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CUANDO RUGE LA MARABUNTA (editorial)

(Bajo sospecha)

 

Los recientes premios Goya han desatado una polémica insólita en el mundillo del cine español. Se ha hablado de compra de votos para obtener el mayor de los premios. Si antes no había saltado el escándalo no es porque ese insano deporte no tuviera lugar, sino simplemente porque ese hecho (el ganar un determinado premio Goya) no suponía hasta hace unos años una alta rentabilidad, unos ingreses grandes en taquilla. Si ahora las cosas han cambiado es porque los Goyas vienen adornados con toda una campaña publicitaria, que concluye con la retransmisión en directo de la correspondiente Gala en horario de máxima audiencia: un sábado por la noche. Todo forma parte de un gran espectáculo encaminado a alimentar las arcas de productores y distribuidores de los films más ampliamente premiados (ante todo del ganador máximo). Los datos de los últimos años son elocuentes. Tesis, por ceñirnos a uno de los films recientes (Goya del 96) vio subir su recaudación como la espuma después de recibir varios premios. El film de Amenábar, centrándonos en la ciudad de Valencia, y por seguir con ese título, estuvo en cines de estreno (al comienzo de su explotación comercial) una única semana. Eso si, para entonces, para cuando ganó los correspondientes Goya se había convertido en una obra de culto en ciertos ambientes críticos o de espectadores jóvenes. Pero, pocos habían visto realmente la película. ¿Por cuanto multiplicó el film el dinero recaudado después de recibir los Goyas?

Los espectadores quieren estar al día. De ahí su "ansia" por ver (no lo bueno pero si) lo premiado. En vez de escoger cualquier título de la cartelera prefieren acudir al cine sobre seguro y hablar de lo que todo el mundo habla. Hay que entrar a formar parte del bloque colectivo de espectadores. Pensar y actuar como los otros. No hay tiempo para juzgar por si mismo. Goyas, premios en festivales, Oscars suponen un reclamo fuerte cara al espectador. ¿Cómo dejar escapar la oportunidad de hacer bingo en taquilla?

Otra cosa muy diferente es que los premios (o sus nominaciones) sirvan para clasificar y calificar a los mejores. Este año en los Goyas no ha sido así, pero no solo ocurre esto en los Goyas ahora sino prácticamente siempre. Igual que en cualquier otro certamen o gala de premios. ¿Cuantas películas que han recibido Oscar, por ejemplo, en un determinado año siguen siendo recordadas? ¿Cuantos films ignorados en su momento, exentos de premios, han pasado a la historia del cine? Ejemplos existen a montones de uno y otro caso, pero sirva uno: en un festival de Cannes donde se proyectaron títulos como Faraón o Campanadas de medianoche fue premiado el vulgar, blando pero ladino Un hombre y una mujer. Hoy casi nadie recuerda ese título, muy pocos siguen apostando por su escaso interés, por el de (otro premio de Cannes) Orfeo negro o por la Oscarizada La vuelta al mundo en 80 días.

¿Por qué fueron premiados si su valor era escaso? Simplemente por intereses de muchas clases y que abarcan desde la productora hasta el país participante. Insistimos se juega mucho dinero y hay que rentabilizar el producto. ¿Extraña a alguien que ante esos hechos se busquen maneras de "manipular" los votos? Todo será válido para vencer en esta carrera por el gusto de la audiencia. Lo lícito y lo ilícito entran a partes iguales en estas apuestas por el caballo ganador. Amistades, proclamas de favores, regalos... entran a cuenta de los posibles futuros ingresos.

Todo lo anterior es algo cantado y contado ¿De dónde pues el rasgado de vestiduras ante la presencia - real o interesada - de determinados "mensajeros", recolectores de votos? Es curioso que salte ese hecho en la antesala de los premios Goya de la Academia y que la denuncia vaya sobre un director y un título que ya ha salido beneficiado (con unas fechas de antelación) por la propia Academia. Naturalmente debido a que el título de Garci ha sido seleccionado para ser su representante en los Oscars. ¿La trifulca surge en el mismo momento que se denuncia o viene quizás de atrás?

Dejemos las cosas (unas y otras, a unos y otros) como están. Garci será inocente en la medida que sus compañeros lo son y viceversa. No hay ni inocentes, ni culpables. Todos con buenas y malas artes luchan por lo suyo. Lo saben los mensajeros y los no mensajeros y aceptan (al menos hasta ahora) las reglas del juego. Ocurre, sin embargo, que hay más cosas en el juego que un simple premio, que hay un enfrentamiento de grandes plataformas y productores, que no son, por supuesto, pequeñas productoras independientes como se nos quiere hacer creer. Ni Garci puede escudarse en su independencia (olvidando que su film ha sido producido en parte - y promocionado - por TVE), ni el grupo Prisa puede orquestar una campaña interesada contra ciertos hombres o películas simplemente porque ellos tenían muchos títulos en liza y pueden quedarse a la luna de Valencia. Los Goyas de este año y las sospechas de intereses múltiples por casi todas las partes, van más allá de un simple roce de compañeros. Es la lucha entre los diferentes clanes en los que se ha convertido el cine español (el de Garci, el de Trueba, el de Almodóvar, Colomo...) junto a los grandes grupos mediáticos productores de películas (canales digitales, grupos editoriales, compañías controladas por empresas...).

Y el espectador, el esforzado espectador, asiste sorprendido a este pobre y triste carnaval donde unos y otros se esconden detrás de beatificas (y despistantes) máscaras.

El "follón" sólo ha hecho que comenzar. ¿Se imaginan lo que va a ocurrir el día que Garci reciba, o no, el pasaporte definitivo de la Academia de Hollywood para estar en la ceremonia de los Oscars? Será el próximo mes la continuación de esta cotidiana historia.


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