (hecho que narraría Martin Ritt en The front, 1976) u otros (caso de directores como Dassin o Losey), en fin, decidieron marcharse a otros países. Como dato curiosos de estos avatares citemos que cuando ganó el Oscar al mejor guión un desconocido (Robert Rich) por El bravo (tema copiado, por cierto, de un viejo guión, nunca terminado, de Welles) nadie acudió a recoger el premio (era de Trumbo) o que Pierre Boulle (sin tener idea de inglés) recibió el premio al mejor guión por El puente sobre el río Kwai (era el autor de la novela) cuando en realidad sus autores fueron Albert Maltz y Carl Foreman.

 

Con las primeras testificaciones las principales productoras de Hollywood pasan decididamente a defender a los diferentes comités de Investigación. En 1948 se realiza El telón de acero (Wellman), primer film de la "guerra fría" al que siguen otros muchas propagandísticos. En muchas de ellas asistimos a extrañas invasiones que llegan de fuera y que hay que atajar. Algunos títulos, aunque de forma menos claro, hablaban sobre la lucha (o la falta de defensa de la gente) frente a la represión. Uno de esos títulos es Sólo ante el peligro con guión de Carl Foreman.

 

Muchos profesionales exponen claramente sus ideas contra el comunismo. Es el caso del actor Adolphe Menjou (anécdota que algunos atribuyen al director Sam Wood) que llega a decir que los comunistas americanos deberían ser deportados a los desiertos de Texas para que los maten los texanos.

 

Las testificaciones llegan a absurdos increíbles. Es el caso del director Leo McCarey al que se le critica por el sorprendente éxito que han tenido en Rusia dos de sus films (de temática religiosa), Siguiendo mi camino, 1944, y Las campanas de Santa María, 1945. El realizador se ve obligado a declarar que ninguno de esos films ha recibido un solo rublo. Al preguntarle la razón contesta que se debe a que uno de los personajes de esas películas no gusta a los rusos. Se le responde que si se refiere al protagonista de ambos títulos, el cantante Bing Crosby, McCarey dirá que no, que ese "personaje" es Dios.

 

Hasta películas como Los mejores años de nuestra vida de Wyler son acusadas de marxistas. Otras como La sal de la tierra (1954) de Biberman serán ignoradas hasta 1976. El propio Chaplin deberá "huir" a Inglaterra para no testificar. En su película inglesa, Un rey en Nueva York, introduce una secuencia en la que se rie del comité.

 

El cine ha retratado en varias películas esta triste época. Ya hemos hablado de The front. Citemos tambien el documental Hollywood a juicio o el largometraje Caza de brujas. En teatro Arthur Miller plasma todo aquel clima de represión de forma simbólica en Las brujas de Salem.

 

¿Cual fue el papel de Kazan en esta historia?

 

Antes de acudir al Comité en 1952 realiza películas muy significativas, algunas de las cuales curiosamente no han sido estudiadas como participes de su postura (o defensa) personal. Concretamente en 1950 (ya en pleno periodo de la "caza de brujas") dirige Pánico en las calles. En ella cuenta, curiosamente, la necesidad de parar un epidemia de peste que viene de "fuera" y que amenaza con contaminar a Nueva York. En 1952 realiza Viva, Zapata donde muestra la inutilidad de las revoluciones. De 1953 es Fugitivos del terror rojo. En 1954 realiza La ley del silencio donde defiende la necesidad de "delatar". El guionista es, por cierto, Budd Schulberg, otro delator. Aún en 1972 Kazan filma (en 16 mm) una película sobre una delación. Se trata de Los visitantes. La presenta en el festival de Cannes. El presidente del jurado es Joseph Losey. La película no es incluida en el palmares. Kazan dirá: "No esperaba que un intelectual de izquierdas olvidase en 1972 lo que había sucedido en 1952, porque tampoco yo lo he olvidado".

 

Kazan leyó a la Comisión, en abril de 1952, una exhaustiva confesión sobre su historial político, denunciando así a varios de sus compañeros por pertenecer o haber pertenecido al Partido Comunista. Afirma, "algunos de nosotros hemos sufrido la experiencia comunista porque no conocíamos muy bien lo que era". Ese mismo mes paga una página de publicidad en el "New York Times" explicando lo mismo que ya ha hecho al Comité. Con los años Kazan sigue considerando que hizo lo justo. Así lo explica en sus "memorias". Otros delatores se arrepintieron. Fue el caso del actor Sterling Hayden quien posteriormente a su declaración se paseó delante de las puertas donde tenían las comparecencias, con una pancarta que decía: "No digáis nada. Son innobles".

 

Hoy Kazan, por su postura, por seguir siendo fiel a ella, se ha visto pagado con el silencio o la protesta de sus (ex) compañeros de entonces. Jules Dassin, siguiendo el ejemplo del director teatral y cinematográfico, ha llegada pagar personalmente una página de los periódicos más influyentes americanos denunciando a Kazan.

 

En la gala de los Oscars muchos permanecieron con los brazos cruzados o sentados en las butacas mientras Kazan recibía un Oscar honorífico por su labor. Innecesario, por otra parte, ya que había recibido dos a lo largo de su carrera. Un anciano Kazan, que quizás no entendía nada, estaba sobre el escenario. Su única defensa, de aquellos tristes años, era el haber podido seguir trabajando, aunque para ello se convirtiese en "un traidor". Triste espectáculo el de un gran realizador, que un día (como el protagonista de su América, América), prefirió arrastrarse por suelos y lamer (limpiar) las botas de sus "patronos", antes de permanecer (como siempre) erguido y fiel a sí mismo y a sus amigos.


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